sábado, 10 de diciembre de 2011

ANONYMOUS * * * * 1/2


¿Qué tal si hubiera sido este hombre el verdadero autor
de las tragedias de Shakespeare?


Anonymous puede incluirse en el género “what if…” (qué tal si…), películas que, si bien están basadas en hechos históricos reales, dan un giro de 360 grados a ciertos eventos. Plantean –y juegan con- teorías sobre el curso que hubiera podido tomar la historia escrita en los libros, si algún suceso hubiera tomado otro curso. Un ejemplo, “Inglourious Basterds”, de Tarantino. En Anonymous, la tesis que se plantea es interesante: ¿Qué tal si William Shakespeare no fuera el autor de las obras teatrales que lo han hecho un personaje inmortal de la literatura, no nada más inglesa, sino universal? No es una teoría nueva. Ya varios estudiosos del dramaturgo de la época isabelina se lo han planteado, aunque nada se ha concluido al respecto. Incluso, muchos se han dado a la tarea de probar que Shakespeare era homosexual.

La película es sorprendente, especialmente porque está dirigida por el más improbable de todos los realizadores para una película “de época” de este tipo, con el tema de la literatura y el teatro. Roland Emmerich (si, el que dirigió Independence Day, The Day After Tomorrow, Godzilla y la odiada, que no he visto aún, 2012), logra una excepcional película ambientada en la corte de la reina Isabel I (magistralmente interpretada por Vanessa Redgrave en sus últimos años, y por Joely Richardson, su hija en la vida real, en su juventud), con una ambientación que superó todas mis expectativas. La producción combina un diseño de arte al nivel de una película “de arte”, con una recreación digital soberbia y de nivel hollywoodense del Londres de finales del siglo XVI. La tecnología que en su momento “reconstruyó” el Coliseo romano en “Gladiator”  hace poco más de 10 años, aquí consigue una ambiciosa reconstrucción de sitios clave de Londres, como la Torre, la abadía de Westminster y el legendario Globe Theatre, en donde Shakespeare representó casi la totalidad de sus obras.

La teoría de Anonymous, es que Shakespeare (Rafe Spall, hijo de Timothy Spall) no fue más que un ignorante, oportunista y vulgar actor de teatro. Shakespeare  aprovechó la propuesta de un joven dramaturgo, Ben Johnson (Sebastian Armesto) para usar su nombre en las obras teatrales escritas por un noble intelectual, Edward, Earl de Oxford (Rhys Ifans). ¿La causa? Las obras eran controversiales, por lo que Edward necesitó usar un pseudónimo. Sir Derek Jacobi, actor shakespeareano, hace una pequeña participación, dándonos una introducción desde un escenario teatral sobre esta teoría. “Shakespeare nunca escribió una sola palabra en su vida”. ¿Por qué habría de ser de otra forma? Shakespeare no era más que un hombre iletrado nacido en un pueblito de provincia.

No llamaría un punto débil en la película el hecho de que su narración sea de una complejidad casi enredosa, al menos, para cualquiera que esté distraído. La estrategia es el flashback dentro del flashback. En el primero, Johnson recuerda, mientras es interrogado brutalmente por Robert Cecil (Edward Hogg), cómo inició todo el plan urdido por Edward, en donde se ilustra luego el éxito que sus obras (Enrique V, Julio César, Romeo y Julieta, Ricardo III, etc.) tuvieron bajo el nombre de “William Shakespeare”. Más tarde, eso nos lleva a un flashback más, en el que se narra la adolescencia de Edward (Jamie Campbell Bower) como un atormentado chico genio, de espíritu renacentista, poliglota y aficionado a la poesía.

No soy un experto. No sé qué tanto sea real e inventado históricamente hablando, pero otra de las bases que sostiene la teoría, es que muchos personajes y situaciones planteadas en las obras teatrales están basados en personas y vivencias de Edward, durante su estancia en la corte de la reina. Por ejemplo, el jorobado Enrique III pudo haber estado basado en el jorobado y obscuro Robert Cecil, y el asesinato de Polonio en “Hamlet” puede estar basado en un asesinato llevado a cabo por el mismo Edward. El mismo Edward parece un Hamlet en su etapa juvenil.

He escuchado quejas sobre la compleja narración. Podría haberse resuelto poniendo el año durante cada cambio abrupto entre una época y otra. Aficionados a devorar cine religiosamente, no tendrán problemas en seguir la historia. Aquellos que gustan de ver cine ocasionalmente, cada fin de semana, tal vez sí. Una segunda revisión del filme lo resolvería. Por fortuna, no acabé perdido en la narración. Aún así, encontré el filme tan fascinante, intrigante y bellamente fotografiado (de nuevo tenemos el antiguo uso de las velas como principal fuente de iluminación, estilo “Barry Lyndon”), que, como aficionado a Shakespeare (y a Joely Richardson) que soy, lo veré por segunda vez. 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

RANGO * * * *


Johnny Depp exhibe sus "camaleónicas" habilidades como actor en "Rango".


Algún crítico ha afirmado que Rango (2010) es el mejor filme de Gore Verbinski  hasta el momento. Puede que sea cierto. Hasta ahora he visto todas las películas de Verbinski, excepto The Mexican (2001).  Por los comentarios negativos que he escuchado, creo que no me pierdo de mucho todavía. Verbinski tiene una sensibilidad casi infantil en algunas de sus películas. Por ejemplo, Mousehunt (1997), su primer largometraje, me gustó y está dedicado más que nada al público infantil. Sin olvidar las tres primeras películas que dirigió de la franquicia de “Pirates of the Caribbean”, que sin ser nada extraordinario cinematográficamente, han funcionado como palomeros entretenimientos familiares. Además, iniciaron una colaboración entre Gore Verbinski y Johnny Depp, que dudo mucho llegue a trascender como la que el extravagante y camaleónico actor ha tenido por 20 años con Tim Burton.

De hecho, Johnny Depp regresa a colaborar con Verbinski en Rango (2011),  primera incursión del director en el género animado. La película es una bizarra aproximación a lo que sería un moderno western, en el que hace un homenaje a los “spaghetti western” de Sergio Leone y a los westerns protagonizados por John Wayne. El único detalle, es que está protagonizado por un elenco de animales que parecen diseñados por Ralph Steadman, con un estilo entre lo grotescamente cómico y lo tradicionalmente caricaturesco. Si bien fueron extraídos de la fauna típica del desierto, hay varios que uno ve y piensa “¡Qué demonios es eso!”

El Rango del título (voz de Johnny Depp), es un camaleón de bosque tropical, aficionado a la actuación y que vive en una pecera. Accidentalmente, Rango acaba en medio del desierto, con el peligro de ser arrollado hasta por el mismo escritor Hunter S. Thompson (quien fuera amigo en la vida real de Johnny Depp), quien hace un “cameo” conduciendo su Cadillac convertible. Rango deberá arreglárselas para adaptarse y sobrevivir el calor y los numerosos peligros del desierto. Con la ayuda de una especie de lagartija, Beans (voz de Isla Fisher), Rango llega a un pueblo que parece haberse detenido en los 1880s, en dónde, como es clásico en los westerns, no verán con buenos ojos a los forasteros. Rango está lejos de ser algo que hayan visto antes los animales que habitan el pueblo, gobernados por una tortuga (voz de Nedd Betty) y afectados por la escasez del agua, un tema de varios westerns, así como la llegada abrupta de la industrialización.

El camaleón toma el nombre de “Rango” de “Durango”, un estado mexicano en donde John Wayne filmó varios westerns y tuvo un rancho, que en estos días sirve de atracción turística. Como sea, la película narra la travesía existencial de Rango, la búsqueda de sí mismo. Vamos, el reptil no sabe exactamente ni siquiera qué es. Acepta que todos le llamen lagartija así sin más. El pueblo para él es como un enorme escenario teatral. Ahí interpretará uno más de los personajes que gusta crear, presumiendo e inventando historias que lo pondrán en aprietos, hasta acabar como el nuevo sheriff del pueblo y tener que enfrentarse con una serpiente de cascabel (voz de Bill Nighy), quien es como la versión escamosa y rastrera de Lee Van Cleef. 

Y hablando de Lee Van Cleef, Rango trata de encontrar lo que un shamánico armadillo (voz de Alfred Molina) califica como “el espíritu del oeste”. Cuando nos sea revelado qué -o quién- es el espíritu del oeste será, además de delirantemente surrealista, como un respiro cinéfilo para los amantes no nada más del cine, sino del género western.

En cuestiones más técnicas, la película es impresionante. Para ser producida por una compañía “menor”, o algo más televisiva, como Nickelodeon, Rango tiene una animación de altos estándares. Los animales, si bien están lejos de lucir  ternuras tipo Disney, están caprichosamente creados en términos visuales, donde las texturas y los pelajes parecen rozar nuestras pupilas. No se diga de los paisajes desérticos, que recuerdan a los valles de Utah. Icónicos en toda su aridez, es otro logro que habla de la ambición con la que se documentaron los artistas para lograr un realismo apabullante.

jueves, 1 de diciembre de 2011

ESTRENO: REAL STEEL * * 1/2


Hugh Jackman es el "manager" de un robot en "Real Steel".


Tal vez Real Steel (2011) sea la película menos original del año. Se pueden encontrar un sin fin de referencias cinematográficas a películas sobre robots y, especialmente, de boxeo. En pocas palabras, es la historia de “Rocky” (1976) robotizada. Si a esto le agregamos una premisa inspirada en “Over the Top” (1987), también protagonizada por Sly Stallone, sobre un padre conductor de camiones viudo y que trata de reconstruir un vínculo paterno-filial con su hijo, mezclada con robots tan realistas como los vistos en Transformers, ya tenemos Real Steel. Claro, la relación del precoz e inteligente niño Max (interpretado por Dakota Goyo, con look del niño Anakin Skywalker) con un destartalado y viejo robot, abandonado en un depósito de chatarra, puede rastrearse en la cinta animada “The Iron Giant” (1999). En pocas palabras, Shawn Levy, realizador especialista en entretenimientos familiares (A Night in the Museum), no nos está contando nada nuevo.

La película plantea una premisa interesante, futurista, sobre el qué seria si en lugar de boxeadores, fueran robots las que estuvieran arriba del ring haciéndose todo el daño posible. ¿El box como deporte acabaría como tal? ¿Quiénes deberían estar manejando a los robots debajo del ring? ¿Nerds expertos en informática y tecnología? ¿Boxeadores profesionales o retirados? El protagonista, Charlie Kenton (Hugh Jackman, usando su acento australiano sin alguna razón aparente), entra dentro de esa última categoría.

Charlie es un ex boxeador, que ahora se dedica a desarrollar robots manejados a control remoto, a los que pone a prueba en rodeos enfrentando toros, así como en peleas de box donde se corren apuestas. Un buen día le llega la noticia de que tiene un hijo de 11 años, Max, cuya madre ha muerto. Charlie decidirá que es mejor “ofrecer” la custodia del niño a la tía de este (Hope Davis) a cambio de una cuantiosa suma de dinero, que puede sacarlo de muchas deudas. Honestamente, el tipo lleva una vida relajada, lejos de ser la de un padre. Sin embargo, Charlie y Max tendrán que pasar el verano juntos, un gran pretexto para que los dos descubran que los genes son poderosos y que tienen mucho en común.

La película no se pone a hurgar mucho en las cuestiones deportivas sobre el futuro del box, ni nada por el estilo. Real Steel es tan predecible como lo era “Rocky”, en donde ya sabíamos quién ganaría, sin importar que el contrincante sea un gigantesco ruso o el gorilón Mr. T. Por cierto, el guión esta lleno de clichés. Los “villanos” son una rusa (Olga Fonda) y un japonés (Karl Yune). No son tanto villanos como tal, sólo personajes que simbolizan el lado “frío” y mercadológico  de la tecnología. Son dueños de un poderoso robot negro (el “Mike Tyson” de los robots) de nombre Zeus, invencible y a quien Atom, nuestro robot de hojalata y que parece tener alma propia, debe enfrentar al final.

Atom será la extensión de Charlie, donde el primero imita todos los movimientos que haga quien lo maneje. De hecho, Sugar Ray Leonard, boxeador retirado, fue quien asesoró a Jackman para las escenas del boxeo. Charlie regresa al ring a través de Atom, a quien dotará de sus mejores ganchos al hígado, derechazos e izquierdazos.  Las peleas son entretenidas, los robots impresionantes y animados con el “motion capture”. Pero sinceramente, a este filme le hubiera venido mejor tener más alma y menos metal; el ser más entrañable, ya sea en la relación padre-hijo o en la de hijo-robot. Su atractivo depende enteramente de los robots, que si no están arriba del ring no tienen otra que hacer en la película.  

miércoles, 30 de noviembre de 2011

THE RUINS * * *


Unos turistas americanos encuentran el horror en una pirámide maya.


Una película más inscrita dentro del género “pobres turistas norteamericanos en tierras extranjeras”. Un ejemplo: Hostel (2005). Luego de un tiempo de sana diversión, un grupo de “spring breakers” en México (algún punto del caribe mexicano), se aventura a explorar la jungla. Ahí se encontrarán con una pirámide  maya y un grupo de aldeanos, flechas y pistolas en mano, con intenciones nada amigables. Pero el principal problema, es que nuestros exploradores (Jena Malone, Jonathan Tucker, Laura Ramsey, Shawn Ashmore y Joe Anderson), una vez refugiados en lo alto de la pirámide, se encontrarán con el más extraño suceso paranormal: una enorme planta carnívora, capaz de moverse y sumamente letal. Vale advertir que el 90 por ciento del filme ocurre en lo alto de dicha pirámide, pero lo interesante será ver todo el horror que tiene lugar en ese diminuto espacio, así como ver qué planearán los chicos –o al menos, los que sobrevivan- para escapar. Además, las actuaciones son muy buenas.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

THE EXPENDABLES * * 1/2


Sly Stallone regresa al cine con "The Expendables".


Sería inútil, una pérdida de tiempo, ponerse a pensar el por qué Sly Stallone, a estas alturas, sigue dirigiendo churros. The Expendables (2010) es su más reciente entrega como realizador y guionista, una en extremo genérica película de acción, palomera y sin ninguna otra pretensión que ofrecer entretenidas  escenas de acción y una historia que no demanda mucho trabajo mental  del espectador. Faltaría más. Bueno, tal vez sí pida algo del espectador: identificar las varias notas cinéfilas con las que Stallone adorna el filme. Esas pequeñas excusas para reunir a icónicas figuras del cine de acción de los años 1980, 1990 y 2000. Su némesis en “Rocky IV”, Dolph “Ivan Drago” Lundgren; o Arnold Schwarzenegger, su “rival” en popularidad en los 1980, en un cameo en el que casi lo glorifica. El “governator” entra a una iglesia, rodeado de una celestial luz en la puerta. “Su problema es que quiere ser presidente”, le contesta irónico Sly a Bruce Willis (otro de los cameos infaltables), cuando éste le pregunta cuál es su problema.

Además de Bruce Willis, otros cameos extendidos incluyen a Mickey Rourke, lleno siempre de altibajos en su carrera, que no hace gran cosa que el ser un artista tatuador. Mientras, Eric Roberts (hermano de Julia), otra figura del cine televisivo de acción y otras actuaciones secundarias serie B, hace del engreído villano (¿Hay otro papel que sepa hacer mejor y sin mucho esfuerzo?), un corrupto agente de la CIA traficando droga en cierto país latinoamericano no identificado. Hasta ahí irá Sly con su equipo de mercenarios, una especie de “caza recompensas”, con armamento de primera y habilidades militares, para intentar liberar al país del yugo dictatorial. Es decir, lo más trillado de lo trillado que a Stallone pudo ocurrírsele. Estrellas más modernas del cine de acción participan, como Jet Li y Jason Statham, quien, como siempre, tiene en sus manos escenas de peleas impecablemente coreografiadas y ejecutadas. No nos queda otra cosa más que dejarnos llevar por la adrenalínica acción y nada más. De todas formas, la secuela ya viene el próximo año. 

lunes, 21 de noviembre de 2011

THE DEBT * * * *


Helen Mirren.


Un thriller de espionaje poco convencional, empezando por su narrativa. John Madden (Shakespeare in Love, Proof) sabe combinar, en su justa medida, no nada más buenas dosis de acción sino también de suspenso psicológico. La película abre con la escena del suicidio de un personaje, sin saber las causas del hecho inmediatamente. La historia se ambienta tanto en 1997 como en 1966, y en ambas vemos a su trío de protagonistas, primero en sus sesenta y tantos años, y luego en su juventud como agentes israelíes del Mossad. El atractivo en la realización será el equilibrio en sus narraciones paralelas, en un tiempo y otro, presentando dos versiones distintas –la imaginada y la real- de un mismo hecho: el secuestro, cautiverio y posterior intento de escape de un médico ex nazi (Jesper Christensen) por los tres jóvenes agentes del Mossad.

La película recuerda tanto a “Munich” (2005), como a “Torn Curtain” (1966). El suspenso es sostenido de una forma casi magistral, empezando con nuestra protagonista, la agente Rachel Singer (Jessica Chastain en 1966, Dame Helen Mirren en 1997), yendo a consultas con el doctor para luego, ella sola, someterlo. Toda esta secuencia, que culmina con el intento de Rachel y los otros dos agentes, David (Sam Worthington de joven, Ciarán Hinds en su madurez) y Stephan (Marton Csokas de joven, Tom Wilkinson a los 60) pasar la línea entre las dos Alemanias, es intrigante y dirigida con suma solvencia.

Sin embargo, aunque estas escenas son emocionantes cada segundo que las conforma, el centro de la película está en todo lo que ocurre dentro de ese apartamento en Berlín, en 1966, donde los tres mantendrán secuestrado al doctor. Es en donde se cometerán muchos errores por parte de los agentes, dejándose llevar, especialmente David y Rachel, por emociones y sentimientos, además de dejarse manipular por el más frío, inteligente y calculador doctor, quien da en el clavo con una frase filosa: “Ese es el problema con los judíos, no saben cómo matar, sino cómo morir”. Hay otra secuencia, esta en 1997, que si bien sucumbe ante lo inverosímil que todo thriller tiene, en mayor o menor medida (un anciano, mínimo en sus 90 años, pelea con la extraordinaria fuerza física de alguien en sus 40) es estupenda y me vuelve a recordar el por qué Helen Mirren es la gran actriz que es.   

martes, 15 de noviembre de 2011

MEPHISTO * * *


Klaus Maria Brandauer como Hendrik "Mephisto" Höefgen.


“Mephisto” (1981) es una película que narra el ascenso de un actor de teatro a la fama, la riqueza y el poder político. Previo al ascenso del nazismo, Hendrik Höefgen (el actor austriaco Klaus Maria Brandauer) es un actor talentoso, con arranques de divo y un poco bipolar debido a sus cambios repentinos de humor. A pesar de ser un comunista confeso y orgulloso de serlo, Hendrik trata a sus colegas con frialdad y altanería. Su mayor sueño, es fundar lo que él llama un “Teatro Revolucionario” en Hamburgo, lugar donde reside. Lo peor que podría pasarle a Hendrik –y en sí a  Alemania- es la llegada de un dictador fascista como Hitler y del partido Nazi al poder, pero confía en que eso no sucederá, gracias a los partidos de oposición. Y si eso sucediera puede estar tranquilo, ya que está seguro de tener fuertes, puras e incorruptas raíces alemanas. A pesar de todo, Hendrik tiene una amante mulata, Juliette (Karin Boyd), su “Princesa Tebab”, la cual afirma descender de la nobleza africana y ser de madre alemana, con quien el actor lleva una relación sadomasoquista, con juegos que involucran bailes humillantes y castigos con látigo.

Un poco de lo arriba descrito lo podemos ver en la adaptación que el húngaro István Szabó hizo al cine de la novela homónima de Klaus Mann, hijo del gran escritor alemán Thomas Mann. Una magistral obra a la que la película apenas y hace justicia. Con todo, “Mephisto” ganó el Oscar a “Mejor Película Extranjera”, un premio inexplicable para mí, ya que si bien no es una mala película, está lejos de ser digna merecedora de dicho premio. La encarnación de Brandauer de Hendrik “Mephisto” Höefgen es notable. Hendrik adquiere dicho sobrenombre  una vez que ha triunfado en Berlín, literalmente, vendiéndose al gobierno nazi del Tercer Reich, por su exitosa interpretación de Mefistófeles en el clásico “Fausto”, de Goethe. En efecto, todo un “pacto con el diablo”, traicionando todos sus ideales. Una obra de teatro vista por los nazis como la más representativa de los ideales del pueblo alemán.

La película carece de la fuerza y, especialmente, el humor e ironía de la verdadera parodia política que es el libro de Klaus Mann. El libro también es un magnífico estudio de un personaje contradictorio, inestable, cambiante e impredecible. El enfoque de Szabó es más tranquilo, sin efectismos, melodramatismos e, incluso, más romántico. Por ejemplo, la relación entre Hendrik y Juliette está lejos de la crudeza ilustrada en el libro. Es más romántica y erótica en el filme, lejos de las intenciones de Mann en su libro. El destino de Juliette es más dramático en el libro que el visto en la película.

Los oficiales nazis, en especial Oskar Kroge (Tamás Major), el primer ministro y protector de Hendrik, son vistos aquí con un ojo muy amable y condescendiente por Szabó. Oskar está lejos de ser la risible caricatura regordeta que Mann creó en el libro. Otra cosa, mientras en el libro Hans Miklas (György Cserhalmi), un fanático del nazismo, es el gran antagonista de Hendrik, en el filme acaba siendo un buen compañero sin mayor justificación. En definitiva, una película más que correcta, que si bien tiene un atractivo cuadro de actores, luego de leer el libro recientemente me dejó con ganas de haber visto algo mucho mejor. No esperaba una adaptación religiosamente fiel al libro, pero sí algo que pudiera poner a la misma altura.   

miércoles, 9 de noviembre de 2011

THE CANDIDATE * * * *


Robert Redford. 


Esta película se encuentra dentro de ese subgénero cinematográfico tan norteamericano como lo es el de las “campañas políticas”. The Candidate (1972) tiene una de las mejores actuaciones de Robert Redford (entre sus actuaciones en Butch Cassidy & Sundance Kid, The Great Gatsby o incluso All The President’s Men). En ella vemos a su personaje convertirse –o al menos intentarlo- en un político. Redford interpreta a un exitoso abogado, quien por sentir demasiado pesada la carga moral de tener un padre (el gran Melvin Douglas) con una famosa carrera política, decide aceptar postularse como candidato para senador  de California por el partido demócrata. La invitación viene de Marvin Lucas (Peter Boyle), y su apuesta parecería difícil de creer, de no ser por la gran determinación y convencimiento que tiene de que Bill puede triunfar. Es una confianza ciega y estuve tan expectante como Marvin durante toda la película sobre si Bill realmente podría hacerlo. En específico, luego de la condición principal que pone Bill: poder decir lo que quiera.

Podemos imaginar los problemas y dificultades que esta condición traerá con los asesores de imagen, publirrelacionistas y, en especial, con Marvin como presidente de campaña. ¿Cuáles son las posibilidades de Marvin de ganar? Inexperto e inseguro al principio, está preocupado por cosas que pueden parecer no muy políticas, como la ecología. Además, Bill tiene como contrincante a un más experimentado político republicano, el senador Crocker Jarmon (Don Porter), quien sabe cómo moverse y desempeñarse en toda situación y territorio, frente a las cámaras y sobre el escenario.

Sin embargo, la mejor confrontación no será entre el viejo político y el joven abogado liberal, sino entre éste y su presidente de campaña. La película ganó el Oscar a “Mejor Guión”, y su punto fuerte es el realismo que tiene en su retrato de la campaña política. Esto sin mencionar los diálogos en los mítines, en el debate que tienen Crocker y Bill, las respuestas con las que Bill salva algunas situaciones tensas y, especialmente, su último discurso. Su atractivo, juventud y carisma, al final, no parecen ser suficientes. El final me dejó perplejo, un final casi abierto y con una pequeña línea estupenda que dice Bill, con su gesto de incredulidad y miedo ante los resultados de las votaciones: “¿Qué vamos a hacer ahora Marvin?”. Buena pregunta. 

martes, 8 de noviembre de 2011

A NIGHT AT THE OPERA * * * *


¿Cómo pudieron caber todos en un diminuto camarote?
Sólo viendo la película se puede atestiguar la gran hazaña.


Muchos consideran a Duck Soup (1933) como la mejor película de los hermanos Marx. Otros creen que A Night at the Opera (1935) es superior, o que se encuentra en segundo lugar en su filmografía. Lo que es cierto es que, como es característico en sus películas, es que A Night at the Opera es otro más de sus excéntricos ejemplos de humor surrealista, en donde pasan cosas inesperadas, sin mayor explicación o razón aparente, pero que por alguna endemoniada causa siempre acaban teniendo sentido. El humor de los hermanos Marx es la coherencia de la incoherencia. Una de las mejores escenas que ilustran esto, es aquella del diminuto camarote, en donde Groucho, Chico y Harpo, viajan como polizontes en un crucero de Italia a Nueva York. Ahí empiezan a recibir gente que les traen toda clase de servicios, sin que lo hayan pedido. Groucho ordenó antes la comida. ¿Pero de dónde han salido los demás? ¡Qué importa! El caso es que están ahí, y Groucho se las ingeniará para meterlos a todos en el diminuto espacio, con no muy cómodas consecuencias.

Groucho es un agente en una compañía de ópera, el cual intenta promover a una joven promesa del canto, Ricardo (Allan Jones). Sólo que el director de la compañía no le hace mucho caso. El mudo Harpo es el asistente de un insufrible tenor, quien siempre se encuentra maltratándolo. Mientras, Chico no es más que un empleado en el teatro, metiendo las narices donde no lo llaman. Ricardo está enamorado de una guapa soprano (Kitty Carslile), sólo que el tenor insufrible se encuentra cortejándola insistentemente. El resto del filme es un musical en la mejor tradición de la MGM, con números entretenidos como el del baile en el barco, un gran vehículo de lucimiento para el talento musical tanto de Harpo (increíble lo que podía hacer con un arpa) como de Chico.

Es una serie de ingeniosas hazañas humorísticas de los hermanos, y durante el clímax que ocurre justo cuando “Il Trovatore” está en escena tiene más de la comedia surreal de los hermanos, capaces de estar (de nuevo sin alguna causa racional) en 2 o 3 lugares al mismo tiempo. De lo mejor, es ese gag que Groucho y Chico sostienen por 5 minutos, en donde tienen una práctica manera de deshacerse de las cláusulas de un contrato que no les convence mucho.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

BOB ROBERTS * * * *


Tim Robbins


Tim Robbins no sólo es un buen actor, sino un buen realizador, inteligente y, además, con sentido del humor. Bob Roberts (1992), su primer largometraje, es una parodia política en formato de falso documental, en el que Tim Robbins hace  la crónica de una ficticia campaña política. El protagonista es el Bob Roberts del título, un candidato de ultra derecha a convertirse en senador por el partido republicano. El tipo es todo un showman, sabe cómo usar todo evento como plataforma política para su campaña. Como personaje, Roberts es toda una creación de Robbins (quien también escribió el guión). Roberts es un cantante folk y country, que parece una mezcla de Johnny Cash con Bob Dylan en tono  fascistoide. Al dar sus discursos frente a la prensa, parece John F. Kennedy en voz y gestos. Además, el mismo Robbins es el autor de muchas de las canciones y es quien canta. La verdad sea dicha, no lo hace nada mal, tiene buena voz. Me sorprende cómo es que desde entonces no siguió una carrera musical alterna. Jeff Bridges puede respirar tranquilo.

Es claro que la inclinación política del filme es demócrata, ya que su crítica al partido republicano es muy ácida y directa. De vez en cuando, aparecen imágenes de George Bush padre y como trasfondo la inminente Guerra del Golfo Pérsico. El “documental” es conducido y narrado por un periodista británico, muy estilo BBC, y con el tiempo, el carismático Roberts irá revelando su verdadera cara. Un político con un pasado sucio, como desvío de fondos para personas sin hogar, entre otros detalles, como su ultraconservadurismo. ¿Su antagonista? Un periodista independiente negro (Giancarlo Sposito) y veterano de la guerra de Vietnam, quien sigue a Roberts a todos lados y está dispuesto a desenmascararlo. Allan Rickman, como el director de campaña, está genial y con un convincente acento americano. El filme está bien editado, realizado con sentido del humor y un final abierto que deja muchas preguntas para meditar. Qué fue lo que realmente pasó en ese incidente hacia la parte final, que recuerda el asesinato de Robert Kennedy. ¿Fue una estrategia publicitaria de Roberts? ¿Quién disparó realmente? ¿Cierto personaje está realmente condenado a la silla de ruedas? Hay muchos cameos, donde el más predecible es el de Susan Sarandon como comentarista de noticias; James Spader, Peter Gallagher, Helen Hunt, Jack Black (con 20 kilos menos), David Strathaim, John Cusack, etc. 

TWILIGHT * *


Robert Pattinson y Kristen Stewart.


Tardé mucho en ver la primera película de esta saga de vampiros. Era tal como lo esperaba: una aburrida y aséptica película de vampiros, dirigida a jovencitas adolescentes; hecha para que suspiren cada vez que la directora Catherine Hardwicke decida hacer un close-up a Robert Pattinson. Al tipo no le creí jamás su papel de vampiro, por más brincos que de por árboles de rama en rama, o que corra a gran velocidad cargando al objeto de su afecto, Kristen Stewart, en su personaje de siempre, el mejor –y tal vez único- que sabe hacer: la chica de actitud ruda, rebelde, no muy femenina pero con algo que resulta atrayente. Kristen me gusta en fotos, aunque en películas me pasa lo mismo que con Kirsten Dunst: me resultan insípidas. Como sea, la primera entrega de Twilight (2008) es eso, insípida hasta más no poder y lenta.

¿Qué es una película de vampiros sin sangre, y sobre todo, vampiros sin colmillos? ¡No es nada! ¿Fueron concebidos así por Stephenie Meyer, la autora de las novelas en que está basada la saga? Si es así, qué aburrido. Hay dos clases de vampiros en la película, unos malos y otros buenos. Los buenos, a los que pertenece Pattison, son como “vegetarianos” y  “civilizados”. Estos no atacan a la gente para beber su sangre, se tienen que conformar con la sangre de animales. Ahí se encuentra el dilema de Edward (Pattison) y Bella (Stewart), ambos están enamorados pero no pueden consumar su amor por el miedo de aquel de no resistirse y atacarla, beber su sangre y convertirla en vampiro.

Los vampiros “malos”, los que sí se encuentran, más o menos, en la vieja tradición de los chupasangre, se encuentran cazando inocentes en un pueblo para beber su sangre. Pero cuando uno de ellos tenga en la mira a Bella, esto desencadenará la ira de Edward y pondrá a todo el clan de vampiros en alerta. Por otro lado, estos se encuentran en un latente conflicto con un clan de indios. La película no revela del todo por qué. Se miran feo cada vez que se encuentran, pero todo se  reserva,  seguramente, para la otra película. Pero por lo que se sabe y se ha escuchado (y para los que ya habrán leído los libros) es que los indios pertenecen a una raza de hombres lobo. Lo que es seguro, es que tardaré mucho en ver la segunda película, y que prefiero mil veces más la saga de “Underworld”. 

martes, 1 de noviembre de 2011

THE VIRGIN SUICIDES * * * 1/2


Kirsten Dunst.


Para mí, la mejor película de Sofia Coppola en su filmografía. La pongo encima incluso de “Lost in Translation” (2003), la cual, si bien está filmada con mucha elegancia y estilo, adolece el no tener una historia más consistente. No soy un admirador de las películas de la hija de Francis Ford Coppola. No la considero una gran narradora, pero dentro de su corta filmografía, The Virgin Suicides (1999), su primer largometraje, es la que me gusta más a la fecha. Basada en la novela de Jeffrey Eugenides es, precisamente, la historia de unas guapas hermanas que cometieron suicidio, al no soportar un encierro impuesto por sus padres.

Cecilia (Hanna Hall), luego de un frustrado intento de suicidarse, es la primera que consigue hacerlo, días después, durante su fiesta de cumpleaños. Un grupo de chicos del vecindario, luego de presenciar el hecho, se obsesionan todavía más con el resto de las hermanas Lisbon: Lux (Kirsten Dunst), Mary (A.J. Cook), Therese (Leslye Hayman) y Bonnie (Chelsea Swain). El padre (James Woods) es profesor de matemáticas en la escuela donde estudian las chicas, y la mamá (Kathleen Turner) es ama de casa, quien lleva una prácticamente monástica disciplina en el hogar. Lo más divertido que puede hacer la familia es observar en tele documentales de la naturaleza. El padre, cuando puede, aburre a los amigos de las hijas hablándoles sobre aeronáutica y enseñándoles sus aviones. Cuando Lux empiece a salir con el tipo más popular de la escuela (Josh Hartnett, flaco y con melena), las cosas cambiarán drásticamente en casa y será el inicio del drama para ella y sus hermanas.

Es la película que, hasta ahora, me ha gustado más de Sofia Coppola, pero aún así siento que adolece de uno de sus más graves problemas como realizadora: todo se queda a un nivel muy superficial. Quiero suponer que la novela es mucho más profunda e interesante, y que seguramente muestra un trasfondo psicológico más ilustrativo de las chicas y la madre. Es verdad, la decisión que lleva a las  chicas al suicidio es el asfixiante enclaustramiento y religiosa disciplina al que las somete su madre, pero no parece suficiente para entender a fondo lo que las orilla a hacerlo. El cuadro de actores es sólido y muy bueno, pero cómo me hubiera gustado entrar más en la mente de las hermanas, especialmente Lux. Y por cierto, Kirsten Dunst no es mi actriz favorita, pero jamás la había visto tan  guapa como en esta película.


jueves, 27 de octubre de 2011

THE RED SHOES * * * *




Esta película, dirigida por Michael Powell y Emeric Pressburger, está considerada como un clásico. Incluso, Martin Scorsese se dio a la tarea de restaurarla hace unos años, a través de la Film Foundation que preside, siendo reestrenada en Cannes 2009 y, posteriormente, en cines, DVD y Blu-ray. Es un clásico de la cinematografía británica y del cine sobre ballet. Su historia central es muy sencilla, un triángulo sentimental que poco a poco va tomando forma, que empieza desde el momento en que Boris Lermontov (el actor austriaco Anton Walbrook), director de una compañía de danza, conoce a la bella bailarina pelirroja Victoria Page (Moira Shearer). Impactado más por su belleza que por su talento como bailarina, Boris contrata a Victoria, al mismo tiempo que enlista en la compañía a un talentoso compositor musical, Julian Craster (Marius Goring).

Boris encargará a Julian la adaptación de “The Red Shoes”, un cuento de Hans Christian Andersen, o mejor dicho, que  reescriba la música previamente escrita por otro compositor. Aquí es donde arranca esta tragedia romántica. Victoria tendrá el gran reto de acoplarse a la complicada música de Julian. Entre tensos ensayos y discusiones, por una u otra razón, resulta que ambos Victoria y Julian acaban enamorados. El fuerte de la película no es el guión escrito por los mismos realizadores. No hay mucho en la historia que nos avise de un posible enamoramiento. Mientras, la noticia caerá como cubo de agua fría para Boris, quien tomará vengativas medidas contra los enamorados.

La historia no es al final nada extraordinario, con la premisa de la artista dividida entre el amor hacia un hombre y a su carrera artística. El verdadero alcance artístico de The Red Shoes está en los números musicales y de baile. La secuencia que incluye los números musicales del estreno de la obra, según se dice, tomó 6 semanas filmarlas. Dicha secuencia es de un lenguaje visual soberbio y extravagante, lleno de sofisticados efectos especiales fotográficos (fotomontajes, sobreimpresiones, etc.), así como una edición, maquillaje y vestuario magníficos. La película de hecho ganó un Oscar a “Mejor Dirección de Arte” y “Mejor Música”. Algo curioso es que, mientras algunos de los sets lucían baratos y nada dignos de premio alguno, es en los escenarios de la obra donde la película tiene lo mejor en su diseño de producción. Me gustaría ver la versión restaurada y constatarlo.



martes, 25 de octubre de 2011

THE CROSSING GUARD * * * 1/2


Jack Nicholson en "The Crossing Guard" (1995)

El segundo largometraje dirigido y escrito por Sean Penn  (dedicado al escritor  Henry Charles Bukowsky Jr., su gran amigo) es una película sobre el duelo que viven unos padres por la muerte de su hija. Sin embargo, cada uno lo vive por su lado al estar divorciados, y cada uno lo vive a su manera. Al estar protagonizada por Jack Nicholson y Anjelica Huston, quienes interpretan a esta expareja, la premisa tiene un realismo más directo y contundente. Sus discusiones se sienten y se respiran. Cuando ambos tienen una plática en un restaurante, sus miradas se cruzan, las lágrimas de ella son auténticas, mientras se reprochan uno a otro los errores del pasado. Mary se ha casado por segunda ocasión, mientras Freddy, dueño de una joyería, lleva una vida nocturna relajada, viendo espectáculos de strippers y, ocasionalmente, acostándose con ellas. El responsable de la muerte de su hija, John (David Morse), por atropellamiento accidental, ha cumplido su condena de 5 años en la cárcel y ha salido libre.

Freddy se ha propuesto algo: asesinar al tipo que mató a su hija. En su narración, Sean Penn desea establecer un marcado contraste entre ambos personajes. El expresidiario trata de llevar una vida normal, ganarse la vida honradamente e, incluso, encontrar el amor en una guapa rubia (Robin Wright, futura esposa de Penn en aquella época). Mientras, Freddy lleva una vida decadente y sus intentos de asesinar a John son fallidos, casi patéticos y risibles. La persecución final, es como la cacería de un viejo lobo en contra de una presa indefensa. John lleva su propia carga, un sentimiento de culpa que no lo deja vivir ni amar. El guión de Penn no es muy consistente, cae a veces en el letargo. Aunque la actuación de Nicholson es magnífica, su personaje se pierde en una historia demasiado débil, en una película tan sólo “de momentos”. Momentos, no sólo entre Nicholson y Huston, sino entre el primero y David Morse.

viernes, 21 de octubre de 2011

THE HOUSE BUNNY *


Anna Faris.


Anna Faris me cae bien. Sabe que es buena para la comedia paródica, y no pretende ir más allá de eso. Además de ubicada es guapa, no lo niego, pero como conejita de Playboy no resulta nada creíble. Vamos a pensar que su papel se encuentra en los terrenos de la parodia. Hasta ahí, todo bien. El mayor y más grave problema, es que el resto de esta película es una simple y llana basura. Nunca me creí ni me tragué su trama. Faris es una conejita que es expulsada por Hugh Hefner, a través de una carta, de ese paraíso terrenal llamado la mansión de Playboy. ¿Por qué? Por cuestiones de edad. Acaba de cumplir 27 años, una “anciana” prácticamente. La chica, tan sólo con un destartalado coche de los años 1980, se dedica a buscar casa y encontrará asilo en una fraternidad universitaria, formada por chicas marginales. Estas no son otra cosa más que personajes cliché: la nerd, la emo, la hillbilly, la incapacitada cubierta de aparatos ortopédicos, etc. Creo que sólo faltó la dark.

La película no es creíble casi desde los primeros 15 minutos. Nuestra conejita, sin tener un centavo, empezará a ayudar a sus nuevas amigas a ser populares con una costosa campaña, que incluye calendarios, vender comida en una feria y organizando fiestas, que de lejos lucen muy costosas. Si no logran conseguir más miembros, su fraternidad será eliminada. ¿De dónde sale el dinero? Sólo Dios y los guionistas lo saben. Colin Hanks interpreta el interés romántico de la conejita desterrada, y otra serie de hechos nada creíbles tendrán lugar en sus citas. Y de ahí, todo será terriblemente predecible y con un mensaje tan trillado sobre el valor de la autenticidad, que dan ganas de mejor ponerse a hojear una Playboy. ¿Tiene algún gag bueno? Nada más el del policía, cuando le pide a la conejita que “sople” y esta se agacha. No necesito decir más, muchos ya habrán entendido la broma.

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