miércoles, 27 de abril de 2022

THE WINDSHIELD WIPER

 

Ganador del Oscar a Mejor Corto Animado.

Debido a mi predilección por el stop motion, mi corto favorito para ganar el Oscar era "Robin Robin". Pero también tengo un gusto especial por la animación rotoscópica, como la usada en "The Windshield Wiper", el cual resultó ganador. Su tono más filosófico (casi silente en comparación al filme de Ardman), está dirigido a un público más adulto, en donde, a través de mini historias, y teniendo como eje un hombre sentado en un café, se intenta responder ¿Qué es el amor? Cuestión demasiado ambiciosa para un corto de cerca de 20 minutos de duración, y aunque se aventura al final una respuesta, lo mejor es cómo a través de música y sonido, sin muchos diálogos, las historias se hilvanan de forma sutil una con otra. El resultado es visualmente impresionante, casi realista. Bien merecido el premio.

ROBIN ROBIN

La maestria de Ardman en un nuevo corto.

 Un mirlo criado por una familia de ratones, trata con mucho esfuerzo ser como uno de ellos (incluso usa orejas falsas de ratón). Producido por la casa Ardman, este corto, además de presumir su acostumbrada e impecable técnica de animación en stopmotion, cuenta su historia en la forma de un sencillo musical. El resultado es tan entretenido como aleccionador, además, claro, bello de ver en su infinidad de detalles.

⭐️⭐️⭐️1/2

viernes, 22 de abril de 2022

THE ELECTRICAL LIFE OF LOUIS WAIN

Benedict Cumberbatch y Claire Foy.

 

La multinominada al Oscar El Poder del Perro me gustó, me pareció muy buena película. Pero si por alguna película Benedict "Dr. Strange" Cumberbatch debió de haber sido nominado al Oscar a Mejor Actor, es por The Electrical Life of Louis Wain. En su interpretación del Louis Wain del título, Cumberbatch está magnífico, en una actuación redonda y contenida. Wain fue un artista e ilustrador de inicios del siglo XX del cual no tenía el más mínimo conocimiento hasta que vi el filme. Su tema favorito: los gatos, a quienes dio un lugar especial en la iconografía de los 1910s y 1920s.
Gracias a una cálida narración de Olivia Colman, así como a un tono de fábula que está entre la excentricidad de Tim Burton y lo alucinante del cine de Terry Gilliam, la película no tarda en atraparte. De inmediato sientes que estás a punto de adentrarte en el universo extravagante de un personaje excéntrico. De no ser por que Wain dejó como legado sus dibujos y pinturas, jurarías que estás frente a un personaje ficticio. Wain empezó haciendo dibujos de animales (aparentemente, nunca plasmó en papel o lienzo una figura humana), y de ahí pasó a ser el favorito de familias pudientes, quienes le encargaban los retratos de sus gatos durante la época Victoriana.
De cabellos rojos y ensortijados, y un bigote que usaba para ocultar su labio leporino, la película, dirigida por Will Sharpe, empieza por contar la historia del artista como un tipo de apariencia extraña, delgado, dedicado a mantener a su madre y a sus siete hermanas, todas bajo el escandaloso control de la hermana mayor (Andrea Riseborough, magnífica). Dicha hermana decide contratar a una institutriz, Emily Richardson (Claire Foy, igualmente estupenda) para educar y dar clases privadas a la hermana menor.
Emily y Louis no tardarán en empezar una relación, la cual llevará al pobre a ganarse el rencor y encono de su controladora hermana, quien teme que la reputación de la familia esté en juego al ver que su hermano se ha comprometido con una mujer ya demasiado mayor para casarse, así como por un incidente en un teatro, el cual causará no menos escandalo en la sociedad.
El elenco también está formado por Toby Jones, interpretando a Sir. William Ingram, el editor de Wain para el diario en donde empezó a publicar sus primeras ilustraciones de gatos, personaje a quien tal vez deba buena parte de su fama. Ingram dió a Wain oportunidades que seguramente en otro diario no hubiera encontrado, colocándolo en el gusto de los amantes de los gatos, quienes empezaron a comprar postales, tarjetas, y toda clase de memorabilia en donde se publicaban las ilustraciones.
Para muchos, la película quizás sea otra historia más del artista atormentado y lleno de traumas, afectado por una enfermedad mental. Waine sufría de ataques de pánico debido a pesadillas que tuvo desde niño, así como probablemente (según psicólogos que han analizado su obra) de esquizofrenia, como la padeció una de sus hermanas. Lo cierto, es que la manera de contar la historia es muy original, como una historia romántica entre Wain y Emily con desenlace dramático. La película recuerda la reciente The Personal History of David Copperfield, de Armando Ianucci, o incluso Big Eyes del mismo Tim Burton, mientras que Wain puede verse también como la contraparte masculina de Beatrix Potter (interpretada por Renée Zellweger en Miss Potter), artista y escritora dedicada a escribir historias protagonizadas por conejos.
Al final, lo mejor de filme, además de sus actuaciones, es la excelente ambientación, fotografía, y diseño de arte. Sharpe trata de adentrarnos en la mente de Wain con una propuesta visual algo psicodélica, tal y como lo fueron los últimos trabajos del artista hacia el final de su vida. Es una lástima que la Academia de Hollywood haya pasado por alto esta gran actuación de Benedict Cumberbatch.
⭐️⭐️⭐️1/2 A la renta.

jueves, 21 de abril de 2022

SEXO, PUDOR Y LÁGRIMAS 2

 

¿Era necesario?

En esta fallida secuela, encontré sólo un momento interesante, al menos, dramáticamente hablando. Sin revelar mucho (esto especialmente para quienes no han visto Sexo, Pudor y Lágrimas 1, de 1999), la escena involucra a cierto personaje, de los jóvenes y nuevos, dispuesto a cuestionar a Ana (Susana Zabaleta) sobre la muerte de otro cierto personaje en el primer filme. Tanto Ana, como otros que estuvieron presentes durante dicho acontecimiento, pudieron haberlo evitado. La escena de dicha muerte es ridículamente absurda e involuntariamente cómica, por la forma en que ocurre, ya que, todos simplemente contemplan a quien morirá, sin mover un dedo para prevenir que ocurra. Siento haberme excedido en esta explicación, pero no encontré otro momento verdaderamente rescatable de Sexo, Pudor y Lágrimas 2 (¿o es Sexo, Pudor, o Lágrimas, según la nueva versión de la famosa canción cantada en los créditos finales?). Otros dirán "bueno, ¿qué hay de ese otro momento en el tercer acto, cuándo, durante un retiro espiritual, se descubre la identidad de un personaje del filme original, justo cuando creíamos que no aparecería, y es confrontado por otro de los nuevos personajes? Mmmm, no sé. Además de tener de regreso a Zabaleta, no podían faltar Cecilia Suárez y Mónica Dionné, repitiendo sus personajes de la película original, considerada como un clásico del cine mexicano de los 1990, dirigida por Antonio Serrano (quien aquí funge de productor asociado únicamente). El caso es que, después de haber visto el filme original por segunda vez con el pretexto de este estreno (exclusivo de HBO Max), la seguí encontrando sobrevalorada, tendiente a lo teatral, y sobreactuada, con una premisa sobre la batalla de los sexos sin muy buenos resultados en su desarrollo. Es decir, cuando quiere ser graciosa es insoportable, y no sabe bien cómo lidiar con uno que otro tema, como el de una violación, con una testigo que pudo haber hecho algo, pero simplemente decide escuchar de lejos, sin hacer nada. Dirigida ahora por Alonso Iñiguez, en esta segunda parte también están de regreso Victor Hugo Martín, Jorge Salinas, y en el lugar de Demián Bichir, está nada menos que su hijo en la vida real, José Ángel Bichir. Este interpreta en el filme al hijo de Tomás (Bichir papá), un artista visual, quien ha llegado de Londres para un ajuste de cuentas emocional. Carlos (Martín) y Ana todavía viven en ese amplio departamento en Polanco (aunque luce muy diferente), en donde tuvo lugar casi toda la historia de la primera parte, ahora con una hija, Matilde (Naian González Norvind), aspirante a actriz, y con una complicada relación con sus padres. Mientras, Andrea (Suárez), quien de ser modelo se convirtió, al parecer, en chef, (aparece en muchas escenas en la cocina de un restaurante), también tiene una hija (Ximena Romo), la cual es, en pocas palabras, complicada, adicta a la drogas, y enganchada con un novio regordete igualmente drogadicto. El intento de suicidio de María (Dionné), durante una visita a la Ciudad de México, será el pretexto para que las viejas amigas se junten y, además de recordar viejos tiempos, ayudarla a superar la depresión que tiene aquella. Si algo tiene de bueno este filme es que, en comparación con su antecesora, no es tan sobreactuada, ni tan teatral. Pero su más grave problema, es lo fallido del guión (escrito por el mismo Iñiguez y Julián Silvestre) el cual, si bien intenta modernizar todo el discurso y la premisa del primer filme, tratando de ser más inclusivo, por ejemplo, con la diversidad sexual, el caso es que no sabe qué hacer bien a bien con todos los personajes. Hay incluso un momento "Trainspotting" en la película que te pone a pensar "¡ya quisieran estar al mismo nivel de ese filme clásico!". Sin tener tramas ni subtramas interesantes en ambos lados generacionales, la película termina siendo tan insípida y aburrida como su mismo póster. Al final, más que el intento de suicidio de María, creo que no hubo otro pretexto mejor para revivir a los personajes en esta secuela que poner en escena al hijo de Tomás, cuya aparición no da para una historia realmente buena. En resumen, una secuela igual o peor que su antecesora. ⭐️1/2 Disponible en #HBOMax

miércoles, 20 de abril de 2022

THE MATRIX RESURRECTIONS

Carrie-Anne Moss y Keanu Reeves.


Cuando se dio la noticia de que habría una cuarta película de Matrix, no lo podía creer. Estaba incrédulo, pero no tanto de emoción -me gustan los filmes, pero no soy fan-, sino por el hecho de, literalmente, no creer que a casi veinte años de ver el tercer filme, Matrix Revolutions (2003), la cual fue bastante concluyente con la historia de Thomas Anderson/Neo (Keanu Reeves), ibamos a tener una cuarta parte. ¿Qué más habría por contar después de tanto tiempo? No mucho, por lo que puede verse. Seamos sinceros: sin Hugo Weaving, quien interpretó en la trilogía original al agente Smith, y sin Laurence Fishburne, quien interpretó a Morpheus, una película de Matrix no te sabe a lo mismo, especialmente sin este último. Digo, Morpheus es el icónico personaje que, en el primer filme de 1999, introdujo a Thomas, un hacker, al universo de la Matrix, ofreciéndole tomar una píldora azul o roja. Aquí, tenemos a una especie de sustituto, una fusión de Morpheus y el agente Smith (Yahya Abdul-Mateen II), el cual, si bien hace un trabajo aceptable tratando de emular la actuación de Fishburne, no alcanza a llenar completamente sus zapatos. Como sea, la estrategia en The Matrix Resurrections, dirigida esta vez únicamente por Lana Wachowski, ha sido poner en un estado amnésico tanto a Neo como a Trinity (Carrie-Anne Moss), en un reencuentro que será el núcleo alrededor del cual gira toda la historia. Y otra de las estrategias en la película (escrita por Lana Wachowski, David Mitchell, y Aleksandar Hemon) es convertir al filme en una broma en sí durante su primer acto. Es decir, Thomas se encuentra ahora trabajando como diseñador de videojuegos para una compañía, desarrollando un juego, precisamente, titulado "The Matrix", el cual es la cuarta parte de una serie. Varios de sus colegas hacen bromas al respecto, como ¿cuál seria el mejor título? o ¿es una estrategia para, nada más, hacer ganar dinero a la empresa?, etc. Anderson/Neo no recuerda nada de lo vivído en los tres filmes anteriores, y se encuentra sufriendo una especie de stress post-traumático, luego de su lucha contra las máquinas. No parecen estarle sirviendo mucho las terapias que lleva con un psicólogo (Neil Patrick Harris), quien trata de hacerle ver que nada de eso fue real, sino más bien un mal sueño, o una simple ilusión. Neo termina reencontrándose en "la Matrix" (o sea, el mundo en que vivimos) con Trinity, ahora casada, con hijos, y un nombre diferente, Tifanny, sin que tampoco recuerde nada del pasado. Entre algunos de los problemas de esta cuarta parte, no es únicamente el hecho de que, en general, se siente algo agotada en ideas, sino que además se siente dependiente de las anteriores películas. En su primera mitad, constantemente estamos viendo escenas de las anteriores cintas, como si Lana Wachowski no confiara mucho en la memoria de los espectadores y seguidores de la saga. Esto último es tan recurrente, que termina sintiéndose rutinaria esta parte del filme. Esto sucede mientras Bugs (Jessica Henwick) y el clon de Morpheus intentan refrescarle la memoria a Neo, el antiguo elegido, ya que necesita regresar al universo de las máquinas (o, siguiendo las referencias religiosas y simbólicas de la historia, "resucitar") y ver que las cosas no han mejorado mucho en estos veinte años, con otro conflicto con las máquinas a punto de ocurrir. Los humanos en aquel universo futurista, ahora conviven amigablemente con una que otra de esas máquinas con tentáculos. "Veo que mi sacrificio y todo lo que hice no ha servido de mucho", dirá Neo, una vez que su memoria haya regresado y se reencuentre con una ahora avejentada (en mi opinión, demasiado avejentada) Niobe (Jada Pinckett Smith), y sepa que Trinity se encuentra en peligro. Es cierto, estamos ante la película menos buena de la saga (hay críticos que afirman que la tercer película ya era mala), y su excusa para traer de vuelta todo el show no se siente tan fuerte como debiera. Y lo malo también, es que hay uno que otro personaje de regreso, como "El Merovingio" (Lambert Wilson), quien, ahora sin Monica Belluci, se siente ridículo y sin mucho sentido su reaparición. Pero eso no significa que la película no se pueda ver, ya que, a pesar de su narración tendiente a lo caótico, en su tercer acto "resucita", ofreciéndo a los fans lo que quieren, como acción cinética, buenos efectos especiales, y una vuelta de tuerca inesperada. Esperemos que ya dejen descansar la franquicia. En #HBOMax y a la renta.

martes, 19 de abril de 2022

KING RICHARD

Will Smith como Richard Williams.

Que Will Smith iba a ganar el Oscar a "Mejor Actor" estaba, por demás, cantado (no tanto la bofetada que le propinó a un desprevenido Chris Rock durante la ceremonia). Desde su interpretación de Muhammed Ali en "Ali", o la del doctor Bennet Omalu en "Concussion", no había visto otra gran actuación de parte de Smith como en esta película. Smith interpreta aquí a Richard Williams, padre de Serena y Venus Williams, campeonas de tenis a nivel internacional. Quienes no sean fans del tenis, querrán rehuirle a un filme sobre el llamado "deporte blanco", pero el caso es que King Richard, dirigida por Reinaldo Marcus Green, trata sobre un poco más que eso. Richard Williams luchó ante todo para abrirles el camino a sus dos hijas, en un deporte lidereado mayormente por jugadores blancos. De que Serena y Venus eran talentosas desde niñas lo eran, pero lo que la película enseña también, es que para triunfar las hermanas necesitaron más que tener un gran talento para el tenis. Y ahí fue donde la necedad, la personalidad obsecada, la mentalidad ganadora que derrumba barreras y obstáculos que Richard supo inculcarles desde temprana edad, entró en juego. Todo arranca a finales de los 1980, en el barrio de Compton, asolado por la violencia de las pandillas, lugar en donde Richard y su familia viven. Richard y su esposa (Aunjanue Ellis, nominada al Oscar a Mejor Actriz de Reparto) tienen que trabajar para sostener el hogar, el primero como guardia de seguridad. En sus ratos libres, Richard aprende y se documenta todo lo que puede sobre el tenis leyendo revistas y libros, para de forma autodidacta convertirse en el entrenador de Serena (Demi Singleton) y Venus (Saniyya Sidney), además de ser algo parecido a un promotor y agente. Los entrenamientos no serán cosa fácil, practicando en una cancha pública, en donde Richard es acosado y golpeado por pandilleros dia y noche. Para los que no sepan mucho de la historia de las Williams, King Richard puede servir como un pequeño curso introductorio sobre el camino que siguieron para triunfar. En ese sentido, sigue mucho la convencional estructura de filmes deportivos con historias inspiradoras, sobre atletas con escasos recursos y situaciones adversas, que empiezan desde abajo, junto a un coach experimentado siempre de su lado. Sin embargo, aquí la diferencia es que Richard no era el coach más experimentado del orbe, y por eso, la película es también la historia sobre cómo él, de ser un humilde guardia, se convirtió en un entrenador y agente deportivo feroz, severo pero disciplinado con sus hijas. De hecho, el mayor defecto de Richard fue el haber sido un agente demasiado visceral, sin una mente y visión negociadora (según el filme, perdió uno o dos contratos millonarios con marcas deportivas de prestigio para Serena). Pero si hay algo que supo hacer bien Richard, como se ve en una escena del filme, es convertir a Cenicienta (el filme de Disney) en una lección de vida para sus hijas (dejo al espectador descubrirlo). El filme no me convirtió en un fan del tenis, y en ese sentido le faltó mostrar más partidos emocionantes, pero es algo comprensible. Más que ser sobre Serena y Venus Williams, el enfoque de la película es más sobre Richard, en mostrarlo con sus virtudes y flaquezas; contradictorio, sin mucho recato en pedorrearse frente a dos cazadores de talentos a punto de ofrecerle a él y a sus hijas la oportunidad de sus vidas, así como sin mucha capacidad para escuchar el consejo de gente más experimentada en el campo, como los dos entrenadores que aparecen en el filme, Paul Cohen (Tony Goldwin), y Rick Macci (excelente Jon Bernthal, quien merecía nominación a Mejor Actor de Reparto). En pocas palabras, la actitud de Richard es la del tipo sabelotodo que no acepta consejos. Mientras, la actuación de Will Smith es magnífica en todos los sentidos, con las inflexiones y la misma forma de hablar del Richard Williams verdadero. Es cierto, a los fans del tenis los dejará con ganas de ver más tenis (al estilo de "Wimbledon", por ejemplo), pero no hay duda que para ver la mejor actuación a la fecha de Smith, la película es más que adecuada. ⭐️⭐️⭐️1/2 

En #HBOMax y a la renta. 

THE POWER OF THE DOG

Benedict Cumberbatch
 

El título suena a que veremos la clásica historia sobre un hombre y su perro, estilo "Call of the Wild" tal vez, pero nada más lejos de ser así. Se trata del más reciente filme de la realizadora neozelandesa Jane Campion (El Piano), refiriéndose el título a algún pasaje de la Biblia al cual la historia hace referencia en algún momento. La historia es, de hecho, sencilla, pero cargada de presencias fuertes en pantalla y actuaciones con su particular carga de intensidad. Me refiero en particular a Benedict Cumberbatch, quien, con un convincente acento sureño, encarna a Phil Burbank, un ranchero a cargo de mantener funcionando la propiedad que posee junto a su hermano, George (Jesse Plimmons), en Montana (de hecho, la peli fue filmada en Nueva Zelanda), en 1925.
Ambos hermanos son por completo polos opuestos. Phil es la encarnación misma del prototipo del vaquero macho americano, el "hombre Marlboro" de la postguerra, el cual es homofóbico, castra becerros con rapidez, y toma baños de lodo. Mientras, George es tranquilo, mesurado, algo tímido, un caballero en contraste, más civilizado. George acaba enamorado de Rose (Kirsten Dunst, esposa en la vida real de Plimmons), cocinera en un restaurante que lleva junto a su hijo adolescente, Peter (Kodi Smit-McPhee), chico sensible, algo afeminado, y con una extraña fascinación por el estudio de la anatomia, la biología, y por hacer flores de papel.
La rutina del rancho se pone de cabeza luego de que George contraiga matrimonio con Rose, y la lleve a vivir ahí, Peter incluído. La cosa, por supuesto, no agradará mucho a Phil. Desconozco que tan fiel es el filme a su fuente literaria original, la novela homónima de Thomas Savage, escrita en 1967. Hay varias preguntas que podrían ser respondidas al leerla, por ejemplo, por qué George no aparece tanto en la historia, concentrándose más en el complejo triángulo emocional que se forma entre Phil, Peter, y Rose. Mientras hay una conflictiva relación que raya en el desprecio entre Phil y Rose (esta última con problemas de alcoholismo), el ranchero empezará, inesperadamente, una amistad con Peter, una interacción que de la inicial homofóbia, pasará a una extraña relación amistosa. Una amistad que tiene un trasfondo homosexual semioculto, apenas sugerido, el cual es posible que en la novela sea más obvio.
Es en esta relación entre Phil y Peter, el segundo con intenciones de convertirse en médico, en donde radica la fuerza y centro del filme. Pero Phil y Rose tienen algún momento memorable, como un duelo entre banjo (el cual, Phil toca con verdadera maestría) y piano, instrumento que Rose presume tocar bien (se dedica a musicalizar películas con piano en un cine), aunque en una escena muestra lo contrario.
El Poder del Perro es una fuerte contendiente a obtener nominaciones al Oscar, y no hay duda que Benedict Cumberbatch tendrá una a Mejor Actor. Ya el filme tuvo varias nominaciones en los premios BAFTA. Por ahora, basta decir que Cumberbatch está fenomenal. El tipo sabe transmitir fuerza, su presencia es intimidante y, al mismo tiempo, carismática, siendo éste quien se lleva la película. Pero también el filme, al final, nos confronta con un misterio digno de ser resuelto por Hercule Poirot. Poco le faltó a la película en convertirse en una historia estilo Agatha Christie hacia su conclusión, dejando al aire varias preguntas en el espectador. Sin revelar mucho de la historia, es claro quién es el culpable de lo que pasó, pero la pregunta también es ¿cómo y por qué lo hizo? ¿El Poder del Perro es una historia de venganza? Una película segura contendiente también al Oscar a Mejor Película del Año.
⭐⭐⭐⭐
#Netflix

viernes, 4 de febrero de 2022

NO TIME TO DIE

Daniel Craig en su última encarnación del 007.
 

Parecía que no vería la luz, que caería víctima de la pandemia, que Sin Tiempo para Morir, el más reciente filme del 007, no tendría estreno en cines. Sumamente esperada para el 2020, la película finalmente terminó siendo estrenada en noviembre del 2021, de hecho, la última protagonizada por Daniel Craig como el agente secreto. Como si la expectativa no fuera de por si ya mucha, todavía estaba por verse si este sería el mejor filme de Craig como Bond. Aunque para mi gusto es Casino Royale, Sin Tiempo Para Morir está dentro de los mejores dentro de la sub-saga con Craig. 
 
Dirigida por Cary Joji Fukunaga (Beasts of No Nation), con todo y tener todo lo que uno espera en un filme de James Bond, es decir, interesantes locaciones, persecuciones, balaceras, suspenso, explosiones, etc., si algo tiene también Sin Tiempo Para Morir es una carga dramática considerable. Además, creo que Bond jamás había mostrado su lado más humano como en esta ocasión, es decir, con más vulnerabilidad. La balanza se inclina aquí más a lo emocional. Pero también, si algo sigue manteniendo a Craig como Bond en el gusto de muchos, es esa rudeza que sabe transmitir, de héroe de acción cara-dura del nuevo siglo. 
 
Estando en Italia junto a Madeleine (Léa Seydoux), su novia psiquiatra, Bond nuevamente se verá sorprendido por Spectre, la organización criminal terrorista, que no se rinde tratando de sembrar caos y muerte en el mundo. El problema, es que nuestro agente sigue suspendido por el servicio secreto británico, y con su licencia para matar revocada. Como si estos tiempos de pandemia no fueran suficiente, tenemos aquí un villano nuevo y de nombre estrafalario, Lyutsifer Safin, interpretado por un cacarizo Rami Malek, con los planes de intoxicar a toda la población del mundo usando armas biológicas. El rostro de Safin, además marcado por cicatrices, causó no poca controversia entre personas que vieron ofensivo (con todo y campañas en redes sociales, así como una carta dirigida a la MGM y los productores del filme) el hecho de que un rostro con marcas y cicatrices pudiera ser símbolo de maldad y estereotipo de villanía. 
 
 Safin planea lograr su objetivo con la asistencia de un científico ruso, Valdo Obruchev (David Dencik), cuyo acento raya casi en lo rídículo y caricaturezco, quien se encuentra desarrollando una toxina extraída de una planta. Aunque la premisa no tiene mucho de nuevo, es decir, el villano megalomaniaco buscando eliminar a la raza humana debido a traumas de su niñez, lo mejor de Sin Tiempo Para Morir es que estamos ante el capitulo final de una saga, y el comienzo de una nueva. Sin revelar mucho de la historia, tendremos una que otra muerte trágica, alguna revelación inesperada, así como la presentación de quien posiblemente (y remarco el "posiblemente") tome el lugar de Craig en las siguientes películas. 
 
No diré mucho, pero podría ser una mujer, aunque dudo sea Ana De Armas, la cual, desafortunadamente, sale poco en la película, interpretando a una agente cubana. Podría ser otro personaje femenino en el filme, el interpretado por Lasana Lynch (quien comparte con Ana de Armas el papel de "chica Bond"), pero decir más sería revelar demasiado. 
 
Sin Tiempo para Morir es un filme largo (poco más de dos horas y media de duración), con una que otra secuencia que pudo haber sido reducida (¿era muy necesaria la escena con Christoph Waltz?), pero al final cumple con creces. La cinta cuenta con buenas dosis de acción, aunque no tanta tensión o suspenso como en anteriores filmes. Hay caras conocidas de regreso, como Ralph Fiennes como M, Naomi Harris como MoneyPenny, y Ben Wishaw como Q, siendo este último el afortunado con más tiempo en pantalla. Wishaw repite magníficamente su papel, estando incluso con Bond en los instantes más tensos de la película. 
 
Por otro lado, creo que lo peor del filme acaba siendo el villano, poco memorable, y con un extraño acento, ininteligible y casi indescifrable. Sin embargo, Primo (Dali Benssalah), el otro malo de la historia, con un ojo mecánico, es quien más o menos salva el show. En resumen, un adrenalínico filme de acción, sin suficiente complejidad en su historia de agentes secretos, pero ideal para los fans de Bond, quienes tal vez no evitarán sentir un nudo en la garganta al final. ¿Qué vendrá en el futuro para la franquicia de James Bond?
 ⭐⭐⭐1/2 
 
Disponible a la renta.

TICK...TICK BOOM!

El Asombroso...Andrew Garfield.
 

Andrew Garfield sabe hacer algo más que escalar paredes y colgar de telarañas. Tick, tick...BOOM! deja constancia que Garfield es un tipo con talento, y no es por menospreciar su trabajo interpretando a Spidey en ya 3 películas, pero se nota que quiere quitarse de encima la etiqueta del superhéroe. El actor quiere seguir involucrándose en otros personajes y proyectos, como lo hizo en Hasta el Último Hombre y Silencio. Pero tick, tick...BOOM! es otro asunto. 
 
 En tick, tick...BOOM! Garfield interpreta a Jonathan Larson, el compositor y escritor de obras de teatro musical, en donde además canta y baila. Para ser sincero, no lo hace nada mal. El filme, debut en la dirección del actor y también compositor musical Lin-Manuel Miranda, si bien cuenta con una buena producción musical, su historia, aunque buena, es algo convencional. 
 
De hecho, el filme es la adaptación del musical homónimo escrito por el mismo Larson (autor de Rent, entre otras obras), en donde cuenta la crisis emocional que pasó justo en las visperas de su cumpleaños número 30. El caso es que Larson, mientras lucha por hacerse de un nombre de prestigio como compositor, siente que no ha hecho algo verdaderamente grande y de importancia en su carrera, estando a punto de cumplir las tres décadas de vida. Su crisis se verá todavía más afectada debido a que, al momento, se encuentra tratando de conseguir financiamiento para su última obra, en pláticas con algún productor y preparando su presentación de prueba. Además, Larson busca que sus padres crean en él y en lo que hace, así como conseguir también la bendición de uno de sus ídolos, Stephen Sondheim (Bradley Whitford).
 
Al inicio (y durante prácticamente todo el filme), la narración será en algo cercano a un monólogo cantado-recitado por parte de Larson, acompañado de un piano, y un coro. En tanto, se alternan escenas en flash back, en donde también se cuenta la difícil relación del compositor con su novia, Susan (Alexandra Shipp), una artista que lleva su propia lucha para desarrollar su carrera. Hay una doble lucha, por un lado los esfuerzos de Larson por tratar de llevar su relación sentimental a la par con su carrera musical, mientras trabaja como mesero en un restaurante. En un punto, debe enfrentar el conflicto sobre qué es más importante para él. En tanto, su amigo más cercano, Michael (Robin de Jesus), es otro artista, con el dilema entre continuar con su carrera artística o dedicarse a la publicidad, en medio de la crisis en 1990 sobre el VIH. 
 
Lin-Manuel no es un gran narrador, ya que, por ejemplo, hay momentos en que se siente algo forzada la manera de integrar los números musicales con la narración de la historia. Lo mejor, al final, termina siendo el aspecto musical, con números buenos como el que tiene lugar en el restaurante donde Larson trabaja. Andrew Garfield (ganador, por cierto, hace unos días del Globo de Oro a Mejor Actor de Comedia y Musical), es quien se roba por completo la película, la cual, sin duda, está más dirigida a los fans del compositor, o aquellos que gusten de los musicales y quieran descubrir al compositor, fallecido en 1996. ⭐⭐⭐ 
En #Netflix

jueves, 3 de febrero de 2022

DUNE

 

Timothée Chalamet y Rebeca Ferguson.

La épica de ciencia ficción, ha sido ahora llevada al cine por el visionario Denis Villeneuve, en una saga que parece estará al nivel de El Señor de los Anillos, ya que el realizador se ha propuesto adaptar toda la novela original, escrita por Frank Herbert, en dos filmes. Es por eso que Dune, la versión del 2021, y primera parte, no se siente tan concluyente como la versión de David Lynch, hecha en 1984 (en parte filmada en México). Luego de ver la versión de Villeneuve poco después de haber visto el filme de Lynch (no del gusto de muchos críticos), confieso que hay cosas de este último con las que me quedo, por ejemplo, su propuesta más surrealista y más orgánica, y otras que podría desechar por completo, como el gordo flotante lleno de ampollas supurantes, o la participación de Sting, que al menos histriónicamente, no aporta mucho. Mientras, hay cosas en el filme de Villeneuve con las que me quedo, y otras que dejaría un poco de lado. Lo mejor, sin duda, es su tradicional visión minimalista, rayando en la elegancia visual en su diseño de producción. En esta ópera espacial tenemos un preciado objeto llamado "especia" (algo cercano a ser comparado con el petróleo) por el cual varios planetas se encuentran en disputa, como el de Arrakis (o también llamado Dune) y Caladan, de donde nuestro héroe, Paul Atreides (Timothée Chalamet), es originario. Hay una guerra por la "especia", con intrigas y traiciones incluídas, en donde Paul se dispone a pelear para probar que puede convertirse en soldado. Entre su entrenador (Josh Brolin) y su madre, Lady Jessica (Rebeca Ferguson), la preparación de Paul incluye, no nada más el aspecto físico, sino el de desarrollar sus habilidades psíquicas. Estas últimas incluyen sueños recurrentes sobre la guerra en Arrakis, con las visiones de una misteriosa chica de brillantes ojos azules, así como una especie de voz telepática para, cual Jedi de Star Wars, poder manipular la voluntad y mente de otros. Mientras la versión de Lynch tiene un tono más de película antigua de aventuras de matineé, con humor tanto involuntario como voluntario, animatronics, y un diseño de producción, en general, más tendiente al kitsh, la versión de Villeneuve es todo lo contario. Dune del 2021 es más sobria, y sin duda, menos tendiente al caos en la narración de la historia de Paul, con un toque de tragedia, y actuaciones más dramáticas. El personaje del Baron Vladimir Arkonen (ahora encarnado por Stellan Skarsgard), sigue gordo pero flota menos, y no tiene ampollas a punto de reventar. Este termina siendo uno de los aciertos, ya que no es tan irritante como la encarnación que hizo Kenneth McMillan en 1984. Pero si algo tienen en común ambas películas, son el tener extraordinarias escenas en el desierto. Y aunque es verdad que ahora los gusanos gigantes lucen más impresionantes gracias a los efectos digitales, resentí el no verlos más tiempo como en el filme de Lynch, apenas apareciendo unos escasos minutos. Además de la gran actuación de Rebecca Ferguson, también destaca Oscar Isaacs como el Duque Leto, padre de Paul, al igual que secundarios como Jason Momoa y Zendaya, en el papel de Chani (Sean "Blade Runner" Young en la peli de Lynch). Si bien siento que el filme nuevo termina siendo algo largo (2 horas y media de duración), y que la actuación de Chalamet, aunque no está mal, no es tan memorable como la interpretación de Kyle MacLachlan en el filme de 1984, Villeneuve acaba dando algo más de fuerza y peso dramático a cada uno de sus personajes. La película goza también de una gran banda sonora compuesta por Hans Zimmer, estridente, y que le provee de toda una atmósfera nueva y única. ⭐⭐⭐⭐ En #HBOMax y a la renta.

THE LOST LEONARDO

 

¿Será un Da Vinci?

Un documental que, al menos para quien esto escribe, resulta más fascinante que las tres películas del Código da Vinci juntas. Es cierto, dichas pelis son ficción, son palomeras y, si acaso, entretenidas, pero tratan de todo menos de Leonardo da Vinci, el genio renacentista. El Último Leonardo se centra por completo en una pintura titulada "Salvator Mundi" (o "El Salvador del Mundo"), que fue encontrada alrededor del 2010, en E.U., botada con otras tantas en una casa de subastas. Los "cazadores de tesoros" gustan de llamarles a estas obras "silentes", y son pinturas que nadie quiere comprar. El descubridor de "Salvator Mundi" quedó prendado de la pintura, especialmente, por una corazonada que le decía que su autor podría ser Da Vinci. Y es aquí en donde empezó la aventura de este, en apariencia, humilde cuadro. Luego de que este retrato al óleo de Jesucristo fue comprado por su descubridor por unos miles de dólares, el cuadro se embarcó en una travesía, entre E.U. y Europa, para terminar adquiriendo un valor en subasta de 2 billones de dólares. ¿Cómo es posible que una pintura que nadie quería, escondida en un lugar recóndito de Nueva Orleans, terminó adquiriendo un valor monetario exhorbitante? Es ahí donde radica lo fascinante de este documental, dirigido por Andreas Koefoed, que si bien es cierto ostenta un formato cercano al del tradicional documental televisivo de cabezas parlantes, estilo National Geographic, lo genial es la manera en que el realizador cuenta esta historia. Una historia que, por momentos, pisa los terrenos de lo increíble, con instantes en los que crees estás viendo un relato de ficción, de esos que están entre el género de investigación y misterio, con todo y su dósis de suspenso. El documental también te sumerge en las aguas del complejo mundo del mercado del arte, marcado sobretodo por la ambición. Aquí, lo que tal vez importe menos es el valor artístico, en donde los marchantes de arte, en un golpe de suerte, podrían terminar haciéndose tan ricos como los clientes para los que trabajan, es decir, coleccionistas de arte. El Último Leonardo, con entrevistas a marchantes, académicos, críticos de arte, especialistas en la obra de Da Vinci, historiadores, etc., te da una o dos lecciones sobre arte y su verdadero valor, que empieza con la intervención en el filme de Dianne Dwyer Modestini, restauradora del "Salvator Mundi", primera especialista en atribuirlo a Leonardo. Calificado por algunos críticos como "La Mona Lisa masculina", la pintura, que se cree fue realizada entre 1499 y 1510, de verla sientes de alguna forma que sí pudo ser pintada por Da Vinci. Sin embargo, la película te deja con reflexiones como: ¿Un cuadro deja de ser de su artista original al empezar a ser intervenido por su restaurador? ¿Se puede exhibir el "Salvator Mundi" en la misma sala que ocupa La Mona Lisa en el Museo del Louvre? ¿Debe ser expuesto con ficha museográfica que diga "Por Leonardo Da Vinci" o "atribuído a...."? ¿Los dos billones de dólares en los que se vendió el cuadro en la casa de subastas Christie reflejan su verdadero valor, o es producto del enigma en el que los medios lo envolvieron? Recomendable para todos los amantes del arte. De lo mejor del año. ⭐⭐⭐⭐⭐ A la renta.

miércoles, 2 de febrero de 2022

GET BACK

The Beatles reunidos nuevamente.
 

Más que una secuela, este spin off de Matando Cabos (2004) rescata a su personaje más interesante, Rubén "Mascarita", aquel exluchador "resuelve-problemas" interpretado por Joaquín Cossio. En este tardío filme, por alguna extraña razón, no están de regreso (ni para un breve cameo) los dos protagonistas del primer filme, Kristoff Raczynski y Tony Dalton, pero sí el resto del reparto sobreviviente (excepto los fallecidos Pedro Armendariz Jr. y Jacqueline Voltaire)

Producción original de Amazon, Matando Cabos 2 resulta apenas pasable, con Alejandro Lozano, director del primer filme, de regreso en la dirección, y aunque trata de emular mucho del estilo y humor negro de la película original, no tiene mucho del ingenio que presumió en el 2004 en la escritura del guión. Debo confesar que, aunque no soy fan del primer filme, ni considero tampoco su guión digno de Arieles o premios, es de reconocer que en comparación es mucho mejor. "Mascarita" ahora es el dueño de un gimnasio y academia de lucha libre, que debido al dudoso manejo de su socio, parece más un taller de yoga que otra cosa. Las cosas se ponen graves, cuando un grupo de villanos caricaturezcos irrumpen en el lugar creando caos y destrucción, robándose además un valioso recuerdo, la máscara del papá de "Mascarita", una leyenda de la lucha estilo El Santo y estrella consumada del cine. Con la ayuda de Tony (Silverio Palacios), "Mascarita" se propone recuperar la preciada máscara, pero no cuenta con el hecho de que el preciado objeto también es buscado por Nico (Gustavo Sánchez Parra) y Lula (Rocio Verdejo), su ahora colega, quien lo trata con la punta del pie. Si algo me pareció rescatable, es el riesgo por manejar un humor negro hiperviolento, el cual, desafortunadamente, va bajando de tono con el avance de la historia, así como la parodia que Lozano continua en este nuevo filme sobre la figura de los luchadores en el cine de antaño, y las pésimas películas que hacían. El grave problema, es que en contraste la historia termina siendo de lo más simple y convencional. Además de que, entre contar la historia principal de "Mascarita", junto a la de Nico y Lula, la naracción cae en lo caótico. De hecho, la subtrama de estos dos últimos me pareció sin mucho sentido, están ahí de relleno y sin mucho qué hacer. El humor de juntar a la "guapa" con "el idiota" se agota de inmediato. Luego de 17 años, creo que los seguidores del primer filme quedarán decepcionados; contentos tal vez de sumergirse en este ejercicio de nostalgia con algunos momentos graciosos, pero no del todo conseguido. Otros tal vez también quedarán decepcionados de ver a Ana Claudia Talancón únicamente unos cuántos minutos, sin nada relevante que hacer en la película. Lo cierto, es que se nota que si en algo estaban pensando Lozano y los productores de la película es en Kick-Ass, pero el intento de copiar dicha película quedó en buenas intenciones. ⭐⭐1/2 En Disney Plus.

MATANDO CABOS 2

Silverio Palacios y Joaquín Cossio
 

Más que una secuela, este spin off de Matando Cabos (2004) rescata a su personaje más interesante, Rubén "Mascarita", aquel exluchador "resuelve-problemas" interpretado por Joaquín Cossio. En este tardío filme, por alguna extraña razón, no están de regreso (ni para un breve cameo) los dos protagonistas del primer filme, Kristoff Raczynski y Tony Dalton, pero sí el resto del reparto sobreviviente (excepto los fallecidos Pedro Armendariz Jr. y Jacqueline Voltaire)

Producción original de Amazon, Matando Cabos 2 resulta apenas pasable, con Alejandro Lozano, director del primer filme, de regreso en la dirección, y aunque trata de emular mucho del estilo y humor negro de la película original, no tiene mucho del ingenio que presumió en el 2004 en la escritura del guión. Debo confesar que, aunque no soy fan del primer filme, ni considero tampoco su guión digno de Arieles o premios, es de reconocer que en comparación es mucho mejor. "Mascarita" ahora es el dueño de un gimnasio y academia de lucha libre, que debido al dudoso manejo de su socio, parece más un taller de yoga que otra cosa. Las cosas se ponen graves, cuando un grupo de villanos caricaturezcos irrumpen en el lugar creando caos y destrucción, robándose además un valioso recuerdo, la máscara del papá de "Mascarita", una leyenda de la lucha estilo El Santo y estrella consumada del cine. Con la ayuda de Tony (Silverio Palacios), "Mascarita" se propone recuperar la preciada máscara, pero no cuenta con el hecho de que el preciado objeto también es buscado por Nico (Gustavo Sánchez Parra) y Lula (Rocio Verdejo), su ahora colega, quien lo trata con la punta del pie. Si algo me pareció rescatable, es el riesgo por manejar un humor negro hiperviolento, el cual, desafortunadamente, va bajando de tono con el avance de la historia, así como la parodia que Lozano continua en este nuevo filme sobre la figura de los luchadores en el cine de antaño, y las pésimas películas que hacían. El grave problema, es que en contraste la historia termina siendo de lo más simple y convencional. Además de que, entre contar la historia principal de "Mascarita", junto a la de Nico y Lula, la naracción cae en lo caótico. De hecho, la subtrama de estos dos últimos me pareció sin mucho sentido, están ahí de relleno y sin mucho qué hacer. El humor de juntar a la "guapa" con "el idiota" se agota de inmediato. Luego de 17 años, creo que los seguidores del primer filme quedarán decepcionados; contentos tal vez de sumergirse en este ejercicio de nostalgia con algunos momentos graciosos, pero no del todo conseguido. Otros tal vez también quedarán decepcionados de ver a Ana Claudia Talancón únicamente unos cuántos minutos, sin nada relevante que hacer en la película. Lo cierto, es que se nota que si en algo estaban pensando Lozano y los productores de la película es en Kick-Ass, pero el intento de copiar dicha película quedó en buenas intenciones. ⭐⭐1/2 En #PrimeVideo

lunes, 31 de enero de 2022

A QUIET PLACE PART II

 
Emily Blunt, Millicent Simons, y Noah Jupe.
 
 
La expectativa por la llegada de A Quiet Part II pudo haber sido mitigada por la pandemia, atrasando su estreno por más de un año, pero eso no redujo el impacto al verla. Teniamos que saber el destino de la familia Abbott, luego del trágico y emotivo final de la primer película. Aunque el factor sorpresa desapareció un poco, esta secuela abre con una pequeña pero emocionante introducción, que nos cuenta el cómo inició todo, es decir, cómo llegaron los alienígenas de oídos hipersensibles a causar terror a la Tierra, y hacer que sus habitantes vivan en silencio. 

 Ahora todo -o casi todo- el peso del filme cae sobre los personajes femeninos, Evelyn (Emily Blunt), la mamá, y Regan (Millicent Simmons), su hija, la cual, irónicamente, sufre de sordera (tanto en el filme como en la vida real). Definitivamente, es Millicent Simmonds quien se lleva la película, y en parte también Noah Jupe, quien interpreta a Marcus, el hermano de Regan. Además, al reparto se une Cillian Murphy, quien de alguna forma es la nueva figura paterna en la trama. La manera de presentarlo en la historia es simple y casual, durante un partido de baseball, en el que Lee (John Krasinski), el papá, y Emmet (Murphy) observan a sus respectivos hijos jugar. De inmediato adivinamos que son viejos conocidos, cuando de pronto, en el cielo, seguido de una nube de humo, vemos caer un meteoro. En cuestión de minutos, el caos empieza a invadir el pueblo. 
 
Dirigida nuevamente por John Krasinski, esta secuela narra la aventura que emprende Regan, para tratar de rastrear una señal de radio, que transmite constantemente Beyond the Sea en la voz de Bobby Darin. Regan tiene la esperanza de encontrar más personas, u otra comunidad quizás. Sin embargo, no mide mucho las consecuencias ni el peligro de ir sola, armada tan solo con un rifle, y usando el pequeño dispositivo que su papá le diseño para ayudarle a oir mejor. Mientras, Evelyn se ha quedado oculta en un refugio junto a Marcus, y su bebé. 
 
Sin duda, una secuela algo más optimista que su antecesora, por el hecho de ver que, a pesar del caos y muerte que imperan en este universo, podría haber más seres humanos en el camino de los Abbott, aunque no todos ellos serán precisamente buenos. Y si bien es cierto que la primer película es mucho mejor, esta segunda parte no escacea de momentos emocionantes, así como el hecho de que ya no es tan silente, es decir, hay más diálogos, muchos en voz baja por supuesto. Djimon Hounsou, como siempre en un papel secundario, está aquí para ayudar a levantar la segunda mitad del filme. 
 
Si por algo vale la pena ver A Quiet Place 2, es más por la secuencia inicial sobre los origenes de la invasión, y por su tercer acto. Son una muestra más de la particular maestría de Krasinski para construir pequeñas secuencias de acción e inyectarles una buena dósis de suspenso y adrenalina, todo armado de una forma intensa. ¿Habrá una tercera película? Sí, en un par de años... si no hay pandemias de por medio. ⭐⭐⭐1/2 A la renta.

 

martes, 16 de noviembre de 2021

REMINISCENCE

Thandiwe Newton y Hugh Jackman.
 

El escenario, es una muy inundada ciudad de Miami, en un futuro tal vez no muy lejano. Antes de que casi todo quedara cubierto con agua, hubo también una gran guerra. Reminiscencia tiene un tema interesante, la memoria, cuyo desarrollo no tiene mucho de original que digamos. Lisa Joy, su directora y guionista, toma prestado de muchas partes, por ejemplo, un poco de Total Recall, y algo de Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Además, a la receta agrega dos cucharadas de Inception y Minority Report. La película trae de vuelta a la pantalla a Hugh Jackman y a Rebeca Ferguson, luego de trabajar juntos en The Greatest Showman. 
 
Casi haciendo malabares narrativos, Lisa Joy logra mantener en equilibrio el número, con resultados aceptables pero con ciertas reservas. No es de extrañar que, hablando de ejercicios narrativos, la película recuerde a Christopher Nolan. Aventuro una hipótesis aquí, pero es posible que Jonathan Nolan, esposo de Joy, haya aportado una que otra idea al guión. Lo cierto, es que para haber intentado explorar el complejo tema de los recuerdos y la memoria, la realizadora consigue hacerlo de una forma entretenida. Nick Bannister (Jackman), un veterano de la "gran guerra", se encuentra explotando una tecnología que permite a las personas que lleguen a su negocio explorar sus memorias, en vivo y a todo color. Luego de poner en trance a las personas en un contenedor de agua, Nick y su colega, Emily (Thandiwe Newton, en una buena actuación) pueden acceder a sus cerebros, para así abrir el bául de sus recuerdos y visualizarlos en la forma de hologramas. 
 
¿Cómo y quién desarrolló esta tecnologia? No se explica ni aclara, por lo que no nos queda mas que asumir que ha sido el mismo Nick el que la ha creado. Su obscuro y melancólico mundo se iluminará, cuando al negocio llegue una muy atractiva cantante de jazz, Mae (Rebeca Ferguson), para hacer uso del servicio y así le puedan ayudar a encontrar sus llaves (es en serio), urgando un poco en su memoria de horas atrás. 
 
Está de más decir que Nick quedará prendado de inmediato de su muy joven clienta,      por lo que deseará saber más quién es esta misteriosa mujer, poco a poco involucrándose en una historia que incluye,  además de romance, traficantes de drogas, violencia, secuestros, etc. Tenemos así una clásica historia de  film noir, con femme fatale incluída, y Nick convertido sin querer en un detective como sacado de una    novela hard boiled. La mayor interrogante, será siempre saber quién es realmente Mae, y por qué ha desaparecido.
 
Hay una subtrama estorbosa, que involucra una disputa por una herencia millonaria, teniendo en medio a una familia de origen latino. La actuación de Marina de Tavira no pasa de ser una pequeña aparición, sin ser muy relevante su personaje de mujer alcohólica y afectada de la memoria, una viuda que actúa extraño y en un permanente estado de embriaguez. 
 
Al final, Reminiscencia no está a la altura de las peliculas arriba mencionadas, y aunque sale más o menos bien librada del ejercicio narrativo que pone en juego, mucho le hubiera ayudado a la historia no recurrir tanto a la narración en off de Jackman, diciendo líneas poéticas sobre el tiempo y la memoria. Joy incluso recurre a usar en algún momento la idea del sueño dentro del sueño, y éste a su vez dentro de otro sueño, como en Inception, de forma cautelosa y sin mucho riesgo. Y ése es el gran problema, en donde, si bien la película es un simple entretenimiento de fin de semana, no se arriesga más, ni tiene tantas pretenciones como lo aparentaba al inicio.
⭐⭐⭐
Disponible en #HBOMAX y a la renta.

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