sábado, 9 de febrero de 2008

CINE ANIMADO: BACK TO GAYA * *

Back to Gaya (España-Alemania-Reino Unido, 2004) es una clara respuesta de Europa a las grandes producciones de la Dreamworks o Pixar de Hollywood, una película fallida pero con una impresionante factura visual, evidente en su primera mitad, cuando se nos presenta de una forma estridente y espectacular el nada original mundo de Gaya.

Dirigida por los germanos Lenard Fritz Krawinkel y Holger Tappe, Gaya será una mezcla de la Tierra Media de Lord of the Rings, con un poco de la nueva trilogía de Star Wars. Gaya está habitada por dos razas antagónicas, los buenos gayanos, extraños seres que parecen una cruza de perro con cabra; y los horribles y tramposos snurks, con facha de orcos al estilo Tolkien.

La fuerza de Gaya radica en una piedra mágica. Luego de una atractiva carrera (copiada de la que ocurría en el Episodio I de Star Wars/Lucas/1999, aquella de las moto-naves en el desierto), la mentada piedra desaparecerá y el gobernador de Gaya encargará al seguro Zino (voz de Glenn Wrage) y al genio de anteojos Boo (voz de Alan Mariot), acompañados por la atractiva Alanta (voz de Emily Watson), que vayan en su busqueda.

Los gayanos competirán contra los snurks en la búsqueda de la piedra, y en ese viaje que emprenden al mundo de los humanos, será donde toda la magia que prometía el asunto se pierde por completo. Nuestros aventureros tendrán que lidiar con un escenario obscuro y decadente, de alcantarillas, basura, ratas, cocodrilos, deformes borrachos, un calvo y demente villano, etc.. Sin embargo, la trama toma un giro inesperado, cuando ya sin dar para más la trama, las gayanos y los snurks se topen con un anciano y pobre dibujante, clave para entender su origen.

El problema principal de Back to Gaya, es que los realizadores se centraron tanto en el acabado visual del filme, casi realista en los movimientos y configuración de sus personajes, que descuidaron por completo el hacer una historia entretenida, interesante y menos derivativa. Para el final, la dichosa piedra termina importando un bledo, y Gaya acaba en el olvido total. ¿Para qué viajar a una fea ciudad humana, cuando Gaya era un terreno más fértil para que los guionistas echaran a volar su imaginación? Sólo ellos lo sabrán.

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: THE INCREDIBLE SHRINKING MAN * * * *

Con el reciente estreno de I Am Legend (Francis Lawrence, 2007), adaptación de la novela homónima de Richard Matheson, vale la pena recordar otro filme clásico basado en la obra literaria de este escritor, especialista en relatos de ciencia ficción, The Incredible Shrinking Man (E.U., 1957), de la cual ya se prepara un remake, a producirse este 2008. Dirigida por Jack Arnold, la película es un entretenido relato por sus logradas escenas de acción, sobre la paranoia relacionada con la energía nuclear en la postguerra, como sucedió en aquella época con otros filmes que contaron historias basadas en los miedos por la falta de control de la energía nuclear y sus experimentos. En The Incredible Shrinking Man no se hacía referencia directa al tema nuclear, pero se sentía implícito desde el inicio, en el fatal destino de su protagonista, Scott Carey (Grant Williams), cuando este y su esposa fueron sorprendidos en medio del océano, navegando tranquilamente en su yate, por una inmensa niebla, que nada más alcanzaba a cubrir a Scott.

Nunca se sabe nada de esta niebla, ni de lo que estaba formada, ni de donde provenía. Lo único que sabremos es que Scott, a partir de ese día, comenzaba gradualmente a encogerse. Su ropa le empezaba a quedar grande, y los médicos no acertaban a encontrar una explicación o cura para este extraño padecimiento, que lo estaba convirtiendo en un fenómeno sensacionalista para los medios de comunicación, al tiempo que su matrimonio se hundía por este hecho. La primera parte de la película, adaptada por el mismo Richard Matheson, era la torturante crónica de un hombre, que veía a las personas y a los objetos a su alrededor agigantarse, involucrándonos con su narración en off sobre la angustia de ver su imparable empequeñecimiento, hasta ser tan minúsculo como para caber dentro de una casa de muñecas. Aquí, su terrible y peligrosa aventura comienza, cuando su propia casa se convierte en un extraño mundo lleno de peligros, empezando por su propio gato. La mayor parte de la aventura de Scott se desarrollará en el sótano, donde enfrentará una araña, inundaciones, trampas, etc.

Como película de aventuras, The Incredible Shrinking Man funcionaba a la perfección, en especial, por sus notables efectos especiales y gran despliegue de producción, que literalmente nos sumergía de manera convincente en un asfixiante mundo gigantesco, logrado tan sólo con simples efectos fotográficos y fotomontajes, muy logrados para la época. Este desesperanzador relato, no tenía un happy-end propio de un filme palomero de aventuras. No había salida para Scott, no había marcha atrás para su padecimiento, seguiría encogiéndose sin remedio, hasta ser de un tamaño microscópico y acabara desapareciendo, fundido con el universo, las estrellas, la naturaleza, según decía en su narración. Es un toque new-age adelantado para su época, al ver cómo Scott trascendía a través de su propia desgracia.

jueves, 7 de febrero de 2008

CINE ANIMADO: ALICE OF WONDERLAND IN PARIS * * *

El respetado animador estadounidense Gene Deitch (Chicago, 1924), tomó como pretexto el libro escrito por Lewis Carroll, Alice in Wonderland, para hacer un recorrido por otros entrañables cuentos populares en el filme animado Alice of Wonderland in Paris (E.U., 1966). A Gene Deitch se le recuerda por haber dirigido varios cortos animados de Popeye desde 1953, y por haber ganado la Concha de Oro en 1969 por el corto Obri. La película abría con Alice leyendo un libro sobre los cuentos de Madeline. Desde el inicio manifiesta su ilusión por conocer a esta niña, que vive en París. Un muy profesional, pero simpático ratón, Anatole (que vendría a ser el equivalente del nervioso conejo del libro de Carroll), le propone a Alice llevarla a conocer a Madeline, no sin antes platicarle un poco sobre su trabajo como catador de quesos en la fábrica “Duval”.

Anatole y Alice llegan a Paris viajando por el drenaje. Mientras el ratón le habla sobre las maravillas arquitectónicas de la ciudad, llegan a la Embajada de España, donde inicia la primera historia sobre Pepito, hijo del embajador español, niño travieso que gusta de molestar a las niñas de una escuela cercana, en donde estudia Madeline, además de ser cruel con los animales. Sus padres no saben qué hacer con él, hasta que, en una de sus travesuras, acaba siendo atacado por unos perros, para luego ser salvado por Madeline, sus amigas y una monja, operando en el desafortunado Pepito un cambio de actitud positivo.

Anatole, preocupado por darle de comer a su familia, con sus aventuras catando quesos de manera oculta en la fábrica, es descubierto y contratado por el señor Duval. De hecho, el ratón roba todo el protagonismo a la famosa Alice.

La historia más divertida, es aquella de un “principito”, que sufre por tener un poco agraciado gesto de enojo en el rostro. Anatole nos narra que el niño príncipe no podía reír. Su padre, preocupado por la situación, lo lleva con un brujo para buscar alguna solución. La respuesta estará en una sonriente princesa, que le regalara una sonrisa al príncipe para quedar curado.

El estilo de Deitch se basa en graciosos fondos, dibujados con una línea muy suelta, y una técnica de animación caracterizada por el mínimo movimiento de los personajes. De hecho, es más cercana a teleseries de la época. Alice in Paris era una película animada infantil, a pesar de cierto humor negro manejado en las historias, más rescatable por eso que por su técnica de animación.

DVD: THE RECRUIT * * 1/2

James Clayton (Colin Farrell) es un talentoso decodificador que, junto a otros amigos, ha desarrollado una tecnología capaz de infiltrarse en las redes informáticas. Para vivir, trabaja como barman, hasta que un día aparece Walter Burke (Al Pacino), agente de la CIA retirado del oficio, dedicado ahora a entrenar futuros espías. Burke le dirá a Clayton, que su oportunidad de salvarse de una vida rutinaria, común y, en el peor de los casos, mediocre, es ingresar a este “heroico” cuerpo de inteligencia secreta. No será fácil convencerlo.

El padre de Clayton, fue un reconocido agente de la CIA, que murió durante una misión, en condiciones desconocidas. Obsesionado por saber las verdaderas circunstancias de la muerte de su padre, Clayton se dejará convencer por Burke, convencido que entrando a la CIA podrá saber la verdad sobre el trágico destino de su padre.

The Recruit (E.U., 2003), es un monótono y enredado filme de suspenso y espionaje, escrito por Roger Towne, Kurt Wimmer y Mitch Glazer. El realizador Roger Donaldson, nos describe en la introducción, con cierta exageración y espectacularidad, los estrictos entrenamientos de la CIA y el desgaste físico que implica sumergirse en ese universo.

Durante su duro, desgastante y estricto programa de entrenamiento, Clayton conoce a Líala (preciosa Bridget Moynahan), una compañera de clases, cuya predecible relación se verá obstaculizada por las presiones de sus mentores para sobresalir en este ambiente demasiado competitivo. Para poner a prueba el talento y las notables capacidades de resistencia de Clayton, Burke decide asignarle una misión secreta a manera de prueba: desenmascarar a unos espías infiltrados en la CIA, que están extrayendo información confidencial.

Desde el comienzo de The Recruit, queda claro que anhelar pertenecer a la CIA es algo serio y nada fácil de lograr. Una institución que recuerda a sus miembros caídos con una estrella dorada puesta en un gran muro. Los poco afortunados, se conforman con realizar un simple trabajo de oficina.

"Nada es lo que parece", repetirá Burke hasta el cansancio, y en parte, resume la premisa de la película, con la que Donaldson consigue, eficazmente, darle a su trabajo un buen suspenso y paranoia. La intención es mostrar cómo la CIA, más que discípulos, acoge carne de cañón, que dentro de la misma no todo es precisión, perfección y la buena organización que presume. Ya Tony Scott lo hizo mucho mejor en Spy Game (2001), de la que Donaldson parece haberse inspirado.

El joven manipulado y explotado como discípulo de un hombre maduro y experimentado, parece ser la tendencia no nada más en los últimos filmes con Al Pacino, sino aquellos que involucran a la CIA, como una institución de imagen ambigua (la trilogía de Jason Bourne, The Good Shepherd/De Niro/2006). Es el mismo discurso sobre esa juventud a la que todavía le cuesta mucho trabajo identificarse con esta institución y, sobre todo, encajar en ella.

Colin Farrell y Bridget Moynahan a duras penas logran sacar adelante sus personajes, que resultan rígidos y elementales. El filme se salva por unas buenas secuencias de acción, donde la experiencia de Donaldson en filmes de suspenso político, como Thirteen Days (2000), thrillers como The Getaway (1994) o de ciencia ficción, como Species (1995), se nota.

miércoles, 6 de febrero de 2008

CINESPAÑA: LA CAJA 507 * * * 1/2

De los más recientes largometrajes del realizador Enrique Urbizo (su último trabajo fue el telefilme Adivina quién soy/2006), La Caja 507 (España, 2002) va un poco más allá de la convencional heist movie (es decir, película de grandes robos) hollywoodense, con acción, efectos especiales, bombazos y disparos por doquier incluidos. La Caja 507 está en la línea de Heat (Michael Mann, 1995), espectacular heist movie que ponía en el mismo escenario a dos grandes actores, Robert De Niro y Al Pacino, en un duelo a muerte y actoral sumamente atractivo, a pesar de que en realidad compartieron apenas y una escena en pantalla.

La Caja 507, escrita por el mismo Urbizo y Michel Gaztambide, se arriesga al mezclar dentro de la fórmula genérica de Hollywood, una intrincada trama de suspenso, que no por adolecer de fuerza deja de agregar interés a la película. Con todo, me parece que la película funciona más dentro de su parte de melodrama familiar, la que más peso tiene en toda la historia. Aquí, dos notables actores del cine español, Antonio Resines y José Coronado, el primero interpretando a Modesto, director de un banco, que deberá enfrentar el robo a la sucursal donde trabaja y el tener a su esposa en coma en el hospital; mientras el segundo interpreta a Rafael, un corrupto ex policia convertido en un experto asesino, en búsqueda de los ladrones que asaltaron el banco, ya que estos han extraído de la bóveda (la caja 507 del título) unos documentos valiosos, y hará todo, incluso sacrificar a su atractiva novia (Goya Toledo), para recuperarlos.

Años atrás, Modesto y su esposa sufrieron la muerte de su hija en un incendio forestal, aparentemente, ocurrido a causa de la sequía y los fuertes vientos. Sin embargo, el robo al banco, que deja a su mujer en coma, llevarán a Modesto a reabrir el caso, traer a la memoria dolorosos recuerdos, y a sospechar que el incendio tal vez no fue un accidente provocado por la naturaleza.

Ni Antonio Resines, ni José Coronado se verán las caras hasta la última parte de la película, como ocurría con De Niro y Pacino en el mentado filme de Mann. Mientras eso sucede, vamos presenciando unas excelentes actuaciones por parte de los dos histriones, dejando patente la versatilidad que los caracteriza. Resines como un templado hombre, inquieto por los deseos de vengar tanto a su mujer como a su hija fallecida, aunque será José Coronado quien se robe el filme, con una fuerte presencia en pantalla en su frío, duro, detestable y vulgar ex policia.

La realización de Urbizo es sencilla, sin muchas complicaciones, sabe donde colocar la cámara para conseguir encuadres atractivos, sabe situar al espectador en el punto neurálgico de la acción (el asalto al banco es destacable). La decisión de Urbizo es cuidar más a su par de protagonistas masculinos y sacar las notables actuaciones que ofrecen. Al final, Urbizo no se resiste al happy-end, creo que no se siente cómodo con la violencia que dejó ver en todo su filme y le da a Modesto un pequeño y tranquilo momento de gloria, observando el horizonte en la playa. No es mucho pedir para él después de todo.

martes, 5 de febrero de 2008

DVD: THE QUIET AMERICAN * * * *

El comienzo de The Quiet American (Alemania-E.U., 2002) es opresivo, un reflejo (a través de planos perfectamente compuestos, obscuros, cargados de una atmósfera irrespirable), de la relación conflictiva y tensa, de los dos protagonistas. The Quiet American se revela como un relato en tono épico sobre la falsedad en las relaciones sentimentales y la hipocresía.

Cuando Thomas Fowler (Michael Caine, excelentes), periodista británico, declara a un detective francés, encargado de investigar el asesinato del estadounidense Alden Pyle (Brendan Fraser), que "era un americano impasible", es como si tratara de justificar el trágico destino que tuvo este último.

La trama, dotada de muy buenas actuaciones, es tan simple como perturbadora en sus giros dramáticos. Fowler trabaja como reportero del London Times, cubriendo la guerra franco-indochina en el Vietnam de 1952. En una de sus constantes visitas al café del hotel en el que se hospeda, conocerá a Pyle, joven americano que, en un principio, pasa para Fowler como un médico voluntario, dentro del escenario de guerra que se vive en esa región. Al principio entablan una amistad seca, distante, debido a las discusiones que surgen entre ellos, en unas conversaciones que tienen lugar casi siempre en medio de las calles donde impera el caos.

Fowler tiene una amante vietnamita, Phuong (Do Thi Hai Yen), de la que Pyle queda prendado al verla por primera vez. A partir de ese momento, la chica se convertirá en la manzana de la discordia entre ambos amigos, teniendo como telón de fondo una resistencia nacional comandada por un tal general Theng, hombre que comienza a ser investigado por Fowler, al sospechar que recibe apoyos de otros países comunistas. Lo que no se espera el periodista, es que los estadounidenses financian el movimiento para liberar a Vietnam de los franceses.

Phillip Noyce es el responsable de este drama bélico, a través de una mirada depurada valiéndose del punto de vista de un personaje tan frío como Fowler, que encarna el ideal, tan poco probable, de un periodista inmerso en conflictos de tal envergadura. "Escribo lo que veo, sin involucrarme ni opinar al respecto", le confiesa el veterano periodista a Pyle, quien detrás de su juvenil apariencia encarna una inocente incorruptibilidad y romanticismo.

La dirección de Noyce es (por gracioso que parezca) igual de impasible que el carácter de los personajes. En escenas dantescas, con cadáveres esparcidos en la calle (impactante la secuencia del atentado con coche-bomba), no hay una postura política o ideológica clara por parte del director australiano. Noyce opta por darle al filme un tratamiento propio del reportero intrépido pero a la vez neutral, como lo es el propio Fowler, un personaje que realmente existió y cubrió varios escenarios bélicos por esa época, conocido incluso por el propio Michael Caine, cuando al histrión, durante su juventud, le dio por enlistarse en las campañas militares de su país, aspecto que en mucho le ayudó a interpretar de manera ejemplar este papel.

Basada en la novela homónima de Graham Greene, The Quiet American está fotografiada con maestría por Christopher Doyle, que huye del sentimentalismo gratuito y la violencia excesiva, para ilustrarnos un conflicto despojado del colorido exótico y el costumbrismo, para centrarse en el tono solemne de una relación romántica a punto de zozobrar, entre una mujer joven y un hombre maduro, en medio de una Vietnam que años después se vería sumergida en la peor guerra de su historia.

++ Disponible en una edición especial, que contiene extras como ficha técnica, ficha artística, biofilmografía, trailer, spots, galería de fotos, imágenes del rodaje, cómo se hizo, rueda de prensa, documental: "Anatomía de una escena", comentario del director (subtitulado), dossier con fotografías.

viernes, 1 de febrero de 2008

CLOVERFIELD * * * *

El ataque de un monstruo es registrado en video.
Si no se te ocurre nada nuevo, toma algo ya hecho y reinvéntalo. Los realizadores de Clovefield (E.U., 2008) supieron hacerlo y bien. De manera hábil, tomaron la idea sobre el falso documental (en su momento innovadora) de The Blair Witch Project (Myrick y Sánchez, 1999) y la aplicaron al clásico filme genérico de desastres y monstruos gigantes que invaden una gran urbe (King Kong, Godzilla,...). La apuesta del realizador televisivo Matt Reeves y el productor J.J. Abrams, es por el filme de ataques de monstuos más realista visto hasta ahora, recurriendo a elementos muy simples: un reparto de actores no muy conocido, emplear la obscuridad como elemento perturbador al ocultar aquello que es peligroso, amenazador para los personajes, y la más atractiva, nunca revelarnos en su totalidad la verdadera identidad del monstruo.

Lo que tendremos siempre frente a nosotros en pantalla, serán explosiones, edificios derrumbándose, puentes cayéndose a pedazos, escombros, y lo mejor, la cabeza de la estatua de la Libertad volando por los aires, para caer en plena calle junto a nuestros asustados protagonistas, engrosando la galería de imágenes antológicas de este icónico monumento destruido por alguna catástrofe.

Para los actores el proyecto estuvo en el mayor de los secretos, al darles unas cuantas hojas de guión con simples instrucciones, que pueden resumirse en una sola: huir corriendo y gritar asustados por un monstruo que nunca ven. A lo largo de la película, no dejaremos de estar en el centro mismo de la acción, de sentir lo mismo que sienten los protagonistas, luego de que una fiesta de despedida a un chico, Rob (Michael Stahl-David), que se va a trabajar a Japón (apunte-homenaje al país que ha hecho de estos filmes parte importante de su cine), se convierte en una pesadilla que durará toda una noche. Rob junto a otros amigos, incluyendo el que grabará todo en una handy-cam, deben escapar por donde les sea posible y sortear una serie de peligros, incluyendo las pequeñas crías del anónimo monstruo, esparcidas por ahí y por allá.

Cloverfield está por encima del género B de monstruos. Su propuesto está más cercana al cine experimental y el falso documental, en esa cámara temblorosa, nerviosa y mareadora que dominará todo el tiempo. Poco importará el origen del monstruo, de dónde proviene (no hay tiempo para densas explicaciones científicas como en Godzilla). La estrategia es irnos mostrando, durante la primera mitad, tan sólo algunas partes del monstruo, o ver sólo algo en obscuras tomas aéreas, sin que jamás sepamos cómo es realmente. Tan sólo podemos adivinar que luce como una mezcla de reptil y un alienígena, con cola y varias patas.

Lo importante en Cloverfield será ofrecer acción y destrucción sin descanso, durante una justa y adecuada hora y veinte minutos de duración. Por debajo de todo, habrá una simplona historia de amor, que tan sólo sirve para darles un pretexto más a los personajes para moverse. Cloverfield es una entretenida y adrenalínica película de desastres, que consigue su propósito de hacernos partícipes de la acción (hay un par de secuencias geniales al final, una dentro de un helicóptero y otra con el rostro del monstruo mirando directamente a la cámara), ideal si se quiere ir al cine a dejar de pensar y frenar las neuronas poco más de una hora.


EN CARTELERA: BUCKET LIST * * * 1/2

A estas alturas, un par de actores consagrados como Jack Nicholson y Morgan Freeman pueden permitirse todo (o casi) en sus prestigiadas carreras, hasta un filme como Bucket List (E.U., 2008), dirigida por el también actor Rob Reiner, una buddy movie que sigue sin muchas sorpresas las convenciones del género. Gracias a la poderosa presencia en pantalla y carisma de sus dos actores, el filme sale a flote sin dificultades durante la mayor parte del tiempo.

Nicholson y Freeman interpretan a dos enfermos terminales de cáncer, el primero como Edward, director del hospital en el que está internado, mientras el segundo interpreta a Carter, un tranquilo mecánico especialista en coches de carreras. Por supuesto, ambos serán dos polos opuestos, en sus formas de vivir y ver la vida, clase social, aunque eso no evitará que formen una amistad al compartir la misma habitación en el hospital.

El acercamiento no se dejará esperar, al atestiguar uno los padecimientos postoperatorios del otro, o las malas noches luego de las quimioterapias. Los médicos les han dado una esperanza de vida de 6 meses a 1 año, y por eso a Carter se le ocurre hacer una lista que contiene una serie de cosas por hacer antes de morir. Cuando esta lista caiga por accidente en manos del frívolo millonario Edward, este le propondrá elevarlo al máximo, haciendo cosas extremas y que sólo el dinero puede permitir: arrojarse en paracaídas, conducir autos de carreras con una pista para ellos solos, viajar alrededor del mundo en el avión privado de Edward e irse de safari, a conocer el Taj-Majal o las pirámides de Egipto.

Bucket List tiene una historia simple y su premisa es directa, sencilla y sin complicaciones: encuentra la felicidad en la vida. La química entre Nicholson y Freeman es natural, y como siempre, el primero se roba el filme, en su amplia sonrisa y su mirada malévolamente juguetona, como el excéntrico millonario, aparentemente sin hijos, pero solitario, al que le será inevitable ser tocado por la cálida filosofía de Carter, por el contrario, un hombre de familia, padre y abuelo, quien será contagiado por la vitalidad de Edward.

Gracias a esta agradable interacción entre ambos actores, la película de Reiner acaba teniendo varios momentos divertidos (la caída en paracaídas, la carrera de autos, etc.) y, en resumen, resultará ser un entretenimiento palomero de fin de semana. La trama escapa al llano chantaje sentimental, a pesar de su filosofía sobre alcanzar la felicidad, sin importar la edad que se tenga. El mensaje es bienvenido, aunque el tratamiento me pareció superficial y sin la profundidad que merecía. Tal vez estoy siendo algo exigente con una comedia hollywoodense, que sabe explotar, de manera hábil, a sus dos grandes actores, luciendo cómodos en sus personajes.

CINESPAÑA: TODOS LOS HOMBRES SOIS IGUALES * * * 1/2

Todos los Hombres Sois Iguales (España, 1994), es una de las más famosas screw-ball comedy españolas de los últimos años, cuyo punto fuerte en el funcional guión de Joaquim Oristrell, escrito junto a Yolanda García Serrano y Juan Luis Iborra, era su ácida burla hacía al machismo, no tanto del español promedio, sino aquel de clase acomodada, despreocupado habitante de algún lujoso pent-house del centro de Madrid. Dos años después, se produjo además una teleserie basada en el filme que, hay que reconocer, se robaba descaradamente la premisa de la comedia francesa Tres Hombres y un Bebé (Coline Serrau, 1985), sobre tres hombres que comparten un pent-house y viven a plenitud su soltería, hasta que llega a sus vidas un bebé, del cual terminan haciéndose cargo y encariñándose.

Dirigida por Manuel Gómez Pereira (El amor perjudica seriamente la salud/1996, Entre las Piernas/1999), también coautor del guión, aquí los tres hombres estarán encarnados por tres grandes estrellas del cine español contemporáneo: Juanjo Puigcorbé, como Joaquín, de carácter explosivo y violento, un piloto que está pasando por un conflictivo divorcio; luego Antonio Resines encarna a Manolo, locutor deportivo que fue abandonado por su esposa al sorprenderlo en la cama con otra mujer, y por último, Imanol Arias es Juan Luis, un ingeniero separado de su mujer, con dos hijos adolescentes y ahora enfrascado en una relación con una chica mucho más joven.

A la vida de los tres, quienes se conocieron en un vuelo piloteado por Joaquín, luego de descubrir que tenían mucho en común en las fallidas relaciones con sus mujeres (con flash- backs bastante graciosos), llegará una guapa empleada doméstica, Yoli (Cristina Marcos), a la que descaradamente querrán explotar, aunque ella sabrá cobrarse robándoles una que otra cosa, además de cobrarles horas extras.

La película es una comedia de humor machista y misógino, que es usado para exhibir todas las debilidades y flaquezas de sus tres patéticos personajes. El hilo conductor serán los problemas de Joaquín, quien se encuentra luchando con su ex esposa para poder ver más tiempo a su hijo. Pero no hay que crearnos una idea errónea del filme de Gómez Pereira. De hecho, el motor de la película es la lucha de sexos, en tanto en los personajes femeninos veremos a mujeres fuertes, que luchan por su independencia laboral, que no dejan que sus ex cónyuges les vean la cara, etc. Por ejemplo, Yoli nunca se dejará de los abusos de sus tres empleadores, a quienes de vez en cuando se les irá la mano (en el sentido literal del término) con ella y las dificultades vendrán, cómo podrá esperarse, cuando los tres empiecen a sentirse atraídos a la –en apariencia- indefensa chica.

En resumidas cuentas, el asunto no es tan solemne como suena. Todos los hombres........, es una comedia muy disfrutable y divertida, para reírnos sin culpa sobre la crisis de la madurez de unos cuarentones, negados a madurar, a tomar responsabilidades y dispuestos a confrontar a las mujeres que quieran hacerles ver su suerte.

jueves, 31 de enero de 2008

CINE ANIMADO: CHICKEN LITTLE * * 1/2

La Disney cumplió su palabra, y su largometraje animado Chicken Little (E.U., 2005), fue el primero que realizaron con tecnología digital. Con todo, sus personajes guardan todavía mucho del viejo estilo de la Disney. Es una experiencia extraña apreciar todo el aspecto visual del filme, dirigido por Mark Dindal, al ver a todos esos animalitos, de una clásica conceptualización disneyana, con una apariencia tridimensional.

En ese sentido, Chicken Little no propone mucho visualmente (ahora ya podemos ver dibujos animados de Mickey Mouse, Donald, etc., animados tridimensionalmente), pero su personaje principal, un pollito con gafas, acomplejado por su tamaño, tiene el suficiente atractivo y gracia para que el filme se pueda ver, con algunos gags graciosos y otros no tanto.

Zach Braff da voz a Chicken Little, un pollito nervioso, alarmista y paranoico, que tiene la costumbre de asustar a todos los habitantes de su pueblo (animales variados: osos, leones, conejos, perros, etc.). Su padre, un gallo viudo (voz de Garry Marshall), vive avergonzado por las disculpas que tiene que ofrecer por las falsas alarmas de su hijo, lo que provoca otro trauma a la ya de por sí difícil existencia de Chicken Little.

El filme de Dindal tiene un buen comienzo, en el que la Disney se atreve a ser autoparódica, en un relato con tintes de comedia costumbrista, hasta que tiene un inesperado giro que se quiere fantástico: un pedazo del cielo cae justo en la habitación de Chicken Little. De este delirio fantástico, en cierta medida atractivo por su comicidad (la forma en que los personajes lo aprovechan como espejo), la película se transforma en una aventura de ciencia ficción, tomada directamente de... ¡La Guerra de Los Mundos!

Será por la fiebre que causó en su momento la adaptación de Spielberg de esta obra literaria de H.G. Wells, o por lo que sea, pero lo que era en un principio un simpático relato, se convierte en una poco original revisión infantil de La Guerra de los Mundos. Mientras, la edición y los gags se van tornando cada vez más caóticos.

En efecto, la invasión de unos extraterrestres que manejan artefactos de grandes tentáculos, y lanzan rayos de calor para desintegrar a uno que otro animalito desprevenido, será el pretexto para que Chicken Little tenga su momento heroico edificante, y aquí vendrá el otro plagio: la historia de E.T., con el rescate que tiene que hacer el pollito de un extraterrestre bebé, peludo, naranja y con tres ojos, que supuestamente han olvidado los platillos voladores.

Habrá momentos tanto exasperantes (los amigos de Chicken Little, un voluminoso cerdito y una patita fea, son unos desafortunados personajes cliché), como graciosos (casi todos a cargo del pollito). Sin embargo, nada lo suficientemente imaginativo y original, como para ser un buen debut de la Disney en las tecnologías digitales. La película sigue el camino de la Pixar, Fox y Dreamworks: el tipo de bromas de la primera, las pretensiones paródicas de la última, los créditos finales, etc., en una elemental historia sobre las complicadas relaciones entre un padre y su hijo, al estilo del Finding Nemo de la Pixar. En fín, el esfuerzo es válido para la Disney, todavía hay mucho trecho por explorar para esta legendaria casa de animación en el rubro digital.

miércoles, 30 de enero de 2008

DVD: FA YEUNG NIN WA * * * *

El realizador chino Won Kar-Wai ha destacado por ser un profundo analista de las relaciones humanas y sus intrincados mundos, como lo demostró, por mencionar algún ejemplo, en la intrigante Happy Together (1997), retrato doloroso y sensible sobre la relación amorosa de una pareja homosexual. Won Kar-Wai, nunca complaciente, con una capacidad artesanal prodigiosa y un admirable talento para la puesta en escena, narra en Deseando Amar (Huayang Nianhua, Hong Kong-Francia, 2000) otro relato romántico, sobre el amor, el sufrimiento y la devoción en las relaciones humanas.

Deseando Amar es austera en sus detalles argumentales, contrastando con el entorno colorido y ágil de sus personajes. A pesar de ser una película romántica, no existirán escenas eróticas de ningún tipo, tan sólo ligeros flirteos entre el Sr. Chow (Tony Leung) y la señora Li-Zhen (Maggie Cheung), pequeños acercamientos que experimentan en una relación platónica, dentro de la que logran establecer una profunda complicidad, donde los gestos, las actitudes y las miradas sustituyen palabras y frases.

Chow y Li-Zhen se conocen en una casa de huéspedes, a la cual llegan con sus respectivas parejas. Los rumores sobre una posible relación entre ellos, no se dejarán esperar en el concurrido lugar, cuando en realidad el único contacto entre ambos son pequeños saludos y pláticas en los pasillos de la casa, y en las calles cercanas. Sin embargo, sus vidas, temores, frustraciones y desencantos, son revelados a través de su miedo a estar siendo engañados por sus respectivas parejas, lo que originará una amistad íntima, que no provocará otra cosa que hacerlos sentir más solos.

El manejo de la cámara y la fotografía acentuará el ambiente íntimo y de complicidad entre los dos personajes, recurriendo a encuadres extremos, forzados, en ocasiones muy cerrados. Li-Zhen encuentra en su afición al cine su refugio y escape a la triste realidad que la envuelve, y Chow en su trabajo para un periódico como jefe redactor, en sus cenas callejeras con tallarines, luz y humo. El diseño de arte, muy realista y cuidado en sus detalles, subraya la sensualidad latente entre los personajes, atormentados por la rutina.

Los rostros de sus parejas, curiosamente, nunca son revelados, como si la fuente de las frustraciones de Chow y Li-Zhen fueran sus cónyuges. El Leit motiv musical, una bella pieza en cello a cargo de Shigeru Umebayashi, es magnífico y sirve para complementar y dar más forma a la personalidad de Li-Zhen, al escucharlo cada vez que la vemos caminar y congelarse a lo lejos.

En la tranquila conclusión de la película no habrá los mares de lágrimas, o consecuencias trágicas como podría esperarse, ya que Won Kar-Wai escapa a las complacencias típicamente occidentales del cine hollywoodense. Las virtudes de este sensible trabajo están en su delicada narración, en su excelente ejercicio fotográfico de color, luces y sombras (las escenas nocturnas filmadas en la calle son notables), además de estar libre de discursos moralizantes, que terminarían echando por la borda la inocencia y fragilidad de sus personajes.

lunes, 28 de enero de 2008

DVD: BRAM STOKER'S DRACULA * * * * *

La adaptación al cine más cercana al seminal libro sobre el Conde Drácula, escrito por el irlandés Bram Stoker en 1897, es el proyecto de Francis Ford Coppola, Bram Stoker’s Drácula (E.U., 1992), su ultraestilizado acercamiento a uno de los monstruos más clásicos del cine, gracias a las películas de la Universal en los 1930. Las películas de la Universal contribuyeron a forjar la obscura e icónica imagen del conde Drácula: cabello relamido, orejas puntiagudas y su infaltable capa y traje negros. El intento del germano F.W. Murnau, en Nosferatu (1922), clásico filme mudo de horror, si bien conservó muchas partes del argumento original de la novela, la viuda de Stoker no quiso vender a Murnau los derechos del Drácula de su difunto esposo, por lo que el realizador tuvo que cambiar muchos elementos de la trama, en la película, como los nombres de los personajes.

Lo fundamental del filme de Coppola, es que rompió con la clásica y desgastada imagen del Drácula de la Universal, inmortalizada por Bela Lugosi en la película de 1931 (dirigida por Todd Browning), para apostar por la de un conde más apegado a la figura histórica en la que Stoker se inspiró, es decir, el príncipe Vlad de Rumania, quien vivió a mediados del siglo XV y que defendió su país de la invasión musulmana, con la fama de empalar a sus prisioneros de guerra. El Drácula de Coppola (interpretado magistralmente por Gary Oldman), se encuentra entre la imagen histórica de Vlad y una más andrógina, excéntrica y kitsh, esto en su faceta de anciano y solitario conde, en 1895, triste por la pérdida de su amada Elisabeta (Winona Ryder), quien se suicidó al creerlo muerto en su guerra contra los turcos.

Coppola y su guionista James V. Hart, agregaron al filme una historia de amor que no existía en la novela de Stoker, una verdadera audacia en la película: tenemos a un Drácula ambiguo y torturado, condenado al romper su fidelidad a Dios y vender su alma al diablo, al culparlo por la muerte de Elizabeth, convirtiéndose en el vampiro demoniaco que ha sido durante 400 años, que debe alimentarse de sangre para vivir. Además, Drácula sufre también por amor. Cuando el abogado Jonathan Harker (Keanu Reeves), hospedado en el castillo de Drácula para cerrar un contrato de bienes raíces, le muestre una fotografía de su prometida, Mina (Winona Ryder también), este verá que es la viva imagen de Elisabeta y creerá que ha reencarnado. Luego de secuestrar a Harker en su castillo, custodiado por sus tres bellas mujeres vampiro (Monica Bellucci hacía una de ellas), Drácula viajará hasta Londres para buscar a Mina, tratar de refrescarle la memoria de su otra vida y conquistarla de nuevo.

En la novela, Mina y Drácula jamás tienen el pasional romance que sostienen en el filme, pero el guión sigue la misma estructura narrativa del libro, que cuenta la historia en la forma de un diario, con escritos de Johnathan y de Mina, notas periodísticas, etc., y aquí domina el punto de vista del Dr. Van Helsing (Anthony Hopkins, espléndido), médico ocultista y experto en asuntos esotéricos, el narrador principal, que ha estado buscando a Drácula por años.

La película, es un ejercicio estético impresionante. Resulta más que notable el diseño de producción de Thomas E. Sanders (nominado al Oscar), que ambienta, con cuidado en los mínimos detalles, la Inglaterra victoriana, con referencias incluso a la invención del cine (la llegada de Drácula a Londres, está filmada en cámara rápida, emulando al cine silente). De hecho, la edición es una inagotable sucesión de imágenes delirantes, unidas por sutilezas, como aquella secuencia del viaje en tren de Jonathan a Transilvania, mientras escribe su diario, o aquella en la que la mirada lejana de Drácula se transforma en la pluma de un pavo real, que nos lleva a una fiesta en casa de Mina.

Vale decir que el trabajo de maquillaje (ganador de un Oscar) nos permitió conocer las facetas de Drácula explicadas en la novela, tanto en su forma de vampiro, pero no el clásico murciélago negro que colgaba de un hilo, sino un temible vampiro con forma humana (maquillaje de pies a cabeza), como en su forma de hombre-lobo.

Si por algo destaca, a mi juicio, esta particular adaptación de Coppola de la novela de Stoker, es que la historia romántica de Elisabeta/Mina y Drácula, no era la cursilería melosa que podría uno pensar. El romance entre Mina y Drácula era convincente, y lograba encajar a la perfección (hasta el personaje clásico del loco Renfield, a cargo de Tom Waits, siervo de Drácula y encerrado en el manicomio, embonaba bien en la premisa) dentro de la trágica condena del conde a vivir como vampiro a causa del amor por una mujer. Al final, era el amor de esa mujer el que podía salvarlo y, de paso, reconciliarlo con Dios.

++Se acaba de lanzar una edición especial para coleccionistas, con dos discos, uno con la película, y otro con con extras interesantes, como:
La sangre es la vida – El rodaje de Drácula
El vestuario es el decorado – El diseño de Eiko Ishioka
En la cámara – Los sencillos efectos visuales de Drácula de Bram Stoker
Método y locura – Visualizando Drácula de Bram Stoker
13 Escenas eliminadas inéditas , Introducción a la película: Drácula de Bram Stoker comentada por Francis Ford Coppola, Comentario de audio del director.
++También disponible en DVD Blu-Ray.

viernes, 25 de enero de 2008

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: TO SIR, WITH LOVE * * * *

Sydney Poitier interpretó uno de los maestros más memorables del cine en To Sir with Love (Reino Unido, 1967). La importancia de esta película, es que sirvió como modelo para los melodramas escolares de las dos últimas décadas, como The Death Poets Society (Weir, 1989), Dangerous Minds (Smith, 1995), The Emperors Club (Hoffman, 2002), Los Coristas (2004), entre otras. Poitier llevó a cabo el reto de interpretar al maestro Mark Thackeray dignamente, en un trabajo que merecía, por lo menos, una nominación al Oscar, pero fue rotundamente ignorado, aunque no despreciado por la crítica. Incluso, en 1996 se produjo una secuela para televisión, también protagonizada por Poitier, que no he podido ver, pero que pasó sin pena ni gloria.

La trama de la primera película, dirigida por el australiano James Clavell, giraba en torno al desempleado Mark, un ingeniero negro proveniente de la Guyana Británica, que debe tomar por necesidad un puesto de maestro dentro de una escuela para estudiantes problema. Será mucho lo que Mark tenga que enfrentar, no nada más un grupo de jóvenes indisciplinados, groseros y rebeldes, sino comentarios racistas en torno al color de su piel, e indiscreciones de todo tipo. Sin embargo, lejos de usar la fuerza con sus conflictivos alumnos, el estoico Mark, sea por la necesidad de conservar su empleo, sea porque para él representa un reto tomar por las riendas al grupo, soportará todo apenas mostrando un gesto de incomodidad y enfado: ruidos, bromas escandalosas, faltas de respeto, etc. Hasta que Mark decide llevar a cabo un experimento.

Lejos de parecer que la novela de E.R. Braithwaite, libro en el que está basada la película, tenga un intencional discurso revolucionario, por el hecho de que Mark tire los libros a la basura y considere inútil la enseñanza académica a sus incorregibles estudiantes, el realizador intenta transmitir un mensaje de soberana paciencia, que la letra no entra con sangre, sino tratar de entender a fondo los problemas de cada uno de los chicos: hogares conflictivos, pobreza, el trabajo combinado con el estudio para ayudar a sus familias.

Así, Mark empezará por hacerse amigo de sus estudiantes, les propondrá que cada día se trate el tema que ellos quieran. Les hablará de la familia, del matrimonio, de sexo, de relaciones sentimentales. Mientras, los chicos bombardearán a Mark con preguntas sobre su vida personal y su pasado, armándose así una muy interesante interacción entre el improvisado maestro y su grupo. La actuación de los jóvenes actores resulta magnífica (la mayoría de ellos debutantes), y en ese sentido, destaca la actuación de Judy Geeson como la guapa rubia Pamela, que se enamora platónicamente de Mark, o Christopher Chittell como el “rebelde sin causa” Potter, que le pondrá las cosas difíciles a Mark desde el principio.

Después de titánicos esfuerzos para ganarse a sus estudiantes, Mark logra convertirse en su amigo, y lo más importante: enseñarles modales, darles bases para convertirse en adultos modelos en el futuro. La actuación de Poitier es de las mejores en su carrera, un papel interpretado con fuerza, en una película que, contrario a lo que pueda parecer, huye de los discursos moralizantes, aleccionadores y chantajistas, para ofrecer un sensible reflejo de problemáticas estudiantiles, que no cambian con el paso de los años.

DVD: WE ARE MARSHALL * * 1/2

La historia contada en We Are Marshall (E.U., 2006), tal vez sea conocida nada más entre los fanáticos al fútbol: la tragedia que el estado de Oregon vivió en 1971, cuando el avión en el que viajaba el equipo de fútbol colegial de la Universidad Marshall, con entrenadores, porristas y seguidores del equipo, cayó en las afueras del pueblo de Huntington, muriendo todos en un accidente que paralizó a la población entera y la sumió en duelo. La tragedia amenazó incluso con la desaparición de la práctica del fútbol en dicha localidad.

Dirigida por el realizador televisivo y ocasional churrero McG (responsable del par de filmes Charlie’s Angels/2000 y Charlie’s Angels: Full Throttle/2003), podría decirse que We Are Marshall es su primer intento por hacer un filme más o menos serio, dramático. Aunque no hay mucho por lo cual entusiasmase. En realidad, We Are Marshall está sólo un paso delante de ser el convencional telefilme de fin de semana con temática deportiva, respaldada por una decente producción, en la que si algo destaca es su buena ambientación, su disfrutable banda sonora, para aquellos que vivieron los 1970.

Estamos ante el clásico filme deportivo de trama edificante, en el que vemos durante toda su parte intermedia los esfuerzos del presidente del consejo (eficaz David Strathairm), convencido por el capitán del equipo y los pocos jugadores que quedan, para formar un nuevo equipo y que su otrora, no tanto gloria, sino dignidad, resurja de las cenizas. A pesar de la escasez de recursos económicos, el presidente accede, y encuentra a un improvisado y desaliñado coach sureño, Jack Lengyel (buena interpretación de Matthew McGounaghey), con el suficiente entusiasmo como para empezar a buscar jugadores hasta por debajo de las piedras y meter de todo, desde jugadores de soccer, algún beisbolista y hasta basquetbolistas. Nada importará, ni siquiera el hecho de que ninguno sepa ni jota de futbol, mientras tengan el espíritu en alto.

Jack convencerá a Red Dawson (Matthew Fox), quien fuera asistente del anterior coach (pequeño papel interpretado por Robert Patrick), para volver a su antiguo trabajo, con la suerte de seguir con vida gracias a que no tomó el avión el día del fatal accidente. Será difícil para ambos, ya que Red se encuentra afectado emocionalmente por el accidente, así como por el dolor de ver muertos a todos los chicos que tanto trabajo costo entrenar y ver crecer como deportistas.

El principal problema de la película, es que para ser un filme sobre fútbol, lo que menos tiene es eso, apenas y un solo partido al final y que pasa rápido. Los Marshall no habrán sido un gran equipo (antes del accidente, el antiguo equipo estaba pasando por una mala racha de varios partidos perdidos), pero si por algo vale la pena recordarlos en pantalla, además de su dimensión trágica por la forma en que perecieron, es ver cómo contra viento y marea, el equipo renació.

McG no se complicó la vida en la realización, y si el filme se salva, es por su buen reparto principal: Matthew McConaghey, David Strathaim y Matthew Fox, que logran inyectarle mucha vida a una historia ligera, más que sencilla y lineal, es decir, más un melodrama que un activo filme deportivo. McG y su guionista Jamie Linden (basándose en una historia escrita por Cory Helms), quisieron darle un giro dramático a la trama, con personajes en perpetuo duelo, pero el filme difícilmente será pasable o interesante para quienes no sean aficionados al fútbol.


++La película sólo tuvo estreno comercial en E.U., mientras que en el resto del mundo únicamente se lanzó en DVD. La edición española contiene extras como los documentales "Entrenadores legendarios", "La Universidad de Marshall en la actualidad" y el trailer cinematográfico. Disponible desde el 20 de noviembre del 2007.

jueves, 24 de enero de 2008

DVD: THE NEVERENDING STORY * * * * *

Incontables veces he visto The Neverending Story (Alemania-E.U., 1984), a mi parecer uno de los mejores filmes infantiles, y además, de mis favoritos durante mi infancia y hasta la fecha. Adaptación de la novela fantástica homónima del fallecido escritor germano Michael Ende, Die Unendliche Geschichte (publicada en 1979), la película es un inteligente relato para niños (y no tan niños), que combinaba excelentes efectos especiales y una galería de impresionantes criaturas, en una época en la que los seres animados digitalmente de ahora, eran todavía un sueño lejano para los realizadores. Por supuesto, los escenarios de la tierra de Fantasía, lugar donde se ambienta la historia, eran también un artesanal trabajo que mezclaba efectos fotográficos, una lograda ambientación y decoración de sets, al igual que una acertada selección de locaciones.

La película tuvo dos secuelas, The Neverending Story II: The Next Chapter (George Miller, 1990), y The Neverending Story III (Peter McDonald, 1994), e incluso un par de teleseries producidas en 1996 y el 2001, ninguna del todo logradas, y que no le llegaron a los talones al magnífico trabajo conseguido por el realizador alemán Wolfgang Petersen, que apenas y llegó a plasmar en pantalla una parte de la extensa novela de Ende, dejando en el tintero muchos personajes y aventuras de Bastián Baltasar Bux (Barret Oliver, por cierto ¿qué habrá sido de él?), un soñador chico aficionado a los libros de aventuras, cuya madre murió y lleva una distante convivencia con su padre.

El relato de Ende, es una metafórica reelaboración de un rito de iniciación masónico, traducido a una aventura infantil, que apelaba al cada vez más escaso poder de la imaginación de los humanos, ocasionando que el reino de Fantasía se fuera destruyendo bajo el poder de la simbólica “Nada”, un mundo gobernado por una hermosa niña emperatriz, quien se encontraba muriendo por una causa que nadie lograba precisar.

Luego de escapar de unos fanfarrones compañeros del colegio, Bastián encuentra refugio en la librería de un anciano, de donde “tomará prestado” un libro que, según le advierte el dueño, “no es un libro para ti, porque no es como los demás”. Encerrado en el sótano de su colegio, Bastián pasará horas leyendo el libro, precisamente, de The Neverending Story, sobre cómo un niño cazador de origen indio, Atreyu (Noah Hathaway), intentará llevar a cabo la peligrosa y nada sencilla misión de salvar a Fantasía, y de encontrar una cura para la emperatriz.

La película tiene una de las escenas más trágicas que un niño (y un adulto, ¿por qué no?) pueda haber visto antes, cuando Atreyu y su caballo blanco, Artax, intentan cruzar el “pantano de la tristeza”. Llámeme sentimental, pero aun ahora al ver esa escena no se puede evitar sentir, al menos, un nudo en la garganta, así como sentir emoción al ver al joven Atreyu surcar los cielos montado en su dragón blanco con rostro de cocker spaniel, Falkor, el “Dragón de la Suerte”, su principal aliado en la aventura, al ritmo de la estupenda banda sonora escrita por Klaus Doldinger y Giorgio Moroder (por cierto, el tema principal escrito y cantado por Limahl, era también magnífico). En su travesía, Atreyu conocerá a una gigantesca tortuga pesimista, a una pareja de simpáticos duendes ancianos, un duende que volaba en un murciélago dormilón, un caracol veloz, un noble monstruo “come rocas”, etc., todo en un viaje iniciático en el que Atreyu deberá superar sus miedos, dejar atrás su niñez y encontrar su fortaleza interna, al enfrentarse al guardián del umbral, el G’mork, un diabólico lobo con su propia misión: matar a Atreyu.

El mensaje de la película, que repito, lograba impresionar con los añejos recursos de unos convincentes animatronics, mucho maquillaje y caracterizaciones cuidadas, era una bienvenida invitación para los niños a leer, a descubrir otros mundos a través de los libros, justo y como lo hacía Bastián. Gracias a su inquieta imaginación, Bastián lograba ir más allá del texto impreso e involucrarse a tal grado en la historia de Fantasía, cuya salvación, tal vez, estaba en sus manos.

++Existe una edición en DVD sencilla, que incluye extras como sinopsis, ficha técnica, ficha artística, biofilmografías, trailer, premios de la película, y otra edición especial para coleccionistas por el "20 Aniversario", con un empaque de lujo y otros extras, como galería de fotos, trailer, documental detrás de cámaras, premios de la película y un juego titulado "El juego de los Oráculos".

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