sábado, 5 de julio de 2008

9 SONGS * * 1/2

Con trabajos dignos como Wonderland (1999), 24 Hour Party People (2002) y el relato de ciencia ficción Code 46 (2003), un director de prestigio como Michael Winterbottom puede tener, de vez en cuando, sus fallas, como sucedió en 9 Songs (2004). En este filme, no falta el rock punk en las 9 canciones del título, que se van intercalando monótonamente entre los 9 encuentros eróticos de sus dos protagonistas. Una escalada sexual explícita, que roza lo pornográfico y que va incrementando su tono conforme avanza la historia, apenas existente.

La cinta está filmada en formato de vídeo, cosa que le da un toque realista a la hora de filmar a Matt (Kieran O’Brien) y Lisa (Margo Stilley) haciendo el amor, inhalando cocaína y bailando salsa. Cuando no están teniendo sexo, acuden por las noches a conciertos de rock, empezando en la Brixton Academy, donde se conocen mientras escuchan a Black Rebel Motorcycle. Matt recuerda en flash back su relación erótica con Lisa mientras explora la Antártida.

El relato registra la cotidianidad íntima de Matt y Lisa, iniciando con una sutileza elogiable visualmente hablando, gracias al estupendo trabajo fotográfico de Marcel Zyskind (colaborador en 24 Hour Party People), en una bella combinación de luz natural y sombras que cubren los cuerpos de los actores, aspecto que se va diluyendo por una total exposición física y sexual.

9 Songs parece dos cosas: un vídeo musical erótico muy largo y un relato erótico-musical, que intenta, en su hora y media de metraje, entender la manera en que los jóvenes del nuevo milenio viven la sexualidad. El problema es su falta de ingenio para llevarlo a cabo, mientras vemos a los dos personajes internarse por diversos terrenos sexuales, en el que cabrá de todo: sexo oral, sadomasoquismo, “artilugios”, etc, todo en un orden predecible.

Obviando el trabajo “físico” que realizan, desafortunadamente los actores no tienen la oportunidad de desarrollar otra faceta, debido a la falta de una trama, de una historia interesante que ayude a entender más la fugaz relación amorosa que llevan.

La parte sexual acaba siendo tediosa hasta el final. Será la música el alma del filme y, de hecho, suplanta aquello que echamos de menos: una historia. Las canciones van describiendo acciones, emociones, sentimientos y los pensamientos de los personajes, en un riesgoso proyecto de Winterbottom por incursionar en el género erótico, que requiere incluso un poco de humor para llevarlo a buen puerto.

++El DVD incluye como extras el Cortometraje "Profilaxis", ficha artística, ficha técnica, filmografías y galería de fotos.

viernes, 4 de julio de 2008

THE CHRONICLES OF NARNIA: THE LION, THE WITCH AND THE WARDROBE * * * 1/2


Concluida la trilogía de “Lord of the Rings” de Tolkien (que se convertirá en tetralogía con la adaptación de The Hobbit dentro de unos años), el turno llegó para la serie de libros escritos por su amigo, C.S. Lewis, The Chronicles of Narnia, formada por siete libros.

La Disney ha hecho una de las apuestas más fuertes fuera del género animado, empezando por adaptar el que, en teoría, debería ser el primer libro: The Lion, the Witch and the Wardrobe, que terminó siendo el segundo luego de que el autor decidió escribir una especie de precuela, con “The Magician’s Nephew”.

Esta semana se estrena la segunda entrega, The Prince Caspian (2008), y por ello vale la pena recordar la anterior película del 2005. Comparada con los libros de J.K. Rowling, la obra de Lewis permanecía en el olvido total, y al igual que a Tolkien le tocó revivir gracias a las adaptaciones al cine y reediciones masivas de los libros.

Un eficaz y carismático grupo de actores juveniles inauguró la película, y ayudó mucho el hecho de no ser muy conocidos. Para algunos fue su primer película. Destaca en ellos su frescura, simpatía y buena química, sobresaliendo la encantadora Georgie Henley en el papel de la pequeña Lucy, quien mientras jugaba al escondite con sus hermanos mayores, encuentra en un viejo ropero un portal hacia un mundo fantástico, poblado por animales parlantes, seres mitológicos, una bruja maligna, enanos y hasta el mismo Santa Claus.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en una Londres asediada por los bombardeos alemanes, los hermanos Pevensie: Edmund (Skandar Keynes), Peter (William Moseley), Susan (Anna Popplewell) y Lucy, son enviados por su madre a vivir en la campiña, con un amable profesor (Jim Broadbent, suerte de alter ego del mismo C.S. Lewis). A falta de una figura paterna, Edmund, el mayor, intenta con vanos esfuerzos cuidar a todos sus hermanos.

Dirigida por Andrew Adamson (responsable de los 2 filmes de Shrek), la película tiene su encanto propio y mucho atractivo en su amplia galería de personajes, algunos simpáticos como un matrimonio de pacíficos castores, otros temibles como unos de lobos al servicio de la Bruja Blanca (Tilda Swinton), bajo cuyo gélido dominio está la tierra de Narnia. Mientras, la historia va desarrollando un trasfondo místico y religioso, con obvias referencias al cristianismo en ese fascinante y sabio león de nombre Aslan (voz de Liam Neeson), líder de una revolución para liberar a Narnia. Aslan conjunta características tanto de Jesucristo como las de algún legendario rey medieval durante las Cruzadas, y servirá como mentor de los Pevensie en su lucha contra la Bruja Blanca.

Estos maravillosos animales, generados por obra y gracia de la magia digital, están extraídos de la iconografía medieval, de la mitología griega (cíclopes, minotauros, centauros, faunos y demás), y por fortuna no nublan la historia de crecimiento de los chicos Pevensie (los “Hijos de Adán”, según los narnianos), que han llegado para cumplir una profecía, liberar a Narnia y convertirse en reyes.

Este primer largometraje basado en los libros de C.S. Lewis (ya ha habido antes adaptaciones para la televisión), puede que esté más enfocada al público infantil (a Lewis se le considera como un “Tolkien para niños”), pero es bueno que haya otras opciones para los aficionados al cine fantástico.

++ La película se puede conseguir en DVD en edición austera, una especial de dos discos y otra en Blu-ray también de dos discos que contiene extras como "La batalla de Narnia": Juego Exclusivo para la edición en Blu-Ray, tomas falsas, "Descubre las anécdotas más divertidas de Narnia", comentarios en audio, entre otros.

jueves, 3 de julio de 2008

CACHÉ * * *

Con el estreno esta semana de Funny Games U.S. (2007), remake americano que el realizador Michael Haneke, originario de Munich, Alemania, pero nacionalizado austriaco, hizo de su propio filme homónimo de 1997, vale recordar su anterior película, Caché (2005).

Su premisa argumental es intrigante, sobre los miedos que surgen en una familia acomodada, a partir de unos vídeos que les hacen ver que están siendo espiados. Daniel Auteuil, su protagonista, ganó el Premio al Mejor Actor en los European Film Awards, por su interpretación del padre de familia, obsesionado con saber el origen de estas grabaciones.

Haneke ganó el Premio al Mejor Director en Cannes 2005, el Premio FIPRESCI, así como el Premio Ecuménico del Jurado, con una nominación a la Palma de Oro, cosechando buenas críticas en el Festival de Valladolid y nominaciones en los premios César de Francia.

Profesor de cine en la Academia de Cine de Viena y con una formación televisiva, Michael Haneke ha hecho del vídeo un elemento clave en sus películas, aspecto que influye dramáticamente en la vida moderna. Para Haneke, la imagen electrónica transforma al ser humano, cambia su comportamiento, de ahí que sus personajes desarrollen todo tipo de retorcidas perversiones, como pudo verse en Funny Games, La Pianista (2001) o Los Tiempos del Lobo (2003). En Caché las consecuencias son llevadas al máximo.

Caché no es la gran obra que esperaba de Haneke. Aunque, a pesar de no resolver satisfactoriamente los dilemas que plantea durante sus exhaustivas 2 horas de duración, es capaz de introducirnos en los traumas y pesadillas del pasado de un padre de familia. Los vídeos anónimos son inofensivas tomas fijas de la fachada de la casa de Georges (Auteuil), acompañados de terroríficos dibujos, aparentemente, hechos por la mano de un niño. La alarma se desatará en este hermético conductor de televisión, en su esposa (Juliette Binoche), escritora y editora, y su hijo preadolescente.

Escrita por Haneke, Caché contará con elementos para construir un climático thriller, pero lo que más interesa no será tanto desenmascarar al culpable, sino hacer un registro cotidiano de cómo la paranoia va destruyendo el núcleo familiar de Georges. Lo inquietante en la cinta (quizás el aspecto menos creíble) será la presencia casi fantasmagórica de ese “observador oculto”, de ese autor de las cintas. ¿Todo es producto de la paranoica imaginación de Georges? Como llega a suceder en el cine de Haneke, la respuesta al misterio quedará abierta, a interpretación del propio espectador. Gracias a los notables planos fijos y abiertos durante casi todo el filme, Haneke nos convierte en este “observador” escondido.

Entre esta serie de frentes abiertos prevalecen subtextos interesantes, como el resentimiento social de los inmigrantes hacia el indiferente ciudadano francés. Sin embargo, Caché acaba siendo una simple curiosidad en la filmografía de Haneke, a pesar de que en ese plano final fijo de los créditos –según dicen- estén las claves ocultas para resolver el misterio.

++El filme está disponible en una edición especial de 2 discos, uno de ellos con extras como el "Cómo se hizo", "La apuesta de Haneke" y entrevista a Michael Haneke.

miércoles, 2 de julio de 2008

KISS ME DEADLY * * * 1/2

Uno de los temas por excelencia del cine serie B y de muchos film-noir durante la postguerra, fue la paranoia por la energía nuclear y sus terribles consecuencias para la humanidad. En Kiss Me Deadly (1955), Robert Aldrich introdujo este tema sin que fuera del todo constante en la trama, ni lo que movía a su personaje principal, Mike Hammer (Ralph Meeker), un poco escrupuloso y mujeriego detective. Hasta su gran vuelta de tuerca final, se revelaba la existencia de una “sustancia peligrosa” guardada en una maleta.

La película se puede ver como un antecedente de teleseries posteriores como The Twilight Zone, tan sólo en el intrigante inicio, con una bella mujer (Cloris Leachman) corriendo asustada en la noche por la carretera, mientras vemos unos créditos iniciales que corren en sentido inverso y con la canción “Rather the Blues” de fondo, interpretada por Nat King Cole.

Es poco lo que sabemos de esta mujer: escapó de un manicomio donde la tenían a la fuerza, se llama Christina en honor a una poetisa decimonónica y si no llega viva a Los Ángeles, tan solo pide a Mike le haga favor de recordarla.

La trama es un puzzle narrativo que Mike debe ir armando, conforme se crucen en su camino personajes enigmáticos: un hombre de rostro cortado, unos misteriosos “hombres de negro”, la ambigua compañera de cuarto de Christina, un millonario apostador de caballos. Aldrich consigue un suspenso sumamente inquietante, en esos encuadres centrados únicamente en los pies de los hombres de negro, o sus voces escuchándose fuera de cuadro. Cada paso que dan estos “men in black”, hacen que el suspenso crezca cada vez más.

Por si fuera poco, la película cuenta con un poco de romance, juguetón y humorístico (las mujeres que caen conquistadas por Mike), o personajes cómicos que aligeran la tensión de la historia, como ese mecánico latino (Juano Hernández), o el mismo Mike, el prototípico detective del film-noir: hábil con el sexo opuesto y que sabe pelear cuando se necesita.

De los mejores film-noir de los 1950, Kiss Me Deadly está basada en una novela de Mickey Spillane, adaptada por el guionista A.I. Bezzerides y magníficamente fotografiada por Ernest Laszlo. El guión tenía uno de sus mayores atractivos en la maleta que contenía un fascinante y misterioso elemento radiactivo, y cada vez que alguien la abría despedía sus efectos mortales en la forma de una deslumbrante luz al desafortunado curioso. ¿Quentin Tarantino se habrá inspirado en esta maleta para la que aparecía en Reservoir Dogs, Pulp Fiction y Kill Bill 2? Apuesto que sí.

martes, 1 de julio de 2008

TAPAS * * 1/2

En Tapas (2005) existen casi los mismos defectos que en Piedras (2002), e incluso sigue su misma fórmula de historias paralelas que acaban entrelazadas. El problema, es que en este sobrevalorado filme de José Corbacho y Juan Cruz (también guionistas del filme), no han sabido cómo hacer que sus historias se relacionen exitosamente, ni hacer que sus protagonistas nos interesen lo suficiente.

Estos mini relatos giran en torno, como su nombre lo indica, a un bar de tapas, ese suculento aperitivo al que soy tan afecto, instalado en el barrio de Santa Eulalia en L’Hospitalet. Sin embargo, dicho manjar no es más que un pretexto para convertirnos en testigos de las vidas vacías de un grupo de personajes (e incluso de un pequeño perro) en este barrio de Barcelona, en donde, como es de esperarse, todo puede ocurrir.

En este tipo de filmes, no todas las historias funcionan como debieran y una siempre acaba opacando a las otras, en este caso, es la historia de doña Conchi (Maria Galiana), una anciana que se dedica a vender drogas en el bar, contando entre sus clientes al estúpido empleado de un supermercado (Darío Paso), un tipo de mente perversa que no sabe hablar de otra cosa que de sexo y de lejanas ilusiones de acostarse con italianas. La historia de doña Conchi, al menos para mí, es la mejor, la más conmovedora y menos convencional de todas, en su sentimental retrato de la vida que lleva junto a su esposo, enfermo de enfisema, buscando encender nuevamente la llama del amor.

De no ser por su misoginia, el filme se hubiera salvado aunque sea un poco. Las únicas mujeres del filme (dejemos fuera a Doña Conchi por un momento) son unas desesperadas mujeres dispuestas a encamarse –según dicen- con quien se les ponga enfrente; una madura prostituta que hace llevaderos los días del dueño del bar, Lolo (Ángel de Andrés López), y otra mujer desesperada (Elvira Mínguez), con una vida personal donde ni el amor ni una vídeo funcionan bien, hasta que decide “experimentar” con un chico mucho más joven (Rubén Ochandiano), mientras mantiene una relación por chat con un hombre en Buenos Aires.

¿Y cómo se salva Tapas de caer en el más profundo abismo? Por esa simpática relación profesional que surge entre Lolo y su nuevo cocinero chino, dispuesto este último a aprender más de cocina española viendo lecciones de Ferrán Adrià por tele, o como decía –e insisto-, por la historia de Doña Conchi y su marido, así como por algunos aspectos más formales en la realización, como la estupenda fotografía de Guillermo Granillo o el buen diseño de arte de Mireia Carles, olvidándonos así de lo medianamente resueltas que están las tres historias. Lo demás.... no es más que puro material desechable, destinado a quedar en el olvido.

lunes, 30 de junio de 2008

THE ADDICTION * * 1/2

Como inspirado por las novelas de vampiros de Anne Rice, el realizador Abel Ferrara se aboca en The Addiction (1995) a plasmar su personalísima visión sobre el mito del vampiro, en una original y cuidada puesta en imágenes, aunque fallida en cuanto a su dirección de actores y la inseguridad que demuestra en el desarrollo de varias escenas. Dentro de una trama protagonizada casi en su totalidad por vampiros, el resultado incluso llega a mover al humor involuntario.

Además, la película goza de una buena fotografía, que roza un estilo expresionista y del film-noir, para desarrollar un análisis sobre las adicciones tomando como base un escueto argumento de vampiros, que arranca de manera atractiva con el sádico ataque que sufre una estudiante de filosofía (Lili Taylor), en alguna calle solitaria de Nueva York, por parte de una atractiva mujer vampiro (Anabella Sciorra), quedando convertida en una más de su especie.

El guión de Ken Kelsch (también responsable de la fotografía) y Nicholas St. John (guionista de otros filmes de Ferrara, como The Funeral), propone hacer un reflejo del desgaste físico y mental que Lili va experimentando. La chica empieza a sentirse enferma, a vomitar sangre, a sentir fiebres y dolores terribles, como si fuera víctima de una sobredosis de drogas o estuviera intoxicada, para luego empezar a comportarse como un vampiro en toda la extensión de la palabra.

El resultado es una dispareja película, que pretende internarse en paralelo por el estudio de la drogadicción y la maldad humana (intercala imágenes crudas sobre los campos de concentración nazi), sin que la película profundice en alguno. El centro de la película terminará siendo esa “adicción” incontrolable de Lili por la sangre, lo que llevará a uno de los momentos interesantes del filme: una pequeña y extraña escena, con mucha vitalidad, en la que Christopher Walken (actor fetiche de Ferrara), interpretando a una especie de vampiro místico, enseñara a la chica cómo controlar sus impulsos por beber sangre.

Lejos de ser un buen filme de vampiros, lo rescatable del trabajo de Ferrara es su intención de darle un giro a este subgénero de películas, tanto estética como temáticamente, en especial en esa escena de antología del festín que se dan los vampiros con maestros, padres de familia y algunos compañeros de la universidad. Su tratamiento, visual y argumental, del tema de la maldad, va teniendo una comparación con la decadencia que va experimentando Lili. Ferrara y sus guionistas, incluso, intentan comparar estos elementos sanguinolentos y vampíricos con enfermedades mortales de la sangre, como el SIDA.

++ Disponible en DVD, sin algún extra.

viernes, 27 de junio de 2008

NOS MIRAN * * *

Durante la mayor parte del tiempo en Nos Miran (2002), no deja de asaltarnos la pregunta de quiénes son, en realidad, los que “nos miran”. ¿Quiénes son esos seres que, por alguna razón, se han llevado a una gran cantidad de ciudadanos en Madrid? La respuesta a esta interrogante acaba quedando en el aire y nunca queda del todo claro a dónde han ido o cómo es que han llegado a esa “otra dimensión”.

No hay nada original ni nuevo en el filme de Norberto López Amado, pero su realización es tan eficaz como atractiva, en los momentos más inquietantes y rescatables del filme, aquellos en los que vemos a los fantasmas reflejados en espejos, ventanas, cintas de vídeo, reflejados en el suelo y en charcos, que hacen olvidar las dificultades que tiene para sostener su premisa sobre las personas desaparecidas por entes sobrenaturales.

Basada en la novela de Javier García Sánchez, Nos Miran está inscrita en esa corriente moderna del cine español sobre historias de fantasmas y suspenso psicológico, que tan de moda se puso con el Espinazo del Diablo (2001), de Guillermo del Toro, y seguida hasta el cansancio por obras notables como The Others (2001) y El Orfanato (2007), así como otras lamentables en la línea de La Monja (2005). Llegará un momento –sino es que ya- en el que el espectador se canse, y los productores y realizadores decidan dar vuelta la página hacia otros temas, como ya se nota con REC, de Jaume Balagueró, o los Cronocrímenes, de Nacho Vigalondo.

En tanto eso pasa, no hay motivo para no disfrutar una película llena de clichés y situaciones vistas hasta el hartazgo, como ese detective de policia interpretado por el inexpresivo pero eficiente Carmelo Gómez, dispuesto a seguir sus propias reglas y con una niñez llena de un montón de traumas sin resolver, debido a un misterioso grupo de niños que le obligaban a hacer cosas indeseables, como retarlo a recostarse en las vías del tren para verlo pasar encima o asustar a su hermana menor.

No faltan, por supuesto, elementos tan desgastados como los manuscritos antiguos llenos de datos sobre brujería, conjuros, maleficios, satanismo y esoterismo, sobre la muerte y espíritus, o el bibliotecario que instruye a nuestro protagonista, la pequeña niña con un amigo “imaginario” y que ve shyamalanesca “gente muerta”; un hombre que ha caído en el manicomio debido a que ha pisado los terrenos de lo paranormal y la vulnerable esposa (Iciar Bollaín), a punto del colapso nervioso por no saber nunca qué diablos está pasando.

Nosotros tampoco lo sabremos a ciencia cierta. Lo rescatable de todo este derivativo asunto, es que Amado sabe mezclar bien el thriller policiaco con el suspenso paranormal, y cuenta con un buen ojo para encuadres sugerentes y atractivos (nuevamente, la manera de filmar a sus “aparecidos” es magnífica), en tanto sus actores no dan una sola nota falsa. No hay porque hacerle tanto el feo a este filme, sin otra pretensión que hacernos pasar un rato intrigados y rompiéndonos la cabeza con sus misterios.

jueves, 26 de junio de 2008

OUR MOTHER'S HOUSE * * * 1/2

Siete hermanos miran a su madre muerta en cama. Gracias a la impresionante cordura de la joven Elsa (Margaret Brooks), la hermana mayor, los demás hermanos se libran de caer en un estado de locura inminente, y que además, entiendan lo ocurrido. Esta escena marca pauta, de una manera decisiva, en el drama infantil Our Mother’s House (Reino Unido-E.U., 1967), dirigida por el también productor Jack Clayton.

Realizada con sobriedad, en la película vemos cómo este grupo de niños acaban afrontando la muerte de su madre de una manera fría, apoyándose en la religión que ella misma les inculcó. La adolescente Elsa, será quien tome las riendas de este fatal acontecimiento, y quien tomará toda decisión importante. Cuando su hermano, Hubert (Louis Sheldon Williams), intente dar soluciones más prudentes y racionales, Elsa terminará teniendo la última palabra, cuando decida guardar el secreto del fallecimiento de la madre y hacer creer a la gente de fuera que sigue viva.

Basada en el libro de Julian Cloag, la historia tiene un aire siniestro, casi buñueliano. Los hermanos mayores aseguran comunicarse con su madre cada noche a las 9, para consultarle decisiones importantes y así manipular a los más jóvenes. Todo el reparto juvenil está magnífico, interpretando a unos hermanos de comportamiento inquietante. La conducta de Elsa y Diana, la otra hermana mayor, se intenta justificar de alguna forma en ese amor que profesaban a su madre, un afecto idealizado que roza lo insano.

Lo más logrado de la película, es la dirección de Clayton, totalmente centrada en las complejas relaciones que existen entre los hermanos Hook, y la figura paterna ausente (Dick Bogarde), que impone el desequilibrio entre los niños, despreciado por Elsa por haberlos abandonado hace mucho tiempo. A lo que conducirán estas gélidas relaciones, será a un trágico desenlace, en el que sobresale siempre ese enfermizo amor hacia la madre fallecida.

miércoles, 25 de junio de 2008

21 GRAMS * * * * 1/2

El realizador mexicano Alejandro González Iñárritu tiene en 21 Grams (E.U., 2003) uno de sus trabajos más experimentales, así como la segunda parte de una trilogía escrita por el guionista Guillermo Arriaga, que iniciara con Amores Perros (2000) y concluyera con Babel (2006).

Apoyado por un impecable reparto, Iñárritu entrelaza en 21 Grams tres historias distintas, a manera de un puzzle narrativo, girando todo alrededor de una tragedia, marca de “autor” en la obra de Arriaga, como sucedía en Amores Perros y Babel: reflexiones acerca de lo cíclico de la condición humana, la impulsividad, los destinos enlazados, el efecto en cadena de un dramático suceso y la incertidumbre sobre el futuro, más cargado de dudas que de respuestas. La película consolidó a Iñárritu como un realizador propositivo en sus temas, arriesgado en el tratamiento de los mismos, con un estilo visual denso, cargado e inquietante.

La película va estableciendo un juego narrativo, en instantes desconcertante y agotador, revelando poco a poco las claves y situaciones de lo que vendrá después. Las piezas del juego tienen la figura de Sean Penn, un matemático a punto de someterse a un transplante cardiaco, en tanto su vida está sometida a la silla de ruedas y a un tanque de oxígeno; luego Naomi Watts, ama de casa y madre de familia, afectada por una fuerte adicción a las drogas, y finalmente Benicio del Toro (en una de las mejores actuaciones de su carrera), un ex presidiario que intenta corregir su camino en una devoción religiosa exacerbada.

21 Grams fue el debut de Iñárritu en Hollywood y buena parte de su equipo técnico es el que ha venido colaborando con él desde hace tiempo: Rodrigo Prieto en la dirección de fotografía, dota al filme de un tratamiento visual similar al de Amores Perros (cámara en mano nerviosa, inquieta y película de grano reventado), Brigitte Broch en la dirección de arte consigue notables atmósferas opresivas y muy realistas, Gustavo Santaolalla en la composición de una banda sonora con sus inconfundibles y acústicos acordes en guitarra y, finalmente, Guillermo Arriaga como autor del guión, separado de Iñárritu después de diferencias creativas en ese rubro en Babel.

Sin embargo, no deja de ser admirable el hecho de que Iñárritu haya empezado con el pie derecho en el, por lo regular, inaccesible y cerrado universo de Hollywood.

++ La película puede conseguirse en edición austera y otra edición especial para coleccionista y con estuche metálico. Esta última contiene extras como un libreto de 16 páginas y un documental "detrás de cámaras".

martes, 24 de junio de 2008

PERSEPOLIS * * * * *


Quien dijo que la animación bidimensional estaba muerta o era cosa del pasado, debe estar fuera de sus cabales. Para muestra basta revisar Persépolis (2007), la magistral obra animada que sorprendió el año pasado en el Festival de Cannes (ganadora del Premio del Jurado, nominada a la Palma de Oro) y que estuvo nominada al Oscar a Mejor Filme Animado 2008. La película es toda una joyita, que sorprende desde el inicio con su estilo visual retro, con una paleta de colores neutra y minimalista en toda su concepción artística.

Este notable proyecto, producido en parte por la Sony Pictures Classics (dedicada a producir cine independiente), es la adaptación de la novela gráfica de Marjane Satrapi, en la que plasma su biografía en tono cómico y sarcástico, así como sus dolorosas experiencias como inmigrante desde su adolescencia hasta su juventud universitaria. Satrapi tuvo que partir de su natal Irán en los 1970, debido a la inestabilidad del país con la caída el Sha e instaurarse un gobierno comunista, que llevaría a su pueblo a vivir oprimido con fuertes leyes que restringían libertades a la mujer, como el hecho de tener que cubrirse la cabeza con un pañuelo siempre que salieran a la calle.

Al estar escrita y dirigida por la misma Satrapi, la visión de sí misma es lo más fiel a su realidad, y concibe al mismo tiempo un personaje fuerte, interesante e inquieto. Nos narra todo su proceso de crecimiento y maduración en la forma de un relato que, a pesar de lo dulce y encantador que resulte en ocasiones visualmente, no duda en recurrir al humor, la ironía, la crudeza en muchas de sus imágenes y lo conmovedor, en especial en esa entrañable relación que Marjane (voz de Chiara Mastroiani) llevó siempre con su abuela (voz de Danielle Darrieux), un símbolo de feminismo, libertad, moral y fortaleza que influyó siempre en la rebelde chica.

“El miedo adormece la conciencia”, es una de tantas frases cargadas de filosofía, cariño y sabiduría que la abuela (de los personajes más interesantes de la película) dirá a Marjane, quien nos lleva de la mano en la narración en off que hace de su vida, sumamente ágil en la narración visual que no verá descanso. Hay escenas dramáticas, delirantes y graciosas a pesar de la fuerte carga crítica y política, como en aquel minirelato del ascenso y caída del Sha, la escatológica desilusión amorosa de Marjane o esa clase de dibujo de anatomía con una modelo... cubierta con una burka.

¿Y qué hay del trabajo artístico? Es un prodigio, en cuanto al juego cromático y minimalista que propone: apenas tres colores (negro, gris, verde) y un sin fin de tonalidades que remiten de inmediato al cómic original, en un estilo expresionista de fuertes sombras para los recuerdos del pasado de Marjani, mientras el presente (de donde parte el relato) es colorido pero triste. El aeropuerto, donde Marjani espera en una sala, es el lugar propio para los recuerdos y la nostalgia por el país natal. Y en ella, pesa mucho ese sentimiento.

lunes, 23 de junio de 2008

21 * * *

La fórmula a la que recurren los realizadores de 21 (2007) no es nada original, pero han sabido darle la vuelta para conseguir un filme, al menos, entretenido. Su historia está basada en hechos reales, sobre un grupo de chicos de bachillerato en Boston, cuyo pasatiempo de fin de semana era viajar hasta al luminoso paraíso de Las Vegas, de casinos, apuestas, mucho dinero y mujeres espectaculares, para usar su talento con los números en el atractivo, y a la larga peligroso, negocio de las apuestas.

No será Jim Sturgess quien lleve la sartén por el mango, el esforzado joven actor en su segundo papel de peso, luego de que demostrara que sabe cantar en Across The Universe, sino Kevin Spacey, quien en su papel de carismático maestro de matemáticas acaba robándose la película. Pronto este maestro, el que todos quisiéramos tener en algún momento gracias a sus clases divertidas, simpático y con una gran química con los alumnos, se revelará como una suerte de “caza talentos” para su pequeño grupo clandestino de jugadores de 21 Black Jack

El realizador Robert Luketic consigue buena química entre el ecléctico grupo de chicos, aunque no la suficiente como para hacer atractiva su película, trabajando por enésima vez la fórmula del “gran equipo” en busca del “gran golpe”. Junto a Sturgess está la guapa Kate Bosworth, el interés romántico de este tímido chico con ambiciones, un verdadero genio de las matemáticas buscando una beca que le ayude a estudiar medicina en Harvard, y aspirar a algo más que trabajar como vendedor en un tienda de trajes a la medida.

Spacey, como siempre, está fenomenal en su mefistofélico personaje de doble cara, justo cuando le presente a su joven “Dustin Hoffman” (recordando Rain Man de Barry Levinson), sólo que sin autismo y con cara de niño, una solución fácil y rápida a sus problemas económicos, es decir, el ambicioso mundo de las apuestas. Con Laurence Fishbourne como sagaz jefe de seguridad de casinos, quedará claro que en este filme son los adultos quienes mandan, tanto en trabajo actoral como en el gran número de sorpresas que nos deparan al final.

Para quienes vieron Confidence (2003), el filme de Luketic poco o nada tiene que ofrecer de novedoso, y llegarán a ser poco soportables sus tintes de melodrama familiar y escolar, aunque la magnífica –hay que reconocerlo- vuelta de tuerca final será, tal vez, la segunda cosa rescatable.

++ Próximamente en DVD.

viernes, 20 de junio de 2008

THE INCREDIBLE HULK * * * 1/2


The Incredible Hulk (2008), el nuevo filme del personaje creado por Stan Lee, con dibujos de Jack Kirby, para mi gusto no ha estado mejor que la anterior entrega, Hulk (2003), dirigida por Ang Lee. Más bien, es diferente. Para ser sincero, hay cosas en la película de Ang Lee que me hubiera gustado ver en la nueva y viceversa. Por ejemplo, eché de menos la locura del científico frustrado como el encarnado por Nick Nolte (padre de Bruce Banner en el filme de Lee), además de su más interesante historia, su estilizada narración que dividía la pantalla en varios “cuadros” (a manera de las viñetas de un cómic), o una presencia femenina más fuerte y, a la vez, vulnerable, como con Jennifer Connelly. En general, falta la profundidad y complejidad de los personajes de la película de Ang Lee, que en su momento fue destrozada por muchos críticos y fans del personaje.

La nueva película, dirigida por el francés Louis Letterier (de hecho, le ofrecieron la dirección de la primer película), tiene sus puntos a favor: unos mejorados efectos especiales, en un Hulk más realista, feroz e impresionante; un William Hurt que me convenció más en su frío papel de general, que el encarnado por Sam Elliot en la película de Lee, con un agregado en su afán de crear un arma militar, tomando como base los experimentos con rayos gama de Bruce Banner. Además, me gustó mucho más el Banner interpretado por Edward Norton, muy por encima de la blanda actuación de Eric Banna en la pasada película.

Ahora, la historia lleva a Bruce Banner a viajar por varios puntos geográficos del mundo, desde alguna favela en Río de Janeiro, pasando por Guatemala, México, hasta llegar a los E.U. El relato está más cercano al espíritu original de la teleserie de los 1980, e incluso está plagada de referencias a la misma, como el homenaje al actor original, el fallecido Bill Bixby, o a Lou Ferrigno, quien interpretaba al monstruo con peluca de estropajo, en fugaces cameos. Para los que añoran el tema musical, la banda sonora también rescata parte de la melodía original del programa, con la que veíamos al ermitaño Banner partir solitario por la carretera.

Ese es el Banner que Letterier y Norton, coguionista del filme, han decidido retratar en la nueva película, aquel que está solo en el mundo, sufriendo por ese monstruo que lleva dentro y por ser perseguido por el ejército. Sin embargo, Banner ahora busca todo tipo de remedios, no tanto para curar su mutación, sino para controlarla, como la meditación y las artes marciales, aspecto que quizás deje un poco desconcertados a los fans al ver a Banner sentado en posición de loto y meditando, llevando una revisión precisa de su pulso con un reloj en su muñeca. Vaya, que veremos en un momento que no podrá ni experimentar un poco de fugaz pasión amorosa, ya que si se emociona demasiado podría transformarse en Hulk.

Lo que realmente me gustó, es ese toque nostálgico que los realizadores imprimieron a la película y a la concepción original que tuvo Stan Lee del personaje, una mezcla del Dr. Jekyll y Mr Hyde con el monstruo Frankenstein. En ese sentido, resulta casi surrealista ver a un Tim Blake Nelson encarnar a un moderno Dr. Frankenstein, desesperado, nervioso al manejar la tecnología que él mismo creo para intentar ayudar a Banner, quien está postrado en una camilla con Liv Tyler a su lado, en lágrimas y atestiguando la que podría ser su muerte. Mientras, afuera se desencadena una verdadera tormenta de maquinaria militar, en una de las mejores escenas, cuando vemos cómo el monstruo reconoce a su chica, o aquella de las armas que lanzan ondas nucleares-magnéticas al enfurecido Hulk. Es decir, escenas de acción pura y bien ejecutada.

El tema de la obsesión armamentista sigue presente, y se extiende ahora a experimentos científicos. El general de William Hurt (con quien nos viene a la mente un homenaje a su trabajo en Altered States), no está tan alejado de la demencia de Nick Nolte, en tanto Tim Roth encarna a un villano que sólo tiene que hacer una cosa: obedecer a su lunático “amo”. El colosal enfrentamiento final entre dos titanes, remite a una lucha estilo serie B, como “Godzilla contra King Kong” (¡la huída de Hulk colgándose de edificios y puentes!), en lo que acaba siendo una película veraniega sin otra pretensión que entretener, y despertar la nostalgia de los fanáticos del cómic y la teleserie.

jueves, 19 de junio de 2008

HULK, GIGANTE DEL CÓMIC, LA TELEVISIÓN Y EL CINE

Los comics han encontrado en el cine una manera de extender su lenguaje. Una buena cantidad de realizadores, por involucrarse en el redituable negocio de una franquicia o por añoranza de un superhéroe de su infancia, retoman historias de estos personajes, víctimas de un suceso traumático que les marcó una doble identidad (Batman, The Phantom,...), con alguna discapacidad doblemente compensada con algún super poder (Daredevil), pertenecientes a un mundo sobrenatural o extraterrestre (Superman, The Shadow) y aquellos que por accidente adquieren habilidades sobrehumanas, psíquicas o mutaciones irreversibles (Spiderman, Fantastic Four, etc), dando a su vida un giro vertiginoso y sentido profundo: auxiliar a la humanidad en momentos de crisis.

The Hulk fue uno de los comics más afortunados en cuanto a adaptaciones –no todas afortunadas- se refiere. Extraído de la imaginación de Stan Lee (creador de Spider-man, los X-men y Daredevil), en colaboración con el dibujante Jack Kirby, en 1962, Hulk nació como una apología hacia la fuerza militar estadounidense, en tiempos en que los estragos de la Segunda Guerra Mundial aún hacían mella, para luego venir la Guerra de Corea y, al terminar esta, la invasión militar en Vietnam. En medio de tal panorama, la historia del Dr. Robert Bruce Banner, un científico que se contamina con la radiación de rayos gamma por salvar a su asistente, Rick Jones, de una explosión nuclear, servía como alegoría del poder de E.U. en el manejo de la fuerza nuclear. Una fuerza capaz de dotar a un hombre común de características físicas extraordinarias, y una fuerza semejante a la diez escuadrones de infantería juntos. Interrumpidos sus experimentos nucleares, en la fabricación de una bomba de rayos gamma para el ejército estadounidense en Nuevo México, Bruce Banner comienza a transformarse en un monstruoso hombre gris, cada vez que se estresaba o enfurecía. El inicial color gris del personaje, fue sustituido por un color verde militar debido, según se dice, a problemas de fotomecánica e impresión del cómic.

Después de una adaptación en dibujos animados a mediados de los 1960, en pequeñas historias junto a Iron man, Thor, Captain America, etc., Hulk tuvo una memorable adaptación televisiva en los 1970, despojada de las originales referencias militares del cómic. El proyecto surgió de un telefilme que sirvió como programa piloto, The Incredible Hulk (Johnson-Neufeld Jr, 1977), aunque ya antes se había realizado The Incredible Hulk: Death in the Family (Levi, 1977). La teleserie fue transmitida de 1978 a 1982, y era una reelaboración de The Fugitive, exitosa serie de los 1960, con la eterna persecución de Javert contra Jean Valjean en el clásico de Victor Hugo, Los Miserables. El programa narraba la penosa existencia fugitiva del Dr. David Bruce Banner (Bill Bixby), un científico que por sus arriesgados experimentos con rayos gamma, se ve condenado a transformarse continuamente en un musculoso monstruo verde (el fisicoculturista Lou Ferrigno) cada vez que se enfurecía. Por si fuera poco, Banner cargaba con la culpa de no haber podido salvar a su esposa de un accidente automovilístico, cuya muerte es atribuida a Hulk, y tenía que cargar también con la persecución obsesiva de un periodista, Jack McGee (Jack Colvin), el único que conocía la identidad secreta del monstruo. Episodio tras episodio, veíamos en los televisores a Hulk salvar al indefenso o alguna mujer en problemas, por diferentes pueblos y ciudades. Aun queda en la memoria de los telespectadores los ojos de Bill Bixby con lentillas verdes, su ropa rasgándose por el musculoso cuerpo de piel verde mientras se transformaba, la ridícula peluca que usaba Ferrigno y el melancólico tema musical a piano que cerraba cada capítulo, con la panorámica del ermitaño Banner caminando por la carretera.

Las posteriores adaptaciones no fueron más que telefilmes basados en la serie, extensiones de su argumento original y con los mismos actores. Mientras se seguía transmitiendo el programa, se estrenó en tele Bride of the Incredible Hulk (Johnson, 1979), un intento de darle un giro romántico a la historia. Más tarde, cuando la serie cumplió su ciclo, vino una serie de telefilmes tardíos que revivirían, temporalmente y con mucho esfuerzo, el éxito de la serie. The Incredible Hulk Returns (Corea, 1988) trajo de vuelta a Bixby y a Ferrigno en un telefilme de mediana calidad, donde Hulk formaba equipo con Thor (Eric Allan Kramer), otro superhéroe de la Marvel. Posteriormente, vinieron dos últimos telefilmes, esta vez dirigidos y producidos por Bill Bixby: The Trial of the Incredible Hulk (1989), ahora haciendo equipo con otro héroe de Marvel, Daredevil (Rex Smith), para medir fuerzas contra un gángster millonario (John Rhys-Davies) y The Death of the Incredible Hulk (1990), el mejor de todos, que mostraba a David Banner, considerado muerto, como empleado de limpieza en un laboratorio y, al mismo tiempo, tratando de curar sus transformaciones. La trama ponía a un grupo terrorista interesado en utilizar los poderes del monstruo verde.

Después de una larga ausencia, Hulk resurgió como producto del boom fílmico relacionado con los comics, con todas las ventajas que ofrece una superproducción de Hollywood: los efectos digitales y un reparto de primer nivel. Fue Hulk (2003), dirigida por el taiwanés Ang Lee, la película que marcó el espectacular debut del gigante verde en la pantalla grande. El enérgico actor Nick Nolte interpretaba el papel del padre (curiosamente llamado David Banner) del Dr. Bruce Banner (Eric Banna, flojo y no muy convincente), mientras la bella Jennifer Connelly era el interés romántico del científico, quien se encuentra huyendo de un general (Sam Elliot) que desea eliminar a Hulk antes que este destruya San Francisco. Ahora son unos experimentos genéticos los que provocaban las transformaciones de Banner en Hulk, y la historia, de tintes freudianos, reflejaba una interesante, traumática y compleja relación padre-hijo, cuando el primero comenzó experimentando consigo mismo, para luego querer hacerlo con su propio hijo. Ang Lee dotaba al filme de su experiencia dirigiendo películas de artes marciales, con un ritmo ágil y una notable capacidad para entremezclar registros variados, como la fantasía y el romance.

El paso de Hulk por el cine se encuentra más cercano a los filmes serie B, con su carga de discursos pseudocientíficos y alegorías de paranoia social sobre una amenaza imaginaria, como lo fueron en su tiempo Gojira (1954) o The Blob (1958). Según Stan Lee, Hulk nació como una fusión del monstruo Frankenstein (de la novela de Mary Shelley), y del Dr. Jekyll and Mr. Hyde (de la novela de Robert Louis Stevenson), y además de ser la representación de la ciencia como fuente de obsesiones humanas, es el símbolo del lado bestial y violento del ser humano, de neurosis dormidas, con referencias claras a Der Golem (1914) e incluso a King Kong (Cooper-Schoedsack, 1933).

Mañana se estrena en España The Incredible Hulk (2008), la última adaptación al cine del personaje creado por Stan Lee, dirigida por el francés Louis Leterrier. Protagonizada (y coescrita) por Edward Norton como Bruce Banner, Liv Tyler, William Hurt y Tim Roth, la película ha sacrificado la complejidad de una trama como la del filme de Ang Lee, por el espectáculo visual y climáticas escenas de acción.
++Reseña mañana viernes.

miércoles, 18 de junio de 2008

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: THE MIND OF MR. SOAMES * * * 1/2

Al ver The Mind of Mr. Soames (1970), es inevitable recordar las últimas y, en la mayoría de los casos, lamentables apariciones en el cine de Terence Stamp, de los mejores actores británicos de los últimos años. Basta recordar sus participaciones en My Boss’s Daughter, ese mayordomo fantasmagórico que hizo en The Haunted Mansion, o también ese “sensei” de Elektra en la película del mismo nombre. Al parecer, Terence Stamp ha ido saliendo de esa mala racha con su actuación en Dead Fish (al lado de Gary Oldman y Robert Carlyle), y pronto lo veremos también en la, aparentemente, divertida Get Smart este 2008.

The Mind of Mr. Soames, narra el “despertar” de un hombre con la mentalidad de un bebé, gracias a los esfuerzos de un doctor de ideología humanista, Michael Bergen (Robert Vaughn). El hombre en cuestión, John Soames (Terence Stamp), estuvo en coma desde que nació hace 30 años, y despertaba gracias a una milagrosa operación en el cerebro.

El dilema planteado en esta película, adaptación de la novela de Charles Eric Maine, es sobre la posibilidad de educar a un hombre que no ha aprendido ni siquiera a hablar. La película, con un ritmo narrativo tranquilo, mostraba la evolución de Soames en el desarrollo de sus destrezas motoras hasta el uso del habla. Eran lentos pero efectivos los avances de Bergen, en colaboración con el doctor Maitland (Nigel Davenport), hasta que, inevitablemente, Soames comienza a mostrar interés por el mundo exterior.

Era una reelaboración de la premisa de Frankenstein, y Bergen es el “hombre de ciencia” con la responsabilidad de cuidar al nuevo ser que estaba creando. Terence Stamp ofrecía una magnífica actuación, en su imitación de gestos y lloriqueos de un niño de 1 o 2 años, lo mismo que el buen trabajo de Robert Vaughn, y Nigel Davenport. Los personajes prácticamente se regocijan en una serie de interrogantes y teorías relacionadas con el comportamiento humano. Había una implícita: la sociedad termina moldeando al ser humano, creando patrones de conducta, como cuando Soames descubre por primera vez el cariño y cuidados de una mujer. ¿Se enfrentaba a un despertar sexual o con el descubrimiento del amor materno?

The Mind of Mr. Soames, en el rigor estático de su puesta en escena, está inmersa en una complejidad digna de ser analizada por estudiantes de Psicología con todo y ser un relato de ciencia ficción, aunque también es entretenida en esa inocencia e ingenuidad que transmitía Stamp: su interacción con los doctores de la clínica, su intento de hacerse amigo de una nerviosa chica, hasta un final desgarrador pero satisfactorio de acuerdo a la premisa.

martes, 17 de junio de 2008

CINE ANIMADO: MONONOKE-HIME * * * * *


El maestro Hayao Miyazaki, el mayor exponente del anime, consiguió en La Princesa Mononoke (Mononoke-hime), una espectacular fábula ecologista. Escrita por el mismo Miyazaki, La Princesa Mononoke no tiene los recursos digitales con los que gusta ahora de complementar sus filmes. Tiene algún fondo retocado digitalmente, habrá también ligeros efectos especiales en el impresionante final, pero en general la película es un prodigio de la arcaica técnica de animación bidimensional.

Su mensaje ecológico es obvio: la raza humana está arrasando con la naturaleza, los bosques y sus recursos naturales, en una especie de reelaboración de Tarzán y The Jungle Book, con batallas de samuráis incluidas y un acertado toque épico y fantástico. El bosque es un personaje más, lleno de criaturas míticas, que serán uno de los puntos fuertes al constituir una fuerza que luchará contra la depredadora raza humana.

La desafortunada suerte de un chico, Ashitaka (voz de Yoji Matsuda), infectado por la maldición que lleva un jabalí hechizado, le acabará dando una fuerza extraordinaria con el arco y espada. Su encuentro con San (voz de Yuriko Ishida), conocida como Mononoke, princesa de los lobos, lo llevará a completar ese viaje iniciático que emprende en su búsqueda por una cura , que el fascinante dios Ciervo, guardián supremo del bosque, podría darle.

Es el viaje de Ashitaka para descubrirse como el héroe predestinado que es, y la travesía de Mononoke, negada a considerarse humana, a descubrir ese lado perdido y olvidado de sí misma al haber sido criada por los lobos, para liderar una batalla épica entre humanos y animales por la defensa del bosque. La influencia del cine japonés clásico de samuráis, se hace presente en la subtrama de una villa productora de hierro poblada por mujeres guerreras, asediada por samuráis sedientos de poder.

Lo que eleva a la Princesa Mononoke por encima del simple relato infantil con moraleja, es la clásica visión sumamente orgánica de Miyazaki, terrorífica en muchos momentos, violenta, pero delirantemente fantástica y surrealista en todo su conjunto.

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