sábado, 31 de enero de 2009

LET IT BE * * * *


No hay momento más antológico en la historia del rock’n roll (y porqué no, en la historia de la música del siglo XX), que aquel último concierto que ofreció The Beatles en el techo del edificio de Apple Records, en Londres, disquera que ellos mismos fundaron… y que ahora los veía despedirse. Instantes nostálgicos, tristes, pero sin duda con algo de humor y energía, interrumpidos con la llegada de la policía para callar a una de las bandas de rock más grandes de todos los tiempos.

“¡Gracias a todos, hemos pasado la audición!” fueron las palabras de despedida de John Lennon, cuando fue imposible seguir el concierto, que los “cuatro fabulosos de Livepool” planearon cuando ya estaban fragmentados como grupo (incluso quisieron realizarlo a bardo de un barco), y que quedó inmortalizado en el documental Let it Be (1970), del realizador Michael Lindsay-Hogg. El documental mostró lo que nunca antes: una sesión entera de The Beatles grabando, aunque agonizantes como grupo, mostrando signos de hartazgo uno de otro, y un par de discusiones de George Harrison con Paul McCartney y John Lennon, dejando claras sus diferencias creativas y de egos musicales. Eran cuatro fieras musicales enjauladas, que pedían un poco de aire. Y ahí también están presentes la eternamente demonizada Yoko Ono, esposa de Lennon, y Linda McCartney, esposa de Paul.

Refugiándose en la casa de Eric Clapton, George Harrison fue el primero en salirse del grupo al pelearse con Lennon. Por supuesto, nada de esto se muestra en el filme, pero se sabe que en casa de Clapton George compuso “Here Comes The Sun”, para luego regresar al ser convencido de terminar el proyecto musical de grabar “Let it Be”, último disco del grupo, así como el documental. Pero hay momentos que elevan a cualquier melómano y fanático del grupo (como yo) al cielo: ver interpretar en el piano a Paul “Let it Be”, acompañado por sus compañeros. Ringo Starr, a pesar de su evidente cansancio, da lo mejor de sí, mientras Lennon da los acordes finales de guitarra a la canción.

No hay muchas virtudes cinematográficas en el documental. Hogg no es un realizador prodigioso ni mucho menos. En su mayoría, el documental es un aglomerado de los momentos más significativos de la grabación de "Let it Be", de algunas risas, bromas y momentos relajados entre los cuatro Beatles. Su gran valor, es que nos lleva de la mano por los rincones más íntimos del espacio creativo de The Beatles, dentro de su estudio de grabación. Nos involucra en sus discusiones, nos hace sentir incómodos de estar ahí. Constatamos que lo que al principio del grupo eran bromas, juegos, tonterías y alegría, ahora es una amarga y forzada reunión, más por compromiso que por otra cosa, de aquellos que parecían inseparables.

Hasta que, al final, llega el concierto, tomando por sorpresa a decenas de personas en las calles de Londres, incrédulas de lo que escuchaban. “¿Escuchas eso? ¿Son The Beatles, verdad?”, preguntaba un policía a su compañero recordando aquellos momentos. Sí, son ellos, y por última vez.

viernes, 30 de enero de 2009

THE CAT'S MEOW * * * *

Una de las famosas leyendas sobre el Hollywood de los años 1920, fue aquella noticia que inundó los tabloides en 1924, por la muerte del director de cine Thomas H. Ince, aquel que formó, junto a Mack Senett, la Associated Producers. Aquel año, el magnate del cine y la prensa William Randolph Hearst, festejó en su enorme yate el cumpleaños de Ince, teniendo como invitados a Charles Chaplin, la escritora Elinor Glyn, la actriz Margaret Livingston, amante de Ince, así como la crítica de cine Louella Parsons. Según la versión oficial, Ince murió por complicaciones de su úlcera a bordo del yate, de donde fue bajado de emergencia y llevado a su hogar, en donde moriría días después.

Sin embargo, cuenta la leyenda que en realidad Ince murió de un balazo en la cabeza, accidentalmente disparado por Hearst, en un ataque de celos provocado por el supuesto romance que su amante, la rubia actriz Marion Davies, estaba teniendo con Chaplin. Esta versión fue publicada por el diario rival de Hearst, y este mandaría publicar después en su diario que la muerte se debió a los “problemas de salud” de Ince.

Esta intrigante leyenda es rescatada en el filme The Cat’s Meow (2001), del actor y director neoyorkino Peter Bogdanovich. Una pequeña producción que ofrece un interesante estudio sobre la inestable, insegura y enfermiza personalidad de Randolph Hearst (Edward Herrmann, magnífico), aventurando la hipótesis de que el mismo Ince fue el causante de su propia tragedia, alimentando las sospechas y celos de Hearst respecto al amorío de su mucho más joven novia Davies, interpretada por Kirsten Dunst.

La cinta abre con una impresionante secuencia en blanco y negro, justo en el funeral de Ince, pareciendo todo una premiere, con los reporteros más interesados en captar a las estrellas asistentes. La secuencia cierra haciendo una bella y simbólica analogía entre el ataúd de Ince y su impresionante yate, anclado en la costa. De ahí, un largo flash-back nos lleva a bordo del yate, desafortunadamente cayendo la narración en una dispersión total durante la primera hora. Bogdanovich se muestra hábil llevándonos por los recovecos de los sets art-deco del barco, pero no logró verdaderamente engancharme con los personajes ni con sus problemas, mucho menos con uno de los puntos importantes del argumento: la fusión que Ince (Cary Elwes) buscaba hacer con la productora de Hearst, la Cosmopolitan Pictures. Para convencerlo, Ince buscaba destruir emocionalmente a Hearst, explotando los celos patológicos que sentía por la relación entre Davies y Chaplin (Eddie Izzard).

Steven Peros adapta su propia obra teatral, basándose en una versión de la historia contada por Orson Welles en los 1960. La película tiene su punto fuerte en la buena actuación de Edward Herrmann, quien construye un Hearst que roza el patetismo en su dependencia emocional hacia Marion Davies, quien no encontrará entereza psicológica hasta después de ocurrida la tragedia. Davies ocultará todo a la esposa de Ince, pedirá silencio a varios de los invitados (que no sabían lo que realmente había pasado), y comprará a la única testigo del hecho, Louella Parsons (Jennifer Tilly, excelente), ofreciéndole un contrato de por vida en el periódico con un aumento de sueldo.

Al final, una cinta por fortuna con pocos defectos (faltó un mejor guión) y muchas virtudes (la banda sonora es genial), disfrutable para los amantes del chisme cinematográfico. Me declaro culpable.

++Disponible en DVD, con extras como tráiler(V. Española y V.O.), "Charles Chaplin", "Claire Windsor", el "Cómo se hizo", entrevistas, ficha artística, ficha técnica y filmografías selectas

jueves, 29 de enero de 2009

WATERLOO BRIDGE * * * *


Un avejentado capitán mira nostálgico una figurilla en su mano, desde el puente de Waterloo, en Londres. De ahí, irá hacia los recuerdos de una relación que lo dejó marcado para siempre. Todo es perfecto en esta escena, de las primeras que abren Waterloo Bridge (1940), un dramón romántico en donde el realizador Mervyn LeRoy supo hacer un sabio uso del artificio.

Remake de la película dirigida por James Whale en 1931 -que no he visto-, la versión de LeRoy es realmente notable, escrita por los guionistas S.N. Behrmann, George Froeschel y Hans Rameau, basándose en la obra teatral de Robert E. Sherwood. Al parecer, comparando ambas versiones, la segunda resultó más noble e inocente. En la primera película, la desafortunada protagonista era una prostituta que conseguía clientes rondando por el puente de Waterloo, para enamorarse de un soldado de buena familia. En el filme de LeRoy, una talentosa bailarina de ballet acaba convertida en prostituta por el amor del capitán Roy Cronin, interpretado excelentemente por Robert Taylor.

Vivian Leigh lucía bellísima en su papel de Myra, la bailarina en cuestión, con sus ojazos penetrantes y su hermoso rostro, mirando enamorada a Roy desde su encuentro en un refugio en la ciudad de Londres, durante un bombardeo en plena Primera Guerra Mundial. Los constantes llamados de Roy al campo de batalla, obstaculizarán mucho su relación. Para Myra, será su demandante carrera en la Compañía de Danza, donde la disciplina y las reglas se representan en la férrea figura de su instructora, Olga Kirowa (la actriz rusa Maria Ouspenskaya, en una pequeña pero eficaz actuación).

La crisis llega cuando Roy aparezca en la lista de muertos en un diario, situación que llevará a Myra a prostituirse, expulsada de la academia y sin un centavo para comer. Waterloo Bridge es la historia de una apasionada y hermosa chica, con un futuro prometedor en el mundo del baile, que acaba echando por la borda todo lo conseguido por el amor hacia un militar de buena familia. Resultan notables las actuaciones de Lucile Watson, como la amable madre de Roy, así como de C. Aubrey Smith, como su tío de afrancesado bigote, también militar de carrera.

Además del gran trabajo de realización de LeRoy, el filme está plagado de pequeños pero lucidores detalles, como la banda sonora de Herbert Stothart (nominada al Oscar), donde destaca una maravillosa orquestación de la música de “El Lago de los Cisnes”. La pieza musical del nacimiento del cisne, ejecutada por Myra ante el sorprendido Roy, se transformará en un leit motiv en los momentos de soledad e indecisión de Myra. La edición a cargo de George Boemler y la fotografía de Joseph Ruttemberg, son técnicamente estupendos. Ruttemberg es capaz de crear atmósferas ásperas y nocturnas, con una buena dosificación de la luz.

Por su parte, Vivian Leigh interpretó uno de los mejores papeles de su carrera, superando –para mi gusto- su trabajo en Gone with the Wind (1939). Su mayor logro como actriz en Waterloo Bridge, fue haber conseguido reflejar un auténtico sentimiento de desasosiego y desesperanza, sin necesidad de caer en desplantes lacrimógenos ni sobreactuaciones. Apenas y una lágrima se verá en su rostro, cuando el sentimiento de culpa por su forzada prostitución la invada, ante la incredulidad de verse a sí misma pasear por la calle buscando clientes.

El único reproche que le hago a este excelente filme romántico, es la ingenuidad del guión, de cierta torpeza con la que trata a sus personajes a la hora de enfrentarse a un tema tabú en esa época: la prostitución. Ni Myra, ni Roy, ni algún otro personaje, pueden siquiera articular la endemoniada palabra “prostituta”. La lengua parece dolerles ante tal hecho. Lo peor, es que ante la censura, los guionistas y el realizador pretendían hacer creer al espectador que los personajes, sin mayor explicación, sobreentendían de lo que hablaban: del “oficio más viejo en la Tierra”, sin siquiera pronunciar la palabreja.

miércoles, 28 de enero de 2009

THE SPIRIT * 1/2

Me declaro un ignorante de la obra de Will Eisner, en específico, de su más famosa creación, el cómic “The Spirit”, publicado en la década de los 1940, aunque tengo entendido que existe una nueva versión del 2008. Por lo tanto, antes quisiera preguntar ¿será tan malo el cómic como la película? Sinceramente, no lo creo, ya que al menos no existiría un premio con el nombre de Eisner en el mundo del cómic.

La adaptación cinematográfica de Frank Miller (creador de las novelas gráficas “Sin City” y “300”), desafortunadamente, es fallida, y no hace falta conocer el cómic para darme cuenta que estoy frente a mi primera decepción cinéfila del año. Era una de las películas más esperadas por mí, y resultó ser una aburrida e insípida historia (si es que la tiene); un film neo-noir que solamente puede ir uno a ver bajo pretexto de disfrutar el, sin duda, soberbio espectáculo visual que Miller ofrece.

Es el experimento estético ya visto en Sin City (2005), prácticamente con el mismo tipo de fotografía en blanco y negro de alto contraste, con pequeños detalles de color en momentos clave, que emulan el estilo visual de un cómic y sus viñetas. Tampoco creo que tenga mucho que ver este estilo expresionista con el del cómic original, pero al menos me hizo algo llevadera la experiencia de ver a Samuel L. Jackson hacer el ridículo de su vida profesional, haciendo un personaje con el que, cada vez que salía en pantalla, me daban ganas de salirme de la sala. Su villano, un tal The Octopus, el típico científico loco que gusta de hacer clonaciones, resultó ser peor que cualquier “malo” en la peor película de la Disney: ridículo, insoportable y con una verborrea de humor idiota.

Junto a un grupo de pelones que intentan ser “ayudantes” de The Octopus (a la segunda escena ya me tenían harto), a la inútil participación de Paz Vega (guapísima, como siempre, pero hubiera dado lo mismo que participara o no), a la pobre Scarlett Johansson haciendo el peor trabajo de su carrera, a una narración caótica y terriblemente rutinaria, es decir, a una enorme secuencia del personaje principal, The Spirit (Gabriel Macht), le sigue otra de The Octopuss, y así sucesivamente; más una narración en off que se hace exhaustiva debido a lo plano de la historia (con solamente una escena climática), me hace llegar a la conclusión (junto con la de un amigo, más conocedor de cómics que yo), que Frank Miller no tiene nada que hacer dirigiendo cine.

El personaje de The Spirit, es una suerte de mezcla entre The Green Hornet y The Shadow, un ex policia que ha regresado del más allá en la forma de un, precisamente, espíritu inmortal y justiciero, que busca reencontrarse con el amor de su adolescencia y también luchar contra el mal, para que su amada Ciudad Central pueda dormir tranquila. Dicha inmortalidad nos hace ver escenas insoportables, como aquella en la que Spirit y Octopus se pelean con… un retrete. Vemos muy poco de la lucha contra el mal de Spirit (acompañado siempre por un gato), debido a sus eternos diálogos consigo mismo, inmerso en un enorme dilema existencial: su debilidad por las chicas guapas.

Si se quiere otro pretexto para ver este churro, tal vez deba saber que puede reencontrarse con el padre de Kevin Arnold (Dan Lauria, de la serie The Wonder Years). Para mi gusto es quien mejor actúa de todo el reparto y es de las pequeñas cosas rescatables.

++ Lo mejor: el soberbio y espectacular trabajo visual, al más puro estilo de "Sin City". ¡Ah! y Dan "The Wonder Years" Lauria.

++ Lo peor: Samuel L. Jackson y sus tres acompañantes pelones.

martes, 27 de enero de 2009

A LITTLE TRIP TO HEAVEN * * * 1/2

Forrest Whitaker.

La primera película dirigida por el islandés Baltasar Kormákur en Estados Unidos, no está muy lejos de los temas habituales en su filmografía (101 Reykjavic y Hafid). A Little Trip to Heaven (2005), quizás tiene en su contra el seguir la tendencia de muchos melodramas hollywoodenses, con historias sobre personajes con destinos cruzados y marcados por aparatosos accidentes automovilísticos (¿A alguien le suenan "Amores Perros" y "21 Grams"?.

El resultado, de todas maneras, no deja de ser impresionante. Kormákur le da un apabullante realismo a las escenas de los accidentes. Tres choques automovilísticos hilvanan los hilos dramáticos, en una película que se mueve entre el thriller policiaco y el melodrama familiar. Su personaje central, interpretado por el siempre estupendo Forrest Whitaker, es un agente de seguros con vocación de detective, forzado a investigar las consecuencias de un terrible accidente en la carretera. El accidente ha  dejado una persona calcinada, muchas preguntas y una millonaria poliza, que podría ser cobrada por una mujer (Julia Stiles), madre de un pequeño niño y esposa de un mecánico con pinta de tenerle mucho cuidado (Jeremy Renner).

“¿Es largo el camino al Cielo?”, le pregunta el niño de apariencia angelical al confundido agente de seguros, dentro de un escenario de clima caótico (lluvia torrencial, mucha nieve, etc.). Si bien Kormákur a veces cae en lo caótico en la narración, al desentrañar apresuradamente las revelaciones finales, lo admirable es su cuidado aspecto visual, así como su notable dirección de actores. Whitaker llena a su personaje de varios aspectos atractivos (ese tono de voz irritante, su tartamude). Su agente de seguros es grisáceo, frío, pero en el cine de Kormákur todos –o casi todos- se dirigen a una redención. Abe, el agente en cuestión, también va por ese camino, uno casi celestial.

Para ser su primer filme en los Estados Unidos, Kormákur supo lograr, con todo y sus contados defectos, un interesante thriller, alejado de las concesiones comunes en este género y, claro, de los elementos más comunes en sus filmes anteriores, por ejemplo, las familias disfuncionales. Aunque, a decir verdad, aquí sí hay una familia disfuncional, pero los secretos que esconde serán, más bien, tétricos.

++ A Little Trip to Heaven (titulada en España "Verdades Ocultas") se encuentra disponible en DVD, aunque en una edición sin extras de relevancia.

viernes, 23 de enero de 2009

MILLION DOLLAR BABY * * * * *


Gran ganadora del Oscar a Mejor Película en 2004, a Mejor Director para su realizador y actor principal Clint Eastwood, y a Mejor Actriz para su coprotagónica, Hilary Swank, Million Dollar Baby (2004) es uno de los mejores filmes de Eastwood, junto con Unforgiven y Mistyc River.

El guionista de televisión Paul Gaggis hace su debut en cine, y recurre a un tal vez convencional argumento edificante del “maestro y el discípulo”, pero con una gran habilidad para darle un giro dramático, ofreciendo un drama boxístico soberbio de momentos intensos. En la historia hay boxeadores novatos y veteranos, aunque de lo que menos trata es, precisamente, de box, en el sentido de que apenas y vemos dos o tres peleas en el ring.

Million Dollar Baby más o menos sigue los pasos de Rocky, dirigida por John G. Avildsen en 1976 (el mismo realizador que más tarde dirigiría Karate Kid, otra película con una premisa similar), pero Clint se enfoca desde el principio en el veterano entrenador de box, Frankie Dunn (el mismo Eastwood), propietario de una obscura y melancólica escuela de box, experto en curar heridas con precisión casi quirúrgica, ignorado por su hija, y que mantiene una amistad con un ex boxeador negro, Eddie Dupris (Morgan Freeman, opacando a Eastwood en todas sus escenas), que ha terminado como empleado de limpieza en el gimnasio de Frankie.

Eddie es quien narra en off toda la aventura de Frankie al aceptar entrenar a Maggie (Swank), rompiendo todo lo establecido al ser la primera chica que entrena en su carrera como manager. Mientras, Frankie acude a una iglesia para intentar reencontrarse con Dios, sacar canas verdes al padre en turno y buscar un refugio al sufrimiento que le provoca la separación de su hija.

Eastwood, como siempre, demuestra una prodigiosa seguridad en su realización. Toma prestado de viejos dramas boxísticos, como The Set-up (1949), una estética de film noir, en los momentos de mayor correspondencia entre Frankie y Maggie (los del restaurant, dentro del gimnasio,…), e incluso le da importancia a detalles tan mundanos como brillantes (ese gusto por el pastel de limón), detalles que ayudan a dimensionar a Frankie como personaje. Maggie será una especie de “hija adoptiva” para Frankie, llenando ambos el vacío emocional que tienen.

La fotografía granulosa de Tom Stern le da un aspecto de filme de los 1970, en tanto la música escrita por el mismo Eastwood, redondea todavía más una magnífica película, que goza de un tercer acto encumbrado por una de las decisiones más difíciles que he visto a un personaje tomar jamás.

El trabajo de Eastwood no esconde una pulcra manufactura, especialmente en las peleas, en donde apenas y se ven unas cuantas gotas de sangre; en cierta ironía reflejada en ese joven inquieto del gimnasio que busca, inútilmente, su primera oportunidad, o en otros detalles magistrales que parecerían insignificantes, como los agujeros en los calcetines de Eddie. Un filme indispensable.

++ Million Dollar Baby se encuentra disponible en varios formatos, como Blu-Ray, UMD, HD-DVD. La edición especial de colección contiene:
* Entrevistas con el Director y los Actores (15 min)
* Imágenes de Rodaje (20 min)
* “Born to fith”: Reportaje sobre el mundo del boxeo femenino (19 min)
* “Del libro a la película”: Los productores hablan de la adaptación (13 min)
* Mesa redonda con el Director y los Actores después de los Oscars (25 min)
* Dossier con fotografías
* Fichas
* Biofilmografía Director y Actores
* Trailers, Spots
* Galería fotográfica

jueves, 22 de enero de 2009

IO NON HO PAURA * * * 1/2

Hermosos campos de trigo de color amarillo amenazan con robarle protagonismo a Michele (Giuseppe Cristiano), un niño que vive con su familia en la campiña del sur de Italia. Junto a su hermana menor y otros amigos Michele comparte juegos, y se enfrentará a al peligroso reto que uno de ellos le impondrá en No tengo Miedo (Io Non Ho Paura, 2003), doceavo largometraje del realizador italiano Gabriele Salvatores.

No tengo Miedo está basada en la novela de Niccolò Ammaniti, adaptada por Salvatores en colaboración con la guionista Francesca Marciano. La historia es una sensible metáfora juvenil sobre el crecimiento, en la experiencia de un chico que se trastoca en el héroe de una trama ambientada en los años 1970, cuando Italia sufría una dura realidad por los secuestros.

Salvatores abre en un tono de fábula, rozando los terrenos del relato infantil, cuando Michele se encuentra una fosa, oculta debajo de paja y trigo, con un niño de su edad viviendo en condiciones lamentables. Luego de llevarle agua y comida, Michele se da cuenta que la fosa es la prisión de Filippo (Mattia Di Pierro).

La primera parte es una especie de melodrama familiar. Observamos la cotidianidad de Michele junto a su estricta madre (la actriz italo-española Aitana Sánchez Gijón) y a su cariñoso y tolerante padre (Dino Abbrescia). Gradualmente, el filme se irá internando por los terrenos del thriller político, tan sólo unos guiños, sin que la mesurada realización de Salvatores pierda se desvie del relato anecdótico y familiar. La trama goza de instantes de ternura y humor, representados en la hermanita de Michele, en su amigo incondicional (con el que intercambia secretos por juguetes), o en esa niña gordita que sufre abusos y burlas del líder de la pandilla.

Enmarcada por una magnífica fotografía, de tonos amarillos y ocres, a cargo de Italo Petriccione, con esos suaves movimientos del trigo que dan al filme un ambiente etéreo (algún crítico lo comparó, acertadamente, con los travellings en los campos de trigo de “Gladiator”), No tengo miedo consigue, en la intrigante relación entre Michele y Filippo, una comparación acertada con la historia cristiana de la resurrección de Lázaro. Sin embargo, no se resiste al happy-end, aunque es más bien sutil y sin caer en excesos melodramáticos a lo Hollywood.

++ "No tengo miedo" estuvo disponible en DVD, pero actualmente se encuentra descatalogada por el distribuidor.

miércoles, 21 de enero de 2009

LES CHORISTES * * * 1/2

Dicen que la música calma a las bestias, y que llega a caer muy bien a las plantas, que las hace crecer mejor. Esta premisa puede aplicarse a Los Chicos del Coro (Les Choristes, 2004), debut en la dirección de Christophe Barratier, con una notable trayectoria en la producción de documentales como Microcosmos (1996) o Alas de Sobrevivencia (2001).

En aquella premisa cree el maestro, tolerante hasta la médula, Clement Mathieu (un muy contenido Gérard Jugnot), que llega con tan sólo un maletín a un internado en la campiña francesa para ocuparse de instruir a un conflictivo grupo de niños y jóvenes preadolescentes, a quienes ni el mismísimo Dios padre puede controlar.

Inspirado en La Cage aux Rossignols (1947), de Jean Dréville, Los Chicos del Coro es un emotivo y conmovedor canto (en el sentido literal del término) a la tolerancia, la paciencia y el perdón, como detonadores de cambios importantes en la conducta humana y los sentimientos.

Un prestigiado director de orquesta (el gran Jacques Perrin) recibe la visita de un misterioso amigo de la infancia, Pepinot (Didier Flamand), con una foto de 1949 y el diario del maestro Clement. Ambos comienzan a recordar sus difíciles años juveniles en el internado, dirigido en aquel entonces por el ambiguo director Rachin (Francois Berleand, excelente).

El señor Mathieu no tendrá fáciles las cosas. Ningún chico lo respeta, le ponen apodos como “cabeza de huevo”, lo ridiculizan, lo humillan, etc., pero el estoico maestro, sorprendentemente, nunca levantará la mano para castigar a sus alumnos. Cuando el castigo del férreo director se aproxima, el señor Clement siempre inventará cualquier cosa para encubrirlos.

El internado funciona, no nada más como un lugar común de decenas de filmes similares (Los 400 Golpes, por ejemplo), sino como una metáfora de la madurez y el crecimiento; un idílico lugar en el que hay espacio para juegos y el redescubrimiento del amor. La apuesta de Barratier es dejar de lado toda crudeza, para mostrar en su película (que también escribió) la cara más amable y dulce de la vida en un reformatorio, incluso cuando parece que sobrevendrá el drama.

La iniciativa del señor Mathieu de crear un coro con los chicos, le dará continuidad a una truncada carrera de compositor musical y la oportunidad de apaciguar a sus alumnos. El coro dará al gris internado un aire celestial, y al desarrollo de una estupenda banda sonora a cargo de Bruno Coulais, con temas cantados por el coro de Les Petits Chanteurs de Saint-Marc Choir (incluida la excelente voz de Jean-Baptiste Maunier), en un trabajo que estuvo a una nariz de ganar el Oscar a Mejor Banda Sonora y Mejor Canción Original.

++ Disponible en edición austera y una edición limitada para coleccionistas, que incluye:
* Cómo se hizo
* Cuaderno de música: “Canto contracampo”, “Dime”, “No recomendado a menores de 13 años”, “Cafe d´la place”, “Los ensayos de los jóvenes actores” y “Acción-reacción”
* Galería de fotos
* Tráiler,
* Ficha artística,
* Ficha técnica,
* Filmografías destacadas,
* Premios y nominaciones

martes, 20 de enero de 2009

THE WHOLE TOWN'S TALKING * * * *



John Ford supo aprovechar al máximo el potencial de un actor del calibre de Edward G. Robinson en The Whole Town’s Talking (1935), brillante y poco convencional filme de gangsters, al combinar comedia romántica en una bien tramada historia, que giraba alrededor de una fatal confusión para un mediocre contador.

Robinson hace un doble papel fenomenal, el del contador Arthur Ferguson Jones, tipo nervioso, tímido, algo irresponsable y con baja autoestima; enamorado de su despreocupada compañera de oficina, Wilhelmina “Bill” Clark (simpática e, irremediablemente, adorable Jean Arthur). El otro personaje es su acostumbrado gángster, el temible Mannion, considerado por la policía como el “Enemigo Público Número 1”, que ha cometido múltiples robos y asesinatos. Como podrá suponerse, Arthur y Mannion son físicamente idénticos.

La historia arranca cuando Arthur es confundido con Mannion, a partir de una fotografía publicada en el periódico. El pobre será denunciado por un tipo que está junto a su mesa en un restaurante, insufrible pero divertido personaje, que ya no abandonará la trama gracias a su soberana obsesión de querer cobrar la recompensa por el hallazgo.

El guión está escrito por los colaboradores de Frank Capra: Robert Riskin y Jo Swerling, a partir de un argumento concebido por W.R Burnett (responsable también de Little Caesar, también protagonizada por Robinson). Aunque la película acababa teniendo más tintes de comedia (el asunto de la confusión, las divertidas intervenciones de Wilhelmina, los líos de oficina, etc), como filme de gangsters era pequeño pero entretenido. Cuando Arthur era dejado libre de prisión, se le entregaba un salvoconducto que especificaba “no debe ser confundido con el asesino Mannion”. El problema es que Mannion querrá sacar provecho de esta situación, cuando el villano obligue a Arthur a compartir identidades y dicho documento.

Ford conseguía un gran tercer acto, y la mezcla de géneros (que sólo un maestro puede manejar con soltura y facilidad) era magistral, entretenida y conmovedora, en esa pena ajena que causa el desdichado Arthur, de todas formas afortunado por la manera en que la atractiva Wilhelmina se acababa enamorando de él.

Era magistral el manejo de extras en escenas exteriores, como pocos lo hacían en esa época, y es sorprendente la técnica de la “doble impresión fotográfica”, en la que se juntaba, convincentemente, a los dos personajes de Robinson en una misma escena.

lunes, 19 de enero de 2009

RECOMENDACIONES EN DVD (4)


En esta ocasión, nos ponemos un poco "rosas" con las siguientes recomendaciones:

The Pink Panther (2006)

Remake de la película que presentó al torpe Inspector Clouseau, inmortalizado por Peter Sellers, en 1964. El trailer promocional no fue muy bien recibido e incluso causó pánico en muchos admiradores de los filmes originales, al ver que Steve Martin interpretaría al inspector. La película resultó ser una sorpresa -al menos para mí-, ya que sin llegar a superar a las películas originales (creo que ni siquiera es la intención), este remake dirigido por Shawn Levy se erige como una película graciosa de principio a fin. El canoso guionista, escritor y comediante, saca delante de una forma admirable al clásico personaje, luciendo un bigote más pequeño y la acostumbrada gabardina, dentro de un perfecto vehículo de lucimiento. Lo más gracioso ha sido su extravagante acento francés, con una escena hilarante: Clouseau intentando pronunciar la palabra “hamburguer”. Con todo, el filme dividió a crítica y audiencia. Los puristas consideran un sacrilegio sustituir a Sellers, mientras otros han aceptado la idea de un inspector Clouseau canoso, pero haciendo sus inolvidables tonterías.

Disponible en Blu-Ray y UMD. El DVD tradicional incluye únicamente el comentario en audio del director Shawn Levy.

The Pink Panther Film Collection.

Se ha lanzado al mercado un paquete de lujo con los cinco filmes sobre la Pantera Rosa, protagonizados por Peter Sellers y dirigidas por Blake Edwards. El primero, The Pink Panther (1964), era nada más una introducción de Clouseau como personaje -no salía mucho- y del famoso diamante “La Pantera Rosa”, propiedad de una princesa (Claudia Cardinale), robado por el famoso ladrón The Phantom (David Niven). Muy gracioso, aunque no tanto como A Shot in the Dark (que tuvo en México un afortunado reestreno en cine, con una edición restaurada de aniversario), con el inspector Clouseau ya consolidado como personaje. El inspector debe encontrar a un misterioso asesino, que había cometido un crimen en la lujosa residencia de Benjamin Ballon (George Sanders). Un plano secuencia magistral daba inicio al filme, con la cámara explorando la casa por las ventanas y desde afuera. El jefe de policia Dreyfuss (interpretado en todos los filmes por Herbert Lom) comisiona a Clouseau la investigación del caso.

Sellers tuvo un largo receso, siendo sustituido por Alan Arkin en un fallido filme titulado Inspector Clouseau (1968), que no dirigió Edwards, hasta que la MGM convenció a Sellers para que se pusiera de nuevo la gabardina, en el muy elocuente y acertado título The Return of the Pink Panther (1975), que por alguna desafortunada razón no viene incluida en el paquete. Aquí The Phantom regresa, pero ahora interpretado por Christopher Plummer, volviendo a las andadas en Suiza, por lo que Clouseau (disfrazándose de un sin fin de cosas) tratará de atraparlo. The Pink Panther Strikes Again (1976), siguiente filme del paquete, cuenta cómo el ahora ex-inspector Dreyfuss (Lom), preso de una locura, se trastoca en un criminal por culpa de las torpezas de Clouseau. Dreyfuss rapta al inventor de un mortal rayo, que amenaza con usar a menos que Clouseau sea ofrecido… ¡en sacrificio! En Revenge of the Pink Panther (1978), Clouseau y su asistente Cato (Burt Kwouk), se enfrentan con una banda de narcotraficantes, haciendo uso de su habilidad para el disfraz, volviendo loco a Dreyfuss con una demostración de artes marciales. Finalmente, The Trail of the Pink Panther (1982), último filme protagonizado por Sellers (estrenado dos años después de su muerte), es una especie de homenaje póstumo al comediante, en un armado caótico de escenas e imágenes de archivo de filmes anteriores. Nuevamente la “Pantera Rosa” es robada, y Clouseau debe ir en su búsqueda en un avión que de pronto desaparece. Mientras, una reportera (Joanna Lumley) se dedica a entrevistar a Dreyfuss, a Lady Litton (Capucine) y a Charles “The Phantom” Litton (David Niven), para recordar sus experiencias con Clouseau.

Todas las películas tienen la imagen y el sonido restaurado en estereo Dolby Digital 5.1, e incluyen un disco extra con documentales sobre el trabajo de Edwards y Sellers, así como una serie de cortos animados sobre la Pantera Rosa, no el diamante sino el personaje felino que surgió a partir de las películas.

The Pink Panther Classic Cartoon Collection

Se encuentra disponible en DVD la colección completa de los dibujos animados de La Pantera Rosa, que hicieron su debut en televisión en 1969. Con el clásico tema en saxofón compuesto por Henri Mancini (como introducción a cada episodio), esta serie animada tuvo gran éxito y sirvió para introducir nuevos personajes. Al Inspector Clouseau (de muy baja estatura en su versión animada), le acompaña su asistente Totó (más torpe todavía), y aparte estaba La Hormiga y el Oso Hormiguero (de color azul). Sus aventuras estaban basadas en la eterna persecución del “gato y el ratón”, con el torpe oso hormiguero queriendo comerse a la más astuta hormiga. También tenemos al alguacil Hog y su caballo cojo, en una especie de western cómico animado, al estilo de los Looney Toones.

Como personaje, la Pantera Rosa nació de las mismas secuencias de créditos animadas que abrían los filmes de Blake Edwards, creadas por Friz Freeleng (animador de los Looney Toones en la casa Warner) y David H. DePatie. De hecho, ambos se hicieron acreedores a un Oscar por uno de los episodios, y el paquete incluye los 124 episodios, producidos entre 1969 y 1980, en un set de 5 discos. Desafortunadamente no incluye extras sobre la concepción artística de estas animaciones, aunque vale decir que el trabajo de Freeleng y DePatie en La Pantera Rosa, destacaba por su efectivo manejo del humor silente. Ni la Pantera Rosa, ni los esporádicos personajes que le acompañaban, decían una sola palabra. El humorismo estaba basado en, por ejemplo, el uso de los colores (predominando el rosa y contraponiéndolo con otros colores), el uso del sonido y la música, así como el “absurdo“ en el uso de los elementos visuales (aquel episodio en que la Pantera dobla como papel el fondo que tenía detrás). El uso de la música recordaba al jazz de Snoopy y Charlie Brown (creados por Shultz), aquí cambiando el género por el groovy y el lounge característico de los 1960.

sábado, 17 de enero de 2009

UN LONG DIMANCHE DE FIANCAILLES * * * * 1/2


Es inútil resistirse a los encantos cinematográficos del director galo Jean Pierre Jeunet (uno de los favoritos de quien esto escribe), capaz de transformar la campiña francesa, el París de principios de siglo XX o un mercado populoso, en un escenario de lo posible y lo imposible. En su cine cada detalle es cuidado al máximo, cada ruido y elemento visual.

Tarde o temprano iba a suceder, Jean Pierre Jeunet cayó en las redes de Hollywood, aunque no creo que haya que asustarse tanto. Alien: Resurrection me agradó mucho, y ahora con Un Largo Domingo de Noviazgo (Un Long Dimanche de Fiancailles, 2004), el también director de Foutaises, La Ciudad de los Niños Perdidos, Delicatessen y la taquillera en Francia, Amélie, logra una historia de amor de tintes épicos y presupuesto millonario.

Basándose en la novela del narrador y guionista Sébastien Japrisot, Jeunet cuenta la nostálgica historia de Mathilde (Audrey Tautou nuevamente), una chica con una pierna de madera debido a la poliomelitis que padeció en su infancia, quien tiene el propósito de encontrar a su novio Manech (Gaspard Ulliel), que se alistó en el ejército para pelear en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial.

En varias escenas, uno se siente en medio del campo de batalla, en medio de los terrores de la guerra. Una larga secuencia recuerda a la secuencia introductoria de Saving Private Ryan, y acabamos sumergidos en un mundo infernal. Muchos soldados preferían mutilarse varios dedos o una mano, con tal de evadir el pelear en el frente de batalla.

Jeunet muestra una habilidad descomunal en la manera de dirigir las escenas bélicas (por sí solas, dan para todo un filme bélico), con grandes efectos especiales y edición de sonido (¡la explosión del zeppellin!). También resulta magistral la manera en que Jeunet combina los puntos de vista narrativos, contrastando las amarillosas y otoñales secuencias del campo, con las grises y neutras secuencias de las batallas. Un momento estamos viendo la rutinaria existencia de Mathilde con sus tíos (Dominique Pignon, actor fetiche de Jeunet, y Chantal Neuwirth) y en segundos Jeunet ya nos está contando la historia de algún “soldado desconocido” y los horrores que presenció.

Está de más decir que el diseño de arte y la fotografía, de Brunno Delbonnel (el mismo de Amélie), son una maravilla. Empezamos con imágenes en sepia de Matilde, triste y recolectando pistas, para llegar a una colorida resolución. El reparto es de primera, con estrellas francesas como Julie Depardieu, André Dussolier, Denis Lavant, Albert Dupontel y Tcheky Kario, mientras Jodie Foster hace una secundaria pero destacada participación, hablando un francés casi perfecto, interpretando a la esposa de un soldado desaparecido.

El guión de Jeunet es un trabajo con muchas virtudes, en la relevancia que van tomando todos y cada uno de sus interesantes personajes secundarios: la tía Benedicte y sus supersticiosas costumbres, el tío quejoso, el cartero que poco a poco se introduce en la intimidad de la familia; ese detective y sus elocuentes frases, etc, hasta que vemos que Manech no es más que una especie de “mcguffin” en la historia. Nos importa un bledo si está vivo o no, lo que termina robando nuestra atención son esas atractivas subtramas, historias de las cuales nos quedamos con ganas de más.

++ El DVD incluye extras interesantes como "Detrás de las escenas: "Un año en el frente", "Antes de la explosión", escenas suprimidas con comentarios de Jean-Pierre Jeunet, trailers, menús interactivos, acceso directo a escenas, comentario en audio de Jean-Pierre Jeunet, promocional de la banda sonora, etc.

viernes, 16 de enero de 2009

Hafið * * * * *

Gunnar Eyjólfsson

Desde su debut con el almodovariano filme 101 Reykjavík (2000), quedó patente que las inquietudes temáticas del joven realizador islandés Baltasar Kormákur iban a ser los núcleos familiares disfuncionales, formados por hijos atormentados con traumas a cuestas. Los padres (con los mismos problemas) cierran este círculo, como la madre lesbiana vista en 101 Reykjavík, o el padre arraigado a las tradiciones de un pueblo pesquero de Islandia, en el segundo largometraje de Kormákur, Hafid (2002).

Además de director, guionista y productor, Kormákur ha tenido una prolífica carrera como actor (participó en un pequeño papel en 101 Reykjavík). En Hafid (con el título internacional de "The Sea"), el realizador propone un nuevo retrato familiar multigeneracional, en un melodrama que narra las dificultades de un hombre maduro, Thodur (magnífico Gunnar Eyjólfsson, padrino en la vida real de Kormákur), para romper con los fuertes lazos que lo unen a una procesadora de pescado. El negocio está hipotecado y a punto de quebrar. Mientras tanto, Thodur se encuentra escribiendo sus memorias, en un ajuste de cuentas con su pasado, en lo que decide cuál de sus tres hijos se hará cargo del quebrantado negocio.

“¿Por qué de pronto ese amor a la verdad?”, le dice a Thodur su segunda esposa, Kristín (Kristbjörg Kjeld), quien se encuentra organizando sus escritos. En una reunión familiar decisiva, Thodur hará un importante anuncio a sus hijos respecto a su patrimonio. La fábrica está administrada por el mayor de ellos, Haraldur (Sigurdur Skúlason), el cual está casado con una ambiciosa mujer, Aslaug.

Kormákur adapta la obra teatral del islandés Olafur Haukur Símonarson. La película tiene momentos de irónico humor, en la figura de la simpática abuela Kata (Herdís Thorvaldsdóttir), quien, a través de cortos pero sarcásticos diálogos, termina simbolizando el arraigado tradicionalismo. En la comida están  presentes Haraldur, su hermana cineasta Ragnheidur (Gudrún Gísladóttir) y Agust (Hilmir Snaer Gudnason, protagonista de 101 Reykjavík), el hijo menor, que estudia música en París sin que lo sepa su padre. El chico vive con su novia francesa (Hélène de Fougerolles), quien es testigo de las discusiones y enfrentamientos familiares.

Kormákur en ningún momento abandona el tono sarcástico en las relaciones intrafamiliares. Su trabajo  tiene detalles extraños pero muy humorísticos, como ese carnero que entra en un restaurante. Estas constantes apariciones de animales, lejos de ser gratuitas, refuerzan el discurso del filme, muy político y social, que tiene que ver con la falta de modernidad y progreso fuera de Reykjavík. El raquítico negocio  de Thordur ya no pudo estar a la par del progreso.

Hafid es una película que lanza una crítica a los arraigados tradicionalismos en las familias más conservadoras de Islandia, alejadas de las grandes metrópolis. En esa otra disfuncional familia que lleva Ragnheidur junto a su esposo Morten (Sven Nordin), el hijo adolescente, tímido y callado, no toca la comida preparada por la abuela. “¡Quien no coma carne de ballena, no merece vivir!”, exclama la anciana. Ragnheidur y Morten viajan desde Reykjavík hasta el pueblo para desestabilizar todavía más el áspero ambiente en la triste residencia, blanca y de arquitectura funcional.

Fotografiada estupendamente por Jean-Louis Vialard, Hafid es un trabajo notable en la filmografía de Kormákur. Tiene una magnífica dirección de actores y la historia tiene un efecto catártico en cada uno de sus personajes. La ligera base paterno-filial amenaza con colapsarse por las ambiciones económicas e intereses ocultos. La violencia puede aflorar en los momentos de mayor crisis.

++ Hafid se estrenó en el Festival de San Sebastián en 2002, aunque no tuvo estreno comercial en cines. Tampoco se encuentra editado en DVD en España.

jueves, 15 de enero de 2009

HONOLULU BABY *

Cualquier -por lo menos, la mayoría- hombre quisiera verse alguna vez en la situación del ingeniero Alberto Colombo, un tipo con pinta de “Groucho Marx” en decadencia. Alberto es un burócrata en una empresa estadounidense instalada en Italia, hasta que es transferido a un enigmático lugar llamado “Melachas”. Según su jefe, ninguno de los empleados que han sido enviados allá ha regresado, y Colombo (atención al sugerente apellido) será el encargado de ir a investigar qué sucede y, de paso, tratar de encontrar petróleo.

Honolulu Baby (2001), dirigido por el comediante Maurizio Nichetti, quien también interpreta el papel de Colombo, tiene una atractiva idea argumental, a pesar de lo fallido que resulta. Su comienzo es delirante, abriendo con las regulares pesadillas que Alberto tiene por lo estresante que resulta su trabajo, en especial, porque tiene que hablar en la oficina únicamente en inglés, idioma que está aprendiendo junto a su esposa, Margherita (la actriz portuguesa Maria de Medeiros), quien trabaja en un McDonalds haciendo limpieza.

Desde el atractivo inicio se adivina una crítica a la globalización y a las absurdas políticas corporativas, como el hecho de que Margherita deba practicar el inglés para causar buena impresión durante la visita del director corporativo al McDonalds, hasta que la película cae en un letargo argumental, justo cuando Alberto llega a “Melachas”. Esta imaginaria región es un territorio desértico, donde Alberto encuentra a un antiguo empleado de la empresa, Christian (Jean Rochefort, totalmente perdido en su interpretación), al que le gusta le llamen “Cri-cri”.

Melachas es una especie de “paraíso”, al menos, para los hombres, ya que está habitado únicamente por 320 mujeres, todas ellas muy guapas. Christian ya tiene a sus favoritas, pero las desesperadas mujeres irán tras el confundido Alberto. Aunque a veces se dejará cuidar por ellas, la mayor parte del tiempo deberá sortearlas, esconderse o disfrazarse de mujer, ante el masivo acoso de las mujeres. Entre las actrices se encuentran la chilena Paulina Gálvez y la catalana Marián Aguilera.

La idea no es mala, la intención de Honolulu Baby (escrita por Giovanna Carrassi y Richard Clement Haber) es crear una cómica metáfora sobre la colonización. Colombo llega a verse a sí mismo como un “semental”, que proveerá a Melachas de lo que le falta: bebés y luego, hombres, que llegarán a explotar el petróleo del lugar. El principal problema del filme, es que apenas y causa la más mínima gracia. Las persecuciones de las mujeres tras Colombo terminan por ser rutinarias. Lo que es peor, es que las mujeres son mostradas sin un ápice de inteligencia. Apenas y pronuncian algunas frases, son como zombies o robots en todas sus acciones, y ninguna de ellas (ni siquiera el personaje de Gálvez) tiene alguna relevancia en la historia.

En papel quizás se veía bonita la idea, pero en pantalla luce pobremente trabajada, debido a un guión escrito sin la mínima imaginación. Como comediante Nichetti no logró convencerme, y me dio pena ver al gran Jean Rochefort parloteando pésimos diálogos en inglés, italiano y uno que otro en francés. Honolulu Baby, en resumidas cuentas, es una película misógina que apenas y aguanta ser vista durante una noche sin otra cosa mejor que hacer. Mejor ni intentarlo.

miércoles, 14 de enero de 2009

LE DÎNER DE CONS * * * 1/2

El director francés especializado en comedias, Francis Veber, ha tenido un gran éxito en teatro con su obra La Cena de los Idiotas (Le Dîner de cons). Veber se encargó de adaptarla en 1998 al cine, y el resultado fue una modesta pero efectiva comedia, con los actores Thierry Lhermitte (protagonista de “El Closet”, también de Veber), y Jaques Villeret (de “El Secreto del Malabar Princess”, y fallecido en 2005), quien en su momento hizo el mismo papel en la versión teatral.

Por ello, Villeret realiza con una facilidad tremenda su interpretación de Francois Pignon (nombre que Veber ha usado siempre en sus personajes principales), un simple contador del Ministerio. A Pignon lo ha dejado su esposa, y desde entonces se dedica a construir modelos a escala de todo lo imaginable (Torre Eifell incluida), usando tan sólo cerillas. Thierry Lhermitte interpreta a Pierre Brochant, editor literario que organiza, junto a otros amigos, un concurso, en donde cada uno debe llevar un tonto a una cena. El que lleve al más idiota, gana.

El concurso semanal amenaza con cancelarse por una lastimadura que sufre Pierre, hasta que llega Pignon para salvar el evento, como el “tonto” invitado de aquel. Los enredos comienzan por la decisión de Pierre de utilizar a Pignon para recuperar a su esposa, a través de una sesión de llamadas telefónicas. Pignon meterá la pata una y otra vez, todo narrado con un buen ritmo en la interacción de Villeret y Lhermitte, basada en la combinación de personalidades antagónicas, el último en su habitual papel de engreído. Nada raro en Veber, cuyas películas se basan justamente en la fórmula de las buddy movies hollywoodenses, explotando la interacción que puede surgir entre personajes opuestos, propensos a “matarse” el uno al otro.

Veber supo traducir al cine su propia obra teatral. Al final, no se sabe quién es más tonto, si el inocente pero sensible Pignon, o el adinerado editor, que no ha sabido cómo conservar a su esposa. Ambos comparten, de alguna forma, los mismos problemas. Como dice Pignon: “uno debe pensarlo dos veces, cuando crea que el prójimo es un tonto”.

++ El DVD incluye trailers, ficha técnica, ficha artística y filmografías.

martes, 13 de enero de 2009

MEET THE FOCKERS * * * 1/2

Los momentos en los que compadecemos y no deseamos estar en los zapatos de Gaylord Focker (Ben Stiller), son aquellos en los que el rostro mala leche de Robert DeNiro, con su personaje del exagente de la CIA Jack Byrnes, literalmente se “clava” en la asustadiza mirada de aquel.

Las cómicas interacciones entre los dos personajes, con las advertencias y largos sermones de Jack hacia Gaylord, hacen divertida Meet the Fockers (2004), la afortunada secuela de Meet the Parents (2000). A este cómico rapport (si bien es prácticamente el mismo de su predecesora) se agrega el que DeNiro tiene con su compañero de reparto, Dustin Hoffman, dos grandes figuras del cine juntas por primera vez en una comedia.

Ahora corresponde a Gaylord sufrir los enfrentamientos entre su padre, Bernie (Hoffman), y Jack, además de la vergüenza que le provoca el modo de vida tan liberal entre Roz (efectiva Barbara Streissand), su madre, y Bernie. La acción tendrá lugar en la casa de los Fockers. Gaylord lleva a Pam (Teri Polo), su prometida, a conocer a su familia en Miami. Jack y su esposa los acompañan a pasar el fin de semana, emprendiendo el viaje en una inmensa “casa rodante” con tecnología de punta.

Los padres de Gaylord son una suerte de hippies de principios de siglo XXI. Viven todavía en los 1960. Bernie es un abogado retirado, pacifista y detractor de la violencia contra los animales, en tanto Roz es una terapeuta sexual especializada en ancianos. El choque de caracteres entre los Fockers y Jack será el punto de apoyo del realizador Jay Roach (director de la primera parte), para todos los gags de la película. La casa de los Fockers es un santuario dedicado al arte erótico de pésimo gusto, así como a los cuestionables logros en la vida académica de Gaylord.

Dustin Hoffman y Barbara Streissand están magníficos como los padres de Gaylord. Hoffman está en ocasiones desatado en una actuación, casi siempre, relajada. Robert DeNiro sigue con la estrategia -muy funcional- de poner cara de “dolor de estomago”, cada vez que quiere “matar” a Gaylord. Y cierto bebe, nieto de Jack, no se queda atrás, quien absorbe como esponja todo lo que escucha y ve, gracias a los métodos educativos de su abuelo.

Meet the Fockers está lejos de superar a su predecesora. Es una comedia que de todas formas acaba siendo graciosa, con algunas secuencias de comicidad hilarante (la cena con ese peculiar “libro de recuerdos”, el torturante masaje de Roz a Jack, el posible hijo de Gaylord).

El guión no está exento de llevar implícito un mensaje positivo, que tiene que ver con la forma en la que Gaylord se siente avergonzado de sus padres. Ellos tratan una y otra vez, con muchos esfuerzos, de complacerlo, sin que Gaylord lo asimile por estar más preocupado y ansioso en complacer a su futuro suegro. Bernie y Roz pasarán por alto todo lo que su hijo les trate de imponer. Al final son sinceros, auténticos, simplemente los Fockers.

++ Disponible en una edición especial con estuche metálico, que incluye extras como escenas inéditas, "Meteduras de pata", "La Glándula Paparia", "Las aventuras de una entrenadora de bebés", entrevistas y mucho más.

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