miércoles, 1 de agosto de 2007

DVD: BLOOD DIAMOND * * * 1/2

De las dos actuaciones por las que Leonardo Di Caprio estuvo compitiendo para obtener la nominación al Oscar, su trabajo en Los Infiltrados y la que nos toca ver ahora en Diamante de Sangre (Blood Diamond, E.U., 2006), debo decir que la que menos me agradó fue esta última, sin que necesariamente por eso sea mala. Aun así, resultó ser la elegida para competir en la categoría de Mejor Actor.

Diamante de Sangre es una denuncia hacia la violenta explotación de la vulnerable población de Sierra Leona, en África, por el lucrativo negocio de los diamantes, dirigida por Edward Zwick (Gloria, El Último Samurai) y apoyada por la UNICEF. La historia cuenta cómo Solomon Vandy (Djimon Hounsou, genial), un humilde pescador, es separado de su familia y hecho prisionero por unos guerrilleros, para trabajar en la recolección de diamantes. Sus problemas comienzan cuando se le ocurre robar y ocultar un diamante rosado, su única salvación si quiere volver a ver a su familia, teniendo que hacer trato con Danny Archer (Di Caprio), un frío y calculador traficante de diamantes: Solomon deberá indicarle dónde está el diamante, a cambio de que Archer le ayude a encontrar a su familia desaparecida.

Solomon y Archer emprenderán la aventura junto a una reportera norteamericana (preciosa Jennifer Connelly), está última buscando escribir una historia sobre el tráfico de diamantes.

El propósito del filme, escrito por Charles Leavitt, está claro: mostrar las sangrientas consecuencias del tráfico de diamantes en el tercer mundo, en la que la última cadena beneficiada será un puñado de banqueros del primer mundo (un banco en Londres), así como criticar el absurdo derramamiento de sangre para que una piedrita -que vale millones de dólares- acabe encerrada en una bóveda bancaria, desatándose además una guerra civil, en la que los niños, con el cerebro lavado, participan como jóvenes guerrilleros y máquinas de matar.

No hay duda que Zwick es un gran creador de espectáculos. Diamante de Sangre será, más que nada, una cinta de acción y aventuras palomera, que nunca aburre, con un final en el que Di Caprio muestra el porqué se echó al bolsillo a los miembros de la Academia. Sin embargo, parece que el tema sobre la violencia y muerte en torno a un diamante, no fue más que un pretexto para que Zwick se luciera con las estridentes escenas de acción, llenas de explosiones, balazos y demás efectos especiales.

++ La cinta ha dado a Leonardo Di Caprio su tercera nominación al Oscar en su carrera (las anteriores fueron ¿Quién Ama a Gilbert Grape?/1993, y El Aviador/2004)

++ Russell Crowe fue considerado para el papel de Danny Archer.

++ Di Caprio se asesoró con un ex mercenario de Sudáfrica para conocer tácticas de rastreo militar.

DVD: FLAGS OF OUR FATHERS * * * *

“Es gracioso lo que puede hacer una fotografía”, sentencia con una distintiva sabiduría el marine Ira Hayes, en algún momento del libro Banderas de Nuestros Padres (1998), uno de los más gráficos, violentos y conmovedores libros escritos en torno a esa “otra guerra”, la del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial. Banderas de Nuestros Padres es un documento con información de primera mano, escrito por James Bradley y Ron Powers, el primero hijo de uno de los seis soldados que, en febrero de 1945, izaron la bandera estadounidense en el Monte Suribachi, en la isla de Iwo Jima, momento inmortalizado por el fotógrafo Joe Rosenthal.

Banderas de Nuestros Padres (Flags of Our Fathers, E.U., 2006), es la adaptación dramatizada del libro de Bradley y el primer filme bélico de Clint Eastwood, quien animado por Steven Spielberg (quien funge como productor) se apuntó a dirigir esta superproducción, con una gran cantidad de efectos digitales. Algo fuera de lo común para un realizador con el perfil de Eastwood, en clara deuda con el estilo de Spielberg en Salvando al Soldado Ryan (1998), pero que sabe aprovechar y nivelar muy bien todas estas herramientas a su alcance.

La película tiene, nada más en su primera mitad, instantes estremecedores, en ese desembarco que hacen las tropas americanas en las playas de la isla, buscando enfrentarse con el ejército japonés, un enemigo oculto dentro de un sofisticado sistema de túneles subterráneos. Una secuencia espectacular, que supera en dosis de violencia lo que ofrecía Spielberg en su película sobre el “Día D”, para después hacer una perfecta recreación de la imagen de Rosenthal, cuando John Bradley (Ryan Phillippe), paramédico en el campo de batalla, Rene Gagnon (Jesse Bradford) y Ira Hayes (Adam Beache), junto a otros tres compañeros que murieron peleando días después, usando un simple tubo de metal levantaron la bandera en el Suribachi.

Sin embargo, existirá la “otra historia” detrás de la fotografía. En realidad, los soldados estaban izando la bandera por segunda vez, luego de que la primera fuera muy chica. Los tres marines sobrevivientes confesaron que nada más quisieron ayudar a sus compañeros a levantar la bandera, sin que eso los hiciera héroes. El libro es toda una desmitificación de “Iwo Jima”, la fotografía más famosa de la Segunda Guerra Mundial, que a partir de su publicación en un diario se convirtió en un verdadero símbolo sobre la victoria, el esfuerzo y el trabajo en equipo en tiempos de guerra.

La película es un estudio emocional y político sobre los alcances simbólicos que alcanzó la fotografía de Rosenthal (fallecido en agosto del 2006), y el punto fuerte estará en esa gira que Bradley, Gagnon y Hayes llevaron a cabo por todo E.U. para recaudar fondos y seguir manteniendo la guerra en el Pacífico. Todo un juego propagandístico, con el cual los tres soldados jamás se sintieron cómodos, por el mote de héroes de guerra que tuvieron que llevar a cuestas hasta la muerte de cada uno.

“No somos héroes. Lo único que hicimos fue ayudar a nuestros amigos a izar la bandera”, será la constante respuesta que den los tres soldados a los reporteros, línea que Eastwood deja en exclusiva a Ira Hayes en la película, el personaje más complejo y fascinante de la obra de Bradley, un joven indio Pima que mostraba rebeldía e inconformidad en todos los eventos, víctima de un alcoholismo por el estrés postraumático que padeció y lo llevó a morir en los 1950, luego de una vida de ermitaño y de haber caído en la cárcel, el único de los tres que decidió regresar a pelear en el Pacífico.

Desde ediciones en estampillas postales, hasta una monumental escultura en Washington, fue el legado que dejó la famosa fotografía “Iwo Jima”, fenómeno que Eastwood logra plasmar de una forma efectiva en una narración en tres partes, que arranca con un evento en un estadio de baseball, donde se montó toda una escenografía del Suribachi, para que los soldados recrearan aquel momento cumbre. La edición brinca en los tres tiempos, con no pocas dificultades: la época presente, con un John Bradley enfermo y envejecido, dueño de una funeraria, la batalla en la isla de Iwo Jima (filmada en Islandia, ya que Iwo Jima es hoy en día un lugar histórico, casi sagrado), fotografiada con una paleta verdosa y deslavada para imitar un efecto Technicolor, y la gira de los tres chicos. Una edición que transmite muy bien la crisis existencial vivida por estos “soldados desconocidos”.

“Los verdaderos héroes fueron los que murieron allá en batalla”, insistirán de forma concluyente Bradley, Gagnon y Hayes, ante el trato de celebridades que siempre recibieron. Algo en lo que en verdad insiste Eastwood en su filme, es en marcar esa frágil e inocente condición de chicos que fueron a sufrir y morir a Iwo Jima, conscientes de que probablemente no regresarían a su hogar, cosa que para James Bradley (interpretado por Thomas McCarthy) es básico en su libro. “Héroes que no eran más que chicos”, así empieza su libro Bradley, y así concluye Clint su película.


++ La edición especial incluye dos discos, uno con la película y otro con numerosos extras, como una introducción de Clint Eastwood, el guionista Paul Haggis, el autor del libro James Bradley; un documental sobre la creación de los efectos especiales, otro en el que Eastwood y los actores hablan sobre los verdaderos soldados y la reconstrucción del izamiento de la bandera; el trailer cinematográfico, un documental histórico sobre la guerra de Iwo Jima, etc.

domingo, 29 de julio de 2007

LIBROS: THE GOOD GERMAN, DE JOSEPH KANON

Exhibida durante el pasado festival de Berlín, y estrenada en España hace algunos meses, "The Good German", es la adaptación de la novela homónima de Joseph Kanon. Autor de "Los Alamos" y "The Prodigal Spy", Kanon ha conseguido en "The Good German" un entretenido relato ambientado en la bombardeada Berlín de la posguerra, dividida en sectores rusos, norteamericanos y británicos, en la que con frecuencia se dan confrontaciones por estos territorios.

No he podido ver el filme, dirigido por Steven Soderbergh, pero por lo que he podido apreciar, tanto en el trailer como en varias sinopsis, es que hay sustanciales cambios en la historia original, pero aparentemente se ha conservado la esencia original del libro de Kanon: el hambre por el poder corrompe a rusos y norteamericanos por igual, ambos peleando por tener en su poder a ex nazis y utilizarlos para el bien de sus gobiernos, a cambio del perdón por los crímenes de guerra durante el Holocausto.

En su prólogo, Kanon confiesa que se ha tomado licencias históricas y geográficas, pero eso no le ha evitado crear una atmosférica trama, describiendo magníficamente ambientes y escenarios.

La historia contada en el libro, es un melodrama romántico y de suspenso, en deuda con relatos narrados en filmes como “Casablanca” o “El Tercer Hombre”. Jake (encarnado en la película por George Clooney) es un exmilitar que ahora se desempeña como corresponsal de guerra para varias revistas de E.U. Ha vivido en Berlín por varios años, habla perfectamente el alemán, y en el libro se debate entre sus dos orígenes, el norteamericano y el alemán. Durante el evento Potsdam en la zona rusa, encuentran el cadáver de Tully (Tobey McGuire), un soldado norteamericano que llevaba consigo grandes cantidades de dinero.

Intrigado por el crimen, Jake se decidirá a investigar qué hay detrás de este asesinato, junto a su colega Liz (personaje que no aparece en el filme, por lo que he podido ver), simpática y atractiva fotoperiodista. Sin embargo, Jake se reencontrará con Lena (Cate Blanchett en la película), un antiguo amor, alemana casada ahora con Emil, científico acusado de ser simpatizante de los nazis, y de haber contribuido en la matanza de judíos en un campo de concentración. Un entretenido libro que contrario al filme, narrado según deduzco a manera de flash-back para contar los antecedentes de Tully y su muerte, es más lineal y sencillo en su lectura, que disfrutarán los aficionados al género negro-detectivesco.


viernes, 27 de julio de 2007

DVD: MAN OF THE YEAR * * 1/2

En la filmografía del realizador estadounidense Barry Levinson, ha tenido cabida una estupenda satírica política, Wag the Dog (1997), con Robert De Niro y Dustin Hoffman. Levinson ha querido experimentar con la misma premisa de Wag The Dog, sin la misma fortuna, en El Hombre del Año (Man of the Year, E.U., 2006), película dispareja en la que trae de nuevo a Robin Williams en el papel principal, quien por cierto protagonizara hace ya 20 años otra comedia satírica del mismo Levinson, Buenos Días Vietnam (1987), para lucimiento del imparable y parlanchín comediante.

El Hombre del Año es de nuevo un vehículo ideal de lucimiento para Williams. Llega un momento en que la película ya no pertenece a Levinson, sino al propio Robin Williams, interpretando al conductor de un talk show que, de la noche a la mañana, se lanza como candidato independiente por la presidencia los E.U.A. Williams da rienda suelta a su sobrada capacidad para improvisar y llenar la pantalla con sólo decir de corrido un aluvión de chistes.

Tom Dobbs (Williams), el conductor televisivo en cuestión, inicia su campaña presidencial teniendo como prioridad la austeridad, llevándose consigo a su representante (Christopher Walken, eficiente de principio a fin) como asesor de campaña. Recorriendo medio E.U. en un autobús, y luego de vencer a sus contrincantes, los candidatos del partido Republicano y Demócrata, en un debate en vivo por televisión, rompiendo reglas y poniéndolos en evidencia, Dobbs resultará ganador en las elecciones.

Sin embargo, los problemas para Dobbs comenzarán cuando Eleanor (Laura Linney), empleada de una empresa desarrolladora de software y creadora de un sistema informático para votar y contar los votos con mayor rapidez, descubre que dicho sistema ha fallado, y que en realidad el presidente electo Dobbs perdió las elecciones por un error informático. Eleanor no tendrá menos problemas, cuando el presidente de la compañía (Jeff Goldblum) y otros ejecutivos, se muestren renuentes a que Eleanor cause una hecatombe mediática, haciendo público el error electoral, recomendándole dejar todo como está, bajo peligro de que resulte “afectada” su integridad física.

Escrita por el mismo Levinson, me parece que las dos ideas argumentales planteadas en su guión se han estorbado mutuamente, sin que alguna se desarrolle bien y hasta sus máximas consecuencias. Así, tendremos chocando a la buena idea satírica de poner a un popular comediante como candidato a la presidencia, sin pertenecer a ningún partido político, aunque con ideas muy revolucionarias y que sabe ganarse al público haciendo uso de su carismática personalidad, con la más convencional historia thrillerezca que aparece en la segunda mitad del filme, cortando el buen ritmo satírico impuesto por Williams al inicio.

Levinson sacrifica mucho la poderosa presencia cómica de Williams, y con ello, lo que pudo haber sido una lograda sátira política, a cambio de un thriller flojo y previsible, a pesar de la buena actuación de Laura Linney.

“Los políticos son como los pañales, hay que cambiarlos de vez en cuando”, soltará Dobbs casi al final de la película. Aunque en realidad, creo que nunca vemos del todo a un personaje real, sino a Williams interpretándo a... Robin Williams. Quién puede quejarse, cuando es el liberal Dobbs-Williams el que nos mantiene bastante entretenidos hasta el último minuto de este no muy afortunado filme.
++Man of the Year no vió estreno comercial en las salas españolas, pasando directamente al formato DVD.
++Disponible en DVD desde el 26 de junio.

jueves, 26 de julio de 2007

13 TZAMETI * * * 1/2


El dinero y a lo mejor también el placer por el peligro, por la adrenalina al menos, fue lo que movió a un auténtico participante de la terrible competencia de “ruleta rusa”, exhibida en 13 Tzameti (Francia-Georgia, 2005), en una entrevista incluida en los extras del DVD.


Primer largometraje del realizador georgiano Géla Babluani, en 13 Tzameti Sébastien (George Babluani, hermano de Géla, recordándonos con su rostro a un joven Robert De Niro), ya sea por necesidad de ayudar económicamente a su hermano y familia, o por amor a la aventura, el caso es que este especialista en arreglar techos, un día decidirá robar un pasaje de tren en casa de uno de sus clientes, para involucrarse en una aventura de policias y ladrones, teniendo un giro monumental cuando acabe involucrado en el bajo mundo de la mafia francesa.

No habrá marcha atrás cuando Sébastien tenga que participar en un enfermizo evento, con apuestas millonarias de por medio, en el que 13 participantes se colocan en círculo, apuntándose con una pistola en la cabeza, cargada con una bala y disparando a la señal de un escandaloso juez. Son minutos exhaustivos, adrenalínicos, casi insoportables, a pesar de la sorprendente limpieza y nula crudeza gráfica en la puesta en escena de Babluani.

Por aquellas estupendas secuencias valdría nada más la pena revisar esta curiosidad, filmada en blanco y negro, que en cuanto a lo demás se refiere es una muy elemental cinta de suspenso policiaco, en su narración y exposición de personajes.

Sébastien será tocado por la violencia. Por primera vez ha matado, en un negocio en el que se explota a desafortunados inocentes, para que un grupo de maleantes se enriquezca. Babluani consigue crear una espiral de tensión, en imágenes que traen a la memoria El Cazador de Venados (Cimino, 1978) y su magistral y decadente visión sobre este mundo de las apuestas, la “ruleta rusa” y el dinero, una referencia fílmica que posiblemente haya estado rondando en la cabeza de Babluani. Sin embargo, la gran premisa sobre lo adictivo del juego y el dinero manchado de sangre del filme de Cimino, es lo que falta en 13 Tzameti, en la que no existe una parte humana que invite a la profunda reflexión sobre lo absurdo del bajo mundo de las apuestas, con vidas de por medio.
++ Disponible en DVD desde el 17 de julio.

EN CARTELERA: EN EL HOYO * * * *

Juan Carlos Rulfo (hijo del famoso escritor mexicano Juan Rulfo), consigue en su reciente trabajo, En El Hoyo (México, 2006) un interesante y arriesgado documental (en más de un sentido), que hace una crónica sobre la construcción de un megapuente vial, que corre por encima de una de las avenidas más grandes de la Ciudad de México.

El documental tiene una fuerte carga de crítica política hacia el anterior gobierno de la ciudad, debido a que muchos ciudadanos estuvieron en contra de la construcción de este puente, de un alto costo no nada más económico, sino humano, representado en la muerte de varios trabajadores. Es ahí donde Rulfo, con un mínimo de recursos técnicos (una cámara digital en mano), se interna para hacer un registro honesto, natural y directo, de lo que es el día a día de cientos de albañiles y constructores, quienes por un salario pequeño se arriesgan laborando a pocos metros de distancia de autos a gran velocidad, o desde alturas vertiginosas.

Lo que llama la atención desde el principio, es la manera en que Rulfo se transforma en uno más de estos trabajadores, muchos de ellos inmigrantes de poblados fuera de la ciudad, que llegan aquí buscando dinero y mejores oportunidades de empleo, para entrevistarlos y tratar de saber porqué están arriesgándose por un pago mínimo, y cuáles han sido sus vidas hasta entonces. Mientras, el hilo conductor del documental será el rescate de un albañil, que ha quedado atrapado dentro del cimiento de una columna.

En una de las entrevistas a una guardia nocturna, el tono del documental toma un giro metafórico (típico en los trabajos de Rulfo, como en sus documentales Del Olvido al No Me Acuerdo, El Abuelo Cheno y Otras Historias), cuando la supersticiosa trabajadora afirme que el mismo Satanás es quien protege y cobija estos puentes, llevándose las almas de los albañiles a su antojo. Los puentes toman así un cariz simbólico, de obra maldita. Su longitud es tal, que todavía están en construcción.

Como sea, lo principal es que En El Hoyo es un trabajo de alto contenido social, sencillamente realizado, cuyo propósito principal es mostrar la vulnerabilidad de estos albañiles ante una obra monstruosa y descomunal, símbolo de la tozudez y vanidad del anterior gobernante de izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, que quiso con esta obra quedar bien en las pasadas elecciones presidenciales, sin éxito.

++ Durante el festival Documenta Madrid 2007, Juan Carlos Rulfo fue miembro del jurado del palmarés de este año, enmarcada por una retrospectiva de su obra documental.

EN CARTELERA: EL VIOLÍN * * * * 1/2

El caso de El Violín (México, 2005), primer largometraje de ficción del realizador Francisco Vargas, fue complicado en su camino a poder ser distribuida en México. Recientemente pudo ver su estreno comercial en salas mexicanas, luego de que países de Europa como Francia (donde tuvo un gran éxito de crítica luego de su exhibición en el Festival de Cannes 2006), y Polonia, ya habían podido verla. Luego de ser estrenada en México, por fin llegó a España, mientras el realizador tuvo la presión por ver cómo sería recibida una película que deja una dudosa imagen del ejército mexicano.

Fotografiada en blanco y negro, la película narra una historia atemporal, ambientada en alguna época que no se puede definir del todo, pero que toca un tema espinoso: la invasión del ejército en comunidades rurales y los abusos cometidos a sus habitantes indígenas. El Violín es un relato de suspenso muy bien tramado, que sorprende por su gran sencillez, sin dejar de ser por ello un conmovedor relato sobre cómo Plutarco, humilde anciano violinista interpretado por Ángel Tavira, actor no profesional, termina involucrado en la rebelión organizada por su propio hijo (Gerardo Taracena).

Don Plutarco se dedica a tocar el violín en las calles junto a su nieto, a pesar de no tener la mano derecha. Si algo atrapa desde el primer momento, es la naturalidad de Ángel Tavira para encarnar a su personaje, trabajo que le mereció el premio Un Certain Regard a la Mejor Actuación en Cannes. Su rostro será en muchos sentidos el hilo conductor/dramático de la película, cuya fotografía no huye de la influencia del más clásico Gabriel Figueroa y su famoso preciosismo, en su manera de retratar los paisajes rurales mexicanos.

Del guión, escrito por el mismo Vargas, es destacable también cómo transforma al que pudo ser un típico soldado duro y frío, en un personaje interesante. Me refiero al que simplemente conoceremos como el Capitán (Dagoberto Gama, notable), quien quitará a Plutarco su violín para así poder pedirle que vuelva a visitarlo y tocar un poco de música. El físico de Ángel Távira vuelve a ser importante para el buen desarrollo dramático del relato. Su frágil e indefensa figura, su rostro lastimado por el tiempo y sus ojos entristecidos, ayudan a que quedemos enganchados en el suspenso por saber el destino de él y su violín.

Tal vez El Violín vuelva a insistir en los habituales ambientes rurales del más clásico cine mexicano de su llamada “Época de Oro”, pero resulta inusual la carga política que ha dejado caer en este escenario, con tal sensibilidad y maestría visual.

++ Guillermo del Toro dio su apoyo incondicional al filme desde su primera proyección en el Festival de Cine de Guadalajara 2006, admirando sobretodo su magistral uso del sonido.
++ La película surgió de un cortometraje homónimo de Vargas, en el que también actuaba Ángel Tavira.

lunes, 23 de julio de 2007

CATCH A FIRE * * * 1/2


En las notables actuaciones de En Nombre del Honor (Catch a Fire, Francia-Reino Unido-Sudáfrica-E.U., 2006) se encuentra su mayor atractivo. No hay duda de que el realizador australiano Phillip Noyce, sabe encontrar en sus actores la vena más dura o aquella más dramática, extraerla de su mirada, de sus rostros, en esta historia ambientada a principios de los 1980, durante el Apartheid en Sudáfrica.


La trama narrada en Catch a Fire, es a primera vista una especie de reelaboración del relato contado por Noyce en Rabbit-Proof Fence (2002), en la que Kenneth Branagh encarnaba a un funcionario del gobierno australiano, en persecución de tres chiquillas aborígenes, que habían escapado de ser explotadas en un internado para niñas. Tim Robbins es como el Branagh de aquella película, un detective de policía del régimen dictatorial blanco, dedicado a buscar, arrestar y torturar a todos aquellos nativos sospechosos de ser comunistas y terroristas.

El perseguido será Patrick Chamusso (Derek Luke, magnífico), originario de Mozambique, un humilde obrero en la planta de petróleo de Johannesburgo y entrenador de un equipo de fútbol infantil, el cual será arrestado bajo sospecha de haber participado en un atentado a la planta. Sin embargo, cuando su esposa también sea torturada y encarcelada por el detective Nic Vos (Robbins), Patrick se enfilará, una vez liberado, en las huestes terroristas, para luchar en contra de las fuerzas opresoras que lastimaron a su esposa, y por ende, dieron muerte a muchas más personas.

Patrick Chamusso realmente existió, y cuando todo parecía una historia ficticia, el verdadero Chamusso dará constancia, en una entrevista final, de seguir vivo. De ver al Chamusso real, uno cae en la cuenta que tal vez un más joven Forrest Withaker hubiera sido perfecto para el papel. Pero Derek Luke, así como Tim Robbins, están excelentes en sus personajes, logrando un buen acento sudafricano, sin jamás notarse la diferencia con el resto del elenco originario de Sudáfrica.

El guión, escrito por Shawn Slovo, se cuida mucho de ofrecer una visión a favor del terrorismo o justificarlo. En Catch a Fire, más allá de un propósito político, vemos cómo la violencia irrumpe de golpe en el núcleo familiar. Ni el mismo Nic Vos o Chamusso, se salvan de ser afectados por esta violencia.

Es verdad, en el filme la figura de Chamusso será la de un héroe glorificado, que lo perdió todo por poner encima sus ideales, para luchar por un país que ni era el suyo. Será muy predecible y convencional el camino que seguiremos en el filme, pero es inevitable el no caer atrapados por la forma fascinante en que Noyce nos presenta a Chamusso.

DVD: SMOKIN' ACES * *

La Última Carta (Smokin’ Aces, Reino Unido-Francia-E.U., 2006), el más reciente filme del realizador y guionista Joe Carnahan (Blood. Guts, Bullets and Octane/1998, Narc/2002, etc.), cuya filmografía ha pasado prácticamente inadvertida tanto en México como en España, no está lejos de ser el mismo ejercicio de estilo a lo Tarantino y Guy Ritchie de siempre. Tanto Carnahan como otros directores que han seguido este camino, han pecado de dar más importancia a la puesta de imágenes y al ritmo frenético de sus películas, sin preocuparse mucho por narrar una historia en lo mínimo interesante.

Debo confesar que me agradaron las recientes Lucky Number Slevin (McGuigan, 2006) y Running Scared (Kramer, 2006), pero aquí los creadores demostraron preocupación por una buena construcción del relato y sus personajes, sin que por ello desmereciera el aspecto visual, dando por resultado filmes entretenidos y al mismo tiempo intrigantes. Nada de esto último sucede en La Última Carta, en donde Carnahan pisa los terrenos del churro palomero, sin que el filme llegue a ser el pasable thriller policiaco que prometía. Al principio, el director coloca con eficacia los cimientos de un relato moderno de policias contra gángters.

Desafortunadamente, todo se irá cayendo hacia la mitad, cuando Carnahan (también autor del guión) no sepa en lo absoluto qué hacer con la gran cantidad de personajes que nos presenta: un montón de criminales compitiendo entre sí por un sólo objetivo: asesinar a Buddy “Aces” Israel (Jeremy Piven), mafioso y popular mago-ilusionista de las Vegas, ya que se ha decidido a testificar contra varios mafiosos. Un trío de ex policias desorganizados (encabezados por Ben Affleck), un par de malhabladas matonas a sueldo (una de ellas la atractiva cantante Alicia Keys), un violento y ridículo grupo de neo nazis y un experto torturador español, competirán por ser los primeros en tener la cabeza de Buddy.

Los agentes del FBI, Richard (Ryan Reynolds) y Donald (Ray Liotta), quienes se encuentran siguiendo a Primo Sparazza, padre de Buddy, serán enviados por su jefe (Andy Garcia) para evitar que el ilusionista sea asesinado.


Carnahan nunca encuentra el tono deseado para su película. El supuesto humor negro no está muy logrado que digamos, y en realidad, no hay oportunidad de quedar enganchados con algún personaje, ni que alguno de los actores nos sorprenda con su trabajo. Carnahan no consigue aprovechar bien a sus numerosos personajes, por lo que no le quedará más remedio que enfrentarlos entre sí, en una batalla interminable de balazos y bombas al final de la cinta. El problema es que Smokin’ Aces no es más que eso, sin una buena historia, ni humor que salve un poco el asunto.

domingo, 22 de julio de 2007

EN CARTELERA: PATHFINDER * * 1/2

Los vikingos vuelven al cine en El Guía del Desfiladero (Pathfinder, E.U., 2007), representados en películas de antaño como Eric El Vikingo (Caiano, 1965) y su remake sueco (1985), dirigido por el ex Monty Python Terry Jones, con Tim Robbins en el papel principal.

En Pathfinder, dirigida por el germano Marcus Nispel, poco hay de nuevo en el retrato cinematográfico que se hace de los vikingos: temibles guerreros con hambre de conquista y experimentados navegantes nórdicos. Lo que sí cambia, es su representación de gigantescos y monstruosos guerreros de corte gótico, en un relato que rescata la nada descabellada hipótesis de que fueron los primeros europeos en pisar América, muchos siglos antes de Cristóbal Colón.

Sin embargo, la película no pretende tener el más mínimo cariz histórico, siendo más bien un efectivo filme de aventuras, que no sirve más que para pasar un rato viendo una historia no muy interesante y sin bases dramáticas fuertes, sobre el conflictivo choque de dos culturas.

La trama cuenta cómo el vikingo Fantasma (Karl Urban, el Eomer de “Las Dos Torres”), es adoptado de niño por una tribu de indios, dentro de la cual se criará hasta crecer y convertirse en un indio cara pálida. La película se transformará en una especie de versión violenta de Pocahontas, cuando la tribu de indios (¡Todos ellos hablando inglés!) se tenga que enfrentar contra un grupo de vikingos invasores (¡Todos, por el contrario, hablando noruego!), que no buscan otra cosa más que destruir y matar. Fantasma tendrá que huir al representar un peligro para su gente y su amada indígena (Moon Bloodgood), siendo a su vez perseguido por el enfurecido líder de los vikingos, quien lo considera un traidor a su gente.

La película tiene todo el atractivo visual de una antigua película fantástica, a lo Conan El Bárbaro (Milius, 1982). De hecho, parecerá que también estemos frente a un cómic de aventuras. Hay escenas de acción muy logradas, así como un diseño de producción en general notable. Pero frente a este buen tratamiento visual, se contraponen puntos flojos en el guión, con una historia que pudo haber estado mucho mejor por donde quiera que se le mire, ya sea en sus personajes flojos y poco interesantes, o en su nada original premisa. Es más, el dilema de Fantasma no es muy difícil de resolver ni para él ni para nosotros, ya que siempre sabemos con quienes prefiere estar, a pesar de que su sangre vikinga empiece a hervir en cierto momento clave de la película.

jueves, 19 de julio de 2007

CINE INÉDITO: THE NOTORIOUS BETTIE PAGE * * * *

Podrá no haber sido muy interesante su vida, su nombre sonará más a conocedores y “especialistas” en las antiguas publicaciones eróticas para “caballeros”, pero la sensual modelo Bettie Page, de las más famosas “pin-ups” de los años 1940 y 1950, es el pretexto perfecto para que en The Notorious Bettie Page (E.U., 2005), tercer largometraje en la cortísima filmografía de la realizadora Mary Harron (I Shot Andy Warhol/1996, American Psycho/2000), se desarrollen una serie de temas interesantes: la moral respecto a la desnudez en esos años, el golpe que representaron ciertas perversiones sexuales como el sadomasoquismo, la delgada línea entre el erotismo y la pornografía, entre lo “artístico” y lo vulgar, en las publicaciones eróticas.

Famosas por no faltar en toda pared de campamentos y cuarteles (de ahí el término pin-up), en la Segunda Guerra Mundial, las imágenes (pinturas o fotos) de voluptuosas e idealizadas modelos y/o actrices, se convirtieron en un elemento visual clave en la cultura popular. Harron ha demostrado su inquietud por explorar el mundo de la cultura pop (I Shot Andy Warhol), y en The Notorious Bettie Page se adentra en ese mundo a través de un personaje complejo, ambiguo, contradictorio y por demás carismático, como Bettie Page.

Con una arraigada vida religiosa, no exenta de un pasado traumático en la que era abusada por su padre, violada en su adolescencia y maltratada en su primer matrimonio, Bettie Page (magnífica y muy inspirada Gretchen Mol) decidió convertirse en modelo, alcanzando la fama iniciando con inocentes trabajos en portadas de revistas comerciales, hasta que los problemas comenzaron cuando empezó a realizar fotografías sadomasoquistas “underground”, de manos de una pareja de fotógrafos (Chris Bauer y Lily Taylor), que hacían estas fotografías bajo encargo de clientes con “preferencias especiales”.

La cinta, filmada casi en su totalidad en blanco y negro, es una pequeña muestra de cómo se puede lograr un buen trabajo estilizado, sin caer en caóticos excesos. La fotografía de Mott Hupfel es un notable trabajo digno de nominación o premio, combinando distintos formatos e incluso un efecto Technicolor que ya hubiera querido Scorsese en “El Aviador”. Si agregamos una exquisita banda sonora, que incluye mucho jazz de la época, formalmente la película está bastante lograda, pulida y cuidada por Harron. Además, Gretchen Mol consigue un estupendo trabajo, en una versión quizás más dulce, inocente y digamos menos vulgar, que la Bettie Page original.

Sin embargo, el grave problema de la película estará en su guión, que a pesar de sus esfuerzos por hacer una biopic interesante de Bettie Page, le faltó más contundencia y fuerza. Es verdad, Harron tuvo un gran acierto en no caer en dramatismos facilones, además de que se agradece mucho el toque divertido y pícaro que imprime a la cinta. Lo malo es haber pecado de sencillez en la trama, dando como resultado una película visual y auditivamente disfrutable, pero terriblemente plana al final, sin haber profundizado más en el dilema del personaje: ¿Realmente Bettie Page era consciente de lo que hacía? ¿Se hacía de la vista gorda creyendo que nada más hacía un cristiano bien, satisfaciendo las “necesidades” de unos pervertidos?

THE PROPOSITION * * * *

Guy Pierce.

Para aquellos que somos fanáticos del género western, estos últimos tiempos han visto un modesto resurgimiento del género. Pronto llegará la enésima película sobre la famosa banda de forajidos de los hermanos James, The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford (Andrew Dominik, 2007), así como el melodrama épico Seraphim Falls (David Von Ancken, 2006), con Liam Neeson y Pierce Brosnan. Antes se produjo The Proposition (2005), un curioso western, que a pesar de estar ambientado en Australia, parece desarrollarse en los desiertos del oeste estadounidense, conservando   las convenciones del género. 

La película luce como una mezcla de la leyenda del bandido Ned Kelly (versiones al cine de Richardson/1970 y Jordan/2003) y la de Jesse James, guardando estrecha relación con esta última en la historia.  El filme narra la historia de los hermanos Burns, grupo de bandidos perseguidos por la policia británica por el asesinato de una familia, en los desiertos de Queensland, Australia.

Dirigida por el australiano John Hillcoat, The Proposition es un recuento de lo mejor del western norteamericano: la sangrienta violencia de Sam Peckinpah, una banda sonora acústica al estilo de Pat Garret & Billy the Kid (1973), y los problemas de integración racial vistos en buena parte de la obra de John Ford. En este caso, son los aborígenes australianos subyugados y masacrados por la policia británica.

Charlie Burns (Guy Pearce) cae preso junto a su hermano menor, Mike (Richard Wilson), en una emboscada por las fuerzas policiacas del capitán Stanley (Ray Winstone), por el asesinato de la familia Hopkins. Separado desde hace tiempo de Arthur (Danny Huston), su violento hermano mayor y verdadero responsable del crimen, Charlie recibirá de Stanley una propuesta: ir en búsqueda de Arthur para matarlo, en un lapso de 9 días, a cambio de salvar a Mike de ser colgado.

Hillcoat ofrece un ejercicio visual muy original. Nos hace sentir la experiencia de estar viendo un cómic sobre el lejano oeste, gracias a la buena fotografía de paleta ámbar de Benôit Delhomme. Será una suerte de mundo surrealista en el que se desarrolla la trama, de diligencias tiradas por camellos, de días sin noches, que parecen interminables.

Algo que nos enseña la cinta (escrita y musicalizada por Nick Cave), es que, ya sea en el lejano oeste americano o el “lejano oeste” australiano, la violencia, la tortura y la opresión racista se dan de la misma forma, en nombre del propósito colonizador y "civilizador". Tales son las cuestiones de fondo en The Proposition, un western más reflexivo que de acción. El mayor mérito de la película, junto al estético, es intentar reflexionar en torno a la violencia y la validez que puede tener tanto derramamiento de sangre. No llega a la altura de Peckinpah, pero la iniciativa se agradece, sobretodo en un género en peligro de caer en el olvido.

DVD: HARRY POTTER AND THE ORDER OF THE PHOENIX * * * *

Después de haber visto Harry Potter y La Órden del Fénix (Harry Potter and the Order of the Phoenix, Reino Unido-E.U., 2007), la nueva entrega de esta exitosa franquicia, creo que no había quedado satisfecho con un filme sobre el ahora mago adolescente, desde que vi El Prisionero de Azkabán (Cuarón, 2004), la tercera película. Para ser sinceros, si bien el filme de Cuarón seguía el mismo esquema argumental de las dos primeras películas (después de tener problemas con sus tíos, Harry huye a un nuevo ciclo escolar en Hogwarts, se reencuentra con sus amigos, conoce nuevos maestros y se enfrenta a un nuevo misterio por resolver), el realizador mexicano supo renovar visualmente al filme, al darle un adecuado tratamiento obscuro, tanto a personajes como a sus escenarios.

Harry Potter y el Cáliz de Fuego (Newell, 2005), la cuarta película, siento que dio un paso atrás a lo que había logrado Cuarón, al preocuparse más por ofrecer un convencional espectáculo de efectos especiales, mucha acción, aunque no dejaba por ello de ser entretenida y con algún dramático suceso. En La Orden del Fénix, dirigida por el británico David Yates (el segundo director británico de toda la franquicia) tenemos una verdadera secuela y el primer filme de Harry Potter maduro, con personajes ahora sí llevando problemas más evolucionados. Una verdadera secuela, porque ya no es necesaria la rutinaria presentación de los personajes clásicos, como la estricta pero noble maestra encarnada por Maggie Smith, el gigantesco especialista en animales fantásticos, interpretado por Robbie Coltrane, el maestro darketo especialista en “artes obscuras” a cargo de Alan Rickman. De hecho, muchos de ellos nada más aparecerán unos cuantos minutos en la película.

Además, estamos ante una nueva propuesta en la manera de contar la historia, en el guión escrito por Michael Goldenberg, enfocado a un público adolescente más crecidito (o en su defecto, aquellos niños que han crecido leyendo a Harry Potter desde el primer libro). Después de tener el típico pleito con sus nefastos tíos, Harry (Daniel Radcliffe) se enfrentará con la noticia de que ha sido expulsado del colegio Hogwarts, por haber hecho uso de su magia en el mundo de los muggles (entiéndase, humanos), al tener que defenderse y salvar a su gordazo primo de un ataque de los obscuros Dementors.

Sin mayores preámbulos, Harry deberá enfrentar un juicio para decidir si su expulsión del colegio es definitiva, defendido por el director Dumbledore (Michael Gambon). Pero el mayor problema de Harry, reunido por enésima vez con sus amigos, Hermione (la cada vez más guapa Emma Watson) y el ahora más serio Ron (Ruper Grint), será el regreso del temible Lord Voldemort (Ralph Fiennes), asediándolo en constantes pesadillas y amenazando con un enfrentamiento pendiente, ante el cual deberá prepararse junto con varios compañeros de su grupo.

Por si fuera poco, una nueva maestra (Imelda Staunton), de facha dulce pero perfeccionista, férrea y de implacable disciplina, ha llegado dispuesta a realizar cambios drásticos en el colegio, entre ellos, querer quedarse con el puesto de Dumbledore, y probar ante todo que Harry miente para causar pánico respecto al regreso de Voldemort.

En el filme no se deja de respirar un estado de paranoia de principio a fin, de inquietud y tensión entre todos los personajes. Hay humor, pero se nota que la preocupación principal de Yates fue tratar de equilibrar su muy logrado tratamiento obscuro de la película, con el acostumbrado toque noble e inocente de los filmes anteriores, sin que falten los impresionantes efectos visuales de siempre. Lo que sí ha faltado es el clásico juego de “quiditch” sobre escobas voladoras. Pero a quién le importa, si Harry corre el peligro de pasarse al “lado obscuro”, cuando parece que se le ha metido el diablo y está necesitado de un exorcismo. Ojalá que Yates siga el mismo camino en el sexto filme del próximo año.

martes, 17 de julio de 2007

DVD: HUO YUAN JIA * * * *

Desconozco casi la totalidad de la filmografía del realizador hong-konés Ronny Yu. Si acaso, lo único que conoceré de Yu es el churrazo Freddy VS Jason (2003) y el no menos desafortunado La Novia de Chucky (1998). Sin embargo, me ha bastado ver su más reciente película, El Duelo (Huo Yuan Jia, China-Hong-Kong-E.U., 2006), para convencerme de que Yu es un director con un gran sentido de la acción y entretenimiento en pantalla, muy al estilo Hollywood.

Yu tiene en su haber muchos filmes sobre artes marciales, como alguno que hizo con el desaparecido Brandon Lee, Long zai jiang hu (1986) y El Duelo amplia la lista de filmes sobre kung-fu y karatazos de Ronny Yu. Como su título original indica, esta película es una suerte de biopic (con mucha cosecha fantástica del realizador) sobre uno de los grandes maestros chinos de las artes marciales, Huo Yuan Jia, quien a finales del siglo XIX desarrolló el arte del wushu hasta sus máximas consecuencias, sin el consentimiento de su padre, teniendo que entrenarse a sí mismo desde niño. Además, Huo fue el fundador de la federación deportiva Jingwu a principios de siglo XX, época en que China estaba pasando por su peor momento cultural, social y económico. Dicha federación se fundó bajo los ideales de una China unida y fraternizada, que trabajara por su propio bienestar y desarrollo, frente a la imparable colonización occidental.

El Duelo es una entretenida película de artes marciales, que logra dicho objetivo sin hacer un uso excesivo de efectos digitales. Por otro lado, no deja de ser un respetable acercamiento a la vida del maestro Huo, interpretado magníficamente por el astro oriental del cine de acción y artes marciales, Jet Li.

El Duelo, es verdad, sigue todas las convenciones habidas y por haber de las clásicas historias edificantes del género: Huo desde su niñez, deberá aprender que el wushu (una especie de variante del kung-fu), es una herramienta más para el crecimiento espiritual, el cultivo físico del cuerpo, el conocimiento propio y la defensa, más que un medio para causar daño, lucirse en los enfrentamientos callejeros y adquirir fama, tal y como le sucede al joven e inmaduro Huo.

Huo se convertirá en una celebridad en su pueblo natal, Tianjin, quedando invicto en una serie de peleas, hasta que una tragedia familiar le abra los ojos y provoque su retiro temporal en el campo, donde trabajará cultivando arroz bajo los cuidados de una campesina invidente, recibiendo de ella además reveladoras y filosóficas verdades sobre la vida.

La película funciona perfectamente como un espectacular y bien producido filme de artes marciales, así como un serio acercamiento a la figura de Huo, sin muchas solemnidades de por medio.

lunes, 16 de julio de 2007

EN CARTELERA: TRANSFORMERS * * * *

Confieso que nunca fui un fanático irredento de los Transformers en el momento de mayor popularidad de su serie animada, a mediados de los 1980. Pero me encantaba matar el tiempo viéndola de vez en cuando. Lo que sí recuerdo, es cuanto me gustaba jugar con las figuras de acción, no nada más las originales de la marca Hasbro, empresa que fabricó y distribuyó estos juguetes originarios de Japón, sino de todas las demás fábricas de juguetes que copiaron la idea de unos robots alienígenas, capaces de transformarse en aviones de guerra, coches, helicópteros, e incluso, dinosaurios mecánicos.

Por fin pudo ver la luz Transformers (E.U., 2007), adaptación al cine con actores de carne y hueso de estos famosos juguetes ochenteros, luego de un primer intento fallido en 1986 con el filme animado “Transformer: The Movie”, en donde por increíble que parezca, Orson Welles, prestó su voz a uno de los personajes. Al final, la realización cayó en manos del habilidoso especialista en filmes de acción Michael Bay, y no de Steven Spielberg, quien se encargó de la producción ejecutiva.

La película no nada más me transportó a la época de mayor fama de los Transformers, sino que creo hace justicia a estos mecánicos personajes, en un impresionante espectáculo visual, en el que los verdaderos protagonistas son precisamente estos robots del espacio: los buenos y simpáticos Autobots, liderados por el honorable Optimus Prime, y los destructores y belicosos Decepticons, comandados por el despiadado Megatron, en una lucha de tonos épicos para apoderarse de un místico cubo, su fuente vital de poder, que cayó en la Tierra hace muchos años. Los Decepticons buscan conquistar la Tierra y exterminar a la raza humana, cosa que por supuesto impedirán los Autobots.

En medio de esta lucha estará un tímido adolescente, Sam (Shia LaBeauf), quien sin saberlo recibirá de regalo un Autobot de nombre Bumblebee, en la forma de un destartalado Camaro. Al ser localizado por los Autobots para que les devuelva un código secreto, escondido en las gafas antiguas de su tatarabuelo, el cual tuvo un primer encuentro con los robots en los 1890 durante una expedición en la Antártida, Sam junto a su bellísima amiguita Mikaela (preciosa Megan Fox), terminarán involucrados en la lucha por salvar a la Tierra.

La película, con todo y su humor simplón, acaba fascinando desde el momento en que estos impresionantes robots hacen acto de aparición. En este verdadero exitazo de taquilla veraniega (en E. U. recaudó, nada más en su primer semana de exhibición, casi 30 millones de dólares), acaso el mejor filme de acción fantástico, no nada más del verano sino con seguridad del año, uno en verdad siente empatía por los nobles pero valerosos Autobots, pero también un auténtico terror ante las maquinas depredadoras y destructivas que son los Decepticons. Y es que estas razas de robots alienígenas, provenientes del planeta Cybertron, que llevan cientos de años luchando por el poder, no nada más son una prodigiosa creación en materia de animación, por parte de la Industrial Light and Magic de Steven Spielberg (Oscar seguro el próximo año para Mejores Efectos Digitales), sino que también son carismáticos personajes con una personalidad y cualidades bien definidas.

Sin embargo, hubo algo que me resultó molesto, y es lo obvio que resulta la publicidad que se hace a varias marcas a lo largo del filme, en primeros planos y sin tapujos. Bueno, algún defecto había que tener la cinta. Pero lo bueno es que, entre una y otra hipnotizante escena de acción, se nos olvida que algún personaje tomó Pepto Bismol para aliviarse el malestar estomacal. Algo que logra bien Transformers, es traernos buenos recuerdos para aquellos que crecimos en los 1980, y volver a interesarnos por personajes que marcaron esta época.

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