miércoles, 23 de julio de 2014

HITCHCOCK * * * 1/2

GENIOS EN PUGNA. Helen Mirren y Anthony Hopkins
 como Alma Reville y Alfre Hitchcock.
Psycho (1960) es una de las obras maestras de Alfred Hitchcock. La película revolucionó el género del thriller psicológico. Su escena del asesinato en el baño del "Motel Bates", es icónica, aterrorizó a los espectadores, y dejó a muchos sin tomar una ducha por mucho tiempo. Por difícil que parezca el creerlo, nadie creyó en su proyecto. La Paramount, los estudios para los que trabajó, no quiso financiarlo. Situaciones, por lo común, detrás de muchas de las grandes películas en la historia del cine. Hitchcock no será un filme perfecto, es algo poco más que televisivo, pero es bueno y vale la pena revisarlo. Es una de esas películas por las que todo cinéfilo siente que se le hace agua la boca por ver.  

Anthony Hopkins se mete en la piel del regordete director, y lo hace de una forma genial, a pesar del pésimo maquillaje que le pusieron encima. Es tentador ver el Hitchcock de Toby Jones en el telefilme The Girl, el cual está enfocado en la producción de otra gran película de Hitch, The Birds. Es una buena idea ver ambos filmes por partida doble, uno tras de otro. Hopkins, es cierto, no se parece mucho a Hitch. Los maquillistas no acertaron mucho con la nariz, la cual resulta distractora, aunque hay ciertos ángulos en los que Hopkins consigue cierto parecido al maestro del suspenso. Además, la voz le quedó muy parecida.

A pesar de todo, Hopkins ofrece un Hitchcock tan perturbador como gracioso, de un humor sarcástico y sardónico. La historia arranca justo después de su éxito con North by Northwest, en 1959. En la alfombra roja del estreno, un ocurrente reportero le pregunta "¿A sus 60 y tantos años planea retirarse Sr. Hitchcock?" La pregunta lo afecta profundamente y hiere su orgullo. Lo impulsa a tener un giro drástico en su carrera, a planear su siguiente película como algo totalmente diferente, y a tratar de mantenerse invicto como "el maestro del suspenso". 

El realizador Sacha Gervasi no tiene la menor intención de ofrecer un homenaje reverencial a Hitchcock. En realidad, vemos las diferentes caras de un artista, con sus flaquezas, sus debilidades e inseguridades, pero también cómo pudo haber trabajado la mente del genio del cine. Esto último lo hace de una forma intrigante. Desde que el libro Psycho, novela de Robert Bloch, cae en las manos de Hitch, se convierte en una obsesión. Está supuestamente basada en el caso real de Ed Gain, un tipo que asesinó a dos mujeres, y que al parecer intentó personificar a su dominante madre con una traje hecho de piel humana. Se dice que Gain llegó al extremo de desenterrar a su madre muerta y tenerla escondida en su casa. 

En el filme, el fantasma de Gain (Michael Wincott) atormenta a Hitchcock. Lo imagina en varias escenas, los asesinatos lo asustan en pesadillas, y el homicida le aconseja mantener vigilada a su esposa, Alma Reville (Helen Mirren, fantástica), la cual podría estar teniendo un romance con el guionista Whitfield Cook (Danny Huston). Sin embargo, estas alucinaciones desentonan en el filme.  No queda claro qué es lo que pasa realmente en la cabeza de Hitchcock (¿Son inicios de demencia? ¿Es esquizofrenia? ¿Está al borde de la locura?). Gervasi ve a Hitch como el propio protagonista de un episodio de Alfred Hitchcock Presents, y en ese sentido, hay una intención paródica buena, cómicamente funcional. Hitchcok está al principio presentando el filme frente a la cámara, y al final cerrándolo, como lo hacía realmente en el programa de los 1950s. 

La película se siente indecisa respecto a centrarse en ser un estudio de personaje, en ser un melodrama doméstico, o un ejercicio del cine dentro del cine. En esto último es como mejor funciona. La película está basada en el libro de Stephen Rebello, y presenta como un hecho el que Alma fue la verdadera artífice de Psycho. Ella fue quien afinó detalles y pulió el guión y, además, quien colaboró en la edición final. Mientras, Hitch lidiaba con sus problemas de peso, miedos, y ansiedades. 

Scarlett Johansson, como Janet Leigh, está magnífica, irradiando sensualidad y encanto al mismo tiempo. Jessica Biel, en su interpretación de Vera Miles (con un parecido muy aceptable), es como una consejera para Leigh ("Él decide cómo debes vestir, cómo debes peinarte,...siempre te está vigilando"), dejando entrever lo que quizás fue un romance entre ella y el director. Pero es Helen Mirren quien sobresale junto a Hopkins. En su papel de Alma Reville, da una completa lección sobre cómo vivir junto a un genio, con lineas punzantes, dulces, amargas y contundentes: "Sabes, no es fácil vivir contigo, pero nadie edita una película como tú."


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