lunes, 11 de febrero de 2008

DVD: ADAPTATION * * * * *

Una broma sobre el Hollywood moderno, es uno de los calificativos que se le pueden aplicar al segundo largometraje del videoclipero Spike Jonze, Adaptation, E.U., 2002), en el que refleja a su más cercano colaborador, el guionista Charlie Kauffman (Nicolas Cage, magnífico y regordete), como un patético sujeto aspirante a guionista, que debe sobrevivir a la feroz maquinaria hollywoodense,

Charlie se encuentra en serias dificultades, sumergido en un bloqueo mental desesperante, al tener que adaptar el libro El Ladrón de Orquídeas, de la escritora Susan Orlean (Meryl Streep, en una actuación inquietante), pero tratando de mantenerse a raya completamente de todo convencionalismo barato y regla preestablecida.

Spike Jonze, que nos impresionó con su primer largometraje, la freudiana Being John Malkovich (1999), donde también hacía mofa sobre el peligroso oficio de la poderosa industria hollywoodense, hace mancuerna nuevamente con Kauffman (guionista de Being John Malkovich) en Adaptation, que surge con una premisa loca, descabellada y originalísima: Kauffman se pinta a sí mismo en una especie de pesadilla personal, como un inadaptado social, tímido, con la autoestima por los suelos y una incapacidad total para establecer relaciones afectivas. En varios puntos del filme, termina concluyendo que no podrá lograr su objetivo de adaptar el libro, al que no le ve ni pies ni cabeza, pero le parece fascinante de principio a fin.

A manera de auto análisis, Kauffman comparte el mismo techo y la misma profesión -aunque no los mismos principios vocacionales-, con un hermano gemelo "imaginario", su alter-ego Donald Kauffman (también Nicolas Cage). Mientras Charlie es idealista y cree en la plena libertad creativa, en contra de cualquier convención técnica y fórmula preestablecida, su hermano es lo opuesto. Donald también se encuentra escribiendo un guión (inspirado en alguna pésima película de Schwarzanegger), políticamente correcto, convencional y que sigue al pie de la letra los consejos de una especie de “gurú” de los guionistas (Brian Cox, magnífico en su pequeño papel). Charlie se verá así en la disyuntiva de venderse al sistema o seguir sus ideales.

La serie de imágenes que abren el filme, editadas en alta velocidad, que ilustran la transformación y evolución de la naturaleza, simbolizan el proceso creativo, la concepción de las ideas. De hecho, el título original de la película, carga un doble sentido. Por un lado, la "adaptación" de una obra literaria al cine, pero también es la adaptación del ser humano a su medio natural, esto en las aventuras de Susan Orlean con una suerte de pseudocientífico, sarcásticamente heterodoxo, (Chris Cooper, extraordinario), amante de las orquídeas y dedicado a buscar especies raras en peligro de extinción (incluyendo cierta droga que se extrae de cierto tipo de orquídea).

Por medio de un guión experimental (alternancia de tiempos, paralelismos, edición y ritmo frenéticos) tanto Jonze como Kauffman, crean un magistral y complejo relato sobre la creación literaria y el arte del escritor.

Sin embargo, el asunto no es tan solemne como suena. La película arranca risas, gracias a los enfrentamientos entre los dos Kauffmans, y hay escenas técnicamente impresionantes (¡ese choque que se mira y se siente desde el interior del auto!).

Spike Jonze y Charlie Kauffman son transgresores hasta la médula, de las formas estilísticas, de las normas, en un trabajo inclasificable, autocrítico y lleno de ironía, un gran relato experimental que habla sobre esa grandiosa idea que está en la cabeza de los escritores siempre, pero que no toma forma.

++Los extras que incluye el DVD son pocos, pero interesantes: ficha técnica, ficha artística, ficha de doblaje, biofilmografía del director y de los principales intérpretes, tráiler, entrevistas y featurette.

domingo, 10 de febrero de 2008

EL HOLLYWOOD DE AYER: THE BAND WAGON * * * *

Los últimos 20 minutos de The Band Wagon (E.U., 1953), son magistrales. Una película que, luego de flojear un poco en su primera hora, sorpresivamente se eleva al final por encima de lo que ofreció al principio. En aquellos últimos minutos que refiero, Fred Astaire ejecuta un maravilloso número musical, un pequeño relato gangsteril en el que la narración verbal de Astaire, sus estupendas coreografías y la musicalización, se conjuntaban para ofrecer un espectáculo, sencillamente, artístico.

Me atrevo a decir que este número musical, sirvió de inspiración al ahora decadente Michael Jackson en Moonwalker (Chilvers-Kramer-Vinton, 1988), donde el blanqueado y cirujeado bailarín, llevaba a cabo un número musical, vestido exactamente igual a Fred Astaire (traje y sombrero blanco), con su pandilla de gangsters desafiando la gravedad en un bar y hacer lo que mejor sabe: bailar, y dar giros sobre su propio eje.

Dirigida por Vincente Minnelli, The Band Wagon narraba el renacimiento de Tony Hunter (Astaire), otrora actor de cine, cantante y bailarín, convertido ahora en un simple y -algunas veces- chocante recuerdo. La prensa y Ava Gardner (que hacía una fugaz aparición en la película interpretándose a sí misma), son los únicos que recuerdan a Tony, hasta que a su retorno a Nueva York (en concreto a la calle 42, irreconocible para él), sus amigos Lester y Lily Marton (Oscar Levant y Nanette Fabray, respectivamente), matrimonio inmerso en la vida musical de Broadway, le proponen participar en un nuevo proyecto: una moderna reelaboración del Fausto, bajo la dirección de un emocional y excéntrico actor, Jeffrey Cordova (el británico y también actor de musicales Jack Buchanan).

Decía que el filme flojeaba durante la primera parte. En ella, Fred Astaire cantaba (y muy bien) más que bailar, cosa que se compensaba gracias a las excelentes y vivaces canciones que interpretaba junto al resto del reparto (escritas por Howard Dietz y Arthur Shwartz). El guión no era extraordinario, pero si tenía una particularidad destacable era el saber reflejar un interesante choque emocional-cultural, representado en el ya maduro Tony Hunter y la guapa bailarina de ballet clásico, Gaby Gerard (Cyd Charisse), la cual también participaría en la obra. Hunter era un bailarín y cantante popular, mientras Gaby pertenecía al universo del ballet, por lo que él está temeroso de no adaptarse al estilo de bailar de su compañera. Incluso Hunter se preocupará de no ser lo suficientemente alto para Gaby.

Algo que también perjudicaba al filme, es que se llevaba mucho tiempo en los ensayos, fallidos por las inseguridades de Hunter, la falta de acoplamiento entre todos los actores, los efectos especiales peligrosos y la total falta de entendimiento con la dirección de Cordova. Sin embargo, el aspecto interesante de este musical (considerado como uno de los mejores de la MGM), es que conforme avanzaba la trama, el relato se transformaba en una especie de reflexión paródica de un Fred Astaire ya entrado en años (evidentes en los primeros planos que Minelli le hacía a su rostro), así como una revisión tragicómica de su notable carrera artística.

EL HOLLYWOOD DE AYER: IN THE GOOD OLD SUMMERTIME * * * *

Una de las comedias más entretenidas de Judy Garland es In The Good Old Summertime (E.U., 1949), reelaboración de la comedia The Shop Around The Corner, dirigida por Ernst Lubitsch (1940). La historia era prácticamente la misma, sólo que la acción se trasladaba de Hungría a Chicago, a principios de siglo XX. Dirigida por Robert Z. Leonard, entre el reparto de la película se encontraba el actor húngaro S.Z. Sakall, interpretando al Sr. Otto Oberkugen, dueño de una bonita y bien surtida tienda de música, en la que trabajan un estirado y vanidoso empleado, Andrew (Van Johnson), Hyckey (actuación especial de Buster Keaton), el sobrino pasmado y torpe de Oberkugen, la amable señora Nelly (Spring Byington) y el eficiente empleado Rudy Hansen (Clinton Sundberg).

El centro argumental del filme, es el romance por correspondencia que mantienen Andrew y una atractiva chica, Veronica Fisher (Judy Garland), que un día llega a pedir trabajo a la tienda, consiguiendo un puesto de vendedora gracias a que usa su gran voz y talento musical para captar clientes. Los constantes enfrentamientos entre Andrew y Verónica, por celos profesionales entre ellos, es lo que atrapa de la película, además del hecho de que ninguno de los dos sospecha que el uno es el amor por correspondencia del otro.

La pareja romántica formada por Van Johnson y Judy Garland funcionaba de maravilla, y la película era un medio perfecto para que la Garland se luciera como la buena cantante que era. El eficiente Van Johnson tenía por igual una buena actuación, en una película que era una screwball comedy, con un elemento de suspenso bien llevado en el asunto de la relación por correspondencia entre los protagonistas.

Leonard supo encontrarle el humor a toda esta situación, a pesar de que la trama se desarrollaba la mayor parte del tiempo dentro de la tienda, donde tenían lugar dos gags pequeños pero funcionales: las torturas auditivas que causaba el Sr. Oberkugen a sus empleados cuando tocaba su violín Stradivarius, y la venta que tenían que hacer de casi 100 arpas.

Canciones memorables como “I Don’t Care”, “Wait Till the Sun Shines, Nellie”, o la canción del título, “In the Good Old Summertime”, y todas eran interpretadas magníficamente por Judy Garland. Los números musicales encajaban perfectamente bien con el argumento, y convertían al filme en un musical muy entretenido. Vaya, que incluso Buster Keaton tenía cinco minutos de comedia física.

Aunque el final se cuelga mucho en ese suspenso en el que Andrew mantiene a Verónica, antes de confesarle a la temperamental chica la verdad sobre las cartas de amor, este remake de la película de Lubitsh era, claro, sumamente comercial, que tenía de por medio una costosa producción. Por si no lo había notado, una Liza Minelli bebé, hija de Judy Garland, hacía una aparición especial en la escena final de la película.

sábado, 9 de febrero de 2008

CINE ANIMADO: BACK TO GAYA * *

Back to Gaya (España-Alemania-Reino Unido, 2004) es una clara respuesta de Europa a las grandes producciones de la Dreamworks o Pixar de Hollywood, una película fallida pero con una impresionante factura visual, evidente en su primera mitad, cuando se nos presenta de una forma estridente y espectacular el nada original mundo de Gaya.

Dirigida por los germanos Lenard Fritz Krawinkel y Holger Tappe, Gaya será una mezcla de la Tierra Media de Lord of the Rings, con un poco de la nueva trilogía de Star Wars. Gaya está habitada por dos razas antagónicas, los buenos gayanos, extraños seres que parecen una cruza de perro con cabra; y los horribles y tramposos snurks, con facha de orcos al estilo Tolkien.

La fuerza de Gaya radica en una piedra mágica. Luego de una atractiva carrera (copiada de la que ocurría en el Episodio I de Star Wars/Lucas/1999, aquella de las moto-naves en el desierto), la mentada piedra desaparecerá y el gobernador de Gaya encargará al seguro Zino (voz de Glenn Wrage) y al genio de anteojos Boo (voz de Alan Mariot), acompañados por la atractiva Alanta (voz de Emily Watson), que vayan en su busqueda.

Los gayanos competirán contra los snurks en la búsqueda de la piedra, y en ese viaje que emprenden al mundo de los humanos, será donde toda la magia que prometía el asunto se pierde por completo. Nuestros aventureros tendrán que lidiar con un escenario obscuro y decadente, de alcantarillas, basura, ratas, cocodrilos, deformes borrachos, un calvo y demente villano, etc.. Sin embargo, la trama toma un giro inesperado, cuando ya sin dar para más la trama, las gayanos y los snurks se topen con un anciano y pobre dibujante, clave para entender su origen.

El problema principal de Back to Gaya, es que los realizadores se centraron tanto en el acabado visual del filme, casi realista en los movimientos y configuración de sus personajes, que descuidaron por completo el hacer una historia entretenida, interesante y menos derivativa. Para el final, la dichosa piedra termina importando un bledo, y Gaya acaba en el olvido total. ¿Para qué viajar a una fea ciudad humana, cuando Gaya era un terreno más fértil para que los guionistas echaran a volar su imaginación? Sólo ellos lo sabrán.

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: THE INCREDIBLE SHRINKING MAN * * * *

Con el reciente estreno de I Am Legend (Francis Lawrence, 2007), adaptación de la novela homónima de Richard Matheson, vale la pena recordar otro filme clásico basado en la obra literaria de este escritor, especialista en relatos de ciencia ficción, The Incredible Shrinking Man (E.U., 1957), de la cual ya se prepara un remake, a producirse este 2008. Dirigida por Jack Arnold, la película es un entretenido relato por sus logradas escenas de acción, sobre la paranoia relacionada con la energía nuclear en la postguerra, como sucedió en aquella época con otros filmes que contaron historias basadas en los miedos por la falta de control de la energía nuclear y sus experimentos. En The Incredible Shrinking Man no se hacía referencia directa al tema nuclear, pero se sentía implícito desde el inicio, en el fatal destino de su protagonista, Scott Carey (Grant Williams), cuando este y su esposa fueron sorprendidos en medio del océano, navegando tranquilamente en su yate, por una inmensa niebla, que nada más alcanzaba a cubrir a Scott.

Nunca se sabe nada de esta niebla, ni de lo que estaba formada, ni de donde provenía. Lo único que sabremos es que Scott, a partir de ese día, comenzaba gradualmente a encogerse. Su ropa le empezaba a quedar grande, y los médicos no acertaban a encontrar una explicación o cura para este extraño padecimiento, que lo estaba convirtiendo en un fenómeno sensacionalista para los medios de comunicación, al tiempo que su matrimonio se hundía por este hecho. La primera parte de la película, adaptada por el mismo Richard Matheson, era la torturante crónica de un hombre, que veía a las personas y a los objetos a su alrededor agigantarse, involucrándonos con su narración en off sobre la angustia de ver su imparable empequeñecimiento, hasta ser tan minúsculo como para caber dentro de una casa de muñecas. Aquí, su terrible y peligrosa aventura comienza, cuando su propia casa se convierte en un extraño mundo lleno de peligros, empezando por su propio gato. La mayor parte de la aventura de Scott se desarrollará en el sótano, donde enfrentará una araña, inundaciones, trampas, etc.

Como película de aventuras, The Incredible Shrinking Man funcionaba a la perfección, en especial, por sus notables efectos especiales y gran despliegue de producción, que literalmente nos sumergía de manera convincente en un asfixiante mundo gigantesco, logrado tan sólo con simples efectos fotográficos y fotomontajes, muy logrados para la época. Este desesperanzador relato, no tenía un happy-end propio de un filme palomero de aventuras. No había salida para Scott, no había marcha atrás para su padecimiento, seguiría encogiéndose sin remedio, hasta ser de un tamaño microscópico y acabara desapareciendo, fundido con el universo, las estrellas, la naturaleza, según decía en su narración. Es un toque new-age adelantado para su época, al ver cómo Scott trascendía a través de su propia desgracia.

jueves, 7 de febrero de 2008

CINE ANIMADO: ALICE OF WONDERLAND IN PARIS * * *

El respetado animador estadounidense Gene Deitch (Chicago, 1924), tomó como pretexto el libro escrito por Lewis Carroll, Alice in Wonderland, para hacer un recorrido por otros entrañables cuentos populares en el filme animado Alice of Wonderland in Paris (E.U., 1966). A Gene Deitch se le recuerda por haber dirigido varios cortos animados de Popeye desde 1953, y por haber ganado la Concha de Oro en 1969 por el corto Obri. La película abría con Alice leyendo un libro sobre los cuentos de Madeline. Desde el inicio manifiesta su ilusión por conocer a esta niña, que vive en París. Un muy profesional, pero simpático ratón, Anatole (que vendría a ser el equivalente del nervioso conejo del libro de Carroll), le propone a Alice llevarla a conocer a Madeline, no sin antes platicarle un poco sobre su trabajo como catador de quesos en la fábrica “Duval”.

Anatole y Alice llegan a Paris viajando por el drenaje. Mientras el ratón le habla sobre las maravillas arquitectónicas de la ciudad, llegan a la Embajada de España, donde inicia la primera historia sobre Pepito, hijo del embajador español, niño travieso que gusta de molestar a las niñas de una escuela cercana, en donde estudia Madeline, además de ser cruel con los animales. Sus padres no saben qué hacer con él, hasta que, en una de sus travesuras, acaba siendo atacado por unos perros, para luego ser salvado por Madeline, sus amigas y una monja, operando en el desafortunado Pepito un cambio de actitud positivo.

Anatole, preocupado por darle de comer a su familia, con sus aventuras catando quesos de manera oculta en la fábrica, es descubierto y contratado por el señor Duval. De hecho, el ratón roba todo el protagonismo a la famosa Alice.

La historia más divertida, es aquella de un “principito”, que sufre por tener un poco agraciado gesto de enojo en el rostro. Anatole nos narra que el niño príncipe no podía reír. Su padre, preocupado por la situación, lo lleva con un brujo para buscar alguna solución. La respuesta estará en una sonriente princesa, que le regalara una sonrisa al príncipe para quedar curado.

El estilo de Deitch se basa en graciosos fondos, dibujados con una línea muy suelta, y una técnica de animación caracterizada por el mínimo movimiento de los personajes. De hecho, es más cercana a teleseries de la época. Alice in Paris era una película animada infantil, a pesar de cierto humor negro manejado en las historias, más rescatable por eso que por su técnica de animación.

DVD: THE RECRUIT * * 1/2

James Clayton (Colin Farrell) es un talentoso decodificador que, junto a otros amigos, ha desarrollado una tecnología capaz de infiltrarse en las redes informáticas. Para vivir, trabaja como barman, hasta que un día aparece Walter Burke (Al Pacino), agente de la CIA retirado del oficio, dedicado ahora a entrenar futuros espías. Burke le dirá a Clayton, que su oportunidad de salvarse de una vida rutinaria, común y, en el peor de los casos, mediocre, es ingresar a este “heroico” cuerpo de inteligencia secreta. No será fácil convencerlo.

El padre de Clayton, fue un reconocido agente de la CIA, que murió durante una misión, en condiciones desconocidas. Obsesionado por saber las verdaderas circunstancias de la muerte de su padre, Clayton se dejará convencer por Burke, convencido que entrando a la CIA podrá saber la verdad sobre el trágico destino de su padre.

The Recruit (E.U., 2003), es un monótono y enredado filme de suspenso y espionaje, escrito por Roger Towne, Kurt Wimmer y Mitch Glazer. El realizador Roger Donaldson, nos describe en la introducción, con cierta exageración y espectacularidad, los estrictos entrenamientos de la CIA y el desgaste físico que implica sumergirse en ese universo.

Durante su duro, desgastante y estricto programa de entrenamiento, Clayton conoce a Líala (preciosa Bridget Moynahan), una compañera de clases, cuya predecible relación se verá obstaculizada por las presiones de sus mentores para sobresalir en este ambiente demasiado competitivo. Para poner a prueba el talento y las notables capacidades de resistencia de Clayton, Burke decide asignarle una misión secreta a manera de prueba: desenmascarar a unos espías infiltrados en la CIA, que están extrayendo información confidencial.

Desde el comienzo de The Recruit, queda claro que anhelar pertenecer a la CIA es algo serio y nada fácil de lograr. Una institución que recuerda a sus miembros caídos con una estrella dorada puesta en un gran muro. Los poco afortunados, se conforman con realizar un simple trabajo de oficina.

"Nada es lo que parece", repetirá Burke hasta el cansancio, y en parte, resume la premisa de la película, con la que Donaldson consigue, eficazmente, darle a su trabajo un buen suspenso y paranoia. La intención es mostrar cómo la CIA, más que discípulos, acoge carne de cañón, que dentro de la misma no todo es precisión, perfección y la buena organización que presume. Ya Tony Scott lo hizo mucho mejor en Spy Game (2001), de la que Donaldson parece haberse inspirado.

El joven manipulado y explotado como discípulo de un hombre maduro y experimentado, parece ser la tendencia no nada más en los últimos filmes con Al Pacino, sino aquellos que involucran a la CIA, como una institución de imagen ambigua (la trilogía de Jason Bourne, The Good Shepherd/De Niro/2006). Es el mismo discurso sobre esa juventud a la que todavía le cuesta mucho trabajo identificarse con esta institución y, sobre todo, encajar en ella.

Colin Farrell y Bridget Moynahan a duras penas logran sacar adelante sus personajes, que resultan rígidos y elementales. El filme se salva por unas buenas secuencias de acción, donde la experiencia de Donaldson en filmes de suspenso político, como Thirteen Days (2000), thrillers como The Getaway (1994) o de ciencia ficción, como Species (1995), se nota.

miércoles, 6 de febrero de 2008

CINESPAÑA: LA CAJA 507 * * * 1/2

De los más recientes largometrajes del realizador Enrique Urbizo (su último trabajo fue el telefilme Adivina quién soy/2006), La Caja 507 (España, 2002) va un poco más allá de la convencional heist movie (es decir, película de grandes robos) hollywoodense, con acción, efectos especiales, bombazos y disparos por doquier incluidos. La Caja 507 está en la línea de Heat (Michael Mann, 1995), espectacular heist movie que ponía en el mismo escenario a dos grandes actores, Robert De Niro y Al Pacino, en un duelo a muerte y actoral sumamente atractivo, a pesar de que en realidad compartieron apenas y una escena en pantalla.

La Caja 507, escrita por el mismo Urbizo y Michel Gaztambide, se arriesga al mezclar dentro de la fórmula genérica de Hollywood, una intrincada trama de suspenso, que no por adolecer de fuerza deja de agregar interés a la película. Con todo, me parece que la película funciona más dentro de su parte de melodrama familiar, la que más peso tiene en toda la historia. Aquí, dos notables actores del cine español, Antonio Resines y José Coronado, el primero interpretando a Modesto, director de un banco, que deberá enfrentar el robo a la sucursal donde trabaja y el tener a su esposa en coma en el hospital; mientras el segundo interpreta a Rafael, un corrupto ex policia convertido en un experto asesino, en búsqueda de los ladrones que asaltaron el banco, ya que estos han extraído de la bóveda (la caja 507 del título) unos documentos valiosos, y hará todo, incluso sacrificar a su atractiva novia (Goya Toledo), para recuperarlos.

Años atrás, Modesto y su esposa sufrieron la muerte de su hija en un incendio forestal, aparentemente, ocurrido a causa de la sequía y los fuertes vientos. Sin embargo, el robo al banco, que deja a su mujer en coma, llevarán a Modesto a reabrir el caso, traer a la memoria dolorosos recuerdos, y a sospechar que el incendio tal vez no fue un accidente provocado por la naturaleza.

Ni Antonio Resines, ni José Coronado se verán las caras hasta la última parte de la película, como ocurría con De Niro y Pacino en el mentado filme de Mann. Mientras eso sucede, vamos presenciando unas excelentes actuaciones por parte de los dos histriones, dejando patente la versatilidad que los caracteriza. Resines como un templado hombre, inquieto por los deseos de vengar tanto a su mujer como a su hija fallecida, aunque será José Coronado quien se robe el filme, con una fuerte presencia en pantalla en su frío, duro, detestable y vulgar ex policia.

La realización de Urbizo es sencilla, sin muchas complicaciones, sabe donde colocar la cámara para conseguir encuadres atractivos, sabe situar al espectador en el punto neurálgico de la acción (el asalto al banco es destacable). La decisión de Urbizo es cuidar más a su par de protagonistas masculinos y sacar las notables actuaciones que ofrecen. Al final, Urbizo no se resiste al happy-end, creo que no se siente cómodo con la violencia que dejó ver en todo su filme y le da a Modesto un pequeño y tranquilo momento de gloria, observando el horizonte en la playa. No es mucho pedir para él después de todo.

martes, 5 de febrero de 2008

DVD: THE QUIET AMERICAN * * * *

El comienzo de The Quiet American (Alemania-E.U., 2002) es opresivo, un reflejo (a través de planos perfectamente compuestos, obscuros, cargados de una atmósfera irrespirable), de la relación conflictiva y tensa, de los dos protagonistas. The Quiet American se revela como un relato en tono épico sobre la falsedad en las relaciones sentimentales y la hipocresía.

Cuando Thomas Fowler (Michael Caine, excelentes), periodista británico, declara a un detective francés, encargado de investigar el asesinato del estadounidense Alden Pyle (Brendan Fraser), que "era un americano impasible", es como si tratara de justificar el trágico destino que tuvo este último.

La trama, dotada de muy buenas actuaciones, es tan simple como perturbadora en sus giros dramáticos. Fowler trabaja como reportero del London Times, cubriendo la guerra franco-indochina en el Vietnam de 1952. En una de sus constantes visitas al café del hotel en el que se hospeda, conocerá a Pyle, joven americano que, en un principio, pasa para Fowler como un médico voluntario, dentro del escenario de guerra que se vive en esa región. Al principio entablan una amistad seca, distante, debido a las discusiones que surgen entre ellos, en unas conversaciones que tienen lugar casi siempre en medio de las calles donde impera el caos.

Fowler tiene una amante vietnamita, Phuong (Do Thi Hai Yen), de la que Pyle queda prendado al verla por primera vez. A partir de ese momento, la chica se convertirá en la manzana de la discordia entre ambos amigos, teniendo como telón de fondo una resistencia nacional comandada por un tal general Theng, hombre que comienza a ser investigado por Fowler, al sospechar que recibe apoyos de otros países comunistas. Lo que no se espera el periodista, es que los estadounidenses financian el movimiento para liberar a Vietnam de los franceses.

Phillip Noyce es el responsable de este drama bélico, a través de una mirada depurada valiéndose del punto de vista de un personaje tan frío como Fowler, que encarna el ideal, tan poco probable, de un periodista inmerso en conflictos de tal envergadura. "Escribo lo que veo, sin involucrarme ni opinar al respecto", le confiesa el veterano periodista a Pyle, quien detrás de su juvenil apariencia encarna una inocente incorruptibilidad y romanticismo.

La dirección de Noyce es (por gracioso que parezca) igual de impasible que el carácter de los personajes. En escenas dantescas, con cadáveres esparcidos en la calle (impactante la secuencia del atentado con coche-bomba), no hay una postura política o ideológica clara por parte del director australiano. Noyce opta por darle al filme un tratamiento propio del reportero intrépido pero a la vez neutral, como lo es el propio Fowler, un personaje que realmente existió y cubrió varios escenarios bélicos por esa época, conocido incluso por el propio Michael Caine, cuando al histrión, durante su juventud, le dio por enlistarse en las campañas militares de su país, aspecto que en mucho le ayudó a interpretar de manera ejemplar este papel.

Basada en la novela homónima de Graham Greene, The Quiet American está fotografiada con maestría por Christopher Doyle, que huye del sentimentalismo gratuito y la violencia excesiva, para ilustrarnos un conflicto despojado del colorido exótico y el costumbrismo, para centrarse en el tono solemne de una relación romántica a punto de zozobrar, entre una mujer joven y un hombre maduro, en medio de una Vietnam que años después se vería sumergida en la peor guerra de su historia.

++ Disponible en una edición especial, que contiene extras como ficha técnica, ficha artística, biofilmografía, trailer, spots, galería de fotos, imágenes del rodaje, cómo se hizo, rueda de prensa, documental: "Anatomía de una escena", comentario del director (subtitulado), dossier con fotografías.

viernes, 1 de febrero de 2008

CLOVERFIELD * * * *

El ataque de un monstruo es registrado en video.
Si no se te ocurre nada nuevo, toma algo ya hecho y reinvéntalo. Los realizadores de Clovefield (E.U., 2008) supieron hacerlo y bien. De manera hábil, tomaron la idea sobre el falso documental (en su momento innovadora) de The Blair Witch Project (Myrick y Sánchez, 1999) y la aplicaron al clásico filme genérico de desastres y monstruos gigantes que invaden una gran urbe (King Kong, Godzilla,...). La apuesta del realizador televisivo Matt Reeves y el productor J.J. Abrams, es por el filme de ataques de monstuos más realista visto hasta ahora, recurriendo a elementos muy simples: un reparto de actores no muy conocido, emplear la obscuridad como elemento perturbador al ocultar aquello que es peligroso, amenazador para los personajes, y la más atractiva, nunca revelarnos en su totalidad la verdadera identidad del monstruo.

Lo que tendremos siempre frente a nosotros en pantalla, serán explosiones, edificios derrumbándose, puentes cayéndose a pedazos, escombros, y lo mejor, la cabeza de la estatua de la Libertad volando por los aires, para caer en plena calle junto a nuestros asustados protagonistas, engrosando la galería de imágenes antológicas de este icónico monumento destruido por alguna catástrofe.

Para los actores el proyecto estuvo en el mayor de los secretos, al darles unas cuantas hojas de guión con simples instrucciones, que pueden resumirse en una sola: huir corriendo y gritar asustados por un monstruo que nunca ven. A lo largo de la película, no dejaremos de estar en el centro mismo de la acción, de sentir lo mismo que sienten los protagonistas, luego de que una fiesta de despedida a un chico, Rob (Michael Stahl-David), que se va a trabajar a Japón (apunte-homenaje al país que ha hecho de estos filmes parte importante de su cine), se convierte en una pesadilla que durará toda una noche. Rob junto a otros amigos, incluyendo el que grabará todo en una handy-cam, deben escapar por donde les sea posible y sortear una serie de peligros, incluyendo las pequeñas crías del anónimo monstruo, esparcidas por ahí y por allá.

Cloverfield está por encima del género B de monstruos. Su propuesto está más cercana al cine experimental y el falso documental, en esa cámara temblorosa, nerviosa y mareadora que dominará todo el tiempo. Poco importará el origen del monstruo, de dónde proviene (no hay tiempo para densas explicaciones científicas como en Godzilla). La estrategia es irnos mostrando, durante la primera mitad, tan sólo algunas partes del monstruo, o ver sólo algo en obscuras tomas aéreas, sin que jamás sepamos cómo es realmente. Tan sólo podemos adivinar que luce como una mezcla de reptil y un alienígena, con cola y varias patas.

Lo importante en Cloverfield será ofrecer acción y destrucción sin descanso, durante una justa y adecuada hora y veinte minutos de duración. Por debajo de todo, habrá una simplona historia de amor, que tan sólo sirve para darles un pretexto más a los personajes para moverse. Cloverfield es una entretenida y adrenalínica película de desastres, que consigue su propósito de hacernos partícipes de la acción (hay un par de secuencias geniales al final, una dentro de un helicóptero y otra con el rostro del monstruo mirando directamente a la cámara), ideal si se quiere ir al cine a dejar de pensar y frenar las neuronas poco más de una hora.


EN CARTELERA: BUCKET LIST * * * 1/2

A estas alturas, un par de actores consagrados como Jack Nicholson y Morgan Freeman pueden permitirse todo (o casi) en sus prestigiadas carreras, hasta un filme como Bucket List (E.U., 2008), dirigida por el también actor Rob Reiner, una buddy movie que sigue sin muchas sorpresas las convenciones del género. Gracias a la poderosa presencia en pantalla y carisma de sus dos actores, el filme sale a flote sin dificultades durante la mayor parte del tiempo.

Nicholson y Freeman interpretan a dos enfermos terminales de cáncer, el primero como Edward, director del hospital en el que está internado, mientras el segundo interpreta a Carter, un tranquilo mecánico especialista en coches de carreras. Por supuesto, ambos serán dos polos opuestos, en sus formas de vivir y ver la vida, clase social, aunque eso no evitará que formen una amistad al compartir la misma habitación en el hospital.

El acercamiento no se dejará esperar, al atestiguar uno los padecimientos postoperatorios del otro, o las malas noches luego de las quimioterapias. Los médicos les han dado una esperanza de vida de 6 meses a 1 año, y por eso a Carter se le ocurre hacer una lista que contiene una serie de cosas por hacer antes de morir. Cuando esta lista caiga por accidente en manos del frívolo millonario Edward, este le propondrá elevarlo al máximo, haciendo cosas extremas y que sólo el dinero puede permitir: arrojarse en paracaídas, conducir autos de carreras con una pista para ellos solos, viajar alrededor del mundo en el avión privado de Edward e irse de safari, a conocer el Taj-Majal o las pirámides de Egipto.

Bucket List tiene una historia simple y su premisa es directa, sencilla y sin complicaciones: encuentra la felicidad en la vida. La química entre Nicholson y Freeman es natural, y como siempre, el primero se roba el filme, en su amplia sonrisa y su mirada malévolamente juguetona, como el excéntrico millonario, aparentemente sin hijos, pero solitario, al que le será inevitable ser tocado por la cálida filosofía de Carter, por el contrario, un hombre de familia, padre y abuelo, quien será contagiado por la vitalidad de Edward.

Gracias a esta agradable interacción entre ambos actores, la película de Reiner acaba teniendo varios momentos divertidos (la caída en paracaídas, la carrera de autos, etc.) y, en resumen, resultará ser un entretenimiento palomero de fin de semana. La trama escapa al llano chantaje sentimental, a pesar de su filosofía sobre alcanzar la felicidad, sin importar la edad que se tenga. El mensaje es bienvenido, aunque el tratamiento me pareció superficial y sin la profundidad que merecía. Tal vez estoy siendo algo exigente con una comedia hollywoodense, que sabe explotar, de manera hábil, a sus dos grandes actores, luciendo cómodos en sus personajes.

CINESPAÑA: TODOS LOS HOMBRES SOIS IGUALES * * * 1/2

Todos los Hombres Sois Iguales (España, 1994), es una de las más famosas screw-ball comedy españolas de los últimos años, cuyo punto fuerte en el funcional guión de Joaquim Oristrell, escrito junto a Yolanda García Serrano y Juan Luis Iborra, era su ácida burla hacía al machismo, no tanto del español promedio, sino aquel de clase acomodada, despreocupado habitante de algún lujoso pent-house del centro de Madrid. Dos años después, se produjo además una teleserie basada en el filme que, hay que reconocer, se robaba descaradamente la premisa de la comedia francesa Tres Hombres y un Bebé (Coline Serrau, 1985), sobre tres hombres que comparten un pent-house y viven a plenitud su soltería, hasta que llega a sus vidas un bebé, del cual terminan haciéndose cargo y encariñándose.

Dirigida por Manuel Gómez Pereira (El amor perjudica seriamente la salud/1996, Entre las Piernas/1999), también coautor del guión, aquí los tres hombres estarán encarnados por tres grandes estrellas del cine español contemporáneo: Juanjo Puigcorbé, como Joaquín, de carácter explosivo y violento, un piloto que está pasando por un conflictivo divorcio; luego Antonio Resines encarna a Manolo, locutor deportivo que fue abandonado por su esposa al sorprenderlo en la cama con otra mujer, y por último, Imanol Arias es Juan Luis, un ingeniero separado de su mujer, con dos hijos adolescentes y ahora enfrascado en una relación con una chica mucho más joven.

A la vida de los tres, quienes se conocieron en un vuelo piloteado por Joaquín, luego de descubrir que tenían mucho en común en las fallidas relaciones con sus mujeres (con flash- backs bastante graciosos), llegará una guapa empleada doméstica, Yoli (Cristina Marcos), a la que descaradamente querrán explotar, aunque ella sabrá cobrarse robándoles una que otra cosa, además de cobrarles horas extras.

La película es una comedia de humor machista y misógino, que es usado para exhibir todas las debilidades y flaquezas de sus tres patéticos personajes. El hilo conductor serán los problemas de Joaquín, quien se encuentra luchando con su ex esposa para poder ver más tiempo a su hijo. Pero no hay que crearnos una idea errónea del filme de Gómez Pereira. De hecho, el motor de la película es la lucha de sexos, en tanto en los personajes femeninos veremos a mujeres fuertes, que luchan por su independencia laboral, que no dejan que sus ex cónyuges les vean la cara, etc. Por ejemplo, Yoli nunca se dejará de los abusos de sus tres empleadores, a quienes de vez en cuando se les irá la mano (en el sentido literal del término) con ella y las dificultades vendrán, cómo podrá esperarse, cuando los tres empiecen a sentirse atraídos a la –en apariencia- indefensa chica.

En resumidas cuentas, el asunto no es tan solemne como suena. Todos los hombres........, es una comedia muy disfrutable y divertida, para reírnos sin culpa sobre la crisis de la madurez de unos cuarentones, negados a madurar, a tomar responsabilidades y dispuestos a confrontar a las mujeres que quieran hacerles ver su suerte.

jueves, 31 de enero de 2008

CINE ANIMADO: CHICKEN LITTLE * * 1/2

La Disney cumplió su palabra, y su largometraje animado Chicken Little (E.U., 2005), fue el primero que realizaron con tecnología digital. Con todo, sus personajes guardan todavía mucho del viejo estilo de la Disney. Es una experiencia extraña apreciar todo el aspecto visual del filme, dirigido por Mark Dindal, al ver a todos esos animalitos, de una clásica conceptualización disneyana, con una apariencia tridimensional.

En ese sentido, Chicken Little no propone mucho visualmente (ahora ya podemos ver dibujos animados de Mickey Mouse, Donald, etc., animados tridimensionalmente), pero su personaje principal, un pollito con gafas, acomplejado por su tamaño, tiene el suficiente atractivo y gracia para que el filme se pueda ver, con algunos gags graciosos y otros no tanto.

Zach Braff da voz a Chicken Little, un pollito nervioso, alarmista y paranoico, que tiene la costumbre de asustar a todos los habitantes de su pueblo (animales variados: osos, leones, conejos, perros, etc.). Su padre, un gallo viudo (voz de Garry Marshall), vive avergonzado por las disculpas que tiene que ofrecer por las falsas alarmas de su hijo, lo que provoca otro trauma a la ya de por sí difícil existencia de Chicken Little.

El filme de Dindal tiene un buen comienzo, en el que la Disney se atreve a ser autoparódica, en un relato con tintes de comedia costumbrista, hasta que tiene un inesperado giro que se quiere fantástico: un pedazo del cielo cae justo en la habitación de Chicken Little. De este delirio fantástico, en cierta medida atractivo por su comicidad (la forma en que los personajes lo aprovechan como espejo), la película se transforma en una aventura de ciencia ficción, tomada directamente de... ¡La Guerra de Los Mundos!

Será por la fiebre que causó en su momento la adaptación de Spielberg de esta obra literaria de H.G. Wells, o por lo que sea, pero lo que era en un principio un simpático relato, se convierte en una poco original revisión infantil de La Guerra de los Mundos. Mientras, la edición y los gags se van tornando cada vez más caóticos.

En efecto, la invasión de unos extraterrestres que manejan artefactos de grandes tentáculos, y lanzan rayos de calor para desintegrar a uno que otro animalito desprevenido, será el pretexto para que Chicken Little tenga su momento heroico edificante, y aquí vendrá el otro plagio: la historia de E.T., con el rescate que tiene que hacer el pollito de un extraterrestre bebé, peludo, naranja y con tres ojos, que supuestamente han olvidado los platillos voladores.

Habrá momentos tanto exasperantes (los amigos de Chicken Little, un voluminoso cerdito y una patita fea, son unos desafortunados personajes cliché), como graciosos (casi todos a cargo del pollito). Sin embargo, nada lo suficientemente imaginativo y original, como para ser un buen debut de la Disney en las tecnologías digitales. La película sigue el camino de la Pixar, Fox y Dreamworks: el tipo de bromas de la primera, las pretensiones paródicas de la última, los créditos finales, etc., en una elemental historia sobre las complicadas relaciones entre un padre y su hijo, al estilo del Finding Nemo de la Pixar. En fín, el esfuerzo es válido para la Disney, todavía hay mucho trecho por explorar para esta legendaria casa de animación en el rubro digital.

miércoles, 30 de enero de 2008

DVD: FA YEUNG NIN WA * * * *

El realizador chino Won Kar-Wai ha destacado por ser un profundo analista de las relaciones humanas y sus intrincados mundos, como lo demostró, por mencionar algún ejemplo, en la intrigante Happy Together (1997), retrato doloroso y sensible sobre la relación amorosa de una pareja homosexual. Won Kar-Wai, nunca complaciente, con una capacidad artesanal prodigiosa y un admirable talento para la puesta en escena, narra en Deseando Amar (Huayang Nianhua, Hong Kong-Francia, 2000) otro relato romántico, sobre el amor, el sufrimiento y la devoción en las relaciones humanas.

Deseando Amar es austera en sus detalles argumentales, contrastando con el entorno colorido y ágil de sus personajes. A pesar de ser una película romántica, no existirán escenas eróticas de ningún tipo, tan sólo ligeros flirteos entre el Sr. Chow (Tony Leung) y la señora Li-Zhen (Maggie Cheung), pequeños acercamientos que experimentan en una relación platónica, dentro de la que logran establecer una profunda complicidad, donde los gestos, las actitudes y las miradas sustituyen palabras y frases.

Chow y Li-Zhen se conocen en una casa de huéspedes, a la cual llegan con sus respectivas parejas. Los rumores sobre una posible relación entre ellos, no se dejarán esperar en el concurrido lugar, cuando en realidad el único contacto entre ambos son pequeños saludos y pláticas en los pasillos de la casa, y en las calles cercanas. Sin embargo, sus vidas, temores, frustraciones y desencantos, son revelados a través de su miedo a estar siendo engañados por sus respectivas parejas, lo que originará una amistad íntima, que no provocará otra cosa que hacerlos sentir más solos.

El manejo de la cámara y la fotografía acentuará el ambiente íntimo y de complicidad entre los dos personajes, recurriendo a encuadres extremos, forzados, en ocasiones muy cerrados. Li-Zhen encuentra en su afición al cine su refugio y escape a la triste realidad que la envuelve, y Chow en su trabajo para un periódico como jefe redactor, en sus cenas callejeras con tallarines, luz y humo. El diseño de arte, muy realista y cuidado en sus detalles, subraya la sensualidad latente entre los personajes, atormentados por la rutina.

Los rostros de sus parejas, curiosamente, nunca son revelados, como si la fuente de las frustraciones de Chow y Li-Zhen fueran sus cónyuges. El Leit motiv musical, una bella pieza en cello a cargo de Shigeru Umebayashi, es magnífico y sirve para complementar y dar más forma a la personalidad de Li-Zhen, al escucharlo cada vez que la vemos caminar y congelarse a lo lejos.

En la tranquila conclusión de la película no habrá los mares de lágrimas, o consecuencias trágicas como podría esperarse, ya que Won Kar-Wai escapa a las complacencias típicamente occidentales del cine hollywoodense. Las virtudes de este sensible trabajo están en su delicada narración, en su excelente ejercicio fotográfico de color, luces y sombras (las escenas nocturnas filmadas en la calle son notables), además de estar libre de discursos moralizantes, que terminarían echando por la borda la inocencia y fragilidad de sus personajes.

lunes, 28 de enero de 2008

DVD: BRAM STOKER'S DRACULA * * * * *

La adaptación al cine más cercana al seminal libro sobre el Conde Drácula, escrito por el irlandés Bram Stoker en 1897, es el proyecto de Francis Ford Coppola, Bram Stoker’s Drácula (E.U., 1992), su ultraestilizado acercamiento a uno de los monstruos más clásicos del cine, gracias a las películas de la Universal en los 1930. Las películas de la Universal contribuyeron a forjar la obscura e icónica imagen del conde Drácula: cabello relamido, orejas puntiagudas y su infaltable capa y traje negros. El intento del germano F.W. Murnau, en Nosferatu (1922), clásico filme mudo de horror, si bien conservó muchas partes del argumento original de la novela, la viuda de Stoker no quiso vender a Murnau los derechos del Drácula de su difunto esposo, por lo que el realizador tuvo que cambiar muchos elementos de la trama, en la película, como los nombres de los personajes.

Lo fundamental del filme de Coppola, es que rompió con la clásica y desgastada imagen del Drácula de la Universal, inmortalizada por Bela Lugosi en la película de 1931 (dirigida por Todd Browning), para apostar por la de un conde más apegado a la figura histórica en la que Stoker se inspiró, es decir, el príncipe Vlad de Rumania, quien vivió a mediados del siglo XV y que defendió su país de la invasión musulmana, con la fama de empalar a sus prisioneros de guerra. El Drácula de Coppola (interpretado magistralmente por Gary Oldman), se encuentra entre la imagen histórica de Vlad y una más andrógina, excéntrica y kitsh, esto en su faceta de anciano y solitario conde, en 1895, triste por la pérdida de su amada Elisabeta (Winona Ryder), quien se suicidó al creerlo muerto en su guerra contra los turcos.

Coppola y su guionista James V. Hart, agregaron al filme una historia de amor que no existía en la novela de Stoker, una verdadera audacia en la película: tenemos a un Drácula ambiguo y torturado, condenado al romper su fidelidad a Dios y vender su alma al diablo, al culparlo por la muerte de Elizabeth, convirtiéndose en el vampiro demoniaco que ha sido durante 400 años, que debe alimentarse de sangre para vivir. Además, Drácula sufre también por amor. Cuando el abogado Jonathan Harker (Keanu Reeves), hospedado en el castillo de Drácula para cerrar un contrato de bienes raíces, le muestre una fotografía de su prometida, Mina (Winona Ryder también), este verá que es la viva imagen de Elisabeta y creerá que ha reencarnado. Luego de secuestrar a Harker en su castillo, custodiado por sus tres bellas mujeres vampiro (Monica Bellucci hacía una de ellas), Drácula viajará hasta Londres para buscar a Mina, tratar de refrescarle la memoria de su otra vida y conquistarla de nuevo.

En la novela, Mina y Drácula jamás tienen el pasional romance que sostienen en el filme, pero el guión sigue la misma estructura narrativa del libro, que cuenta la historia en la forma de un diario, con escritos de Johnathan y de Mina, notas periodísticas, etc., y aquí domina el punto de vista del Dr. Van Helsing (Anthony Hopkins, espléndido), médico ocultista y experto en asuntos esotéricos, el narrador principal, que ha estado buscando a Drácula por años.

La película, es un ejercicio estético impresionante. Resulta más que notable el diseño de producción de Thomas E. Sanders (nominado al Oscar), que ambienta, con cuidado en los mínimos detalles, la Inglaterra victoriana, con referencias incluso a la invención del cine (la llegada de Drácula a Londres, está filmada en cámara rápida, emulando al cine silente). De hecho, la edición es una inagotable sucesión de imágenes delirantes, unidas por sutilezas, como aquella secuencia del viaje en tren de Jonathan a Transilvania, mientras escribe su diario, o aquella en la que la mirada lejana de Drácula se transforma en la pluma de un pavo real, que nos lleva a una fiesta en casa de Mina.

Vale decir que el trabajo de maquillaje (ganador de un Oscar) nos permitió conocer las facetas de Drácula explicadas en la novela, tanto en su forma de vampiro, pero no el clásico murciélago negro que colgaba de un hilo, sino un temible vampiro con forma humana (maquillaje de pies a cabeza), como en su forma de hombre-lobo.

Si por algo destaca, a mi juicio, esta particular adaptación de Coppola de la novela de Stoker, es que la historia romántica de Elisabeta/Mina y Drácula, no era la cursilería melosa que podría uno pensar. El romance entre Mina y Drácula era convincente, y lograba encajar a la perfección (hasta el personaje clásico del loco Renfield, a cargo de Tom Waits, siervo de Drácula y encerrado en el manicomio, embonaba bien en la premisa) dentro de la trágica condena del conde a vivir como vampiro a causa del amor por una mujer. Al final, era el amor de esa mujer el que podía salvarlo y, de paso, reconciliarlo con Dios.

++Se acaba de lanzar una edición especial para coleccionistas, con dos discos, uno con la película, y otro con con extras interesantes, como:
La sangre es la vida – El rodaje de Drácula
El vestuario es el decorado – El diseño de Eiko Ishioka
En la cámara – Los sencillos efectos visuales de Drácula de Bram Stoker
Método y locura – Visualizando Drácula de Bram Stoker
13 Escenas eliminadas inéditas , Introducción a la película: Drácula de Bram Stoker comentada por Francis Ford Coppola, Comentario de audio del director.
++También disponible en DVD Blu-Ray.

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