domingo, 26 de junio de 2011

ICHI THE KILLER * * * 1/2


Nao Ohmori como el antihéroe asesino "Ichi the Killer".

Es evidente la influencia de Quentin Tarantino en esta película sobre guerras y matanzas entre mafias japonesas. Por supuesto, los yakuza están en dicha guerra. Es más, uno podría apostar que Takashi Miike hizo esta película con la intención de llamar la intención de Tarantino. El mismo Miike cuenta que Tarantino lo llamó para felicitarlo, y que hasta le dio trabajo a uno de los actores secundarios del filme (seguro para “Kill Bill). Ichi the Killer (2001), basada en un comic manga de Hideo Yamamoto, es una colosal y, a ratos, irrespirable carnicería entre mafias, que no tiene problemas en exhibir su misoginia. Esa escena de la tortura de un tipo colgando de la piel, con ganchos por todo el cuerpo, se te impregna en la memoria, quieras o no.

Para los amantes de los filmes de gángsters (y claro, los comics manga), esta es una oportunidad de sumergirse en un mundo que parece una cruza de Martin Scorsese, Takeshi Kitano y el mismo Tarantino. Su historia tiene como centro a un antihéroe, Ichi (Nao Ohmori, con uniforme que esconde cuchillas), que lleva a cabo matanzas masivas como si se tratara de un asesino serial. Su objetivo: los criminales y villanos. Ichi se convierte en una máquina asesina cada vez que recuerda su traumática infancia escolar.

Ichi no está con los buenos, ni con los malos. El personaje es ambiguo, solitario, lleno de detalles contradictorios y con un aura espectral. Un mafioso sadomasoquista, con la cara perforada y el pelo teñido, Kakihara (Tadanobu Asano), se encuentra rastreando a Ichi, y busca ser el próximo líder de los yakuza. En su “director’s cut” el filme tiende al caos. Tiene demasiados personajes y subtramas, pero es entretenido (si soportas ver amputaciones, sangre, torturas y humor negro al por mayor), con ritmo frenético y un explosivo clímax final.


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