sábado, 14 de julio de 2007

EN CARTELERA: TRAVAUX, ON SAIT QUAND CA COMMENCE * * *

En varios momentos de Peligro...hombres trabajando (Travaux, on sait quand ca commence, Francia-Reino Unido, 2005) la guapa abogada Chantal (Carole Bouquet, quien fuera modelo de Channel y exnovia del regordete Gérard Depardieu) se pone a bailar -o intenta hacerlo- sin razón aparente, ejecutando unos pasitos aquí y allá desde la primera escena, al estilo de la vieja comedia hollywoodense. El asunto querrá emular también al Woody Allen de Todos Dicen que Te Amo (1996), con los actores poniéndose a bailar sorpresivamente. Travaux,..., tercer largometraje de la realizadora y actriz Brigitte Roüan (Outremer/1990, Post coïtum animal triste/1997), se desarrolla en el gran apartamento de Chantal, donde vive con sus dos hijos, un adolescente flojo dedicado a fumar mariguana, y una preadolescente problemática, a la que le empiezan a gustar los chicos.

Chantal es una abogada comprometida en defender los derechos y causas de los inmigrantes ilegales. Participa en manifestaciones de inmigrantes inconformes con su situación, visita a sus clientes en barrios pobres de París, defenderá a un grupo de subsaharianos a punto de ser echados de su casa y, por si fuera poco, empleará a unos albañiles colombianos, inexpertos y sin papeles, para que lleven a cabo la inmensa remodelación de su “loft” y convertirlo en un duplex.

Algo que no me acabó de convencer en esta comedia, es el guión demasiado débil escrito por la misma Briggitte Roüan y Eric Besnard. Además del hecho de ver que jamás se queja un solo vecino por el ruido que hacen los albañiles, la causa por la que esta fuerte y talentosa abogada toma la decisión de remodelar su loft, es sólo para correr de ahí a un cliente, poco agraciado, calvo, pero muy chistoso, con el cual ha pasado una noche de pasión por obra y gracia del alcohol.

Sin embargo, gracias a los buenos gags y al buen trabajo de todo su reparto, Travaux se erige como una divertida película, sin otra pretensión que entretener. Lo en verdad gracioso será ese montón de albañiles improvisados, dirigidos por un arquitecto con mucha inspiración (muy gracioso Marcial Di Fonzo Bo), que no habla sino “mastica” el francés. Parte del encanto residirá en la complicada forma de comunicarse en francés entre estos “artistas” de la espátula y el concreto.

El mensaje sobre la necesidad de la fuerza de trabajo inmigrante es claro y bienvenido, pero el filme adolece de la falta de una mejor historia, para aprovechar bien a un personaje como Chantal, una abogada a la que le gusta bailar, es fuerte en la defensa de la causa inmigrante, pero débil en los asuntos del corazón.


++ La película fue estrenada en el Festival de Cannes 2005.
++ Los problemas del lenguaje reflejados graciosamente en la película, ocurrieron también durante el rodaje. La realizadora Brigitte Roüan confesó en entrevista a un servidor, que lo más difícil fue comunicarse con todos los actores latinoamericanos.++ Roüan comenta también que no le fue difícil convencer a Hugh Grant para realizar una pequeñísima participación en la película.

EN CARTELERA: NEXT DOOR * *

Llega un punto en Next Door (Naboer, Dinamarca-Suecia-Noruega, 2005), el más reciente filme del realizador noruego Pal Sletaune, en el que todo lo que se empezó a construir con cuidado, se convierte en un total desbarajuste, sin que en ningún momento el director sea capaz de regresar sobre sus propios pasos y tratar de arreglar el lío en el que ha metido a su protagonista.

Lo que prometía ser una interesante historia, termina como un aburrido relato de suspenso psicológico, que tenía como su carta más fuerte el jugar con un solo escenario: un descuidado apartamento habitado por dos chicas, de no mal ver pero de mucho cuidado, al arrastrar con sus particulares encantos a John (Kristoffer Joner), su recién llegado vecino, quien luego de ser abandonado por su novia, querrá -y no querrá- consolarse con sus nuevas vecinas.

El inquietante elemento claustrofóbico es dejado de lado, cuando el director pierda el control de su fragmentada y caótica historia, que nos lleva a quedarnos helados, no por ver las torturas psicológicas a las que es sometido John, sino por presenciar un rompecabezas narrativo que termina con muchas piezas faltantes.

Todo empieza cuando John, sin novia ni perro que le ladre, empieza a sentir curiosidad por su par de vecinas del apartamento de al lado, las cuales no dejan de hacerle ruido en la pared. Poniendo mucha resistencia al inicio, y tras aceptarles dos o tres tragos, John se convertirá en prisionero de las chicas, hasta ser víctima de una suerte de juego del “gato y el ratón”, en el que el sexo, la tortura física y la manipulación psicológica serán los ingredientes principales, en un laberíntico escenario que poco a poco sumergirá a John en una pesadilla, sin que pueda saber si es real o el producto de su mente atormentada.

Si algo ayuda a que el trabajo de Sletaune nos mantenga más o menos atentos a lo que está sucediendo en pantalla, es el buen diseño de arte de Jack Van Domburg, que a través de un simple entramado de muros consigue un ambiente opresivo y asfixiante, creciendo al máximo hacia la parte final de la cinta. Pero poco ayuda al realizador centrarse con sumo cuidado y detalle en estos aspectos, en el que también pueden incluirse una buena banda sonora y fotografía, cuando el plano y divagante guión escrito por el mismo Sletaune, que parece no llevarnos a ningún lado, se lleve todo el asunto al traste.

martes, 10 de julio de 2007

DVD: ED WOOD * * * *

En Ed Wood (E.U., 1994), sexto largometraje de Tim Burton (con seguridad, una de sus obras maestras junto al Joven Manos de Tijera/1990), el inclasificable director rescata la figura de Edward D. Wood Jr., considerado el peor director de la historia del cine, responsable de películas en las que se agrupaban pésimas historias, producidas con presupuestos irrisorios y protagonizadas por actores improvisados. En general, proyectos caracterizados por estar realizados con poca o nula inteligencia .

Como realizador, el mismo Ed Wood era un improvisado, protagonista ocasional de sus propias películas, metiendo incluso en ellas a su novia, Dolores Fuller (Sara Jessica Parker). Interpretado por un muy inspirado Johnny Depp, Ed Wood es uno más de los personajes freaks e inadaptados que tanto han abundado en la filmografía de Burton, logrando -como casi siempre- que uno acabe en parte conmovido, en parte fascinado y -muy a pesar nuestro- admirando a este extraño sujeto, que no podía ocultar su inclinación por el travestismo ni en sus propios trabajos (en “Glen o Glenda”/1953, interpretaba a un hombre anhelando cambiar de sexo), así como declararse ferviente admirador de Orson Welles.

Ed Wood tratará de sacar provecho de su encuentro inesperado con un avejentado Bela Lugosi (magistralmente interpretado por Martin Landau, trabajo por el que ganó un Oscar a Mejor Actor de Reparto), a quien dará un papel en una de sus películas, para intentar sacarlo del olvido y devolverle su calidad de estrella, y de paso convencer a los productores para que le dieran financiamiento.

Ed Wood, gran admirador de Lugosi desde que lo vio en Drácula (Browning, 1931), logrará de nuevo poner al actor húngaro en la mira de la prensa, en el papel de un científico en Glen o Glenda (1953). Sin embargo, Wood pronto se dará cuenta que el poderoso conde Drácula de antaño, el gran “monstruo” cinematográfico por excelencia, es ahora un solitario anciano, que vive rodeado de unos perros falderos y con una terrible adicción a la heroína.

La película, filmada en blanco y negro, tiene todo su conmovedor y torturante encanto en la dependiente relación que se va forjando entre Ed Wood y Bela Lugosi (el mismo Burton ha confesado que se inspiró en su amistad con Vincent Price). Wood y Lugosi son una especie de príncipe y rey, entre una galería de personajes igual de raros y marginales, miembros de una parte de Hollywood obscura y relegada de todo el glamour y los grandes presupuestos. Wood y Lugosi tendrán también la relación de un dedicado nieto con su abuelo enfermo.

Wood intentará, ante todo, llegar a ser un cineasta tan independiente y bueno como Orson Welles (Vincent D’Onofrio), con quien tendrá un fantasioso encuentro, confesándole el mítico director que pasó los mismos problemas que él en la producción del Ciudadano Kane, obra maestra de la cual Burton tomó algunas referencias visuales en su diseño del filme.

Burton dota a su Ed Wood de cierta calidad de héroe incomprendido. A pesar de haber sido un guionista sin pizca de talento y un realizador para el cual la palabra perfección no existía (nunca hacía más de una toma en el rodaje de las escenas), Edward D. Wood Jr. -según nos enseña la película- simplemente quiso hacer algo diferente dentro de la industria en los 1950, luchar ciegamente contra fórmulas establecidas y el star system de Hollywood, encontrando en el reciclaje de pseudo celebridades, la materia perfecta –y más barata- para sus películas.

sábado, 7 de julio de 2007

EN CARTELERA: END OF THE SPEAR * * 1/2

El primer largometraje del virtualmente desconocido realizador Jim Hanon (autor del documental Beyond the Gates of Splendor/2002, inédito en España y México), El Final del Espíritu (End of the Spear, E.U., 2005) llega con dos años de retraso a las salas españolas. En México, escasamente se puede encontrar en DVD región 1 en algún famoso videoclub.

Escrita por el mismo Hanon, tenemos aquí una más que sencilla historia de aventuras ambientada en la jungla del Amazonas, con una clara intención de transmitir un mensaje de unión y fraternidad, entre la tribu de los waodani, nativos de la región amazónica ecuatoriana, y los habitantes blancos de la región, que se han dedicado a cazarlos por décadas. Pero los waodani no nada más han sufrido de la violencia externa. El líder de una tribu vecina, una noche de 1943, masacró a los waodani de una pequeña aldea, provocando la separación de dos hermanos, Mincayani y Dayumae, esta última una niña que acabó siendo atrapada por un grupo de cazadores blancos.

En 1956, un veinteañero Mincayani (Louie Leonardo), líder de un pequeñísimo grupo de sobrevivientes waodanis, se dedicará a buscar a su hermana perdida, hasta que su encuentro con un grupo de exploradores estadounidenses, encabezados por el piloto Nate Sain (Chad Allen), tratando de entrar en contacto con estos waodanis, acabará trágicamente cuando los nativos maten a los norteamericanos, creyéndolos responsables de la muerte de Dayumae.

Sin duda, resulta irreprochable la capacidad de Hanon para filmar la jungla amazónica, notándose su vena documental en cada instante del filme, aprovechando los rincones verdes de la región, tanto dentro como fuera de la selva en notables tomas aéreas. Tampoco hay muchos peros en las logradas escenas de acción, donde los nativos se enfrentan a lanza limpia entre ellos, todas ellas de un aséptico tratamiento que no muestra una sola gota de sangre.

El problema principal del filme, no radica tanto en su reparto (todos muy bien) ni en su historia, que logra mantener cierto grado de interés hasta el final, sino en que la cinta no consigue del todo atraparnos o interesarnos en lo verdaderamente importante: los hasta ahora desconocidos waodani y quiénes son realmente, ya que Hanon acaba centrándose más en sus estupendas tomas del Amazonas, o en las climáticas escenas de acción y persecución.

miércoles, 4 de julio de 2007

DVD: DÉJÀ VU * * *

Con Déjà Vu (E.U., 2006), el británico hollywoodizado Tony Scott (hermano menor de Ridley Scott) sigue dejando patente que es el mejor churrero del momento. Sus filmes podrán ser de lo más inverosímiles, tendientes al caos, pero por alguna extraña razón acaban siendo endemoniadamente entretenidos.

El título alude al fenómeno psíquico, por el cual uno tiene la sensación de haber vivido ya antes alguna situación del presente. Scott trae de nuevo a Denzel Washington (protagonista también de Hombre en Llamas/2004) en una historia descabellada e inverosímil a más no poder, justo cuando en medio de una típica historia thrilleresca/policiaca, el asunto se convierte en una trama fantástica, por una maquinita capaz de ver hechos del pasado con lujo de detalle.

Luego del estallido de una bomba en un barco, que transportaba una tripulación de más de 500 personas formada por marinos y civiles, el oficial de policia especialista en explosivos, Doug Carlin (Denzel Washington), se dedicará a investigar el caso. La cosa se convertirá en un ajuste de cuentas en dos sentidos: primero, cuando Doug se entere que en el atentado murió su entrañable compañero, y en segundo lugar, cuando quede prendado de una chica víctima de la explosión, a la que podrá ver vivita y coleando a través de la mentada máquina del tiempo, 24 horas antes de ocurrida la explosión. Doug decidirá viajar al pasado para intentar prevenirla, y de paso, detener al criminal responsable (Jim Caviezel).

Ni se moleste en tratar de entender cómo funciona el dichoso aparatejo. Los expertos que la manejan sueltan un discurso pseudo científico, que ni Doug ni nosotros (ni creo que los mismos inventores) estamos entendiendo. En resumidas cuentas, un satélite toma imágenes de cualquier punto en la tierra, para que luego la máquina las reconstruya en un punto específico en el tiempo, para que luego te puede llevar a ti y lo que sea al pasado.

El relato tiene todo el sabor a un relato de Philip K. Dick (Minority Report/Spielberg, 2002 para ser precisos), pero en plan descerebrado. Sin embargo, muy aparte de esto, Scott se las arregla para conseguir un entretenido filme palomero, cuyos cabos se van atando uno a uno sin mayor problema. Lo mejor, es que visualmente la película luce tranquila, sin los típicos desplantes en edición y fotografía de Scott. Quedarán algunas preguntas por responder justo en el último minuto del filme, pero supongo queda a nuestro gusto responderlas como queramos.

CINE INÉDITO: DEAD FISH * * *

Deudas de Sangre (Dead Fish, Reino Unido- Alemania, 2004), primer largometraje del cinefotógrafo germano Charley Stadley (en su haber nada más tiene un cortometraje) no será un material digno de premios, pero lo que sí llama mucho la atención, es su esforzado intento por lograr un ejercicio de estilo en la más pura tradición de las historias pulp-thrillerescas de Guy Ritchie, y ni se diga Quentin Tarantino, integrándole un humor muy sarcástico. Hay momentos de auténtica simplonería, por ejemplo, aquellos en los que a Lynch, el matón a sueldo interpretado por Gary Oldman, le da por ponerse a cantar muy romántico y cursilón, al enamorarse a primera vista de la bonita pero desesperada Mimi (Elena Anaya).

Todo empieza cuando Mimi y su novio Abe (Andrew Lee Potts), cerrajero metido en el tráfico de drogas, se verán involucrados en una red criminal cuando aquella y Lynch intercambien por equivocación los teléfonos móviles. Sin embargo, Abe y su perpetuo amigo mariguano, Salvador (Jimy Mistry), tomarán como suyas las instrucciones que el jefe de Lynch les de por el móvil, confundiéndolo con un narcotraficante al que le deben dinero (sobreactuado Robert Carlyle), y se encuentra persiguiéndolos por todo Londres.

Abe se apropia de un paquete dejado a Lynch, lleno de dinero y un revolver, tomando su lugar e iniciando una aventura llena de “trampas y armas humeantes” (haga memoria del filme de Guy Ritchie/1998), que le hará recapacitar sobre su papel de novio desobligado y sin compromiso.

Los problemas de Dead Fish se encuentran principalmente en su guión, en especial, por algunos personajes que no tienen mucho que hacer en la trama, por ejemplo, Salvador o aquel mafioso que interpreta Billy Zane, a manera de largo cameo, o ese matón de Europa Oriental, que se sienten nada más como de relleno y como pretexto para algunos momentos de humor.

Con todo, la película acaba siendo entretenida. Stadley sabe sacarle partido a Gary Oldman y su potencial para interpretar a psicópatas. A pesar de sus defectos, se nota que Stadley ha sido consciente de sus alcances y limitaciones como director (está lejos de ser un Guy Ritchie o Tarantino), logrando una cinta menor, es verdad, pero disfrutable al no tomarse mucho en serio.

++A pesar de tener un reparto que incluye a Gary Oldman, Robert Carlyle, Terence Stamp y la española Elena Anaya, Dead Fish no ha visto estreno comercial en España. Ni siquiera se tiene noticia de alguna edición en DVD en el país ibérico.
++La película tuvo una primera exhibición en el Festival de Cine de Varsovia, para ir abriéndose camino en países como Portugal y Polonia. En DVD ha llegado a Hungría, Finlandia, Islandia y ahora a México.

sábado, 30 de junio de 2007

DVD: 28 WEEKS LATER * * *

El famoso final alternativo de la zombiesca obra de Danny Boyle, 28 Days Later (2002) anunciaba la llegada de una secuela, 28 Semanas Después (28 Weeks Later, Reino Unido, 2007), en la que el británico ya únicamente funge como productor ejecutivo, dejando la dirección al realizador español Juan Carlos Fresnadillo (Intacto/2001), apenas su segundo largometraje.

Como suele suceder con las secuelas, 28 Semanas Después no iguala ni supera al filme de Boyle, que si bien no ofrecía nada muy original que digamos (un extraño virus de origen impreciso convierte a las personas en zombies, contagiando a otros y provocando una plaga) sí le daba un moderno tratamiento visual: una frenética edición y movimientos de cámara violentos, que hacían terrorífica la experiencia de ver a los zombies de Boyle en acción, que más bien se comportaban como animales rabiosos y hambrientos.

28 Semanas Después es un filme menor a su predecesora. Para los amantes del gore, la película será todo un entretenimiento (masacres, sangre a chorros y carnicerías). El problema, es que la película de Fresnadillo nada más se queda en el plano de las mutilaciones y los vómitos sangrientos, sin que la nueva historia (ninguno de los actores originales participa) logre ser tan interesante.

Resulta que el ejército norteamericano (¡Sacrosanta salvación!) ha logrado controlar la epidemia 28 semanas después de donde nos quedamos en la primera parte. Cuando todo parecía estar bajo control, aparece una superviviente (Catherine McCormack), infectada pero inmune a los síntomas del virus, pudiendo significar el descubrimiento de una vacuna. Todo se saldrá de control cuando el esposo de la mujer (Robert Carlyle), padre de un par de chicos (Mackintosh Muggleton y la muy guapa Imogen Post, quien podría pasar como hermana menor de Kate Winslet), termina contagiado, iniciándose nuevamente la epidemia, la cual el ejército de E.U. decidirá controlar, matando a todo lo que se mueva.

Aquello es un interesante subtexto crítico de la política belicista norteamericana, pero a final de cuentas parece que el esfuerzo de Fresnadillo fue nada más reciclar todo lo visto en la película de Boyle: banda sonora, estilo visual y cinefotografía digital, dando como resultado un típico espectáculo hollywoodense de sangre y carnicerías, con momentos de acción rescatables (la escena inicial o el instante en que se desata el código rojo). Fuera de eso, 28 Weeks Later es un ruidoso entretenimiento de fin de semana, cuyo problema principal es tener un guión hueco.

EN CARTELERA: FLYBOYS * * 1/2

Es increíble, pero sucede mucho. Impecables producciones –en especial, filmes de época- acaban derivando en filmes desechables, debido a la falta de un buen argumento. Flyboys (Francia-E.U., 2006), reciente largometraje de un tal Tony Bill, es uno de esos casos: una vistosa y digna ambientación de la Europa de la Primera Guerra Mundial, batallas de aviones muy bien logradas, y en general, un aceptable sentido para el manejo de la acción, son virtudes que acaban desperdiciadas por una historia pobre y demasiado elemental.

La trama se centra en el famoso escuadrón Lafayette, formado por jóvenes pilotos estadounidenses, que fueron a Francia para apoyar al país galo en su lucha contra las fuerzas alemanas, antes de que E.U. entrara en la guerra. Huyendo de su pueblo en el sur de los E.U., por tener algunos problemas con la ley, el aspirante a piloto, Blaine Rawlings (James Franco), se enlista para ir a Francia y engrosar el escuadrón, junto a otros compatriotas quienes, por igual, esconden muchos secretos.

Como película de aventuras, a Flyboys le falta mucho de todo: personajes interesantes, romance que nos emocione y alguna profundidad temática. Lo que vemos durante todo el tiempo, son unos chicos algo desorientados y asustados por lo que les espera allá arriba, cuya única preocupación es ver quién tira más aviones. Si hay alguien que no ha hecho “volar” algún alemán, sentirá tal trauma que para qué le sigo contando.

Para engrosar el reparto, se encuentra Jean Reno haciendo un papel poco lucidor, como el general-buena-gente que instruirá a nuestros sacrificados héroes, robándole protagonismo el oficial del escuadrón (Martin Henderson), tampoco sin mucho qué hacer más que estar asustando a nuestros “caballeros del aire.”

El filme -en el mejor de los casos- no es más que una suerte de telefilme de aventuras bélicas en los aires, respaldado por una producción fuerte que valdrá la pena nada más por sus numerosas escenas de acción, a lo largo de poco más de 2 horas de duración.

EN CARTELERA: STORMBREAKER * *

Stormbreaker (Alemania-E.U.-Reino Unido, 2006), basada en una serie de novelas juveniles escrita por Anthony Horowitz, es el segundo tropiezo del realizador televisivo Geoffrey Sax, luego de su fallido debut con el aburrido filme de suspenso paranormal White Noise (2005). Lo bueno para Sax, es que Stormbreaker es, al menos, mucho más entretenida, a pesar de lo derivativo que resulte ver esta historia de espionaje juvenil, respaldada por una decente producción, escenas de acción más o menos conseguidas, algo de humor y un reparto llamativo aunque algo desperdiciado.

Ambientada en Inglaterra, la trama cuenta cómo Alex Ryder (el desconocido Alex Pettyfer), joven de 14 años, debe tomar un trabajo de espía luego de que se entera que su admirado tío (Ewan McGregor), espía encubierto, ha sido asesinado en plena acción. Alex no sabe la clase de trabajo que hacía su tío, por lo que estará escéptico cuando el jefe del Servicio Secreto (Bill Nighy) lo llame a cumplir la misión de buscar a los asesinos, así como de frustrar los planes que tiene un excéntrico empresario norteamericano (Mickey Rourke, como pez en el agua en su extravagante personaje), para usar el sistema de realidad virtual “Stormbreaker”, inventado por él e infectado con un virus, para eliminar a toda la población infantil británica.

En general, no habrá nada nuevo y que no hayamos visto ya en películas como Spy Kids (Rodríguez 2001/2002/2003). Sin embargo, el problema principal es que la trama se desploma a la mitad luego de un buen inicio, para no resucitar sino hasta la última parte. Por más que Sax y el mismo Horowitz, quien también funge como guionista, tratan de mantenernos enganchados en la historia, el caso es que el asunto del Stormbreaker jamás se siente tan importante y peligroso como quisieran. Al final, nos dará igual si el loco y ridículo personaje de Mickey Rourke, oprime o no el botón que detonará la desgracia.

El joven Alex Pettyfer no tiene el carisma que requiere un nuevo héroe, y si se animan a producir una secuela, ojalá mejore como actor. Y si se animan a meter de nuevo a Alicia Silverstone (¡yo pensaba que ya ni actuaba!), que sea para hacer algo mejor que servir de adorno, dar karatazos tontos y preparar sushi.

jueves, 28 de junio de 2007

EN CARTELERA: REIGN OVER ME * * * 1/2

En el más reciente filme del actor, guionista y realizador Mike Binder, En Algún Lugar de la Memoria (Reign Over Me, E.U., 2007), Charlie Fineman (Adam Sandler, en una de sus actuaciones serias y dramáticas) es aficionado a jugar un videojuego de temática fantástica, en el que un guerrero debe derrumbar y matar a un gigantesco monstruo. Nada ni nadie existe para Charlie en esos momentos.

Lo que simbólicamente está haciendo Charlie al jugar “Shadow of the Collosus” (nombre muy alegórico, por cierto), es luchar contra su propio “monstruo” interno, que sale a relucir explosivamente cada vez que su nuevo amigo, Alan (Don Cheadle), o quien sea, dice algo que al parecer le molesta u ofende.

La película de Binder (quien de hecho hace un pequeño papel), es un amargo melodrama con destellos de comedia, sobre dos seres solitarios que tratan de construir una amistad, partiendo de los recuerdos que Alan, exitoso odontólogo, guarda de la universidad, donde conoció al ahora inestable y perturbado Charlie.

Alan, un solitario hombre dedicado enteramente a su trabajo, esposa (Jada Pinkett Smith) e hijas, tratará por todos los medios de retomar su amistad con Charlie, pero no lo tendrá fácil. Charlie es un hombre retraído, vive aislado escuchando música con sus auriculares, viaja por toda Nueva York en un monopatín motorizado y su carácter es explosivo a la menor provocación. En resumidas cuentas, Charlie es un hombre de cuarenta años con mentalidad de adolescente, que esconde un secreto del pasado, el cual podría ser la clave de tan extraño comportamiento. Alan no tendrá menos problemas, tanto en su trabajo como en su matrimonio, en la medida que crezca su interés por ayudar y conocer más a Charlie.

Filmada en formato digital, en la película Adam Sandler tiene una sorprendente actuación. Sin dejar de lado el estupendo trabajo de Don Cheadle, toda la fuerza de la película radica en el enigmático personaje de Sandler, en una de esas actuaciones que no se agotan ni pierden interés. Claro, Binder no será un maestro en la construcción de retratos de familias problemáticas y algo disfuncionales, pero no hay duda que valiéndose de recursos mínimos (tan sólo una cámara digital de alta definición) y una realización muy funcional, consigue momentos inquietantes (los arranques violentos de Charlie) y dotar de alma a la película con dos personajes no muy diferentes entre sí.

miércoles, 27 de junio de 2007

EN CARTELERA: OCEAN'S THIRTEEN * * * *

La franquicia iniciada por Steven Soderbergh con Ocean’s Eleven (2001), al aparecer, no se ha desgastado. Sigue tan fresca y viva como en la primera parte. Soderbergh no ha perdido la energía desde que inauguró la franquicia, que de una forma más o menos original ha ido creciendo hasta llegar al tercer filme, Ahora son 13 (Ocean’s Thirteen, E.U., 2007).

Si bien la película luce mucho mejor que la pasada entrega (Ocean’s Twelve/2004), es verdad también que, si exceptuamos la presencia femenina de la atractiva Ellen Barkin, la tercera película adolece de falta de bellezas como Catherine Zeta Jones o Julia Roberts, beneficiándose mucho con la secundaria -pero no menos fuerte- participación de Al Pacino, como el inescrupuloso dueño de un nuevo hotel en Las Vegas, que construyó a costa de traicionar a uno de los miembros de la pandilla de Danny Ocean (George Clooney), es decir, Reuben (Elliott Gould), quien ha quedado postrado en la cama a consecuencia del infarto por quedarse casi en la ruina.

Danny, junto a su colega Rusty (Brad Pitt), planearán una jugosa venganza, que consistirá en tratar de arruinar al nuevo hotelero, Willie Bank (Pacino), urdiendo un maquiavélico e increíble plan para, primero, dejarlo sin un centavo al intentar recrear un terremoto y un apagón en la luminosa urbe, y segundo, robarle una cuantiosa cantidad de diamantes de su bóveda.

Algo que sigue sorprendiendo, es el bueno tino de Soderbergh, continuando en la dirección, no nada más para que el elenco luzca renovado, fresco, con nuevos bríos, sino también de saber mantener un humor sin otra pretensión que arrancar inevitables risas, como en los dos gags sobre los cuales gira la trama, uno relacionado con el cursilón programa de Oprah Winfrey (con un comiquísimo giro final), y el de un inmigrante mexicano, obrero en una fábrica de dados, quien le encarga a un miembro de la pandilla disfrazado como mexicano, de avisarle a su familiar “del otro lado” que está bien y sigue “aguantando” (Claro, esta cáustica broma quizás nada más cause risa en el público mexicano.)

Soderbergh ha encontrado en Ocean’s Thirteen el tono y estilo visual adecuados para su serie de heist movies. Desde el filme anterior, ha sabido imprimirles un regusto a cinta sesentera. Sabe dónde usar la cámara portátil de una manera arcaica para lograr un estilo nostálgico, sigue sabiendo utilizar al máximo la banda sonora muy groovie y funk de David Holmes; sabe también cómo rescatar un escenario tan clásico de esa época como Las Vegas y aprovecharlo, ya sea en los ambientes claustrofóbicos del enorme casino de Bank, o en las buenas tomas aéreas de su grotesco hotel. Soderbergh nada más tiene que preocuparse por darle el ritmo y forma precisos a su cinta, que si se está del humor adecuado, su comicidad inocente y simple cae bastante bien.

El elenco principal no puede notarse más cómodo que en esta ocasión, en unos papeles que ya tienen más que asimilados. Al Pacino, sin ser el típico villano, resulta aborrecible como el ambicioso empresario, preocupado por mantener en marcha la maquinaria de su negocio, levantado a costa de arruinar a Reuben. Aunque si nos ponemos a pensar un poquito, Reuben no ha sido tampoco un ejemplo a seguir. Es decir, estamos ante un entretenido y pasable filme de ladrones contra ladrones, en donde los que triunfan son los que pelean por una causa honorable...y acaban siendo más ingeniosos y simpáticos. Y es que dicen que ladrón que roba a ladrón...

sábado, 23 de junio de 2007

CINE ANIMADO: SHREK THE THIRD * * *

No hay duda que todo por servir se acaba. Ha llegado Shrek Tercero (Shrek the Third, E.U., 2007), la inevitable tercera película sobre las aventuras del ogro verde, que en 2001 causara sensación por su original propuesta de parodiar los cuentos clásicos infantiles, una clara burla-venganza hacia los filmes animados de la casa Disney. Dicen las malas lenguas, que Jeffrey Katzenberg, el ahora ex presidente de la casa Dreamworks, quiso vengarse contra la Disney por haberlo despedido luego de tantos años de trabajo en dicha empresa.

Quedó lejos aquel éxito con la primera película, de la cual vendría una segunda parte (2004), que si bien no igualó a su predecesora en calidad, todavía se lograba salvar en comicidad, por seguir agregando referencias paródicas a películas famosas, engrosando la fila de personajes con el Gato con Botas (voz de Antonio Banderas), ahora compañero inseparable de Shrek (voz de Mike Miers) y Burro (voz de Eddie Murphy).

No es que esta tercera película sea mala o no se pueda ver. Hay mucha comicidad que le permite a uno soltar la carcajada, bastantes gags logrados y chistes verbales, casi todos a cargo de Burro y buena parte al Gato con Botas. Sin embargo, la fórmula ya se siente desgastada y no tan atractiva como en un principio. Apenas y hay algunos detalles rescatables y novedosos, como los inverosímiles hijos burritos-dragones de Burro, o la inclusión de uno que otro personaje nuevo, como el joven rey Arturo (Justin Timberlake), un hippioso Mago Merlín (el ex Monty Python, Eric Idle) o ver a Blanca Nieves, Cenicienta y la Bella Durmiente convertidas en una versión medieval de Los Ángeles de Charlie.

Resulta que, en el Reino Muy, Muy Lejano, el rey ha muerto. Sin embargo, Shrek, presionado ahora por Fiona para que le de unos ogritos, no querrá sucederlo en el trono e irá en búsqueda del primo de ésta, el mismo Rey Arturo. En tanto, el príncipe Encantador (Ruppert Everett), formará una rebelión junto a todos los villanos más famosos de los cuentos, para atacar el Reino y usurpar el trono.

La realización, sin la habitual dirección de Andrew Adamson y colaboradores, está a cargo de Chris Miller y Raman Hui, sin nada del otro mundo más que el saber mantener un buen ritmo cómico sin que en ningún momento decaiga. Esta tercera entrega de Shrek, no voy a negarlo, es divertida, en especial si se disfruta del humor escatológico. Pero lo molesto de todo, es lo derivativa que se siente al volver a los mismos escenarios, sin mucha novedad o cambios de por medio, haciendo que todo el asunto no se sienta tanto como una tercera parte, sino como la simple continuación de una serie televisiva. Ni se preocupe, todavía hay Shrek para rato, con la cuarta entrega en el 2010.

CRÓNICAS * * * *

Si hubo una cinta latinoamericana notable en el 2004, que sorprendiera no nada más por la inteligencia y madurez de sus temas, sino también por estar dotada de un apropiado tratamiento de thriller, esa fue Crónicas (México-Ecuador, 2004), apenas el segundo largometraje del realizador ecuatoriano Sebastián Cordero (inédita en México y España su película Ratones, Ratas, Rateros, 1999).

Lo que resulta genial en Crónicas, escrita por el mismo Cordero, es cómo logra mantener todas las piezas de su juego argumental y narrativo bien puestas, en un thriller policiaco ambientado en el pueblo de Babahoyo, Ecuador, una tierra de nadie bajo el cuidado de una policia corrupta. El esquema argumental es el del clásico asesino serial, conocido como el “Monstruo de Babahoyo” y las investigaciones en torno a sus asesinatos de niños, pero a lo largo del filme y hasta su contundente final, se mantiene intacta una interesante reflexión sobre la ética profesional de los medios de comunicación televisivos.

Ecuador, tiempo actual. Un humilde vendedor de biblias, Vinicio Cepeda (el mexicano Damián Alcazar), se salva de ser linchado por una turba enardecida y frente a los ojos de su asustado hijo, luego de causar la muerte a un niño al atropellarlo. Quien lo salva es Manolo Bonilla (John Leguizamo), reportero de un programa amarillista de Miami, que se encuentra en el pueblo haciendo un reportaje sobre el asesino de niños.

Sin embargo, Vinicio ira a parar la cárcel, suceso que servirá para que se inicié entre él y Manolo una manipuladora y oportunista relación, cuando el primero le prometa valiosa información sobre el asesino, que no podría conseguir por ningún otro medio, a cambio de que el reportero, acompañado de un camarógrafo (José María Yazpik) y la productora del programa (Leonor Watling), le ayude a salir de prisión, y deje de cumplir una dura condena por lo que fue un homicidio imprudencial.

En este filme, de un logrado tratamiento realista, cuando todo parece que irá tomando un camino predecible, habrá giros y resultados inesperados. No habrá buenos, ni malos, y el criminal sin rostro (o al menos así lo parece) será el pretexto perfecto para que la trama avance sin problema alguno, y se nos presente la corrupción en toda la extensión de la palabra, no nada más policiaca, sino también de parte de los cuestionables métodos de Manolo para lograr lo que quiere.

sábado, 3 de marzo de 2007

THE INVISIBLE * * 1/2

No hay duda que lo que le sobra a David S. Goyer como guionista, le falta como realizador. A dicha conclusión llegué luego de ver Invisible (E.U., 2007), un blando filme de suspenso sobrenatural, que si bien logra sostenerse la mayor parte de su tiempo gracias a su buena idea argumental, para el final comienza a tambalearse por situaciones inverosímiles y un final cursilón, que parece robado de The Notebook (Cassavetes, 2004).

Es verdad, se nota el presupuesto limitado con el que ha contado Goyer para narrar su inusual historia de fantasmas (bueno, en realidad es un sólo fantasma), cosa que se deduce al ver la manera en que se resolvieron los momentos en que el fantasmagórico Nick (Justin Chatwin), intenta tener contacto con el mundo terrenal, luchando a gritos porque alguien encuentre su cuerpo atrapado en una alcantarilla.

Nick es un chico preparatoriano que sueña con irse a Londres a estudiar literatura. La viuda, deprimida y amargada mamá (Marcia Gay Arden) de Nick, no verá con buenos ojos que su hijo se vaya lejos. Sin embargo, los planes de Nick cambiarán, cuando una problemática y rebelde chica Annie (Margarita Levieva), buscada por la policia por el robo de unas joyas, lo tome por asalto y le propine una golpiza mortal, al creer que él la delató.

El espíritu de Nick lanzará libros, gritará a su mamá, seguirá a su mejor amigo (de alguna manera involucrado en su muerte) para tratar de comunicarse, pero el caso es que muy pronto se dará cuenta que su cuerpo sólo se encuentra muy herido e inconsciente en medio del bosque, y que cada segundo es valioso para poder regresar al mundo de los vivos, antes de que muera y quede atrapado en el limbo.

Si en algo aciertan Goyer y sus 3 guionistas, es en crear cierto suspenso por saber el destino de Nick y su moribundo cuerpo. De hecho, la película no tiene muchos problemas en su plano de thriller, ya que la trama policiaca sobre la persecución de Annie, funciona casi en todo momento. El problema que da al traste con todo el asunto, es que los realizadores no resistieron la tentación de imponerle un poco de romance, convirtiendo al filme en una mediocre versión adolescente de Ghost (Zucker, 1990), sin que el mentado final cursi escape del chantaje romántico.

El trabajo fotográfico del mexicano Gabriel Beristain es bueno, no muy diferente al de anteriores trabajos (The Ring Two, por ejemplo), la actuación del joven Justin Chatwin es aceptable, Marcia Gay Arden luce tan efectiva como siempre, pero creo que la hueca historia del niño rico enamorado de la niña antisocial e inadaptada, le ha restado muchos puntos a la cinta.

THE NAMESAKE * * * *

Tabu e Irrfan Khan

En The Namesake (2006) la realizadora hindú Mira Nair (Kama Sutra, Salaam Bombay) sigue fiel a los temas acostumbrados en su filmografía: la fuerza del núcleo familiar, el apego a las tradiciones, y especialmente el folclor, el baile y la música. The Namesake es un sólido melodrama sobre la inmigración, que a pesar de su muy convencional historia y estructura, sorprende por su gran capacidad para conmover a través de la autenticidad de sus personajes y conflictos.

Narrada a través de un hábil uso de enormes elipsis, el filme tiene como eje narrativo el nombre con el que se bautiza al primogénito de la familia bengalí Ganguli. El paterfamilias, Ashoke (Irrfan Khan), un intelectual y maestro de literatura, se lleva a su guapa esposa, Ashima (Tabu) a vivir, a finales de los 1970, a Estados Unidos, para tratar de alcanzar el sueño americano.

Admirador del escritor ruso Nicolai Gogol, Ashoke tendrá la ocurrencia de bautizar a su hijo, temporalmente, con el apellido de su admirado escritor, el cual se encontraba leyendo durante un accidente mientras viajaba en tren. La película es una agradable y entretenida odisea intergeneracional, acerca de la sobrevivencia en un país lejano, en una tierra extraña, en un continente al otro lado del mundo.

Ashima es una talentosa cantante, sobre la que pesan los recuerdos y las fuertes tradiciones de su país. La vida junto a su americanizado marido (él ha vivido y trabajado en E.U. bastante tiempo) no será fácil. Ambos sufrirán, llorarán, reirán, tendrán momentos de alegría familiar con el paso de los años, e incluso alcanzarán una vida próspera y acomodada, hasta que tienen que enfrentar la tarea más dura, tratar de inculcar su cultura y costumbres a su par de hijos adolescentes, Gogol (Kal Penn) y Sonia (Sahira Nair), quienes nacieron en América, no hablan jota de bengalí, ni conocen el país de sus padres.

La película es una adaptación de la novela de Jhumpa Lahiri. Mira Nair evita, muy inteligentemente,  que su filme caiga en el melodramón lacrimógeno, sin que por ello esté despojado de sensibilidad, humor, de un ligero toque de fábula, así como de un elegante y particular encanto, reforzado con el impecable desempeño de los actores.

El mensaje es sencillo: El peso de las tradiciones y la nostalgia por el terruño no pueden dejarse a un lado. Son fuertes, nunca abandonan al inmigrante que ha dejado su país lejos, sin dejar de reconocer los momentos felices vividos en el país adoptivo. Además, son dolorosas las consecuencias que tiene el aceptar demasiado tarde el amor de los padres, tal y como es, con todos sus caprichos, defectos y virtudes.

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