martes, 5 de enero de 2016

VICTOR FRANKENSTEIN * * *


¡ESTÁ VIVO, VIVOOO! Daniel Radcliffe y James McAvoy.
No está lejos de ser un spinoff de Igor, personaje clave en el imaginario de la monstruosa galería de la Universal y su clásico Frankenstein. Igor no existirá en el clásico de la literatura Frankenstein, o el Moderno Prometeo, de Mary Shelley, pero está en nuestra memoria como el leal y jorobado asistente del doctor Victor Frankenstein. Daniel Radcliffe, en un admirable ejercicio histriónico, sigue buscando quitarse de encima la etiqueta "potteriana", y hace una encarnación del jorobado con un toque trágico, más cercano a El Hombre Elefante. Es notable lo que Radcliffe invierte aquí, no nada más vigor emocional, sino también físico, al emular la encorvada fisonomía del personaje. Frankenstein es interpretado por un impresionante James McAvoy, con tortura emocional, dolor, así como la característica obsesión y locura del científico que quiso ser Dios y crear vida con su famoso monstruo. Lo que tal vez acabe  apagando un poco el asunto, es el hecho de que -sin ánimos de revelar nada crucial-, si bien tenemos la historia que cualquier cinéfilo conoce al derecho y al revés, con algunos giros, adiciones, cambios y licencias artísticas, no es un filme sobre el monstruo, el cual apenas y aparece algunos minutos. Victor Frankenstein, dirigida por Paul McGuigan, acaba apostando, con cierto éxito, por contarnos la "historia jamás contada" sobre cómo Frankenstein e Igor se conocieron, y formaron una tortuosa amistad, al ser rescatado este último de un circo por el científico. Igor es convertido en el protegido, aprendiz y asistente del doctor, así como en un caballero victoriano, con talento para la anatomía y la medicina. Es la enésima reimaginación del relato, y entre sus problemas es lo mucho que se siente la influencia de Van Helsing, Sherlock Holmes, From Hell, y otros filmes de corte gótico-victoriano, además de que a la historia le falta un verdadero centro dramático alrededor del cual sus personajes giren. Andrew Scott está bien como un obsesivo inspector, y Jessica Brown Findlay (de Downton Abbey) pone la nota femenina, como el interés romántico de Igor. Como pura diversión hollywoodense el filme pasa la prueba, sin que deje  de lado los temas imprescindibles de "el hombre queriendo ser Dios".

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