lunes, 13 de agosto de 2012

MOBY DICK * * * *




¡AHOY CAPITÁN!: Gregory Peck como el obsesivo capitán Ahab.

Adaptación -la mejor, creo- al cine de al novela de Herman Melville. Moby Dick (1956), clásico de la literatura americana y, quizás, universal, es una entretenida película de aventuras en alta mar. Aunque también, es mucho más. Una historia profunda sobre hasta dónde pueden llegar las obsesiones. La obsesión del capitán Ahab (Gregory Peck, quien aceptó el papel sin siquiera haber tenido que leer el guión), es una sola: la venganza. El objeto de su venganza, es una gigantezca ballena blanca, la cual todos los marinos de los 7 mares conocen como "Moby Dick". La gigantezca criatura es responsable de haber dejado a nuestro necio capitán sin una pierna y con el rostro marcado. Es 1841. Ahab no se detendrá ante nada. Lo arriesgará todo, incluso la tripulación de su barco ballenero, con tal de encontrar y matar a Moby Dick.

John Huston logra un estudio de personaje en la máxima extensión de la palabra., con momentos tensos e intensos (cuando Ahab tiene casi hipnotizada a su tripulación, ofreciendo un doblón de oro para el primero que aviste a la ballena, esa gran tormenta que amenaza con hundir al barco).  Gregory Peck ofrece una de las mejores actuaciones de su carrear. Se transforma completamente en un hombre que parece primo de Abraham Lincoln, bajo un sencillo pero buen trabajo de maquillaje. De mirada dura, serio, enfundado siempre en un manto emocional impenetrable. Su fiel asistente, Starbuck (Leo Genn, y sí, el dueño de la famosa e internacional cadena de cafeterías tomó el nombre para su empresa de ahí), llega incluso a tomar medidas desesperadas en otro momento clave de la historia. Un joven marino, Ishmael (Richard Basehart), con sed de aventuras y exploración, es testigo de todo lo que sucede en el barco (por cierto, es el mismo barco que se usó en "Treasure Island", de la Disney), haciendo amistad con un misterioso indio mohawk, Queequeg (Frederich von Ledebur), quien tiene el cuerpo completamente marcado por artísticas cicatrices.

Es una gran historia sobre la lucha del hombre contra la naturaleza, así como del hombre contra sí mismo. He podido ver la película en una edición especial, restaurada con el apoyo de Martin Scorsese. Gracias a esta restauración, se puede apreciar la intención de Huston y su cinefotógrafo, Oswald Morris, de conseguir un look de fotografía del siglo XIX. Lo consiguieron agregando una capa gris adicional al tradicional proceso del Technicolor. Esto le ha dado una tonalidad deslavada, más neutral, lo cual ayuda significativamente a la sensación de estar rodeado por el mar, envuelto por un cielo frío y  nublado. Aunque es, igualmente, una sensación emocional. No hay mucho humor en al película, así como tampoco un personaje con el cual empaticemos mucho. Lo que seguramente quiso Ray Bradbury, coguionista de Huston, es que sintiéramos un perpetuo estado de rechazo-empatía por Ahab.  

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