martes, 24 de noviembre de 2015

SICARIO * * * * 1/2

Emily Blunt como la agente del FBI Kate Macer.
Sicario es una película fuera de lo convencional sobre la guerra contra el tráfico de drogas en la frontera de los Estados Unidos.  Se ven las dos caras de la moneda, el del traficante y el de la policía. Hay instantes llenos de tensión palpitante, de suspenso al estilo Michael Mann (vienen a la mente sus clásicos melodramas policiacos Heat y Thief). Es cierto, está la clásica tendencia de Hollywood de restregarle a la audiencia en la cara el enorme poderío tecnológico de E.U., como rastreo y vigilancia satelital a la que nada se le escapa en su lucha contra el narcotráfico.  En Sicario (palabra que al inicio del filme se específica quiere decir, en slang mexicano, "asesino a sueldo") del realizador canadiense Denis Villeneuve (Incendies), el panorama es muy cercano al de un escenario de guerra en el medio oriente. A pesar de todo, Sicario es un excelente thriller policiaco, en donde el FBI y la DEA unen fuerzas para combatir el narcotráfico en la frontera con México, con  una ambigüedad ética que se encuentra en el centro de la historia.

La primera secuencia quita el aliento, pone el termómetro en alto. En Arizona, casi 40 cadáveres son encontrados en una casa perteneciente a un capo mexicano de la droga. Emily Blunt interpreta a una agente del FBI, Kate, eficiente, fuerte y siempre alerta, la cual pertenece al escuadrón que es enviado a investigar.  La redada tiene un giro trágico, muriendo varios agentes. Kate se ofrece -casi voluntariamente a fuerza- en una misión especial comandada por la DEA, para dar con los narcos responsables. Un extravagante agente (Josh Brolin), que asiste domingueramente vestido y en sandalias a una reunión, está a cargo de la operación para perseguir y capturar al capo (el jefe del cártel de Sonora), y sus secuaces. 

Una sensación de incertidumbre persiste a lo largo del filme. En una línea alterna de la historia, un humilde oficial de policía mexicano (Maximiliano Hernández), aparentemente, lleva una vida familiar normal, en donde la relación cercana que tiene con su hijo tiene un papel crucial. La historia recurre a la estrategia de los thrillers clásicos: la sospecha de todo y de todos; el no poder confiar en nadie, el estar en medio de algo que no se sabe quién comanda, o de no saber para quién se está trabajando exactamente. Los métodos que se siguen son poco ortodoxos, cosa que sacude la ética de Kate, la cual se ve a sí misma pronto en situaciones que no esperaba, de constante peligro; de verse en algo cercano a una "zona de guerra" ("No soy un soldado", dice, quizás arrepentida de haberse metido en este lío de  operación). 

Pero es la enigmática presencia de Benicio del Toro la que representa el mayor misterio, en su personaje de "asesor" colombiano. Su personaje, Alejandro, es como una frase que termina en puntos suspensivos. Existen a su alrededor más interrogantes que respuestas. La  escena del mayor embotellamiento vial que puede verse en el mundo: el del tráfico para cruzar la frontera de Ciudad Juarez a El Paso, Texas, es una lección de cómo se construye tensión gradualmente. El comando lleva de regreso a un narco extraditado de una prisión mexicana, y para ellos es como llevar una bomba atómica extremadamente sensible. Son minutos de sudor goteando en la frente, de ansiedad para comerte-las-uñas, de sentir que en alguno de esos cientos de autos puede haber unos criminales queriendo arrebatarles su preciado pasajero.

Sicario no está muy lejos de ser una película bélica. Hay tomas aéreas satelitales de paisajes desérticos, para rastrear narcos, que recuerdan de inmediato Irak o Afganistán. La dirección fotográfica de Roger Deakins, aunque no es su mejor trabajo, es magnífica. De hecho, aquella secuencia en el narco-túnel, en total y completa obscuridad, es como la redada para encontrar y matar a Osama Bin Laden en Zero Dark Thirty. Es otra de las grandes secuencias de la película, claustrofóbica, laberínticamente asfixiante; en donde tiene lugar una batalla en la que sólo escuchamos tiroteos, imágenes de lentes de visión nocturna, y ojos brillantes. Es una batalla contra un "enemigo" que toma una forma fantasmal, casi invisible. 






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