viernes, 2 de enero de 2015

THE HOBBIT: THE BATTLE OF THE FIVE ARMIES * * * * 1/2

EL DESTINO DE LA TIERRA MEDIA  EN SUS MANOS.
Martin Freeman como Bilbo Baggins 

Ahora que se ha estrenado The Hobbit: The Battle of the Five Armies, me inclino a considerarla como una saga entera de 9 horas (no tanto como filmes separados en una trilogía), de la cual su tercera parte es la mejor. En Battle of the Five Armies habrá una conflagración entre todos los ejércitos de la Tierra Media. Es donde empieza verdaderamente la lucha entre el bien y el mal que vimos en la saga de Lord of the Rings. El dragón Smaug (Benedict Cumberbatch) ha muerto, dejando  detrás el cuantioso tesoro que una vez perteneció al reino de los enanos. Nuestro grupo de enanos aventureros, incluido el hobbit Bilbo (Martin Freeman), y comandados por Thorin (Richard Armitage), futuro rey de los enanos, ha tomado posesión del tesoro. Las cosas han tomado un giro inesperado, y lo que veníamos temiendo desde la anterior película ha sucedido: Thorin ha mostrado su lado obscuro. Como recreando una tradición Shakespereana, Thorin es la viva representación del monarca que ha perdido la razón, quien se niega a respetar un trato que hizo con los habitantes del pueblo del Lago. Su portavoz, Bard (Luke Evans), convertido en el héroe que dio muerte al dragón, ha ido a recordarles a Thorin y compañía,  acuartelados en la Montaña Solitaria, que una parte del tesoro les pertenece, y que no les vendría nada mal el oro para reconstruir su ciudad.

La verdad, es que en esta última película no es tanto Bilbo quien robe nuestra atención como el héroe que salvará al mundo de las siniestras fuerzas del Nigromante (Cumberbatch también), sino el ambicioso Thorin. Richard Armitage hace un gran trabajo en esta ocasión. Transmite complejidad y conflicto, fuerza y determinación, siendo afectado por el llamado "mal del dragón". Sus compañeros  tratarán de sacarlo de la locura de tener que enfrentarse al inmenso y poderoso ejército de los elfos, incluyendo a todos los inconformes y enfadados habitantes del lago. Gandalf (Ian McKellen) trata de hacerlo entrar en razón, y todo podría depender de una misteriosa y poderosa piedra el que estalle o no algo parecido a la Tercera Guerra Mundial en el universo creado por Tolkien. En tanto, siguen las dificultades para que la elfa Tauriel (Evangeline Lily) y el enano Kili (Aidan Turner) puedan dar rienda suelta a su relación romántica, en especial, por la presión que ejerce sobre ella el líder   Thranduil (Lee Pace). Legolas (Orlando Bloom) sigue defendiendo su lugar como el héroe de acción que ha sido siempre, diestro con el arco y la flecha, letal e indestructible.

Parece que Peter Jackson se tomó en serio las críticas sobre la larga duración de los anteriores filmes.  Decidió acortar la duración de la película a sólo 2 horas y media, las cuales no se sienten en lo absoluto. La película está llena de acción, batallas y peleas excitantes. Jackson cierra la saga con altas cotas de espectacularidad y sofisticación visual, con impresionantes efectos especiales que siguen siendo una herramienta más de la narración, no un elemento distractor, o que sobresalga por encima   de la historia. Los personajes siguen evolucionando, aunque me quedé con ganas de ver más de Galadriel (Cate Blanchett), Saruman (Christopher Lee) y Elrond (Hugo Weaving), quienes dejan en puntos suspensivos una pelea contra las fuerzas obscuras del nigromante. Quizás Jackson lo dejé para las versiones extendidas, que seguramente acabará re estrenando.

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