lunes, 9 de junio de 2008

DVD: EL MAQUINISTA * * * *

Lo primero que impresiona al ver El Maquinista (España-E.U., 2004), es la extrema transformación física a la que se sometió Christian Bale, algo que se puede comparar a lo que Robert DeNiro hizo en Raging Bull (Martin Scorsese, 1980), es decir, engordar hasta quedar irreconocible para interpretar al boxeador Jake La Motta. Con Bale fue al contrario, ya que el nuevo “Batman”, en aquel entonces, se quitó de encima entre 8 y 10 kilos, para lucir algo parecido a un esquelético prisionero de un campo de concentración nazi.

Brad Anderson, realizador del filme, aprovechó en varios sentidos esta transformación física de Bale quien, según cuenta en una entrevista, se le pasó la mano debido a retrasos en la filmación, cuando Anderson, en realidad, lo quería con un poco más de peso. El cinefotógrafo Xavi Giménez, convierte a Bale en un juego de luces y sombras notándosele hasta su última costilla, cual personaje de un cuadro de Caravaggio.

Sin embargo, como averiguaremos en algún momento del filme, Trevor Reznik (Christian Bale), no siempre fue el cadavérico hombre que es ahora, y el relato nos mostrará cómo es que llegó a estar en esas condiciones físicas. Reznik entrará en un estado esquizoide, debido al fatal accidente que provoca en la fábrica donde trabaja como ensamblador, distraído por un ser, aparentemente, “imaginario”.

El único escape a su crisis serán dos mujeres: una guapa camarera (Aitana Sánchez-Gijón), que trabaja en el restaurante de un aeropuerto, al que Reznik siempre va a tomarse una taza de café, y una prostituta (Jennifer Jason Leigh), la única persona que parece real en su volátil mundo.

Si uno ha visto Spider (David Cronenberg, 2000), el filme de Anderson causará una especie de “deja vú” en el espectador, por su acercamiento más o menos similar al tema de la esquizofrenia. La drástica transformación física de Bale distrae un poco en la trama, pero es una prueba más de su deseo de ocupar terrenos histriónicos demandantes. Su personaje acaba siendo complejo e interesante, ya que no se limita tanto a irradiar tics enfermizos (como los de Ralph Phiennes en Spider), sino que es un ser de una confesada y sincera inocencia. Reznik no esconderá su nobleza ante el accidente que provoca. La mayoría de sus compañeros lo apoyan, hasta que su locura empieza a notarse. No esconde sus sentimientos hacia la atractiva mesera, ni su simpatía hacia el hijo de esta.

Anderson dirige con vigor este puzzle narrativo. Consigue transmitir la angustia y la desesperación que su flaco personaje vive, en tanto sus personajes secundarios resultan eficaces. Lo malo, es que ya entrado el tercer acto, parece que Anderson no sabe qué hacer con la acrecentada locura de Reznik, al grado de ponerlo a hacer cosas excesivas (dejarse atropellar para conseguir el número de placa de un coche), y no sabe hacia donde llevarlo en su relación con la camarera.

Como sea, Reznik termina revelándose como un personaje que debe resolver su propio enigma mental y paranoia. Poco a poco se irá adentrando en esa espiral de locura y tendrá que salir de ella por sí mismo.

++La edición de coleccionista, incluye un disco con el "Cómo se hizo" (31 min), imágenes de rodaje (15 min), escenas eliminadas (12 min), presentación y rueda de prensa en el Festival de Berlín (35 min), audiocomentarios del Director, fichas, biofilmografía director y actores, tráiler, teaser y spots.

viernes, 6 de junio de 2008

DVD: TEAM AMERICA: WORLD POLICE * * * 1/2


La película Team America: World Police (E.U., 2004), es la última broma pesada de los provocadores Matt Stone y Trey Parker, creadores de la no menos mordaz teleserie animada South Park, programa que haciendo uso de un humor malhablado y en doble sentido, pretende hacer una crítica a la vida del norteamericano promedio, al gobierno, los medios, y... todo lo que se les ocurra.

No es de sorprender que los realizadores hayan elegido el uso de títeres para darle forma a una película culposamente divertida, de principio a fin, tomando en cuenta la cantidad de violencia, escatología, vulgaridad verbal y visual escena tras escena. La manufactura de los títeres es impresionante, e incluso da lástima ver como uno que otro termina quemado, desmembrado o descabezado.

La idea de usar estos títeres está inspirada en la teleserie británica Thunderbirds, transmitida en los 1960, que narraba las aventuras de un escuadrón cuyo propósito era salvar a la humanidad de los peligros del malhechor en turno. El escuadrón tenía su guarida secreta en una isla en medio del océano y si por algo es recordada es por su magnífica producción, cuidada al mínimo detalle en el vestuario y escenografías.

Los títeres de Team America están lejos de los inexpresivos y rígidos de los Thunderbirds, teniendo ahora incluso expresiones faciales, con movimientos de boca, ojos y párpados con más fluidez. Sus reconstrucciones de París y Nueva York son excelentes y, por si fuera poco, cada plano está fotografiado con todo y su profundidad de campo, iluminación, luz de atardecer, etc.

El punto débil del filme es la pobreza de su trama. Team America es un escuadrón dedicado a salvar al mundo de la amenaza terrorista de Osama Bin Laden. Cuando uno de sus miembros muera durante una misión especial en París, durante un enfrentamiento contra unos terroristas árabes, el líder de Team America (un títere con toda la pinta de George Bush Jr.), reclutará a un joven actor, Chris, para una misión especial en Egipto, donde se cree que está la guarida de los terroristas.

Sin embargo, la verdadera amenaza no serán los árabes, sino Kim Jong (voz de Trey Parker), presidente de Corea del Norte (aquel que se niega al desarme y quien sí tiene armas de destrucción masiva), que buscará una alianza con el gremio de Actores Anti-Bush (encabezados por el actor Alec Baldwin) para acabar con Team America, para ellos un grupo fascista y que causa destrozos donde quiera que va.

Lo que desequilibra el argumento que con trabajos tratan de armar Stone y Parker, es la manera en cómo quieren abarcar mucho en tan poco tiempo. No acaban con los terroristas árabes, cuando ya estamos en los territorios del norcoreano Kim, y de ahí a su no muy oculta crítica-mofa a Bush Jr.

A pesar de todo, se pasa un buen rato con el filme. La crítica hacia la cursilería patriotera de Bush y sus delirios libertadores, está divertidamente lograda (el Monte Roushmore, con sus colosales cabezas esculpidas, resulta ser la guarida de los Team America). La bandera estadounidense es prácticamente el uniforme de los miembros del escuadrón, decorando también las superficies de submarinos, aviones y helicópteros. De alguna manera, los realizadores no dejan “títere con cabeza”, ni el gremio de actores de Hollywood se salva de la crítica: lucen demagogos, fanáticos y sintiéndose poseedores de la voz del pueblo norteamericano, es decir, liberales hasta la médula. Además de Baldwin, también están los títeres de Tim Robbins, Helen Hunt, Samuel L. Jackson, Matt Dammon (a quien peor le va en la burla), Danny Glover, George Clonney, etc. Ni Michael Moore se libra de la burla, devorando hot dogs.

Las pretensiones del filme son críticas, pero también las de divertir al espectador, que deberá pasar por escenas nada sutiles, como una larga escena erótica entre Chris y Lisa (una de las mujeres del equipo), o la de Chris vomitando interminablemente. Pero qué más puede esperarse de dos guionistas y directores, que hacen estos trabajos para darse la divertida de sus vidas.

++ Los extras de la edición especial para coleccionistas, incluyen Team America: Introducción, construyendo el mundo, creando las Marionetas, manejando los hilos, captando la acción, miniaturas pirotécnicas, "De cerca con Kim Jong-Il", pruebas de vestuario, pruebas de marionetas, escenas eliminadas/ampliadas y tomas falsas, storyboards animados, 2 Trailers de cine.

jueves, 5 de junio de 2008

CINE ANIMADO: TOKYO GODFATHERS * * * *


El realizador Satoshi Kon es un especialista en historias urbanas, nocturnas y, en ocasiones, con un tono de thriller, como lo demostró en Perfect Blue (1998). En Tokyo Godfathers (Japón, 2003), su tercer largometraje, Satoshi Kon sigue demostrando esa gran capacidad para recrear ambientes urbanos, con una precisión admirables. Cada detalle visual es importante para este realizador, de los más importantes representantes del animé actual, junto a Hayao Miyazaki (El Viaje de Shihiro, Howl’s Moving Castle) o Katsuhiro Otomo (las magníficas Akira y Steam Boy), con una inquietud incluso por el realismo casi fotográfico en sus escenarios.

Kon toma prestada la premisa argumental de 3 Godfathers, western dirigido por John Ford en 1948, ubicándola en Tokio durante la víspera de Año Nuevo. Un trío de vagabundos, formado por una chica, Miyuki (voz de Aya Okamoto); Hana (voz de Yoshiaki Umegaki), un homosexual con un sentimiento materno reprimido, y Gin (voz de Toru Emori), un alcohólico violento, unidos a pesar de sus conflictos y peleas, que verán sus callejeras vidas alteradas cuando se encuentren una bebé, abandonada en un montón de basura.

Como será de esperarse, el bebé será el pretexto para que cada uno reflexione sobre su pasado y saquen a la luz sus traumas existenciales: Miyuki es una chica que escapó de su hogar al apuñalar a su padre; Hana se refugió en la calle al no poder lidiar con el rechazo de los demás por su homosexualidad y la muerte de su pareja, mientras que Gin -el más complejo de todos- será un misterio, una caja hermética que nos irá revelando una serie de sorpresas a lo largo del filme. El ecléctico grupo iniciará una aventura por las calles y rincones nevados de Tokio, decididos a encontrar a los padres de la bebé.

No hay duda que Kon es un gran narrador. Su película es un hábil y atractivo entramado de tramas y subtramas, en la forma de un melodrama poblado de personajes atormentados y torturados, lejos del “encanto” navideño en el que se ambienta la historia. Hay humor irónico y bromista (ese “ángel” que mira un golpeado Gin en el suelo), así como una lograda mezcla de géneros, con un poco de film-noir, comedia, acción trepidante (esa persecución en autos por calles y avenidas), un poco de melodramón telenovelero, hasta un gradual suspenso, que descubre una Tokio que parece pertenecer a un mundo surreal y fantástico, el de los marginados sociales, indigentes, gángsters y chicos violentos.

miércoles, 4 de junio de 2008

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: LOS OLVIDADOS * * * * *


Gracias a la iniciativa de Fundación Televisa, salió a la venta en México uno de los libros más importantes sobre Los Olvidados, con textos de reconocidos críticos y ensayistas, la edición facsimilar del guión (con notas y correcciones de mano de Luis Buñuel) y fotografías inéditas, constituyendo así una retrospectiva interesante y completa sobre esta película clave de la cinematografía mexicana y, por ende, de la carrera del realizador aragonés, Luis Buñuel.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Los Olvidados (México, 1950) es una de esas películas que se resisten al paso del tiempo, sigue impresionando cada vez que se transmite por televisión. Confieso que, en esas ocasiones, aprovecho para revisar este crudo retrato de la pobreza que se vivía (y desafortunadamente se sigue viviendo) a principios de los 1950 en la Ciudad de México. Roberto Cobo ofrecía una estupenda actuación en el papel de “El Jaibo”, el “villano” que se dedica a hacerle la vida imposible a Pedro, interpretado por el joven Alfonso Mejía, quien incluso tuvo una pequeña participación en el filme de Michael Curtiz, Jim Thorpe (1951), protagonizada por Burt Lancaster.

Desde su preproducción, Los Olvidados fue un filme que parecía condenado al repudio y desprecio de buena parte de la sociedad mexicana (claro, la clase media y alta), así como de las autoridades gubernamentales de la época, debido a que mostraba una Ciudad de México afectada por una serie de problemas sociales: la miseria, la explotación laboral infantil, la violencia intrafamiliar, pederastas rondando por sus calles (¡esa escena del aparador en la tienda!), etc.; problemas que se enfocaban mucho en una niñez capaz de cometer asesinatos y robar. Lo que más dolía a la opinión pública, era ver como un extranjero se atrevía a, supuestamente, “difamar” con su película al gobierno y sociedad mexicanos, exponiendo problemas que dejaban mal paradas a las autoridades e instituciones.

A pesar de todo, el filme fue un éxito con la crítica extranjera. Además, Buñuel ganó la Palma de Oro a Mejor Director en el Festival de Cannes en 1951 y estuvo nominado al Gran Premio del Festival. En México, ganó numeroso premios “Ariel” (Mejor Fotografía, Mejor Director, Mejor Edición, etc.) Por supuesto, aquellos que odiaban a Buñuel en México, ahora lo elogiaban.

¿Qué es lo que atrae todavía de este filme? A partir de una elemental historia de venganzas y asesinatos a traición, conseguía tratar también problemáticas sociales sumamente fuertes. Buñuel consiguió una de sus obras maestras, gracias al efectivo realismo con el que ambientó todo su filme, muy influido por el Neorrealismo italiano de aquella época. El trabajo de “scouting” en la búsqueda de locaciones fue excelente, muchas de ellas situadas en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Para conseguir a su efectivo reparto juvenil, Buñuel también imitó a los realizadores italianos: recurrir a actores no profesionales a través de “castings” callejeros.

Ayudado por el gran ojo de Gabriel Figueroa, Buñuel pudo dotar a cada plano de texturas y claros-obscuros dramáticos, al servicio de un guión intenso y con un ritmo que en ningún momento decae. Lo mejor, fue que Buñuel introdujo su clásico tono surrealista, en escenas delirantes como los sueños de Pedro, la agonía del Jaibo, etc., o incluso en sus mismos personajes, como ese detestable y vengativo músico ciego, Don Carmelo (Miguel Inclán, excelente), sin olvidar el fetichismo y esa injustificada crueldad buñueliana hacia los animales (las gallinas masacradas en la granja por Pedro).

El fallecido crítico español Emilio García Riera, llegó a calificar a Los Olvidados de “fascista”, cosa que yo, hasta la fecha, no he podido comprender bien el porqué de tal afirmación. Es verdad, Don Carmelo encarnaba muchos ideales “fascistoides” (“¡Ojalá los mataran a todos antes de nacer!”, gritará en cierta escena), pero lo cierto, es que entre todo este mar gris de historias desdichadas, Buñuel presenta una secuencia en la que intenta demostrar cómo, a través de la educación y el trabajo, se podía enderezar a los jóvenes (la “Escuela Granja”).

Tan sólo es una pequeña luz en un crudo drama que sigue teniendo una actualidad inquietante. Hace unos años se reestrenó el filme en México, con un “final alternativo”, un happy-end que, se dice, Buñuel filmó previendo los ataques y el rechazo que sabía iba tener su trabajo. En ese final, Pedro regresaba a la “Escuela Granja”, cosa que daba un giro significativo a todo lo ocurrido en la versión original y que, por fortuna, Buñuel nunca tuvo que usar en su momento.

++ El libro de “Los Olvidados” incluye todo el guión fotografiado (bien legible), ensayos del crítico Rafael Aviña, material fotográfico como stills y posters de la época. Por ahora, no está disponible en España.

martes, 3 de junio de 2008

CINESPAÑA: 800 BALAS * * * 1/2

El sexto largometraje del inclasificable y políticamente incorrecto bilbaíno Alex de la Iglesia, no es nada más un homenaje paródico a un género cinematográfico, el spaguetti western, sino a todo un escenario geográfico que vio nacer muchas obras emblemáticas: el desierto de Almeria, España. Un viejo “pueblo” del “Lejano Oeste”, es la atracción principal de turistas alemanes y japoneses, que parecen llegar ahí por equivocación.

Estamos lejos del mejor filme de Alex de la Iglesia. Sin embargo, sigue esa capacidad para burlarse de todos y todo. El relato narra la vida de un grupo de viejos “dobles” (stuntmen, en lenguaje técnico), que alguna vez hicieron carrera en las producciones norteamericanas filmadas en Almeria, como los spaguetti westerns de Sergio Leone, encabezados por el vulgar, alcohólico y agresivo Julián (estupendo Sancho Gracia), un avejentado doble que presume haber sido gran amigo de Clint Eastwood y haber “doblado” a George C. Scott en Patton (Schaffner, 1970).

El relato, a pesar de tener una agresiva comicidad, es un homenaje nostálgico a un género que parece haber quedado en el pasado. Aunque para Julián, el spaguetti western todavía sigue ahí presente y se niega a morir. La historia, narrada con una que otra dificultad, cuenta cómo un niño, Carlos (Luis Castro), desea saber más sobre su fallecido padre, a pesar de las rotundas negativas de su madre (Carmen Maura), centrada en su trabajo.

Luego de una atractiva secuencia de créditos, que lo mismo es capaz de sacar referencias a The Good, The Bad and The Ugly (Leone/1966), como de los filmes de Sergio Corbucci (Django/1966), o Damiano Damiani, nos enteramos, desde el inicio, que el padre de Carlos murió accidentalmente durante la filmación de una escena peligrosa: una persecución en diligencia digna de John Ford. Por ello, Carlos viajará hasta la desértica zona para encontrarse con Julián, su abuelo, quien lleva encima un sentimiento de culpa por la tragedia de su hijo, y así descubrir un mundo cinematográfico oculto: el de los dobles, las caídas y los golpes falsos.

Luego de una primera mitad notable, llena de gracia, irreverencia y el humor ácido que caracteriza a De la Iglesia, al final la película, llena de bromas referenciales (esa pelea de Julián con tres tipos en el bar), se torna caótica. El asunto se le va de las manos al realizador, al querer aglomerar las referencias genéricas al western y, de paso, a películas bélicas, que se siente de más luego de ver esa buena persecución y duelo finales.

lunes, 2 de junio de 2008

CINESPAÑA: LA VIDA QUE TE ESPERA * * * 1/2

Una serie de verdosos, bellos y bucólicos paisajes de la campiña cantábrica, abren el más reciente filme de Manuel Gutiérrez Aragón, La Vida que te Espera (España, 2004), un drama rural de tintes lorquianos en el que, precisamente, el campo es un protagonista más. El centro dramático de la película, es una rencilla entre familias a causa de territorios, propiedades y.... vacas lecheras.

Las tradiciones de los pasiegos, etnia de ganaderos, representado por un par de ancianos amargados, Gildo (Juan Diego) y Severo (Celso Bugallo), dedicados en cuerpo y alma a trabajar sus granjas, entra en conflicto con la juventud rebelde: las dos hijas de Gildo, Val (Marta Etura) y Genia. (Clara Lago), así como Rai (Luis Tosar), hijo de Severo, un peluquero que trabaja en la ciudad, quienes querrán romper con el orden establecido en la retrógrada y cerrada mentalidad pasiega.

La tragedia vendrá cuando, a causa de una vaquilla que invade el territorio de Severo, su tensa relación “amistosa” con Gildo provoque una pelea en la que el primero acaba muerto, luego de que este encerrara y amagara -como vaca- a Val. Lo que realmente pasó ahí, será un secreto entre Gildo y Val.

“Las palabras las borra el silencio”, dirá Gildo a su hija, cuando estos hagan fila en el cementerio para dar sus condolencias a Rai. La situación se tornará más difícil y delicada, cuando este y Val empiecen una relación, pesando sobre ella la carga del secreto sobre la muerte de Severo.

Aragón ofrece un melodrama romántico-costumbrista realizado con solvencia, aprovechando el buen ojo del cinefotógrafo Gonzalo Berridi para darle a la cinta un acabado visual frío, gris; además de incluir escenarios montañosos que encierran más a los personajes. Es mucho lo que Gildo esconde del pasado, un personaje que, a manos de la fuerte personalidad en pantalla de Juan Diego, da como resultado un personaje complejo, contradictorio, detestable, duro... hasta esa vuelta de tuerca final, que nos revelará un lado de él que jamás hubiéramos imaginado.

A pesar de ciertos detalles cómicos (esa vaca que da leche al escuchar su música favorita), Gutiérrez Aragón ofrece un relato amargo y perturbador en muchos momentos, de impulsos incestuosos, de odio oculto entre hijos y padres, de huir de ellos y de su encierro en tradiciones antiguas. Pero el final es optimista, un ajuste de cuentas con el pasado... hacia un obscuro e incierto futuro, como ese túnel en el que entran Val y Rai.

viernes, 30 de mayo de 2008

THE MIST * * * *


El año pasado fue de “monster movies”. The Mist (E.U., 2007), adaptación del libro de Stephen King, es una película atípica, con un giro a las convenciones del género. Para empezar, no está ambientada en una gran metrópoli, como Nueva York o Chicago, sino en un tranquilo pueblo de E.U., que se ve invadido por un monstruo al que jamás veremos por completo. La estrategia fue utilizada en Cloverfield (E.U., 2008), otra “monster movie”, la cual se vio beneficiada por un gran plan de mercadotecnia en su promoción.

The Mist es una película más pequeña, sin tener detrás aquel inteligente y poderoso plan mercadológico, o la hábil propuesta estilística vista en Cloverfield, en la que a través de una simple handy-cam éramos testigos de todo el ataque de un monstruo “anónimo”, oculto, y situarnos justo en el epicentro de la acción.

Dirigida por el realizador francés Frank Darabont (responsable de la espléndida The Shaw Shank Redemption/1994), The Mist también tiene su riesgo y propuesta original: situar todo el relato dentro de un supermercado, que servirá de refugio para un montón de clientes y empleados asustados, cuando una niebla maligna llegue al pueblo de un origen indefinido. Pero la famosa niebla y las monstruosas amenazas que traerá consigo: un enorme monstruo, que parece insecto con tentáculos, y arañas radioactivas, no serán más que un pretexto para mostrarnos que el verdadero horror no está fuera de la tienda, sino dentro del establecimiento.

Después de enfrentar en equipo lo que parece ser una nueva y delirante época jurásica (el ataque de los avispones gigantes es genial), todo se irá al caño cuando el fatalismo religioso de una perturbada mujer (Marcia Gay Harden, en otra de sus eficaces actuaciones secundarias) empiece a meter pánico y a lavarles el cerebro a varios de los presentes. Lo peor del ser humano empezará a aflorar.

El origen de la niebla y los monstruos (¿extraterrestres? ¿algún experimento científico?) será aclarado tarde o temprano. Lo que importa al protagonista, David (Thomas Jane, actor tambien de The Dreamcatcher/Kasdan/2003, basada en otra obra de Stephen King),) un pintor, es sobrevivir junto a su hijo. Sin embargo, David como personaje es quizás lo más flojo de la película, diluido al estar junto a personajes secundarios más complejos e interesantes, por ejemplo, el humilde empacador interpretado por Toby Jones, al que le terminamos aplaudiendo, en cierto momento del filme, una lamentable pero necesaria decisión.

Con todo, el filme resulta espectacular en sus impresionantes efectos especiales. Darabont ha sabido reflejar y transmitir un auténtico terror claustrofóbico durante casi la totalidad de la película, nutriéndose de la ciencia ficción estilo Alien (Scott, 1978) o de los filmes serie B de antaño. Es un relato apocalíptico con un pesado tono pesimista, lejos del happy-end comercial y complaciente.

jueves, 29 de mayo de 2008

DVD: FEMME FATALE * * * 1/2

En Femme Fatale (E.U., 2002), la acción principal se desarrolla en Francia (como en Nikita/Luc Besson/1990), justo en medio del Festival de Cannes. Lo interesante de este trabajo de Brian de Palma, es la reelaboración que hace de la clásica mujer fatal, propia de los film noir, aunque más moderna y que incluso puede darse el lujo de un arrebato lésbico. En esa escena, la femme fatale del título (Rebeca Romjin) ejecuta el robo de una enorme joya, en una secuencia montada con eficacia al compás de una pieza musical inspirada en El Bolero de Ravel (música de Ryuichi Sakamoto). Por cierto, la joya la lleva puesta una modelo, en la alfombra roja de la premiere de Este-Oeste (Régis Wargnier, 1999), protagonizada por la actriz francesa Sandrine Bonnaire, quien hace un cameo junto a Wargnier.

De Palma cuenta una historia de tintes oníricos, sobre la redención de una mujer que se dedica al crimen por encargo. A través de varios episodios, veremos la persecución de la que es objeto Laura Ash, mujer experta en robos arriesgados. Todo empieza cuando Laura toma el lugar de una viuda en un vuelo hacia los E.U., donde conocerá a Bruce (Peter Coyote), futuro embajador estadounidense en Francia, con quien se casará.

En su nueva vida diplomática, Laura será acosada por Nicolás (Antonio Banderas), un paparazzo que termina involucrándose con la escultural chica. Ambos personajes montarán un plan para fingir el secuestro de la esposa de Bruce (es decir, la misma Laura), para hacerse de una cuantiosa suma de dinero por el rescate.

Ni Stamos o Banderas ofrecen actuaciones que valgan la pena, en lo que es un clásico ejercicio de estilo a los que De Palma es tan afecto, sobre lo que ha sido su género favorito: el film noir, sin faltar el uso de su típica pantalla dividida.

A pesar de las fallas en la narración, algo caótica, destaca la manera en cómo De Palma da un toque onírico al filme. El sueño (en especial, el deja vú) sirve a Laura como una especie de purificación (brillante la hermosa escena debajo del agua), para despertar y enfrentarse a su alter ego, una extraña mujer a punto de suicidarse.

No estamos ante el mejor De Palma, especialista en retratos de los bajos mundos del hampa (algunos latinizados), pero sigue demostrando la fuerza narrativa con la que aborda sus historias de mafiosos y crímenes. Porque siempre habrá un crimen de por medio y una bella mujer.

++Los extras incluyen biografías, ficha técnica, ficha artística, sinopsis, detrás de las cámaras, entrevistas, galería fotográfica y trailer.

miércoles, 28 de mayo de 2008

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: LES DEMOISELLES DE ROCHEFORT * * * * 1/2

Les Demoiselles de Rochefort (Francia, 1967), es un viaje más al colorido y musical mundo de Jacques Demy, luego de su éxito con Les Parapluies de Cherbourg (1964). Demy trajo de regreso a su protagonista, la bella Catherine Deneuve, quien conservaba su aire inocente, triste y vulnerable, al interpretar a una maestra de música y baile.

La acción del filme tiene lugar en otra pequeña población de Francia, la ciudad portuaria de Rochefort, en una enorme plaza donde se ubica una cafetería. En la película, Rochefort es una explosión de color, y la inspiración de los musicales de Hollywood era clara. Participaban (doblados al francés) George Chakiris (protagonista unos años antes del emblemático musical West Side Story/1961) y, por si fuera poco, Gene Kelly, ya con un rostro que evidenciaba madurez, pero ejecutando impresionantes pasos de baile. El realizador muestra un gusto por los estilizados y majestuosos números musicales estilo Hollywood: espacios llenos de bailarines y extras, ambientados en estrechas calles o en espaciosas plazas. Sin embargo, ni Chakiris ni Kelly tenían un protagonismo de peso en la historia.

El personaje de Catherine Deneuve, Delphine, está en búsqueda del pintor que realizó su retrato de memoria, y que se encuentra colgado en la galería de su insufrible novio, el cual está decidida a dejar. A su alrededor, un conjunto de historias se iban desarrollando, dando forma a un grupo de personajes tocados por la música, la nostalgia de amores pasados y por una tristeza que no iba del todo acorde al espíritu festivo que se respira en cada espacio.

Una canción escrita por Solange (Francoise Dorléac), amiga de Delphine, abría la película de una forma intensa, con un plano secuencia que iniciaba con un baile en la plaza, hasta llevarnos a la ventana donde las chicas dan clases a un grupo de niñas. La canción será el romántico leit motiv, y el pretexto para el encuentro-desencuentro de su autora con el “hombre de su vida”. De ahí, conoceremos a la dueña de la cafetería (Danielle Darrieoux), una atractiva mujer madura y solitaria, madre de Solange; el dueño de una tienda de música (Michel Piccolli), triste por una mujer que lo dejó al irse a........ ¡Acapulco!; un par de chicos sin oficio ni beneficio más que el bailar y conquistar chicas (George Chakiris y Grover Dale); un famoso pianista de gira por Europa (Gene Kelly), y un romántico y confundido marino, Maxence (Jaques Perrin), añorando reencontrarse con Delphine,... la guapa rubia que pintó alguna vez.

Demy deja varias escenas antológicas, homenaje al musical hollywoodense, como aquella en la que Kelly se junta con otros dos marinos para recorrer una calle cantando y bailando, al estilo del clásico On The Town (Stanley Donen-Gene Kelly, 1949), o esos bailes que Chakiris y Dale llevan a cabo dentro de la cafetería, con un enorme dominio del espacio.

Dentro de esta encantadora e inocente historia romántica, entretenida y cómica, se alcanzaba a colar la historia de un asesino en serie, que mantenía a la población en estado de emergencia. En el equilibrio de cada historia y lo bien que se ligaba una con otra, quedaba patente la maestría de Jacques Demy en la dirección de sus actores, de su gran habilidad para los emplazamientos y movimientos de cámara, junto a una magnífica, versátil e irreprochable dirección musical: jazz orquestado, baladas románticas, etc. ¿Se puede pedir algo más?

martes, 27 de mayo de 2008

DVD: BRIDGE TO TERABITHIA * * * * 1/2


Siempre es bienvenida a la cartelera una película infantil inteligente, conmovedora y que apele al poder de la imaginación. Bridge to Terabithia (E.U., 2007), es la segunda adaptación del libro infantil homónimo escrito por Katherine Paterson., del que ya antes hubo una adaptación para televisión en 1985, dirigida por Eric Till, aunque pasó sin pena ni gloria.

Bridge to Terabithia, a pesar de las apariencias, está lejos de ser una película del género fantástico. La historia cuenta la entrañable amistad que dos preadolescentes, Jesse Aarons (Josh Hutcherson), un triste niño que vive en una granja con sus padres, dos hermanas mayores y una encantadora hermanita, y Leslie Burke (la bonita Anna Sophia Robb), recién llegada al pueblo y vecina de Jesse. Leslie vive en un hogar feliz y con más comodidades, muy distinto al conflictivo núcleo familiar de Jesse. Sin embargo, esto no impedirá que ambos formen una gran amistad, centrada en los juegos que llevan a cabo en un lugar secreto del bosque, justo al otro lado de un riachuelo, que se cruza colgándose de una cuerda.

Jesse y Leslie jugarán a crear un mundo fantástico, al que bautizan como “Terabithia”, en el que se verán a sí mismos como un par de guerreros que luchan contra todo tipo de criaturas y demonios, cuya amenaza más grande será el “Caballero Negro”. Un poco más y este mundo competiría con la “Narnia” de los libros de C.S. Lewis, de no ser porque nada más existe en la imaginación de los chicos.

La película es un clásico relato sobre la difícil transición de la niñez a la adolescencia, en donde la inteligente, inquieta y carismática Leslie, será la que ayude a su amigo, talentoso para dibujar, a encontrar la alegría infantil que poco ha gozado; a ver el mundo con otros ojos, escapar de sus dificultades en casa y en la escuela, con chicos que todo el tiempo lo molestan y que se burlan de él por ser pobre.

La realización del húngaro Csupo es lograda. Su principal acierto, es el uso de unos excelentes efectos especiales sin que sean ostentosos o roben protagonismo, además de conseguir una gran química entre los dos jóvenes protagonistas. Bridge to Terabithia no es la típica superproducción hollywoodense, ya que estamos ante una película infantil que, no nada más nos va sumergiendo en ese mundo fantástico que existe en la cabeza de Jesse y Leslie, sino que se va tornando cada vez más compleja, profunda y sensible, hasta una vuelta de tuerca dramática y tristísima, que enfrentará a Jesse con una de las lecciones más fuertes en su inevitable madurez.

Pero no por ello la película de Csupo está peleada con el humor o deja de lado el entretenimiento familiar. En su eficaz e inteligente realización, la considero como uno de los mejores filmes infantiles del año.

++ Existen tres ediciones, una de ellas en HD-DVD y una edición especial, esta última contiene extras como Tras el libro: Los Cuentos del Puente hacia Terabithia, Imaginación en digital: Haciendo realidad Un Puente Hacia Terabithia, Videoclip WMantén tu mente abierta" de Anna Sophia Robb, ficha técnica, ficha artística, fichas de doblaje, trailer, filmografías, audiocomentario del director y del guionista, audiocomentario del reparto.

lunes, 26 de mayo de 2008

CINESPAÑA: PIEDRAS * *

Al realizador Ramón Salazar, le ha sucedido lo que a muchos otros de sus colegas: pasar por la faceta “Almodóvar”. Para varios, es como entrar a la edad del acné durante la adolescencia, es decir, puro dolor y sufrimiento, del cual no se sale bien librado. Piedras (España, 2002), es un mediano ejercicio de estilo que, desde la tipografía de los créditos iniciales, intenta emular a Pedro Almodóvar, en un relato femenino con varias narraciones paralelas, las cuales es difícil no adivinar que acabarán entrecruzándose.

La película, escrita por el mismo Salazar, acaba siendo tan predecible y llena de personajes cliché, que resulta inútil su atractivo acabado visual, en la buena fotografía de David Carretero, y el interesante trabajo de edición de Teresa Font, encadenando los saltos de una historia a otra de una manera creativa y delicada al mismo tiempo. El tema que intenta unir a las cuatro mujeres protagonistas: los pies y los zapatos que usan, acaba siendo absurdo y, en ocasiones, risible.

La presentación de cada una de las mujeres, tiene que ver con la forma de sus pies, el color y tipo de zapatos que usan. Anita (Mónica Cervera) o la de las “zapatillas amarillas”, es una chica con retraso mental, que gusta sacar a pasear a su perro chihuahua y ver pasar aviones; luego Leire (Najwa Nimri), una bailarina de discoteca, drogadicta y novia de un pintor; Isabel (Ángela Molina) es una mujer de la alta sociedad, que ha decidido ir al podólogo a que le examine los pies; Adela (Antonia San Juan), madre de Anita, es una “madame” que administra una casa de citas, en camino de aprender a ser una “buena madre” (deja a su hija, que apenas y se vale por sí misma, salir sola a la calle a pasear al perro) y encontrar el amor. Finalmente, Maricarmen (Vicky Peña) es una taxista y madrastra de un niño, que debe lidiar con una drogadicta (Lola Dueñas) en su casa.

La referencia a los pies, más allá de ser una interesante reflexión fetichista-erótico-romántica al más puro estilo Buñuel, en el filme de Salazar no encuentra del todo su lugar en la trama, siendo un aspecto apenas cómico (por ejemplo, los zapatos de Anita), forzadamente erótico (ese masaje en el armario de Isabel) o sentimental (esa lección de tango que aprende Adela).

Pero lo peor, es cómo las historias no son más que un reciclaje “almodovariano”, poco original y derivativo, de sus temas y personajes: la mujer taxista, la infaltable presencia del personaje homosexual (y otros “enclosetados”); el hombre como provocador del sufrimiento femenino, la referencia cómico-dramática a los programas basura de chismes, etc., con un lesbianismo ambiguo (¿qué hay realmente entre Isabel y el personaje de María Casal?), sin la imaginación, irreverencia, agresiva comicidad ni colorido artístico del realizador manchego.

jueves, 22 de mayo de 2008

ESTRENO: INDIANA JONES AND THE KINGDOM OF THE CRYSTAL SKULL * * * * *


La espera de 20 años valió la pena. Quienes dudaban si Harrison Ford podría sacar adelante al doctor Henry Jones Jr., alias Indiana Jones, personaje que, luego de Han Solo en Star Wars, marcaría su carrera para siempre, han de saber que ha pasado la prueba. Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull (E.U., 2008), cuarta entrega de la saga del arqueólogo y aventurero más famoso del cine, es tan buena como Indiana Jones and the Last Crusade (1989), la anterior película, o Indiana Jones and the Temple of Doom (1984), la segunda parte, aunque para gusto de quien esto escribe, la mejor de toda la franquicia es y seguirá siendo Raiders of the Lost Ark (1981), el primer filme. Esta nos presentaba a un maestro de arqueología con una doble vida de explorador, cazador de tesoros y que le teme a las serpientes, como extraído de los antiguos seriales de aventuras de los 1930-1940, protagonizados por Erroll Flynn.

Lo mejor de ver a un Ford aceptando el reto de una cuarta película, que mantuvo escépticos a buena parte de los admiradores de “Indy” es, no nada más verlo dar golpes, patadas, saltos, lucir esa sonrisa socarrona característica y usar el látigo como en la primera película, sino que ha sabido envejecer junto al personaje. La nueva película nos pone al corriente de los años que han pasado en la historia. Su padre (Sean Connery en el tercer filme) y el Dr. Marcus Brody, su entrañable amigo (el fallecido Denholm Elliott) han muerto, aunque eso no ha evitado que Jones siga de aventura, metido al inicio -como siempre- en un aprieto, ahora con los rusos.

Estamos ahora en los años 1950, los nazis ya son cosa del pasado. La Guerra Fría y el espionaje comunista en los E.U., son la nueva amenaza a la seguridad nacional, el pretexto perfecto para que Indy entre en acción. Steven Spielberg, realizador de todos los filmes, y George Lucas, creador del personaje y productor, vuelven a formar mancuerna en esta espectacular resurrección de Indiana Jones, en un filme entretenido de principio a fin, divertido y emocionante, con ese clásico y disfrutable toque anacrónico de siempre. Además, Spielberg se ha atrevido a agregar un poco de ciencia ficción, al más puro estilo serie B de los filmes de aquellos años 1950.

Resulta ahora que los militares rusos, encabezados por una científica especializada en estudios paranormales (Cate Blanchett), andan tras los pasos de Jones, para que les ayude a encontrar un mítico y legendario cráneo de cristal, oculto en algún templo mesoamericano ubicado en Sudamérica. Leyendas mayas e incas, así como crónicas de la conquista española (El Dorado), se combinan sin problemas, donde incluso las teorías pseudocientíficas sobre la supuesta influencia extraterrestre en la cultura maya, son explotadas de manera hábil. Los infaltables pasadizos secretos, momias, insectos gigantes, códigos y pistas ocultas que van ampliando más y más las investigaciones de Jones, el principal atractivo de los filmes, siguen presentes aquí.

Por supuesto, la tecnología digital está al servicio de la nueva película, y aquellos elementos han mejorado y aumentado (¡Esas hormigas gigantes!), dando como resultado un moderno filme con atractivos efectos especiales, pero que al mismo tiempo conserva el nostálgico sello visual y musical de los filmes de los 1980: el clásico mapa marcando la trayectoria de los viajes, o el poderoso tema musical escrito por John Williams. El elegante trabajo fotográfico de Janusz Kaminski (cinefotógrafo de cabecera de Spielberg), es el que marca la diferencia, en el suave y delicadamente iluminado acabado visual.

Este regreso de Indiana Jones al cine, es un enorme homenaje al primer filme, ya que Karen Allen, interés romántico de Indy en aquella película, regresa como Marion, y se dejarán ver varias referencias tanto a Raiders of the lost Ark (aparición fugaz del “arca perdida”), como a The Temple of Doom (la triple caída en las cascadas) y a The Last Crusade. El reparto es espléndido y se amplía con John Hurt, Ray Winstone y el joven Shia LaBeouf, como el hijo de Indy, encarnando una parodia de la figura del “rebelde sin causa” a lo James Dean, o del “salvaje” a lo Marlon Brando, abriendo la posibilidad a más secuelas en el futuro. ¿Será que la próxima veremos a Harrison Ford interpretando un papel parecido al de Sean Connery en la película anterior? Muy probablemente.

miércoles, 21 de mayo de 2008

THE FOUR FEATHERS * * *

Heath Ledger y Wes Bentley.

Luego de pasar por una insatisfactoria carrera financiera, el realizador hindú Shekhar Kapur probó  suerte como actor en "Bollywood", sin mucho éxito. Su debut en Hollywood fue con Elizabeth (1998), trabajo que despertó el interés de la Academia, nominando a Cate Blanchet como Mejor Actriz, quien interpretó magníficamente a la reina Elizabeth I de Inglaterra. Con Elizabeth, Kapur se dio a conocer como un cineasta con un gran dominio técnico y narrativo, así como una sensibilidad plástica por las imágenes. En The Four Feathers (2002), Shekhar Kapur optó por un tono narrativo más convencional y, desafortunadamente, poco logrado.

De esta historia romántica de honor y sacrificio, escrita por A.E.W. Mason en 1902, ya se habían hecho otras cinco versiones fílmicas. La primeras dos pertenecen a la época del cine mudo (J. Searle Dawley/1915, y Merian C. Cooper-Lothar Mendes-Ernest B. Schoedsack/1928). Los hermanos Korda  (Zoltan, director, y Alex, productor), filmaron la primera versión sonora en 1928. En 1956, los mismos Korda retomaron la historia, bajo el nombre de "Storm Over the Nile" (co dirigida junto a Terence Young). La penúltima versión es de 1977, realizada para la televisión por Don Sharp y protanizada por Jane Seymur.

En la Inglaterra de 1884, un juego de rugby emulará en sus jugadas planeadas estratégicamente, las futuras formaciones de una batalla en el desierto del Sudán, colonia británica. La población musulmana se ha sublevado y el ejército británico debe partir a controlar la situación. Harry Feversham (el fallecido Heath Ledger) ha comenzado a replantearse su futuro en la milicia, donde busca seguir la tradición familiar impuesta por su padre, antiguo combatiente en la guerra de Crimea. Comprometido con Ethne Eustace (Kate Hudson), Harry decide que su relación es más importante y decide desertar del ejercito.

Tal decisión lo llevará a ser desconocido por su padre y criticado por sus compañeros, entre ellos Jack Durrance (Wes Bentley), su mejor amigo. Simbolizando la supuesta “cobardía” y traición de Harry, sus compañeros le enviarán, cada uno, una pluma blanca. Por si fuera poco, la misma Ethne le ha enviado también una pluma. Dolido por el hecho, Harry recapacita y vuelve al ejército, todo para ser rechazado. Así, Harry optará por embarcarse hacia el país africano y participar en el campo de batalla de manera anónima, haciéndose pasar por musulmán.

Nuevamente, Shekhar Kapur retoma un periodo de la historia británica, para hurgar en su proceso de construcción histórico-político. Esta nueva adaptación del libro de Mason, a pesar de su buena ambientación y su excelente vestuario, no puede decirse que sea una de las mejores hasta la fecha. El reparto juvenil, apenas y consigue destacar a lo largo de la película, siendo Wes Bentley uno de los mejores, junto al africano Djimon Hounsou. Sin embargo, este detalle no salva las graves lagunas de la narración, que se extienden hacia el montaje, accidentado en varias partes claves.

A pesar de todo, el filme tiene momentos que valen mucho la pena, como los de la batalla en pleno desierto, cuando el ejército inglés se ve acorralado en su formación cuadrangular, la persecución de los protagonistas por el desierto.

++Los extras incluyen ficha técnica, ficha artística, ficha de doblaje, spots de EE.UU., biofilmografía del director y de los principales actores, tráiler, entrevistas, imágenes del rodaje y otros títulos.

martes, 20 de mayo de 2008

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: LES PARAPLUIES DE CHERBOURG * * * *

Revisar un filme como Los Paraguas de Cherbourgo (Les Parapluies du Cherbourg, Francia-Alemania Occidental, 1964), es hacer un viaje a la época de las coloridas historias de amor de los 1960. En comparación a los musicales de Hollywood de esa década y la anterior, el filme, dirigido y escrito por Jaques Demy, ofrecía algo muy distinto y audaz: una narración con música continua, sin interrupciones, con todos sus diálogos cantados.

Apenas y hay unos cuantos silencios que rompen la dulce y dramática continuidad de una sencilla historia de amor, ambientada en la población de Cherbourg, Francia, entre un humilde mecánico, Guy (el italiano Nino Castelnuovo), y una bella chica vendedora de paraguas, Geneviève (Catherine Deneuve, en verdad preciosa), cuya tranquila felicidad se verá perturbada por la partida de aquel a realizar su servicio militar a Algeria.

La película es todo un banquete musical. Lo mismo escuchamos jazz orquestado, en ese vibrante inicio a la salida del taller, antes de que Guy vaya a encontrarse con Geneviève para ir a la ópera (nada menos que a ver “Carmen”), que una dramática melodía en esa escena clave en la que ambos se juran fidelidad, durante los dos años que él estará fuera, con la canción “Te Esperaré”, con música escrita por Michel Legrand.

El reto para Guy y Geneviève, será superar una prueba que desde el principio se antoja imposible de superar: la espera del ser amado que se va a vivir lejos. Son muchas circunstancias en su contra, la principal para ella será su madre, viuda y que no ve con buenos ojos que su hija se case tan joven, ayudando a bajarle la moral a una de por sí triste y desanimada Geneviève, que espera con ansia las cartas de Guy.

La producción musical es magnífica, el desempeño musical de todo el reparto es notable, aunque tuvo que ser doblado en ciertas canciones por cantantes profesionales. Sin embargo, el dominio musical de Demy es admirable, no hay una sola palabra que no sea cantada, ya sea el simple saludo del cartero que entra a la tienda, o un transeúnte que entra a preguntar algo.

Algo que llama la atención, es que no nos encontraremos ante arrebatos melodramáticos, quizá para no romper con el encantador equilibrio que destaca en todo el filme, dirigido con maestría por Demy en esa manera de emplazar y mover su cámara por todos los sets, de jugar con sus actores en varios encuadres (ese espejo en el que Geneviève y su madre quedan “encerradas” como reflejo de la monotonía de su vida juntas).

De ahí que podamos quedar sorprendidos con ese final tranquilo, en el que no habrá ningún reproche, ningún reclamo, ni una sola lágrima entre Guy y Geneviève, mientras ven nevar desde una enorme ventana. Será que el tiempo lo cura todo, hasta la herida de amor más profunda.

lunes, 19 de mayo de 2008

EN CARTELERA: SPEED RACER * * *


Nunca fui un seguidor de la serie animada Speed Racer, uno de los clásicos del ánime por televisión transmitido de 1967 a 1968, creado por Tatsuo Yoshida, cuyo título original era Mahha GoGoGo. Lo poco que tengo en mente de la teleserie, es el impresionante coche blanco de carreras “Mach 5”, conducido precisamente por el joven Speed. Los hermanos Larry y Andy Wachowski, creadores de la trilogía Matrix, rescatan en Speed Racer (E.U., 2008) tan sólo la premisa y los personajes principales, para crear un relato retro-futurista con su inconfundible sello estilístico: una explosiva parafernalia visual, destinada más al público infantil de principios de siglo XXI, que a los seguidores de la serie original de hace 40 años.

Speed (Emile Hirsh) lleva su “Mach 5”, construido por su padre (John Goodman) especialista constructor de autos de carreras, por autopistas vertiginosas que desafían la gravedad, aunque el filme es para verse con el cerebro en “neutral”. Así, probablemente el espectador más adulto podrá tolerar el humor simplón e infantil que ostenta de principio a fin la película, con un mono queriéndose robar cada escena con sus “monerías”. En resumen, la película no es del todo apta para adultos.

Speed Racer es el primer churro bien hecho de los hermanos Wachowski. Cuenta con unos impresionantes efectos especiales, y en sus emocionantes carreras de autos tiene su punto fuerte. Pero no estamos ante comunes carreras Fórmula 1, ya que el filme hubiera sido poco menos que aburrido. Aquí, veremos coches no nada más saltar, dar volteretas y ejecutar acrobacias, sino que, al estilo de las carreras del Episodio I de Star Wars (1999), los autos tendrán toda clase de artilugios y armas ocultas, para tratar de vencer a sus oponentes.

La historia es de lo más convencional, con un obvio subtexto anticapitalista. Es la clásica historia sobre el honor familiar, la maduración, el crecimiento y la ética deportiva. Siendo un niño, Speed vio cómo su hermano mayor, Rex, un experto corredor, pierde la vida en una carrera. Speed seguirá los mismos pasos de Rex, su gran mentor, rompiendo records y cuando un feroz empresario, Royalton (Roger Allam), le revele que todas las carreras en donde ha participado han sido arregladas y le proponga unirse a este lucrativo negocio, el chico enfrentará una lucha contra todo ese sistema corrupto. En el camino, Speed será aconsejado por un misterioso personaje, Racer X (Matthew Fox), en un principio su contricante, y será seguido por su hermano menor, Spritle (muy simpático Paulie Litt), quien lo admira de lejos, siempre a la sombra de los demás.

Hay un gag simpático, el del beso imposible entre Speed y su inseparable amiga Trixie (Cristina Ricci), ligado al ritmo narrativo del filme, que no tiene descanso, a ratos incoherente, a ratos mareador, en un experimental formato visual inspirado en el cómic y en los dibujos animados japoneses, todo logrado con sofisticados efectos especiales que logran ponernos en el centro de la acción.

Algo que llama la atención en el guión, escrito por los mismos Wachowski, son las complejas relaciones familiares que entreteje, y que por fortuna no quedan tanto en un plano superficial (Susan Sarandon incluso logra sobresalir en su secundario papel de madre de Speed), hasta una vuelta de tuerca final que se viene telegrafiando desde la mitad del filme.

Como sea, esta colorida, azucarada, pop e inocente versión del Speed Racer animado, es también un espectacular deleite visual para los aficionados al estilo frenético de los Wachowski, con sus acostumbrados ralentis, imágenes congeladas, artes marciales, en un mundo creado con la socorrida técnica del green screen. Y si usted lleva a su “niño interno” por fuera, mucho mejor, no la pasará tan mal.

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