jueves, 3 de febrero de 2011

THE WRESTLER * * * *

Mickey Rourke demuestra que sigue siendo un gran actor en "The Wrestler".
Adentrarse en el mundo de la lucha libre en cine no tiene por qué ser siempre cómico. Es cierto, este espectáculo barato da pie a ello. Desde Nacho Libre (2006), de Jared Hess, una comedia paródica de la lucha libre mexicana, no recuerdo haber visto otra película que se adentrará en estos espectáculos, calificados por muchos como un deporte. The Wrestler (2008), dirigida por Darren Aronofsky, retoma el tema de la lucha libre con un enfoque melodramático, sensible y algo realista. Es un título directo, sencillo y sin complicaciones. La película narra la historia de un maduro luchador, interpretado por un Mickey Rourke dispuesto a recuperar la antigua gloria que lo consagró como uno de los grandes actores de los 1980. Su gran interpretación lo llevó a ser nominado al Oscar a “Mejor Actor” en 2009.

Antes de ser el gran actor que es, Mickey Rourke se dedicó al boxeo, fasceta deportiva que retomó a principios de los 1990. Esto lo desvió drásticamente de la actuación, y le dejó la cara lastimada e irreconocible que todos conocemos hoy. Su interpretación de Randy “The Ram” es casi autobiográfica. Su luchador, que lleva encima su antigua fama y prestigio (curiosamente, como famoso luchador en los 1980), no dejó de recordarme al vaquero boxeador y alcohólico que interpretó en “Homeboy”, en 1988. Este vaquero, como Randy, tenía una condición incapacitante que amenazaba con alejarlo del ring. El vaquero tenía una fractura craneal, que le hacía ver borroso. Randy ha sufrido un infarto luego de un sádico espectáculo en el ring, en donde hubo golpes reales con sillas, mesas, una escalera y hasta grapas.

Randy vive en una casa rodante. A pesar de su intimidante pinta de rockero Heavy Metal, gusta de jugar con los niños vecinos. Mientras ellos ya juegan con Play Station, Randy sigue usando su viejo Nintendo. Su casero lo ha dejado fuera por no pagar la renta, y Randy tiene que pasar la noche en su van. La lucha libre no le deja lo sufficiente para vivir, ni las ocasionales firmas de autógrafos, donde se toma fotos con fans a quienes, discretamente, les cobra. Así, Randy tiene que buscar trabajos ocasionales en un supermercado, mientras su tiempo libre lo pasa en un club de strippers, en donde tiene una atractiva amiga, Cassidy (Marisa Tomei, escultural).

Resignado a retirarse de la lucha libre, Randy decide arreglar muchas cosas en su vida. Como a veces sucede en las películas sobre hombres arriba de los 60, con sus carreras en peligro por alguna adicción (recordar a Jeff Bridges en “Crazy Heart”) o por alguna enfermedad que les tiene al borde la muerte, nos enteramos que Randy tiene una hija (Evan Rachel Wood) a la que no ha visto en años y con la que desea reencontrarse.

En muchos momentos de la película, hay un tratamiento de documental que no hace más que reforzar el toque realista que Aronofsky le da a la película. Esto es cuando Randy está dialogando con tipos que, a primera vista, se nota son luchadores profesionales. Se aprende mucho de este universo viendo The Wrestler, de este circo formado por sangre, sudor y auténticos personajes. Porque aparentemente, si como luchador no te inventas un personaje, digamos, vendible, estás condenado al fracaso. Antes de cada espectáculo, los luchadores dialogan y se organizan entre sí respecto a los movimientos y coreografias que realizarán en el ring.

Randy es calmado, tranquilo, pero como veremos en cierta escena, hay un monstruo durmiendo dentro de él, capaz de despertar en las situaciones más estresantes. Bueno, creo que cualquiera en su lugar perdería los estribos si tuviera que lidiar con un montón de clientes molestos. Y hay un aspecto intrigante de la personalidad de Randy: esa tendencia a autolastimarse, a cortarse a sí mismo. Es un aspecto de su personalidad que está ahí presente, pero no sabemos exactamente qué lo conduce a hacerlo.

The Wrestler es la historia de un gigante caído, de un luchador que es incapaz de encajar en el mundo real. El mundo fuera del ring le queda demasiado grande. No funciona en él. No funciona como padre, ni para tratar de conquistar a una chica como Cassidy. Y su última lucha no será allá afuera, sino en el ring.


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