martes, 7 de abril de 2015

BIRDMAN * * * * *

MÁS QUE UN SUPERHÉROE.
Michael Keaton y su "alter ego". 
Birdman es de las películas más ambiciosas del realizador mexicano Alejandro González Iñárritu, quien impresionó a la crítica internacional con su opera prima, Amores Perros (2000). Su intención, ha sido filmar toda la película en un sólo plano secuencia, o al menos, dar la ilusión de haber sido así (tal y como Hitchcock lo hizo en The Rope). Varios planos secuencia han sido armados, consiguiendo un  resultado impresionante técnicamente hablando. La ilusión se complementa con una banda sonora  formada por solos de batería jazzística, que suena sin muchas interrupciones, y que puede ser el deleite de muchos amantes del jazz (como quien esto escribe), o la total crispación de nervios para otros. Desde el punto de vista actoral hay mucho que admirar también. Iñarritu ha redescubierto a un Michael Keaton sorprendente, genial, y lleno todavía de energía. Un actor que parecía ya desde principios de la década pasada destinado a papeles secundarios, desechables y nada memorables, en churros palomeros de ínfima calidad. 

Con un título engañoso, que puede remitir fácilmente a un filme de superhéroes, Birdman es una película delirante, con destellos surrealistas y algunos de total parodia. Una película que trata sobre el arte y la creación artística, las segundas oportunidades en la vida de un artista, la trascendencia, etc. Lo más interesante, es que todo es manejado con un humor nunca antes visto en el realizador.

Michael Keaton confirma que tiene un endemoniado talento, que puede ser versátil y derrochar talento en una película más de autor. Keaton interpreta a un maduro actor, Riggan, cuya glorias pasadas residen en haber interpretado a un superhéroe en cine (el Birdman del título). Iñárritu tal vez pensó que darle el papel a Keaton, habiendo interpretado a Batman en dos películas para Tim Burton, podría ser un experimento interesante. No se equivocó. Con la franquicia de Birdman enlatada, pero muchos fans en su haber, Riggan busca seguir en el showbusiness de una forma que pocos actores se atreven, demostrando que puede ser un actor serio en una obra de teatro en Broadway, que él mismo ha adaptado, y se encuentra produciendo y dirigiendo. La obra es real, titulada  "What We Talk About When We Talk About Love", de Raymond Carver. 

Riggan, de una manera esquizofrénica, escucha dentro de su cabeza la voz de Birdman, grave, sarcástica, y a veces insultante. Además, se imagina que tiene poderes telequinéticos, haciendo levitar y mover objetos a su alcance. Dentro de todo lo absurdo que pueda sonar -y que no haya mucha  explicación de por medio-, Riggan es la representación del artista incomprendido, al borde de la locura, luchando por no caer en el olvido, y al mismo tiempo, por mantenerse al margen de la prensa sensacionalista.

Riggan es un personaje fascinante, configurado con ironía, humor y fuerza. Los guionistas (escrita por el mismo Iñárritu, en colaboración con Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, y Armando Bo), lo presentan además como un fallido esposo y padre de familia. Ahora divorciado, Riggan no ha sabido superar del todo sus errores y adicciones del pasado (hay un alcoholismo sugerido), y trata de reconectar con su hija drogadicta (Emma Stone), en etapa de rehabilitación. Edward Norton tiene igualmente una poderosa actuación, interpretando a Mike, un actor engreído y poco profesional, pero con una genialidad histriónica que impresiona a Riggan desde el inicio. Norton tiene instantes de    comicidad hilarante, por ejemplo, cuando poco antes de salir a escena junto a su compañera de reparto, Lesley (Naomi Watts), en una escena de cama en un motel, éste le sugiere que tengan realmente sexo (por aquello del realismo). 

En cine, por irónico que pueda parecer, un teatro puede ser el lugar más intrigante, misterioso, acogedor y fascinante, especialmente tras bambalinas. En Birdman no es la excepción. En buena medida, la película es un viaje incansable por los pasillos laberínticos del teatro, todo filmado e iluminado con la maestría de Emmanuel Chivo Lubezki, quien tuvo la exhaustiva tarea de filmar todo con cámara portátil. Las criaturas que pueblan este melodrama, que pasa de la comedia al delirio surreal, y de ahí, nuevamente a la comedia sin problemas, son personajes disfuncionales que tratan de encontrar en el teatro su lugar en el mundo, así como cierta estabilidad y sentido a sus vidas. Hay una escena de antología, en donde Riggan, por una u otra razón, acaba en la calle y Times Square  semidesnudo, en medio de cientos de personas y fans que captan todo con sus celulares. Pero en lugar de burlarse, lo alaban por su valentía, y ven todo como una especie de acto subversivo y artístico. Lo mismo hice yo al acabar de ver la película.

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