domingo, 9 de marzo de 2014

300: RISE OF AN EMPIRE * * 1/2

NO EXACTAMENTE 300. Sullivan Stapleton y su armada ateniense.

300: Rise of an Empire tiene una excusa interesante para su existencia en la pantalla: ser algo entre una historia paralela y una continuación de 300 (2006), donde se nos volvía a contar, con el lenguaje visual de una novela gráfica trasladada al cine, el legendario relato de la batalla de las Termópilas, en donde 300 espartanos se enfrentaron contra el enorme ejército persa. Por supuesto, hay también la excusa de derramar litros de sangre digital en primer plano, para mayor justificación de su formato en 3D. Adaptación del cómic creado por Frank Miller, 300 fue una verdadera innovación visual, un visualmente espectacular rescate del viejo género de "espadas y sandalias", con brutales batallas y peleas filmadas en cámara lenta, con mucha sangre salpicando la pantalla, y espartanos luciendo pectorales y six packs retocados por computadora. La cereza en el pastel estaba en el toque fantástico propio del universo de los cómics y, por qué no, del video juego. 

El problema con esta segunda entrega, dirigida por un tal Noam Murro (a su vez, dirigido por el ahora productor Zack Snyder), es que toda esa novedad visual, estéticamente impactante, ya perdió mucho de su factor sorpresa, con series como Spartacus tomando como referencia directa -digamos "inspiración"- dicho concepto visual.  Mientras Leonidas (Gerard Butler, en dos o tres escenas pequeñísimas, que parecen como escenas desechadas de 300) peleaba con sus 300 soldados contra Xerxes (Rodrigo Santoro, con su look a lo carnaval de Rio), la nación griega, comandada por Temistocles (Sullivan Stapleton) se encontraba en plena ofensiva naval contra la flota persa, a cargo de Artemisia (Eva Green, en plena actuación autoparódica), una amazónica, bella, y sanguinaria mujer griega ojiverde, con un pasado tortuoso y obscuro. 

La historia de Artemisia es de verdadera tragedia griega, con motivos de sobra para pasarse al lado del enemigo y pelear bajo las órdenes de Xerxes. Al inicio, se nos da algo de historia de fondo, sobre cómo, en venganza por la muerte de su padre, el rey Dario, Xerxes decidió pasar de ser mortal a una deidad. Si la primer película fue mejor, fue por esa aura de heroismo y sacrificio irradiada por Leonidas. Los 300 espartanos dan el todo por el todo contra los invasores persas. Además, Gerard Butler sin duda tenía más pulmones para gritar a flema suelta que el más blando y desconocido Sullivan Stapleton. 

La historia de esta nueva 300 es más convencional y predecible, y por el lado visual, más grisácea (el clima durante el 90 porciento del filme es nublado y borrascoso). Lo rígido y plano de la historia, se ve compensado con peleas y batallas emocionantes, filmadas igualmente con la milimétrica precisión de la cámara lenta, así como caprichosos movimientos de cámara. Eva Green se roba el filme como la bella y letal Artemisa, y su sobreactuación es la mayor parte del tiempo un recordatorio de lo que este filme es: una típica película serie B, genérica, más preocupada por mostrarnos su brutalidad casi en nuestras narices que otra cosa, cubierta con el atractivo de tener sofisticación en su producción visual. 


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