viernes, 28 de marzo de 2014

DESPICABLE ME 2 * * * * *



AMOR A LA VISTA.  Gru podría encontrar a su otra mitad en
Despicable Me 2. 

Con Despicable Me 2 vino lo inevitable. Su protagonista, el otrora megalomaniaco villano de facha tétrica, Gru (Steve Carrell) encuentra el amor, muy a su pesar. De todas formas, en eso consistía la premisa de la primer película (2010), el ver cómo el despreciable, obscuro, amargado y traumatizado Gru escondía indicios de humanidad y bondad. Esta segunda parte es mucho más divertida y encantadora que la primera, gracias a que los geniales, amarillentos y enfundados en oberoles minions, están ahí nuevamente para salvar el show. No por ello Gru es menos interesante. Ahora tiene nuevos dilemas relacionados con la paternidad, y otros más románticos. 

Por primera vez veremos si el calvo personaje es capaz de lidiar con el hecho de que Margo (Miranda Cosgrove) ya no es una niña y le están empezando a gustar los chicos. Edith (Dana Gaier), la de "enmedio", sigue siendo la misma niña "ruda" de siempre, en tanto, la pequeña roba-corazones Agnes (Elsie Fisher) siente la ausencia de una figura materna en su vida. El proceso es de una comicidad que alcanza cotas extraordinarias. Steve Carrell vuelve a hacer una trabajo de voz fenomenal, con ese indefinido y extraño acento como de Europa del Este con el que dota a Gru. 

Sin embargo, son los minions (especialmente el trío formado por Kevin, Bob y Stuart) los que, irremediablemente, se acaban robando toda la película (voces realizadas por los mismos directores Pierre Cofin y Chris Renaud). Gru, retirado de su carrera como villano, se encuentra dedicado completamente a una relajada y pacífica vida como dueño de un negocio de mermeladas. Esto no durará mucho. El Dr. Nefario (Russell Brand) extraña planear las fechorías del pasado, y al mismo tiempo, Gru será violentamente reclutado por una extraña mujer pelirroja, Lucy  (Kristen Wiig), quien trabaja para una corporación secreta dedicada a combatir villanos. Gru tiene una misión: encontrar al inventor de una substancia que transforma, a lo Jekyll y Mr. Hide, en mutantes a todo aquel inyectado con la misma.

El villano con el que Gru tendrá que enfrentarse, es una creación estereotipada pero graciosa y funcional, por lo satiríca que resulta: El Macho (voz de Benjamin Bratt), disfrazado como luchador enmascarado mexicano. Gru tiene cuentas pendientes del pasado con El Macho. En ese sentido, el filme encuentra el lado cómico a elementos típicamente mexicanos, como la fiesta de "Cinco de Mayo", donde habrá sombreros de nacho rellenos de guacamole, o el hijo adolescente de El Macho, un chico que es el prototipo del latin lover, entre otros. 

Los directores, inteligentemente, les permitieron más espacio y tiempo a los minions para lucirse a sus anchas. Su humor slapstick, su lenguaje como alienígena (que suena como mezcla de japonés, italiano y francés), los hace imparables e incansables. Te estás riendo desde que aparecen en escena. No es exagerado afirmar que Despicable Me 2 es la mejor comedia animada de la que tenga memoria reciente. 


miércoles, 26 de marzo de 2014

TANGLED * * * 1/2

HORA DEL SHAMPOO. La versión de Disney del cuento infantil "Rapunzel."

No es mucho de extrañar que el clásico cuento infantil de los hermanos Grimm, Rapunzel, publicado hace 200 años (a su vez, una adaptación de Persinette, un relato de 1698) haya sido adaptado por Disney en la forma de un melodrama adolescente, de maduración y crecimiento. Rapunzel (voz de Mandy Moore), cuenta la historia de una bella princesa atrapada en una torre, secuestrada por una bruja siendo una bebé. Lo más especial de Rapunzel, es su muy largo cabello mágico (22 metros). Dirigida por Nathan Greno y Byron Howard, Tangled muestra a Rapunzel como una adolescente queriendo salir de un encierro forzado, al que está sometido por una bruja (voz de Donna Murphy), a la que cree su madre. Dicha bruja necesita de la magia del cabello rubio de la chica, para permanecer joven y nunca envejecer. 

Rapunzel tiene la ilusión de salir y explorar el mundo. Unas extrañas luces en el bosque la tienen intrigada, y la oportunidad de escapar llega cuando un fugitivo de la justicia, Flynn (Zachary Levi),  llega a la torre. Ambos hacen un trato: Flynn servirá de guía de Rapunzel y de su mascota, un pequeño camaleón. Hay un caballo blanco con actitudes de perro rastreando a Flynn. Pasado un rato, el caballo formará el triángulo perfecto, gracias a su graciosa presencia, durante las aventuras y peligros que Flynn y Rapunzel tengan que sortear en su huida. La guardia real se encuentra tras la pista de Flynn, mientras la bruja Gothel trata de encontrar a Rapunzel.

Aunque el trabajo de animación es muy atractivo, y que el filme tiene canciones pasables, lo cierto, es que Tangled es un trabajo menor de la Disney. Si la comparamos con The Princess and the Frog, su anterior largometraje, y Frozen, su más reciente filme animado ganador del Oscar, Tangled no tiene muchas pretenciones. No es tanto Rapunzel quien domina el filme, sino la dupla que, sin remedio y previsiblemente, acaban formando Flynn y el caballo. Rapunzel resulta una atractiva presencia en pantalla, debido a su inocencia mientras explora el mundo, (incluyendo una cantina repleta de villanos malencarados, divertidos aunque cliché), así como por la serie de gags debido a la longitud de su cabello. 

jueves, 20 de marzo de 2014

JUAN DE LOS MUERTOS * * * *

ZOMBIES EN LA HABANA.  Juan de los Muertos, a la caza de zombies. 

La respuesta del cine hispanoamericano a Shaun of the Dead. Si bien esta producción hispano-cubana se queda un par de pasos atrás de equipararse o superar a su contraparte británica, Juan de los Muertos (o Juan of the Dead, su título internacional) es una divertida película de zombies, una parodia-homenaje de las películas de George Romero, instalada en el lugar menos imaginado: La Habana. Sus efectos especiales, e incluso su maquillaje, no se comparan con los de una producción norteamericana, pero son aceptables, y esto se compensa con un cruel humor negro bien dosificado, así como una comicidad desenfadada y cínica. El argentino Alejandro Brugués, consigue adaptar impecable e ingeniosamente una historia de zombies al entorno social y político de cuba, en donde los "muertos vivientes" no se llaman zombies, sino "disidentes". Además, estos zombies tienen nuevas cualidades, ya que duermen y pueden andar bajo el agua. 

Aquí poco importa el por qué, de repente, turistas y ciudadanos cubanos empiezan a transformarse en zombies. En el barrio donde habita el Juan del título (Alexis Díaz de Villegas, especie de versión cubana de Jeff Goldblum) surge el primer brote, y de ahí, el total caos apocalíptico. Juan es un personaje, que a pesar de su pobrediablezca facha, de lucir y confesarse a sí mismo como un holgazán sin oficio ni beneficio, es un personaje que roza lo fascinante en una historia de este tipo. Al inicio, lo vemos a flote en un balsa, lo que hace imaginar lo más obvio: se encuentra en camino a Florida. Pero lo cierto, es que lo que menos quiere el tipo es huir de la isla, prefiriendo quedarse a cualquier otra cosa. Por otro lado, Juan es el improbable padre de una atractiva chica española (Andrea Duro), la cual no tiene mucha fe en las cualidades como padre de Juan. 

Para demostrarle a su hija que puede cambiar, Juan, incluyendo a Lázaro (Jorge Molina), su mejor amigo; un transexual, un fisicoculturista que se desmaya al ver sangre, y un tipo llamado California, formarán "Juan de los Muertos", corporación dedicada a dar muerte a los infortunados que hayan sido mordidos por zombies, a petición de sus familiares.

El mejor chiste -o uno de los mejores- es un hombre norteamericano (un actor hispano hablando en inglés) que aparece de la nada, con un parecido enorme a George Romero. Aunque la historia es el punto flojo (el asunto del negocio se olvida, y de manera indisciplinada la trama se va por otros rumbos), y hubiera estado mucho mejor de haber explotado más sus satíricas intenciones políticas, el trabajo de Brugués es entretenido, muy visible; sin mucho pudor a la hora de los diálogos y situaciones vulgares, quizás algo homofóbica, pero sin duda, sabiendo cómo ver el lado cómico a una película de zombies. 

martes, 18 de marzo de 2014

PAULETTE * * * *

La premisa de esta pequeña delicia fílmica es una muy original. Paulette, dirigida por Jérôme Enrico, plantea la idea de cómo situaciones desesperadas, requieren ideas desesperadas. Una amargada, xenófoba y racista anciana, la Paulette del título (Bernardette LaFont, en su penúltima película antes de morir en 2013) decide convertirse en una traficante de drogas, usando un poco de creatividad. Con una pensión que no le deja mucho para vivir, y habilidades en la repostería, la anciana decide contactar a una peligrosa banda de traficantes de drogas en su vecindario, y vender droga usando sus propios medios. Sin embargo, cuando se da cuenta que con simplemente perseguir clientes potenciales en los pasillos y escaleras del metro no es suficiente, Paulette decide "integrar" la valiosa mercancia (cannabis, para ser exactos) como ingrediente de sus pasteles, galletas, y demás delicias azucaradas, para posteriormente venderlas. 

Bernardette LaFont está excelente. La película es un thriller en clave desenfadada y cómica. Todo se irá complicando irremediablemente, y lo divertido es ver cómo en el camino de la anciana (hasta su mismo nieto le tiene miedo), irán apareciendo obstáculos casi inimaginables. El más complicado de sortear: su yerno, quien para colmo de Paulette no nada más es negro, sino un detective de policia. Lo mejor, es que la película no es como cualquier estúpida comedia Hollywoodense veraniega. Sino que estamos ante una historia en la que, al menos, es evidente que al director  le interesa su personaje principal y su evolución. Carmen Maura forma parte del elenco, magnífica también como una de las amigas de Paulette.

REPOSTERIA PARA "VIAJAR".  Bernardette LaFont como Paulette.

jueves, 13 de marzo de 2014

CAPTAIN PHILLIPS * * * *

ALERTA PIRATA. Tom Hanks enfrentará piratas somalíes en
Captain Phillips.

Captain Phillips está basada en hechos reales, en un caso que impactó a la prensa internacional. Es  una de esas historias que parecen difíciles de creer en pleno siglo XXI, por involucrar la actividad criminal más antigua de la historia: la pirateria marítima. Paul Greengrass ofrece una crónica del asalto a un barco comercial americano en 2009, capitaneado por el Capitán Richard Phillips (Tom Hanks, excelente), por parte de unos piratas somalíes en el Mar Arábigo. La película tiene una fuente de primera mano, el libro que escribió el mismo Phillips narrando su traumática experiencia. Luego de que los piratas abordaron el barco (que llevaba mercancia de ayuda a Kenia), tomaron como rehén al capitán, quien en un acto de heroismo, se ofreció para salvar a la tripulación.

Greengrass dirige la película con un realismo arrollador, similar al de United 93 (2006). Pone al espectador a bordo del  barco, filmando toda la acción en un barco idéntico al mercante Maersk Alabama. En general, toda la acción tiene lugar en alta mar (en realidad, el Mediterráneo sirviendo como escenario), filmando toda la película con cámara portátil, aspecto que contribuyó incluso a que gente en los cines experimentaran mareos y náusea.

El resultado es una película que, con intensidad, fuerza, y pleno dominio y maestría técnica, consigue en partes iguales emocionarnos, como debe de hacerlo un thriller hollywoodense, y al mismo tiempo, reflexionar sobre el mundo globalizado y la situación económica internacional.  En una escena, el líder corsario Muse, interpretado por la revelación Barkhad Abdi (actor no profesional que tomó a la crítica por sorpresa y consiguió una nominación al Oscar como Mejor Actor de Soporte), confiesa a Phillips que es un pescador. "Sus barcos llegan y se llevan todo el pescado", le comenta Muse con impresionante tranquilidad. "En Somalia las cosas son muy diferentes que en E.U", continua Muse. 

Es cuando el subtexto político de la película sale a relucir, natural y sutilmente. Sin embargo, la intención de Greengrass no es tanto que sintamos simpatía por los piratas (hay uno, que parece ser el más joven y poco experimentado, por el que Phillips se muestra compasivo). Greengrass ofrece una visión imparcial de una situación crítica para la navegación actualmente. El tour de force actoral entre Hanks, una estrella internacional, con Abdi, un debutante que no tenía en sus planes convertirse en actor de la noche a la mañana, es lo mejor en el filme. Su tensa relación es el corazón de una historia aparentemente simple, pero que lleva el verdadero significado de lo que estamos viendo.

martes, 11 de marzo de 2014

BLANCANIEVES * * * *


¡¡¡OLÉ MATAORA!!!  Macarena García como Blancanieves.

Pablo Berger (Torremolinos 73) ha afirmado en entrevista, que su idea de llevar a la pantalla una adaptación silente de Blanca Nieves, relato infantil de los hermanos Grimm, la tuvo mucho antes que The Artist (2011) fuera producida y estrenada. Ambas pertenecen a esa nueva ola monócroma de moderno cine silente en boga, en donde los realizadores se remontan al pasado, justo a los orígenes silentes del séptimo arte. A pesar de estar hechas en pleno siglo XXI, ambos filmes parecen producidos en los 1920s. Blancanieves es una personalísima reinterpretación del cuento clásico, instalándolo en la Sevilla  taurina de principios de siglo XX. La protagonista es una niña, Carmen (las revelaciones Sofia Oria, de niña, y Macarena García, de joven), quien ha sufrido una infancia llena de abusos y sufrimientos, al estilo Cenicienta. 

Luego de que su padre (Daniel Giménez Cacho), un famoso torero, acaba paralítico al ser embestido por un toro, y su madre fallezca durante el parto, Carmen es adoptada por su abuela "bailaora" (Angela Molina). Sin embargo, la niña, sin nadie más que un gallo como mascota, queda bajo el tutelaje de Encarna, su malvada madrastra (Maribel Verdú, guapa en un modo muy siniestro) -como si hubiera de otras en los cuentos infantiles-, prohibiéndole incluso que tenga contacto con su papá. 

Antes que Encarna pueda decir "Espejito, espejito ¿quien es la más bella?" el más sorpresivo giro de esta adaptación vendrá cuando Carmen decida, accidentalmente, convertirse en torera. En parte debido a que lo lleva en la sangre, y en parte porque los enanos del cuento no serán 7, sino 6 torero-cirqueros-ambulantes. Carmen se une a la troupe de enanos, y estos la bautizan como Blancanieves ("como la del cuento", dirá el de la idea). 

Lo que consigue Pablo Berger (quien afirma haber tomado la idea al ver una fotografía de enanos cirqueros, tomada por Cristina García Rodero), es un cuento obscuro y conmovedor al mismo tiempo, macabramente concebido y con mucho humor negro. La película es extremadamente original,  bellamente fotografiada y musicalizada con un furor implacable (el soundtrack tiene inspiración en el paso doble y hay música flamenca). Lo interesante, es su lectura feminista, que propone algo inusual en el mundo de la "fiesta brava": una mujer torera, una matadora, bella con su traje ajustado y cabello corto. El final no podría estar más lejos del que conocemos. Deja al espectador con un signo de interrogación dibujado en el rostro. Es algo Felliniano, y algo a lo David Lynch, cerrando con una imagen bella de un ojo cerrado llorando. 

domingo, 9 de marzo de 2014

300: RISE OF AN EMPIRE * * 1/2

NO EXACTAMENTE 300. Sullivan Stapleton y su armada ateniense.

300: Rise of an Empire tiene una excusa interesante para su existencia en la pantalla: ser algo entre una historia paralela y una continuación de 300 (2006), donde se nos volvía a contar, con el lenguaje visual de una novela gráfica trasladada al cine, el legendario relato de la batalla de las Termópilas, en donde 300 espartanos se enfrentaron contra el enorme ejército persa. Por supuesto, hay también la excusa de derramar litros de sangre digital en primer plano, para mayor justificación de su formato en 3D. Adaptación del cómic creado por Frank Miller, 300 fue una verdadera innovación visual, un visualmente espectacular rescate del viejo género de "espadas y sandalias", con brutales batallas y peleas filmadas en cámara lenta, con mucha sangre salpicando la pantalla, y espartanos luciendo pectorales y six packs retocados por computadora. La cereza en el pastel estaba en el toque fantástico propio del universo de los cómics y, por qué no, del video juego. 

El problema con esta segunda entrega, dirigida por un tal Noam Murro (a su vez, dirigido por el ahora productor Zack Snyder), es que toda esa novedad visual, estéticamente impactante, ya perdió mucho de su factor sorpresa, con series como Spartacus tomando como referencia directa -digamos "inspiración"- dicho concepto visual.  Mientras Leonidas (Gerard Butler, en dos o tres escenas pequeñísimas, que parecen como escenas desechadas de 300) peleaba con sus 300 soldados contra Xerxes (Rodrigo Santoro, con su look a lo carnaval de Rio), la nación griega, comandada por Temistocles (Sullivan Stapleton) se encontraba en plena ofensiva naval contra la flota persa, a cargo de Artemisia (Eva Green, en plena actuación autoparódica), una amazónica, bella, y sanguinaria mujer griega ojiverde, con un pasado tortuoso y obscuro. 

La historia de Artemisia es de verdadera tragedia griega, con motivos de sobra para pasarse al lado del enemigo y pelear bajo las órdenes de Xerxes. Al inicio, se nos da algo de historia de fondo, sobre cómo, en venganza por la muerte de su padre, el rey Dario, Xerxes decidió pasar de ser mortal a una deidad. Si la primer película fue mejor, fue por esa aura de heroismo y sacrificio irradiada por Leonidas. Los 300 espartanos dan el todo por el todo contra los invasores persas. Además, Gerard Butler sin duda tenía más pulmones para gritar a flema suelta que el más blando y desconocido Sullivan Stapleton. 

La historia de esta nueva 300 es más convencional y predecible, y por el lado visual, más grisácea (el clima durante el 90 porciento del filme es nublado y borrascoso). Lo rígido y plano de la historia, se ve compensado con peleas y batallas emocionantes, filmadas igualmente con la milimétrica precisión de la cámara lenta, así como caprichosos movimientos de cámara. Eva Green se roba el filme como la bella y letal Artemisa, y su sobreactuación es la mayor parte del tiempo un recordatorio de lo que este filme es: una típica película serie B, genérica, más preocupada por mostrarnos su brutalidad casi en nuestras narices que otra cosa, cubierta con el atractivo de tener sofisticación en su producción visual. 


jueves, 6 de marzo de 2014

HAYWIRE * * *

BELLA Y LETAL. Gina Carano como la agente especial Mallory Kane.

Steven Soderbergh, ocasionalmente, toma de otros contextos a mujeres cuyo fuerte no es precisamente la actuación. Su estrategia es hacerlas ver en sus películas como si el actuar fuera lo suyo. Para The Girlfriend Experience (2009) Soderbergh "exportó" del cine porno a Sasha Grey, considerada como una "estrella" en su género. Ahora, Gina Carano, experta en artes marciales mixtas, fitness model y con una pequeña carrera como actriz de televisión, hace su debut en el cine indie. Haywire, es un pasable  intento del versátil realizador por llevar a la pantalla un thriller de acción, dentro de la más clara fórmula de un típico thriller del mainstream de Hollywood, pero con el sello indie que caracteriza a Sodenbergh. Para ser un filme independiente, el reparto luce como extraído de un blockbuster hollywoodense,  conformado por Channing Tatum, Ewan McGregor, Michael Douglas, Antonio Banderas, así como Michael Fassbender. Este último te da una idea, más o menos aproximada, de cómo se hubiera visto en una película de James Bond. 

En ese sentido, la película tiene algunas escenas de acción y peleas que no le piden casi nada a una película de Jason Statham. Gina Carano parece la primogénita de Van Damme. En una escena, que tiene lugar en un cuarto de hotel con Michael Fassbender, cuando uno espera que ambos acaben  encamados, tiene lugar una pelea excitante, bien coreografiada, en la que la Carano demuestra cómo y porqué, además de ser atractiva, tiene el lugar que tiene en las artes marciales. Su personaje, es una agente que trabaja por su cuenta, cumpliendo misiones especiales a espaldas del gobierno (o al menos, ellos fingen no saber nada del asunto). 

Durante una misión especial en Dublín, Mallory (Carano) descubrirá que ha sido traicionada por su jefe (McGregor), y la historia será una clásica persecución del "gato y el ratón", del "cazador cazado", con los altos mandos queriendo eliminarla del mapa. Algo así como una "Nikita". El filme está bien fotografiado y editado (por el mismo Soderbergh), es decir, bien cuidado en toda su cubierta, pero la historia es demasiado simple y formulaica, con escasas partes emocionantes y muchas otras algo aburridas. 

martes, 4 de marzo de 2014

CARNAGE * * * *

¿SE VAN TAN RÁPIDO? Kate Winslet y Christoph Waltz
no pueden irse del apartamento de Jodie Foster y John C. Reilly. 

Carnage es un poco como El Angel Exterminador  (1962), de Buñuel. Muy posiblemente, Yasmina Reza, la autora de la obra teatral en la que se basa el más reciente filme de Roman Polanski, haya tomado aquel filme de Buñuel como inspiración. En el filme del legendario director español, un grupo de invitados a una fiesta, por alguna misteriosa e inexplicable razón, no pueden dejar la residencia en donde tiene lugar el evento. Algo muy similar pasa en Carnage, donde una pareja de casados, encarnada por Kate Winslet y Christoph Waltz, no pueden dejar el apartamento de los Longstreet, interpretados por Jodie Foster y John C. Reilly. 

El motivo de su visita: una pelea entre sus respectivos niños, que no acabó tan pacificamente como ellos hubieran deseado. Uno acabó incluso en el hospital. Como espectadores, acabamos encerrados también en el apartamento de la familia Longstreet, en donde tratan de decidir ambas parejas cómo resolver, de la mejor forma posible, todo este problema. ¿Cuál debe ser el castigo para el niño que golpeó al otro? ¿Quién tuvo la culpa? ¿Deberían verse los chicos para que dialoguen? Sin embargo, la historia, simple y sencilla en su concepción, dialogada y narrada con buen ritmo, va tomando otros rumbos y temas de discusión. Ocurren situaciones exasperantes para la señora Cowan (Winslet), como el hecho de que su marido es un insufrible abogado, engreído, que parece no preocuparse mucho por lo que pasó entre los niños, y que cada cinco minutos está con el teléfono celular en la oreja. Habrá otra situaciones más embarazosas para ella, cuando después de botanear y beber de más, algo hace corto circuito en su  estómago, y acabe vomitando espectacularmente frente a todos.

El pleito entre los niños no es más que un pretexto para que se desencadenen pláticas, argumentos y debates sobre el machismo, el feminismo, sobre la vida matrimonial, la educación de los hijos, etc. Al final, los niños demuestran que pueden resolver mejor sus propios problemas, mientras sus progenitores, en definitiva, acaban siendo más infantiles, absurdos y empeorando más las cosas. Lo mejor, es que Polanski hace de esta historia, que no podría ser más teatral en su concepción y desarrollo, una experiencia pasablemente cinematográfica. Jodie Foster está magnífica en su papel de mujer culta y amante del arte (el corazón se me rompió nada más de verla sufrir por sus preciados libros de arte cubiertos de vómito), que termina perdiendo los estribos. Kate Winslet, igualmente, está intensa como la mujer nerviosa, con el estómago, literalmente, hasta el cuello, avergonzada de su accidental vaciado estomacal. En tanto, Christophe Waltz y John C. Reilly, como los dos tipos que acaban mostrando el otro lado de sus respectivas personalidades, están por igual geniales. 

jueves, 27 de febrero de 2014

POTICHE * * * 1/2


AMOR Y POLÍTICA NO COMBINAN. Gérard Depardieu y Catherine Deneuve
recordando un antiguo romance. 

François Ozon, el otrora wunderkind del cine francés, ahora con una carrera sólida y reconocida en Europa y el resto del mundo, se ha caracterizado por una clara y bien definida sensibilidad para las historias femeninas. Gusta de brincar de un género a otro (el thriller como en Les Amants Criminels; el musical en 8 femmes; el cine experimanetal en 5 x 2). En Potiche, Ozon vuelve a trabajar con  Catherine Deneuve, su principal musa, en una película con un fuerte discurso feminista, no exento de comicidad. Una historia sobre el despertar y renacer de una madura ama de casa a finales de los 1970, encerrada en una rutinaria vida hogareña junto a su nefasto y machista esposo (Fabrice Luchini, genial), director de una fábrica de sombrillas (¿Alguna relación con The Umbrellas of Cherbourg, musical protagonizado por Deneuve?). El marido la trata como simple objeto, o como ella misma dice al inicio del filme, como un simple "adorno" (de ahí el título en francés). 

Lo más interesante del filme, es la gradual transformación de Suzanne Pujol (Deneuve), quien además de dedicarse a los quehaceres del hogar, se divide entre seguir apoyando a su hija (Judith Godrèche), casada y a punto de acabar en una vida como la de su mamá, y a su hijo (Jérémie Renier, de Les Amants Criminels), quien además de estar en una relación con la hija de un antiguo rival de su padre, parece querer ocultar el hecho que es homosexual. Y esto último sorprende un poco. Ozon casi nunca falla en tener algún personaje homosexual, pero en esta ocasión, parece extrañamente tímido por mostrar al personaje del hijo como alguien abiertamente homosexual. Sin embargo, tal vez eso hubiera  distraído mucho de la historia de Suzanne, quien dará el gran salto en su nueva vida como mujer ejecutiva, liberada y completamente realizada, cuando su marido sea tomado como rehén por sus propios empleados en medio de una huelga. 

Adaptación de la obra teatral escrita por Pierre Barillet y Jean Pierre Grédy, viendo Potiche queda claro que el cine de los últimos años -no importa el país-, ha desarrollado una especie de fascinación por los 1970. Está aceptablemente ambientada, y hace un balance divertido entre la comedia romántica y la parodia política. En ese sentido, Catherine Deneuve sostiene la película de principio a fin de forma admirable; con una naturalidad y seguridad características de esta leyenda del cine francés. Gérard Depardieu, en más de un sentido, también "llena" la pantalla. El hombre podrá estar mastodóntico, apenas podrá con su alma, pero como el diputado de izquierdas y antiguo amante de Suzanne, del cual no queda más que un nostálgico recuerdo, está como siempre bien. A pesar de ser un filme disfrutable, mi problema fue al final, con Deneuve cantando. La señora tiene buena voz, es entonada, pero si Ozon quería hacer un musical, ya era demasiado tarde. 



viernes, 14 de febrero de 2014

AMOUR * * * * *


EN LA ENFERMEDAD Y EN LA SALUD.
Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva.

Nunca hay salidas fáciles en una película del realizador austriaco Michael Haneke, y Amour es una muestra más de ello. Con apenas 3 actores principales, Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva e Isabelle Huppert en el elenco, todos ellos tesoros nacionales del cine francés, Haneke ofrece una película de una simpleza sorprendente en toda su estructura, manufactura y dirección, que trata el tema del amor de una manera deslavada, auténtica y, como poco o nunca se hace, entre una pareja de ancianos. En la última etapa de sus vidas, Georges (Trintignant) y Anne (Riva) están a punto de pasar la más dura prueba en su matrimonio. Una pareja de intelectuales y maestros de música, en plena senectud disfrutan de un tranquilo retiro, una simple comida juntos, una platica amena, o de salir a escuchar un concierto de piano.

Sus vidas se verán alteradas por completo cuando Anne sufra una embolia, mientras ambos se encuentren comiendo. Es la primera vez que en el filme vemos, de una manera conmovedora, cómo su esposo enfrenta una situación inesperada, nueva y extraña. Anne simplemente pasará por un pequeño momento de parálisis, aparentemente indoloro, del cual regresa sin recordar nada de lo que pasó. A partir de ese momento, empezará la verdadera prueba para ambos, justo cuando Georges, sano, lúcido y fuerte para su edad, tenga que cuidar de Anne, quien poco a poco empezará un proceso de deterioro físico, paralizante de su lado derecho, el cual requerirá terapias físicas, cuidados especiales y de enfermeras. En resumen, su esposo estará dedicado día y noche a cuidarla. 

Toda la historia está ambientada en su departamento, espacio del cual nunca saldremos. Para Georges no habrá vida allá fuera. El sentido de su vida será su mujer y permanecer todo el tiempo a su lado. Jean-Louis Trintignant, según confesó Haneke en una entrevista, fue quien sugirió el título del filme. Amour ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera del 2013, un premio merecido, ya que es la dolorosa, tortuosa, dura, pero también sensible y conmovedora crónica, de un anciano completamente dedicado a la recuperación de su mujer. Es la muestra de amor más fiel, en "la salud y en la enfermedad", más demostrado por el esposo que por su hija (Isabelle Huppert, nuevamente colaborando con Haneke después de "La pianiste"), quien ocasionalmente visita a sus padres, se queja con Georges del lamentable estado de su madre, pero no lo apoya mucho cuidándola. 

Si bien todos los actores están estupendos, es Emmanuelle Riva quien está magistral, dolorosa, e intensamente contenida como la anciana maestra de piano, quien mira su pasado con nostalgia y resignación, mientras observa un álbum de fotos de su juventud ("la vida es bella, .... tan larga"). Los finales en las películas de Michael Haneke no son sencillos, quedan en puntos suspensivos. Pero en este caso, el final no es lo más importante (sabemos desde el inicio cual será el destino de Anne), con todo y la sorpresiva, difícil y dura decisión que Georges toma, sino el camino que recorrerá para llegar a la misma. 




miércoles, 29 de enero de 2014

AMERICAN HUSTLE * * * 1/2

BIEN PEINADOS Y ESCOTADOS. Christian Bale, Amy Adams y Bradley Cooper.

American Hustle, el más reciente filme de David O. Russell, es un trabajo entre la ficción y la historia basada en hechos reales. Trae de regreso a un buen puñado de actores con los que ya ha trabajado antes, en específico, Christian Bale y Amy Adams (de The Fighter); y Jennifer Lawrence y Bradley Cooper (de Silver Linings Playbook). Russell se ve que se acomoda y desenvuelve bien con ellos, que sabe extraer de ellos actuaciones excelentes. A pesar de todo, lo menos que demuestran en pantalla es un mínimo de química. Sin embargo, eso no significa que esta neurótica y casi paródica película de espionaje, ambientada nada menos que en los 1970 (década en la que se produjeron las mejores películas del género), no sea visible y entretenida, si bien algo larga.

La trama se va revelando en capas, conforme surgen las complicaciones de rigor provocadas por  personajes del tipo que pueblan el filme. La recreación del año 1978 es sumamente lograda, incluyendo una fotografía granulosa, un inicio del filme con el viejo logo de la Columbia Pictures, una magnífica dirección fotográfica y de arte. Todo esto nos hace sentir que estamos viendo una antigua película producida en aquellos años. American Hustle, en parte, me hizo recordar Argo, esta última ambientada más o menos en el mismo año. El filme de Ben Affleck no estaba tan caprichosamente ambientado como este, pero al menos, sí tenía un suspenso come-uñas, cosa que American Hustle no tiene. No es precisamente un thriller que te mantiene con el alma en un hilo, por saber qué va a pasar con Irving Rosenfeld y Sydney Prosser (interpretados por Bale y Adams, precisamente), quienes empiezan su carrera delictiva y defraudadora como asesores financieros, que se dedican a engañar y robar a sus clientes.

A escena entra un agente del FBI de cabello aborregado, Richie DiMaso (Bradley Cooper), quien desmantelará dicho negocio fraudulento y propondrá a la pareja algo tentador: ayudarlo a espiar y atrapar a un corrupto congresista (Jeremy Renner), quien se encuentra realizando negocios con la mafia italiana, para así evadir el encarcelamiento. Esta es la excusa que Russell necesita para dirigir una mezcla de screwball comedy con una película de espías. Para ser un filme de espionaje, no hay mucha sofisticación técnica, al menos, en cuanto a los medios que DiMaso usa en su investigación. Pero hay  algunos momentos divertidos, especialmente, cuando el realizador usa la historia como vehículo para exhibir a sus acostumbrados personajes neuróticos. Mi problema, es que no sentí simpatizar mucho con alguno de ellos. En definitiva, no creo que haya sido la intención de Russell que nos simpatizaran. No importa qué tan verbalmente graciosa sea Jennifer Lawrence en su papel de esposa insatisfecha, resentida y engañada, viviendo al lado de Irving, o que Bradley Cooper, en su papel de detective no muy hábil ni inteligente, esté gracioso en ocasiones.

Christian Bale ofrece otra de sus geniales y cameleónicas actuaciones (barriga cervecera incluída y calvicie prostética). Irving narra los inicios de su estafadora carrera emulando al niño rompevidrios en The Kid, de Chaplin. Robert De Niro tiene una mini participación como un mafioso, en una escena graciosa y con un pequeñísimo toque de suspenso, que involucra a un mexicano (Michael Peña) haciéndose pasar como millonario árabe. En corto, una película que se salva más por sus buenas actuaciones, que por su historia.

sábado, 18 de enero de 2014

THE GREAT GATSBY * * * * *

¡SALUD, OLD SPORT! Leonardo DiCaprio como el misterioso millonario
Jay Gatsby. 

Esta última adaptación de The Great Gatsby, el clásico de la literatura norteamericana escrito por F. Scott Fitzgerald, tal vez no sea del todo apta para una audiencia ultraconservadora. Habrá gente que vea  con ojos de amargura y resentimiento esta moderna revisión que hace el australiano Baz Luhrman del clásico libro, dirigida con un tono incluso algo satírico de los convulsos años 1920. El asunto funciona, incluso a nivel visual, que incluye un logrado diseño de producción, que recrea con maestría la época del charleston. Como en Moulin Rouge! (2001), la banda sonora es anacrónicamente disfrutable, mezclando música de los 1920s con música moderna, dando como resultado un experimento cinematográfico postmoderno, que al mismo tiempo mantiene una fidelidad aceptable a su fuente literaria original. 

Es evidente que Luhrman quiso alejarse de una rigidez formal y clásica, aquella con la que Coppola dirigió la anterior adaptación en 1974, con Robert Redford y Mia Farrow en los papeles principales. La narrativa es casi la misma en ambas, pero en la nueva versión se apuesta por un aura más juvenil, irradiada por todo su reparto. Leonardo DiCaprio encarna al misterioso Jay Gatsby del título, en otra de sus geniales actuaciones llenas de bravura. Su Gatsby tiene un aire magnánimo, lleno de personalidad, aunque también es tímido, inseguro y nervioso; sabiendo decir su famosa frase "Old Sport" con la misma naturalidad y facilidad que Redford tuvo anteriormente. Tobey Maguire es Nick Carraway, aquí con la licencia artística de ser un alcohólico en recuperación, quien a manera de terapia, escribe una crónica sobre su experiencia como amigo y vecino de Gatsby, y sus aventuras con excéntricos millonarios. 

Si bien DiCaprio ofrece una actuación digna de ser apreciada, es Tobey Maguire quien sorprende más con una actuación igualmente soberbia. Nick relata cómo, inesperadamente, se convirtió en el que fuera quizás el único amigo cercano de Gatsby, involucrándose en un mundo de fiestas interminables, llenas de música e invitados que no sabían quién era realmente su anfitrión. A pesar de todo, Gatsby vive una  solitaria existencia en su mansión, observando de lejos la casa de su amor de la juventud, Daisy Buchanan (muy buena actuación de Carey Mulligan), donde vive casada con Tom Buchanan (Joel Edgerton), el adinerado amigo de Nick. 

Por supuesto, no es una adaptación fiel al libro. El final original fue mutilado (el DVD tiene escenas eliminadas, con varias escenas del final libro). Pero lo mejor, es que no se conforma con ser una adaptación literaria y convencional. ¿Es una adaptación más dirigida a las jóvenes audiencias del siglo XXI? Tal vez. Para mí, que no hace mucho leí el libro, el filme es una experiencia cinematográfica intensa, arriesgada, y visualmente original.



martes, 7 de enero de 2014

LITTLE WHITE LIES * * *

SECRETOS Y DULCES MENTIRITAS. Benoit Magimel, François Cluzet
y Marion Cotillard.
El debut del actor Guillaume Canet como director es de esas películas con múltiples historias y elencos enormes. Aquí, el problema es que aquí el elenco, más que enorme, es gigantezco. Es necesaria una gran habilidad de un realizador para que todas las historias y personajes mantengan un nivel de interés mínimo, así como saber balancear cada trama y subtrama, saberlas entrelazar una con otra. Su apuesta es arriesgada en Little White Lies, ya que no nada más acaba la película sintiéndose con demasiados personajes, sino que nada más dos o tres acaban siendo los más interesantes.

François Cluzet, como siempre, ofrece una sólida actuación, encarnando al personaje más interesante dentro de la historia central. Su personaje, Max, es el adinerado dueño de un hotel, que ha invitado a sus amigos a la casa que tiene cerca del mar. Sus problemas para controlar su temperamento serán  evidentes cuando Vincent (Benoit Magimel), un masajista y, además, su compadre, le hace una confesión que pondrá su mundo de cabeza: lo ama. Eso sí, aclara que no es homosexual. Rondando esta contradictoria afirmación, Canet adereza su película con momentos graciosos, especialmente, cuando los personajes de Cluzet y Magimel se vean en muy comprometedoras y tensas situaciones.

Marion Cotillard ofrece también una buena actuación, como la compleja y torturada chica medio hippie y bohemia, con problemas para sentar cabeza en sus relaciones sentimentales. Todos nuestros amigos son invitados por Max a la playa, luego de que un miembro del grupo (Jean "The Artist" Dujardin) sufre un horrible accidente en su motocicleta, que le deja la cara desfigurada y muy grave en el hospital. A lo largo del filme, todos recordarán los momentos más entrañables que pasaron con el amigo accidentado (el tipo era gracioso, uno hasta hubiera deseado que en lugar de estar en el hospital estuviera presente con ellos en la historia). 

En medio de todo, surgirán reveladoras situaciones, peleas, reconciliaciones (hay un personaje  obsesionado con su exnovia que acabó hartándome), y romances frustrados. Mientras, Max hace  rabietas tratando de resolver un problema con unas zarigüeyas. Con 30 o 40 minutos menos (¡Dura 2 horas y media!), la película hubiera sido más digerible, disfrutable y, sobre todo, más ligera.

viernes, 20 de diciembre de 2013

THE HOBBIT: THE DESOLATION OF SMAUG * * * *

AHORA ME VES, Y AHORA...
Martin Freeman necesitará algo más que su anillo mágico
para escapar del dragón. 
The Hobbit: The Desolation of Smaug, es ligeramente mejor que la anterior película, An Unexpected Journey. No hay introducciones largas, ni una horda de enanos cenando y cantando durante la primeras escenas. Esta vez, Peter Jackson (con un cameo a lo Hitchcock al inicio) va al grano desde el inicio, y aunque la película puede seguir teniendo el pero de sentirse demasiado extensa, sigue siendo un  espectáculo del género fantástico. Con elfos incluídos a la fuerza (el libro original no los tiene), Legolas (Orlando Bloom), hace su aparición en total plan "mamón", exhibicionista y estirado. Sin embargo, tanto el elfo arquero, como el resto de sus colegas, dotan al filme de más acción. Mientras, los 13 enanos panzones y barbudos, parecen más dispersos, perdidos, sin un verdadero guía que los lleve en su aventura.

Los elfos aquí no son tanto los nobles y magnánimos seres que habíamos visto antes. Ahora, se ha introducido el romance de rigor entre dos seres de distintas razas, un enano (Aidan Turner) y una elfa (Evangeline Lilly), cuyas amazónicas habilidades de guerrera y su destreza con el arco, el primero encontrará irresistibles. El resto de nuestros aventureros no tienen mucho que hacer, excepto por Bilbo (Martin Freeman) y Gandalf (Sir Ian Mckellen). Además, el anciano barbudo Balin (Ken Stott) sigue estando ahí para servir de consejero a Bilbo, mientras que el rey de los enanos, Thorin (Richard Armitage), sigue sin mostrarse muy amigle hacía el hobbit. Por su parte, Gandalf ha decidido irse por su lado, para encontrar la guarida obscura de los orcos, en donde se oculta la fuente del mal, Sauron o el Nigromante.

Si bien, hay escenas muy rescatables por sus efectos y acción, como la de los enanos enfrentando unas arañas gigantes, dramáticamente, el filme no es tan diferente de su predecesora. Hay algunas partes cansadas. La diferencia, es que ahora hay más acción, y más orcos (muy distintos de los de la trilogía original, generados digitalmente). Siendo el personaje principal, Bilbo acaba sintiéndose plano, aburrido, sin casi nada que aportar a la historia. Hay una que otra adición interesante al reparto, como Stephen Fry en un pequeño papel como gobernador de una ciudad en medio de un lago; Lee Pace, es un líder elfo de aire tiránico y dudosas intenciones, y Luke Evans es el humano que hecha una mano a nuestros aventureros. 

El escape de los enanos de los dominios subterráneos de los elfos, es de lo más a lo Indiana Jones en el Templo de la Perdición. Pero la más grande diferencia, es que Gollum está ausente, siendo sustituido por la impresionante y casi diabólica presencia del dragón Smaug, quizás uno de los mejores dragones en la historia del cine. Con cada palabra que dice, con cada paso y movimiento, Smaug (voz de Benedict Cumberbatch) hace vibrar la pantalla. Al final, la trama se siente como el simple punto intermedio de una trilogía, cuya tercera parte promete ser la mejor. 


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